¿Terrorismo en Monterrey?

Antes de empezar a reflexionar, exijo que se detengan y procesen a la
 mayor brevedad posible y con el mayor rigor que establece la ley a los 
autores intelectuales y materiales, en todos sus niveles de
 participación, del incendio y homicidios en el Casino Royale de
 Monterrey. Incluso a los que correspondiera responsabilidad culposa. 
Nadie debe quedar impune, y ofrezco llevar mi solidaridad a la 
práctica dentro de mis circunstancias personales y un poco mas allá.

Ahora va la reflexión. La palabra terrorismo en el contexto del discurso presidencial, se escuchó más como una explicada reacción del hombre «solitario de 
Palacio» que como la voz de un Jefe de Estado.

Ojalá los mexicanos tengamos la paciencia y la ecuanimidad para comprenderlo a él y a la circunstancia, y no se vaya a iniciar una campaña anti-terrorista. Campañas que suelen ser trágicas 
para la población civil.

En los análisis concretos de un delito de esta naturaleza, a veces lo 
que parece ser no es.

¿Qué es un acto de terrorismo?

Para estar frente a él, tenemos que vincular la acción con la intención.
 El contenido de la acción es la de crear una sensación de inseguridad
 y de vulnerabilidad completa entre la ciudadanía, a tal grado que 
prefiera quedarse encerrada en el hogar y salir únicamente para lo 
indispensable. Entre más terror infundan en ella más éxito 
tienen en sus acciones. El acto terrorista para ser exitoso debe impactar en ciudadanos ajenos al conflicto, 
y debe enviar el mensaje de impunidad total de los terroristas dada
 la ineficacia del gobierno encargado de hacer cumplir la ley.

Otra especie de actos contra grupos amplios, son los delitos 
colectivos, que suelen muchas veces confundirse con actos terroristas,
 sobre todo por la similitud de la acción. Por ello, es necesario
 analizar detalladamente el otro elemento: la intencionalidad. ¿Qué buscan los terroristas con un ataque a la población inocente, y qué 
buscan los delincuentes con un ataque a un grupo amplio donde haya
 inocentes?

Los terroristas pretenden en última instancia, como meta de largo
p lazo, impactar en la población y en el gobierno, presumiendo de su 
actuar impune para que la ciudadanía presione tanto a las 
autoridades, que las obligue a renunciar, a cambiar una política
 especifica, o afectar una zona estratégica. Su acción está encausada a afectar al 
gobierno sin importar los daños colaterales en la 
población. En este caso implicaría dirigir la voluntad de los ciudadanos en contra del gobierno para obligarlo a retirar las 
fuerzas federales.

Un acto no es simplemente terrorista por afectar a terceros. Bajo esta lógica entenderíamos todos los
 muertos inocentes de esta guerra como víctimas de terrorismo, y no pienso que haya quien así lo crea.

Las herramientas de análisis del caso del Casino Royale en Monterrey deben ser
 mucho más precisas y usar bisturíes más finos para arribar a una 
respuesta exacta sobre si fue un acto terrorista o no. Pero tenemos varios datos gruesos que nos permiten
 aventurar una respuesta sobre qué pasó.

Primero, el lugar de el ataque: un casino exclusivo. Muy diferente a 
los ataques terroristas que se dan en los mercados, las iglesias, las 
escuelas, las delegaciones policíacas, los restaurantes, los teatros, contra un funcionario, un héroe popular o nacional.

Segundo, las armas usadas: gasolina para incendiar el local. Diferente a bombas, disparos indiscriminados, granadas, gases letales.

Esos datos inmediatamente nos obligan a enarcar una ceja: ¿será un acto
 terrorista? No se parece mucho a los que hemos conocido en la 
historia.

Tercero, ¿era inesperado el ataque?: sólo lo sabremos hasta
 conocer la versión del propietario y de los delincuentes. Aquí en Juárez tenemos un caso muy similar. En un casino, que tenía bastante éxito, propiedad de regiomontanos y situado en una zona
 privilegiada, un mal sábado a las 8:00 AM le comunicaron al dueño que si no cerraba el local antes de las 8:00 de la noche, lo ametrallarían muriera quien muriera. Para las 2:00 PM, el negocio 
estaba cerrado, los empleados indemnizados y los gerentes en el 
extranjero. Está claro que la amenaza fue ilegal, pero el dueño pudo evitar una
 catástrofe, pues sabía que los que lo amenazaban eran capaces de cumplirla.

Amigos de la Mesa de Seguridad de Juárez, que tienen negocios de 
diversión masiva, han decidido pagar las cuotas a la delincuencia, 
porque asumen el gran riesgo de un ataque indiscriminado contra sus 
clientes, y sabiéndose responsables de su seguridad, refuerzan las 
medidas de prevención, así como mejoran las vías de escape, y los 
requisitos de ingreso; en algunos casos han puesto puertas de dos tiempos, con
 vidrios blindados.

Para ellos la clave es controlar las entradas y facilitar las salidas de emergencia.
 Te cobran cada copa vendida para que en caso de una estampida no se
vayan con la cuenta. Y así medida tras medida.
 Hay restaurantes que son verdaderas fortalezas con largos pasillos de 
acceso a los comensales. Todo porque, en una guerra las condiciones cambian y las medidas preventivas deben ser excepcionales.

Damos por descontado que los sicarios son verdaderos monstruos,
 psicópatas, con un poder ilimitado sobre la vida y la muerte y en las 
disputas con sus adversarios o para doblar a algún negociante son 
capaces de todo, sin ningún tipo de escrúpulo.
 De ellos no se puede esperar que ajusten sus actos a ningún código 
de valores, ni siquiera a los de la corte de los milagros. A ellos sólo hay que aprehenderlos y juzgarlos, y si en el operativo hay que
 usar la fuerza letal, la ley lo autoriza; ademas, si se puede negociar 
con ellos para que entreguen peces mayores, hay que hacerlo.

Los dueños de los negocios son responsables de la seguridad de sus 
clientes, y en un evento como el de Monterrey toca investigar a fondo 
qué pasó y por qué pasó, con serenidad, con ecuanimidad, con objetividad. Se dice que estaban cerradas las salidas de emergencia,
 como en el caso de la guardería de Hermosillo, se dice que no había 
filtros para entrar, se dice que estaba en obras y que el municipio a
través de protección civil los estaba presionando para que mejoraran
 la infraestructura de seguridad. ¿Por qué no había un sistema de apagado 
de incendios con dispersores de agua en el interior como se les exige a hoteles, 
casinos y salones públicos en las grandes ciudades?

Son preguntas que deben responderse pronto y sólo cuando estemos totalmente seguros de los hechos, podremos categorizar el ataque al Casino Royale de Monterrey como un hecho terrorista o 
como un delito colectivo. Pero mientras lo categorizamos o no, duro contra los actores y 
autores del delito.

Gustavo de la Rosa. Activista de derechos humanos en Ciudad Juárez.


9 comentarios en “¿Terrorismo en Monterrey?

  1. Para Gustavo y demas personas que desde su particular punto de vista lo sucedido en Monterrey No es terrorismo. Les agradecere que se desponjen de ese cristal que les impide ver lo que los ciudadanos No solo de Monterrey, sino de todo Tamaulipas, Nuevo Leon y Coahuila vivimos cotidianamente: terror, narcobloqueos, autoridades coludidas con la delincuencia. Decia Lopez Doriga esta semana en Tercer Grado: despojemonos de nuestra percepcion del Altiplano y pongamonos en los zapatos de la gente de Monterrey. Es plausible lo que otros bloggeros aqui comentan acerca de la definicion de terrorismo. Concuerdo tambien con Gonzalo cuando menciona sobre los instrumento juridicos. Los mexicanos hemos abdicado a hacer efectivo eso que dicen los servidores publicos al tomar protesta de un puesto : «(…) Y si asi no lo hiciere, que la nacion me lo demande (…)» Cuando los ciudadanos hemos demandado esto? nunca, si acaso cuando hay revanchismo politico, fuera de eso nada. Lo mismo sucede con la costumbre del «cese» de servidores publicos. Los ciudadanos estamos hartos de ver que policias y expolicias militan activamente en las filas del crimen. Considero que a partir de ya, se debe legislar para que a todo aquel servidor o ex-servidor publico se le juzgue de manera retroactiva por delitos de Lesa Patria y Lesa Humanidad. Ya son demasidos años de «amnistia» y dejadez y de no hacer nada al saber que servidores publicos participan en asesinatos, secuestros, violaciones y demas actividades criminales, a veces los arrestan y pasan muy a gusto sus vacaciones en los penales autogobernados por delincuentes y como sucede en Tamaulipas, se escapan cuando quieren. Mientras sigamos sin exigirles cuentas a los politicos seguiremos en las mismas.

  2. Claro que el hecho de Monterrey ha causado terror, pero no es un acto de terrorismo. Sí es un acto de gansterísmo. Pura delincuencia común.

  3. Gracias, don Gustavo, por contribuir a que pensemos con seriedad y ecuanimidad en los hechos. El estado actual de las cosas exige a todos actuar con mayor inteligencia y discreción. Ojalá este intento suyo sea reiterativo para que pronto sumemos nuestra razón y modifiquemos formas de vida para, con ello, tratar de poner nuestra parte para lograr una nación más sensata.

  4. Yo veo que cumple al pie de la letra con la definición de la Real Academia, bajo cualquier acepción, no se por que se le tiene miedo a la palabra. O ¿se busca evitar que le saquen provecho los políticos a la misma? No creo que Calderón sea Bush…

    terrorismo.

    1. m. Dominación por el terror.

    2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

    Real Academia Española © Todos los derechos reservados

  5. Cierto que hay que cuidar la semántica, sin embargo pienso que independientemente de todo, esto causa terror en la población, y no tengo empacho en llamarle terrorismo aunque su intención no sea derrocar al gobierno (vaya ni atacarlo siquiera)

    1. Asi es, y como dices, cuidando la semantica, veremos que, una cosa es lo que perciben los habitantes de Monterrey y otra lo que los expertos que no viven en el Norte del Pais opinan de lo que no viven dia a dia

  6. El diccionario RAE, muestra que la denifinión de terrorismo tiene connotaciones de llevar la intencionalidad con fines políticos, aquí no es el caso.

    En este suceso, la acción se dió entre particulares violentando en tanto coacción a otro(s) particular (es), donde la única ley que acudió a la cita en tiempo y forma es, la del más decadente, la del violento, el que impera en la «jungla de asfalto».

    La justicia es la excepción, la impunidad es la norma.

    Entre la falta de cultura de la prevención de los dueños de los establecimiento, y de los consumidores usuarios del servicio, (quienes por derecho puden y deben exigir en el estadio, escuela, cine, teatro, o casino para el caso, instalaciones seguras y adecuadas para cuidar su integridad) y la triste destreza de los criminales crearon una suerte que desembocó en lo conocido.

    Lo cierto es que como Monsivais mencionó: » En vano, la ficción compite con la realidad de nuestras calles».

    1. No Angelica, no es este el caso, pero es lo que la gente de Monterrey percibe y eso, eso es lo que cuenta para los habitantes del Norte del Pais.

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