“Un héroe es alguien que entiende la responsabilidad que viene con su libertad”.
—Bob Dylan

En un ensayo publicado en marzo pasado en esta misma revista, publiqué un ensayo titulado "Las redes sociales como desafío democrático".

Allí señalaba los grandes desafíos que el abuso de las redes sociales presentaba para los procesos electorales, en gran medida sustentados por los escándalos relacionados —en proceso de investigación— con una aparente injerencia del gobierno ruso en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos en 2016, así como en otros procesos de participación ciudadana. Asimismo, allí propuse algunas medidas de auto-regulación que las empresas de dicha industria deberían tomar como mínimo de manera responsable y urgente.

Durante ese mismo mes salió a la luz un nuevo caso de abuso, explotación o fuga de datos, en este caso de usuarios de Facebook, por una agencia de mercadotecnia política llamada Cambridge Analytica; según la propia confesión de su Director Ejecutivo, Alexander Nix.

Cambridge Analytica habría utilizado investigaciones de la universidad homónima, a través de la contratación de uno de sus investigadores, el Dr. Aleksandr Kogan, quien era entonces profesor de psicología en esa universidad y conocía las técnicas utilizadas en dicha investigación, para su trabajo en la campaña electoral de Donald Trump, y la del senador Ted Cruz, entre otras. La señalada investigación de base fue realizada por el Centro de Psicometría de la misma universidad.

En dicho trabajo se descubrió que los perfiles psicológicos de los consumidores o votantes, o en general de las personas, podrían identificarse procesando sus cuentas en redes sociales, en especial sus gustos y preferencias en Facebook. Así la publicación de millones de avisos publicitarios en Facebook focalizados en esos perfiles estaba sólo a un paso. El Dr. Kogan desarrolló un aplicación como una encuesta de personalidad (“personality quiz”), y todo lo que divulgó a los usuarios de Facebook, en letra pequeña, fue que estaba recopilando información para fines académicos, según afirma la red social.

Finalmente, a través del uso de esta aplicación y la recolección de datos a ella relacionada, se proporcionó más de 87 millones de perfiles de usuarios (originalmente estimados en 50 millones) a Cambridge Analytica. México ocupa el quinto lugar en los países afectados con casi 800 mil víctimas. Al respecto, el INAI comunicó el 9 de abril el inicio de una investigación de oficio sobre estos hechos. Del total de las víctimas globales, sólo alrededor de 270,000 usuarios, habrían dado su consentimiento para que se recopilaran sus datos.

Según lo informado por Facebook, en el año 2015 llegó a su conocimiento que Kogan había compartido datos recolectados por su aplicación con Cambridge Analytica, y en ese momento habrían exigido que el investigador y Cambridge Analytica eliminaran los datos. Ello habría violado las políticas de Facebook para los desarrolladores sobre compartir datos sin el consentimiento de sus titulares, y por ello habrían prohibido la aplicación del Dr. Kogan en su plataforma. Esta fue la gran oportunidad perdida por Facebook, y su gran falla jurídicamente reprochable, al no alertar inmediatamente a sus usuarios y a las autoridades competentes de protección de datos, que estos datos habían sido comprometidos, lo cual además habría violado el Decreto de Consentimiento con la Federal Trade Commission de los Estados Unidos del 2011 del que era parte.

Las consecuencias de este nuevo escándalo han sido altamente negativas tanto para Facebook, como de manera especial para la confianza de sus miles de millones de usuarios, sus anunciantes, sus empleados, inversores, responsables de políticas públicas alrededor del mundo, otras empresas de redes sociales y de la industria de la información que manejan gran cantidad de datos. Tanto reguladores, como fiscales y políticos en los Estados Unidos como en Europa están investigando o pidiendo testimonios a los ejecutivos de Facebook y de Cambridge Analytica, autoridades de protección de datos están conduciendo investigaciones, y numerosos despachos jurídicos estén seguramente preparando sus demandas por la violación de leyes sobre protección de datos personales. A raíz de este escándalo los inversores han reducido en las últimas semanas el valor de capitalización de Facebook en unos 50 mil millones de dólares.

Facebook ha construido su red social altamente rentable vendiendo anuncios basados en las edades, intereses y otros detalles de sus usuarios. Pero el escrutinio público sobre el vasto cúmulo de datos personales que maneja la compañía, después del escándalo de Cambridge Analytica, está apuntando sus misiles directamente a ese modelo de negocio hasta ahora altamente rentable. Sin lugar a dudas, los inversores están reaccionando ante los temores de una mayor regulación y sus consecuencias.

Mark Zuckerberg cofundador y CEO de Facebook, en una entrada publicada en su blog el 21 de marzo, admitió que su empresa había cometido errores en la protección de los datos de sus usuarios, calificándola como una violación a la confianza, y luego de una detallada cronología de acontecimientos, enfatizó que Facebook va a fortalecer su regulación de las aplicaciones de terceras partes que permiten recopilar datos de usuarios de Facebook.

Por otra parte, Zuckerberg hizo hincapié en que las reglas que dieron lugar a la capacidad de Cambridge Analytica para explotar los datos de los usuarios de Facebook se han actualizado y restringido, y que Facebook integrará aún más restricciones para evitar la extracción de los datos de los usuarios. El Sr. Zuckerberg finalmente compareció, frente a una reticencia inicial, ante distintos comités del senado y cámara de representantes de los Estados Unidos los días 10 y 11 de abril pasado. El testimonio del ocupante del banquillo –a pesar de una preparación intensiva y su apego al manual de conducta de este tipo de comparecencias–, fue por demás anecdótico e ilustrativo de la soberbia nacida en Silicon Valley y cierta ignorancia sobre la operación de la plataforma de Facebook y sus implicaciones sobre la privacidad de la información, entre otros efectos. A ello se suman las intervenciones de algunos de los legisladores que formularon preguntas, llegando a momentos memorables en el límite de un drama y una comedia, con abundantes risas y momentos tensos, y rectificaciones de Zuckerberg en sus declaraciones.

El testimonio de Zuckerberg, a pesar de nuevamente pedir disculpas y asumir responsabilidad en el caso, dejó insatisfechos a varios de los legisladores pero por otra parte reveló la gran confusión entre ellos sobre el funcionamiento de esta red social dominante, en gran medida debido a la falta de transparencia de la misma en el almacenamiento, uso y explotación de los datos de sus usuarios y la operación de su más preciado tesoro, sus algoritmos, su colaboración con aplicaciones de terceros que utilizan su plataforma, y en definitiva su modelo de negocio, que es precisamente el de monetizar los datos de sus usuarios. El señalado desconocimiento preocupa sobremanera a la luz del incipiente interés de legisladores y gobiernos por una mayor regulación de estos fenómenos tecnológicos, pero sin entrar los responsables de ello en el detalle de los temas o los problemas a regular y los intereses de los distintos grupos de interés afectados. Por otra parte el testimonio de Zuckerberg hizo que de manera sorpresiva las acciones de Facebook recuperaran más de 25 mil millones de dólares en su valor de mercado, haciéndolo el ganador por el mercado bursátil en este debate. Las preguntas de los legisladores se relacionaron con temas como privacidad de datos, injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales del 2016 (donde Zuckerberg reveló ante la cara de preocupación de sus abogados, que su empresa estaba colaborando con la investigación del Fiscal Especial Robert Mueller), discursos de odio, favoritismo político hacia el partido demócrata, conductas monopólicas, y noticias falsas. Semejante caleidoscopio de temas hace imposible tratarlos responsablemente a todos en esta nota.

Regresando al tema de una mayor regulación, el propio Zuckerberg admitió que debería existir una mayor regulación sobre el funcionamiento de las redes sociales y en especial sobre la protección de la información, y en gran medida los datos personales, de sus usuarios y terceros “amigos”. Por supuesto demandó que dicha regulación sea cuidadosa.

Con respecto a las medidas reparatorias anunciadas por Facebook, muchos analistas y expertos en seguridad y privacidad informáticas estiman que dichas medidas son bienvenidas pero que más allá de su implementación y monitoreo exitosos, son insuficientes para evitar la explotación de datos sin el debido consentimiento informado de sus titulares por aplicaciones propias o de terceros en la plataforma de Facebook. Citan como ejemplo que dentro de las medidas anunciadas hay algunas adoptadas en el 2014 que no habrían sido tan efectivas para prevenir situaciones similares como la aquí analizada.

Como ejemplo de algunas de las medidas técnicas que la empresa podría haber adoptado, se podrían haber habilitado diferentes mecanismos para limitar automáticamente el acceso de las aplicaciones de terceros a los datos del usuario después de un período de inactividad o actividades sospechosas, por ejemplo. Asimismo, Facebook podría haber hecho que sea completamente imposible para terceros acceder a información innecesaria, como las listas o publicaciones de amigos de un usuario a menos que el desarrollador de la aplicación realice algún tipo de proceso de verificación. Facebook por otra parte anunció recientemente nuevas medidas para comunicar o investigar si nuestros datos personales fueron comprometidos en su plataforma.

En mi opinión es importante reforzar salvaguardas de seguridad y privacidad en el diseño de estas aplicaciones, y rediseñar los avisos de privacidad para que los consentimientos necesarios se den de manera informada, en especial sobre el destino y uso de los datos subyacentes, así como del conocimiento del modelo de negocios que en última instancia los monetiza, y no mediante acuerdos de uso ininteligibles que el senador Kennedy denostó ante el propio Zuckerberg.

Por otra parte, hay que revisar y adoptar regulaciones más efectivas (habrá que monitorear la aplicación del nuevo Reglamento General de Datos Europeo y su eficacia al respecto), con un conocimiento acabado de la operación de las redes sociales, sus beneficios y eventuales daños, favoreciendo la innovación y una sana y equilibrada auto-regulación por las empresas, y asegurando una aplicación efectiva de dichas regulaciones. Asimismo, se deberá dotar a las autoridades competentes de funciones y competencias jurisdiccionales adicionales, como por ejemplo el dictado de medidas cautelares bajo los principios jurídicos tradicionales aplicables a estas medidas extraordinarias, y sujetas a revisión judicial.

Hasta ese entonces, la sociedad civil tiene que involucrarse de manera activa, responsable y propositiva. En ese sentido, algunas organizaciones sociales como Social Tics ha recomendado algunas medidas prácticas y de implementación sencilla en la configuración de Facebook, que minimizarían el uso inapropiado de nuestros datos y el de nuestros amigos por aplicaciones autorizadas en dicha plataforma.

Entre otras consecuencias negativas, cabe destacar la reacción digital con la campaña #DeleteFacebook, trending topic en muchos países, luego que algunos líderes de la industria de tecnologías de la información como Elon Musk, se unieron a ese movimiento social cancelando en su caso las páginas oficiales de dos de sus compañías, Tesla y SpaceX.

Facebook, la red social más grande y rentable del mundo, debería haber sido más consciente y precavida sobre las implicaciones en la privacidad de los datos de sus usuarios, al haberlos compartido con terceros, y no haber adoptado medidas urgentes y efectivas una vez que tomó conocimiento de ello. Ello sigue siendo cierto aún en el caso en que la empresa podría no ser jurídicamente responsable, en la visión de algunos juristas, con respecto a lo que sus usuarios deciden compartir, quizás ello sí con información insuficiente.

Facebook, y seguramente sus otras empresas afiliadas como Instagram y WhatsApp, y otras empresas como Twitter y Google tienen mucho trabajo por hacer para reconstruir y/o afianzar la confianza de sus usuarios. Mientras tanto, los ejecutivos de Facebook por ahora estarán ocupados reuniéndose con reguladores, jueces, políticos y abogados, mientras sus ingenieros e investigadores de seguridad trabajan para proteger su plataforma de otras analíticas como la de Cambridge.

La conclusión para mí en todo este escándalo —los más de dos mil millones de usuarios que componen la base de usuarios/clientes de Facebook— debería ser aumentar nuestra conciencia personal sobre con quién compartimos nuestros datos, en qué compañías confiamos y las compañías que merecen usar nuestros datos. La minería de datos es un negocio legítimo, muy rentable, pero su activo principal es nuestra información y la de nuestros amigos, y deberíamos ser más celosos en proteger nuestra propia privacidad en lugar de confiar en compañías, para quien su modelo de negocio es un obstáculo para proteger la privacidad, al contrario, a mayor cantidad de datos mayor posibilidad de su procesamiento, más escala y más rentabilidad.

Ello no obsta a reconocer y preservar los grandes beneficios que el uso de Facebook ha derramado globalmente para una mayor participación ciudadana y libertad de expresión, la construcción de una cibercomunidad, comunidades de afinidad y redes, transparencia y rendición de cuentas de los gobiernos, el fortalecimiento de pequeños empresarios, el acceso a la educación, y la creación de nuevos modelos de negocios digitales, y los ideales loables que según Zuckerberg llevaron a su fundación.

Como destaqué en mi artículo anterior, las redes sociales han logrado captar nuestra atención, obteniendo de manera gratuita y con cierta ingenuidad o irresponsabilidad de nuestra parte, nuestros datos. Además, en algunos casos apelan a nuestras emociones y radicalizan, mediante el sembrado de desinformación o información falsa, y la publicación de anuncios pagos personalizados en nuestras preferencias, informando nuestras decisiones como ciudadanos y consumidores.

Estos lamentables hechos, revelan una vez más —esta vez de manera alarmante—, cómo entregamos uno de nuestros principales activos, nuestros datos y en algunos casos los de nuestros amigos, o en palabras de Tim Wu, nuestra atención, a cambio de servicios en apariencia gratuitos y adictivos que nos hacen pertenecer y ser gustados y compartidos en esta comunidad digital en redes sociales.

Así, la crisis de Cambridge Analytica es la más reciente, y seguramente no la última, de una serie de respuestas de Facebook a su falta de compromiso con la privacidad de los datos de sus usuarios, -entre otras conductas reprochables que exceden el marco de esta nota-, poco consistentes, y creíbles, con las que la plataforma pretende aplacar las reacciones de todo tipo que caldean la opinión pública, incluyendo la falta de confianza en sus usuarios.

Estos sucesos marcan un parteaguas en la historia de Facebook. La gran pregunta es si esa confianza en sus usuarios podrá ser restaurada, conservar así su principal commodity y activo, sus datos, y en su caso si el modelo de negocios de Facebook podrá subsistir con una mayor regulación y escrutinio. Ya sea usted inversionista o no en Facebook es momento de cumplir con su parte y ser un usuario más responsable e informado al momento de compartir sus datos y la información derivada o metadatos, y así alimentar conscientemente un negocio multimillonario de publicidad (aunque Zuckerberg intente convencernos que ése no es su negocio principal).

Quizás la misión corporativa de Zuckerberg de “Bring the Word closer together”, lo llevó muy lejos, por ahora no tan juntos ni tan cerca, al menos de empresas sin escrúpulos y fuera de la ley. Hasta hace poco Facebook era un negocio poco regulado y ha gozado de una gran libertad en su operación. Sin embargo, a pesar de una regulación global progresiva e intentos de sustituir plenamente una sana auto-regulación, Zuckerberg tiene la gran oportunidad de emerger de esta crisis como un héroe y estar a la altura de la responsabilidad en el cuidado de los datos confiados por sus usuarios. Eso sí, el tiempo apremia y una nueva excusa sería imperdonable.

 

Jorge J. Vega Iracelay es profesor en la Universidad Panamericana e Infotec; investigador, escritor y conferencista en temas relacionados con tecnología y sociedad.