Imagen: Coliseo, de James Boswell

La casa en el número 10 de Downing Street confía en que, como todo evento mediático, el furor pase poco a poco, desvanecido entre los cielos grises de este verano inglés. Es por ello que es fundamental recordar los hechos y ubicarlos en un contexto histórico. La evidencia es contundente: el 6 de noviembre de 2005, Clive Goodman, el corresponsal real de News of the World, publica un artículo con información médica del príncipe Guillermo, lo que hace sospechar a la Corona que sus mensajes de teléfono celular habían sido interceptados (hackeados), por lo que avisan a Scotland Yard. En agosto de 2006 Clive Goodman es arrestado junto con el investigador privado Glenn Mulcaire (quien había sido empleado por NotW para obtener la información). En septiembre de 2006 Andy Coulson, editor del NotW cuando se publicó la noticia, asume sin reservas toda la responsabilidad, pide perdón y promete que no volverá a pasar. La policía confisca archivos de computadora, cintas de audio, documentos.  Goodman y Mulcaire van a prisión y Coulson renuncia al NotW en enero del 2007 (ahora diciendo que él nunca supo nada; éste será el motivo común de aquí en adelante). Este hecho debería ser suficiente para haber hecho a Coulson inadecuado para tomar un puesto en el gobierno, pero en mayo del 2007 la comisión de quejas de prensa publica un reporte sobre la intercepción de mensajes sin encontrar evidencia alguna.

David Cameron nombra Andy Coulson su asesor de medios personal el primero de junio de 2007 en preparación para la elección general, y permanece en su puesto en Downing Street hasta el 21 de enero de 2011, en que renuncia debido a una serie de nuevas revelaciones publicadas por el periódico The Guardian (primero en julio de 2009; y luego en marzo de 2010) y a nuevos reportes con evidencia de hackeo por parte de NotW por la comisión de prensa y un comité del Parlamento entre julio y septiembre de 2009. Un artículo del New York Times en septiembre de 2010 cita a Sean Hoare, un ex-reportero del NotW, diciendo que la cultura de intercepción de mensajes era rampante en el periódico. (Justo en el momento más álgido del escándalo, Sean Hoare amanece muerto en su casa el 18 de julio de 2011. La policía describe su muerte como “no sospechosa”).

En fin, a pesar de los continuos esfuerzos de News International por pagar “compensaciones” como forma de silenciar a las víctimas de hackeo (se ha dicho que tomaría diez años informar a todas las víctimas a un ritmo de una por día) la evidencia de la intercepción ilegal de comunicaciones privadas de celebridades, políticos y gente común y corriente está en periódicos y en reportes de la comisión de prensa y del comité de cultura del Parlamento. El hecho que el jefe de Scotland Yard renunciara cuando se supo que la organizacón a su cargo había empleado como asesor de prensa a Neil Wallis sólo termina de pintar el cuadro: Wallis es otro publirelacionista ex-empleado del NotW (y amigo y colega de Coulson, a su vez descrito por el primer ministro como su amigo personal). Esto sumado a que Stephenson, detective supremo de la corporación policiaca británica, había aceptado un regalo en especie con valor de doce mil libras esterlinas a través de una compañía la cual Wallis representaba tampoco ayuda a crear confianza en el sistema. De hecho, la BBC interrumpió la transmisión en vivo de la sesión del comité del Parlamento con Rebekah Brooks el 19 de julio pasados para anunciar que  Wallis había asesorado informalmente a Coulson durante su tiempo en Downing Street, lo cual hace evidente que tanto el líder de los Tories como el jefe de New Scotland Yard tenían ambos al mismo tiempo lazos amistosos y profesionales muy íntimos con al menos dos figuras claves del tabloide en cuestión, a su vez cercanas entre sí.

No hay que ser Sherlock Holmes para concluir que estas relaciones eran a todas luces inapropiadas, pero ambos servidores públicos lo han negado. Stephenson enfatizó que él no veía nada de malo en haber recibido el generoso e inexplicable obsequio de una estancia en el spa de lujo representado por Wallis, y Cameron todavía insiste en que Coulson es inocente hasta que la policía pruebe lo contrario.  Hasta ahora, la reacción del primer ministro, policía y News International es que nadie sabía nada, y que “de haber sabido lo que saben ahora”  no lo habrían hecho igual, lo cual sólo resulta ofensivo a la inteligencia ciudadana.  En la extensa y repetitiva sesión extraordinaria del 20 de julio de 2011 en la cámara de los comunes, David Cameron, tal como lo hicieron la Brook y los Murdoch el día anterior, ejerció  infatigable el arte de contestar sin contestar nada. Eso sí, todos han pedido perdón de no haber sabido lo que todos concluimos que debían haber sabido, pues su trabajo era precisamente saber.  Gobierno e imperio mediático reducidos a infantes: como si el pedir perdón les eximiera del juicio que cualquier ciudadano con dos dedos de frente ha hecho.

Un senil Rupert Murdoch habrá dicho que su interrogatorio en el Parlamento fue “el día más humilde de su vida”, pero al día siguiente, dejó la isla tan campante en su jet privado. Del mismo modo, David Cameron repitió el adjetivo “transparente” una y otra vez, pero jamás contestó con un simple “sí” o “no” a preguntas directas sobre si, en sus varios encuentros informales con la ex-editora del NotW y del Sun Rebekah Brooks y con los Murdoch, mencionó o no la cuestión de BSkyB. Hasta se dio el gusto de varios chistes cínicos invocando a Margaret Thatcher (“I’m enjoying this”) confiado de la impunidad que cree que le garantiza su investidura. Han sido días de incesantes revelaciones, donde es inevitable no sentirse emocionado ante la libertad de expresión y de interpelación que hace posible interrogar a las cúpulas de manera clara y directa. Sin embargo, la terrible realidad es que estas libertades democráticas no son muy distintas a las estrategias represivas de sistemas sordos y opacos. Lo que queda es una gran frustración ante la incompetencia de los comités del Parlamento para interrogar a los involucrados y negarles la posibilidad de responder con evasivas y retórica vacía. Las preguntas esenciales siguen sin responderse. No nos queda más que esperar los resultados de la investigación policiaca y confiar en que sea honesta, pero hasta hoy lo que nos deja ver la transparencia es que quienes son ultimadamente responsables siempre se salen con la suya.

Ernesto Priego. Doctorado en Estudios de la Información por University College London.

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