El estado del financiamiento de la ciencia en México es de regular a malo. Como con la selección mexicana y la obsesión por llegar al quinto partido, así estamos con la ciencia para poder llegar a una inversión de 1% del PIB desde hace varios años. Como con la selección, tampoco lo hemos logrado, nos hemos quedado cortos, con una inversión de entre 0.50-0.55% del PIB. Estamos obsesionados, pero no tenemos un plan para lograrlo. A diferencia de la selección, la decisión de llegar al 1% del PIB es propia y no la hemos podido tomar.

En la Figura 1 se muestra el gasto ejercido por CONACYT en el periodo 2002-2016 así como el gasto presupuestado para los años 2017 y 2018 (se tendrá que analizar la Cuenta Pública cuando esté disponible). Los datos están en millones de pesos constantes de 2017. Como se observa en la figura, se tuvo una expansión notable hasta 2014 donde se estancó. Después con los recortes presupuestales el gasto de CONACYT ha caído considerablemente. Si el gasto presupuestado de 2018 se realiza estaríamos que el gasto en CONACYT en ese año sería menor que el gasto realizado en el último año del sexenio anterior 2012: 26,000 millones vs. 26,500 millones (aproximadamente).

Figura 1: Gasto de CONACYT 2002-2018.
Millones de Pesos constantes de 2017.

Nota: Calculada por el autor. Datos del CEFP (2002-2012), Cuenta Pública (2013-2016) y Presupuesto de Egresos (2017-2018). El gasto de CONACYT incluye a los centros de investigación CONACYT. Datos de CEFP.

Es importante recalcar que la caída en inversión en ciencia y tecnología es una decisión de política pública. La deuda pública ha aumentado más de 10 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto en el periodo 2012-2017, el gasto real del gobierno ha aumentado en el mismo periodo, pero terminaremos con menos inversión en ciencia que en 2012. El aumento en la deuda y gasto no se ha debido a un incremento en inversión en infraestructura, de hecho la inversión pública es de las más bajas en la historia reciente. ¿Cómo podemos lograr un crecimiento económico sostenido en el futuro si no invertimos en él? La realidad es que no es posible. Inversión en capital humano e infraestructura son condiciones necesarias para fomentar el crecimiento y desarrollo económico.

¿Qué aspectos son afectados con un menor presupuesto a Conacyt? El aspecto más volátil y sensible a recortes presupuestales son las inversiones en proyectos de investigación. Entre tales proyectos podemos contar las Convocatorias a investigadores de todo el país para “Fronteras de la Ciencia”, “Atención de Problemas Nacionales” y “Ciencia Básica”. Estos proyectos buscan atender demandas de investigación para resolver problemas de prioridad nacional y generar nuevas agendas de conocimiento. Con estos proyectos no se puede pagar un salario o una gratificación el investigador responsable, por lo que el apoyo económico otorgado generalmente se destina a trabajo de campo, gasto en infraestructura (computadoras, laboratorios, software, etc), asistencia en investigación, y por supuesto en formación de capital humano, entre otros. Por tanto, esta inversión tiene importantes multiplicadores para la economía y para la gestión del conocimiento.

Tabla 1: Número de proyectos y Gasto por tipo de convocatoria.

 

 

# Proyectos/Año

 

Monto Total en Millones $/Año

A. Convocatoria Problemas Nacionales

2013

 

132

 

$200.1

2014

 

174

 

$336.4

2015

 

192

 

$436.9

2016

 

82

 

$166.2

 

 

 

 

 

B. Convocatoria Fronteras de la Ciencia

2015

 

136

 

$413.1

2016

 

50

 

$158.8

 

 

 

 

 

C. Convocatoria Ciencia Básica

2002-2006

 

620

 

$921.4

2007-2012

 

728

 

$1,095.0

2013-2016

 

542

 

$878.7

Notas: Creada por el autor con datos de CONACYT. Pesos constantes de 2017.

La Tabla 1 muestra las convocatorias más usadas con proyección nacional para diferentes años. Las convocatorias 2016 de Problemas Nacionales y Fronteras de la Ciencia recibieron un recorte en comparación con la de 2015 de 62% en términos de gasto. El número de proyectos aceptados se redujo en más del 50%. Resulta difícil convencerse que estamos atendiendo apropiadamente los problemas nacionales cuando solo se financian 82 proyectos. Las convocatorias en Problemas Nacionales y Fronteras de la Ciencia son de reciente creación, pero la convocatoria a Ciencia Básica lleva más tiempo y se tiene información sobre los proyectos aprobados. En el periodo 2013-2016 se ha apoyado menos proyectos por año en promedio que en los dos sexenios anteriores. Asimismo, el gasto total por año en promedio de esa convocatoria también es menor que en los dos sexenios anteriores (pesos constantes de 2017). Aun sumando el gasto en las tres convocatorias de 2016 se tiene un gasto inferior al de Ciencia Básica en 2012. Para el siguiente año se ve un panorama peor: todavía a inicios de enero no se publica la convocatoria 2017 de Fronteras de la Ciencia ni Ciencia Básica, por lo que en términos prácticos implica una reducción del 100% en esos apoyos. Si a esto le sumamos que el número de investigadores ha ido en aumento (se incrementó de 2004 a 2016 en 10,189 investigadores, para un total en la actualidad de más de 25 mil) se tiene que los apoyos para realizar investigación han decrecido. Aunque positivo este crecimiento, requeriríamos llegar a cerca de 450 mil investigadores para tener tasas de investigadores por población empleada similar a países como Corea del Sur o Finlandia.

Los retos para el sector de Ciencia y Tecnología son mayúsculos. ¿Qué hacer? ¿Cómo enfrentar el reto? ¿Cómo llegar al tan ansiado gasto de 1% del PIB? Las soluciones y compromisos son variados que no dan espacio para detallarlos en este breve ensayo. Pero me atrevo a mencionar dos.

El primero tiene que ver con la gobernanza de CONACYT. En otros países, como Estados Unidos y Alemania, el equivalente al Director General del Consejo Nacional de Ciencia no es removido libremente por el Presidente en turno como lo es en México. En Estados Unidos si bien el Presidente propone al Director (National Science Foundation), también propone a un Consejo Directivo que tienen que ser ratificados por el Senado de ese país. Su encargo es de 6 años. En Alemania es mucho más complicada la gobernanza (German Research Foundation) pero tampoco se puede remover libremente por el gobierno en turno. Esa gobernanza contrasta con la de México no solo por la remoción del Director de forma sencilla, sino porque la Junta de Gobierno de CONACYT está formada por representantes de Secretarías de Estado (7 de 13 lugares). Una gobernanza similar a esos países ayudaría a CONACYT a poder ejercer mayor presión por recursos públicos y también a darle mayor transparencia e independencia ante la sociedad. Por ejemplo, ayudaría a solventar y transparentar las razones de por qué destinar más o menos dinero a becas, centros de investigación, o proyectos de investigación, y a la vez en la planeación adecuada para la inversión en ciencia y tecnología del futuro cercano.

El segundo tiene que ver con compromisos en la inversión hacia el sector. Lo ideal sería tener una ley que garantice cierto monto mínimo en inversión en ciencia y tecnología, sobre todo no permitir que se reduzca sustancialmente como ocurrió en 2017. Por ejemplo, una sencilla solución sería incrementar o reducir el gasto en ciencia de acuerdo al gasto total del gobierno. De no ser posible, se requeriría de un compromiso público de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de la Cámara de Diputados para no disminuir el presupuesto en ciencia y tecnología. Sin embargo, si la gobernanza de CONACYT no cambia veo complicado que se pueda lograr dicho compromiso.

En resumen, no existen las condiciones actuales para llegar al esperado 1% de gasto del PIB en ciencia y tecnología. Se requiere que los hacedores de política económica estén convencidos que la inversión en el sector tiene réditos. Por las decisiones tomadas en los años recientes: mayor deuda, mayor gasto pero menor inversión en el sector que en 2012 no se observa que haya un convencimiento que esa inversión es necesaria para el desarrollo y crecimiento del país. El futuro para el sector es sombrío.

 

Raymundo M. Campos Vázquez es profesor-Investigador de El Colegio de México. Doctor en Economía por la Universidad de California, Berkeley. Este ensayo se basa en mi presentación en CONACYT con respecto al Informe sobre el estado general de la ciencia, tecnología y la innovación.