Una tendencia que suele suceder entre los candidatos y las élites políticas es desestimar las encuestas en donde les va mal. Esto suele suceder de igual manera entre los votantes:1 la gente tiende a desestimar las encuestas que contradicen sus preferencias políticas. Este proceso es lo que se conoce en estudios académicos como “razonamiento motivado” (motivated reasoning).2 Los individuos tienden a aceptar únicamente la información que refuerza sus predisposiciones partidistas, mientras que rechazan la información que las contradice. En el caso de las encuestas electorales, los votantes tienden a creer que los estudios electorales están mal realizados —y, por tanto, menos creíbles— que a aceptar el hecho que su candidato pueda estar rezagado en las encuestas.

Ilustración: Víctor Solís

De hecho, parte de mi investigación3 analiza el proceso por el cual la identidad partidista influye en la forma como los votantes procesan la información de campaña y experimentan “razonamiento motivado”. Para analizar este fenómeno, realicé una encuesta nacional telefónica4 en abril pasado. En primer lugar, pregunté a los entrevistados qué porcentaje del electorado creía que apoyaba a cada candidato5 (en otras palabras, la percepción de intención de voto).  En la gráfica 1 (abajo) presento los resultados para cada candidato de acuerdo a la identidad partidista de los entrevistados. Como es de esperarse, los votantes partidistas experimentan una suerte de wishful thinking que tiende a sobredimensionar las expectativas electorales de su candidato. Por ejemplo, los votantes que se identifican con MORENA tienden a sobreestimar —respecto de otros votantes— la intención de voto de Andrés Manuel López Obrador (la ubican casi en 60%), los votantes panistas y perredistas sobreestiman la intención de voto de Ricardo Anaya (la ubican casi en 40%), y los votantes priistas sobreestiman la intención de voto de José Antonio Meade (cerca de 30%). En otras palabras, la identidad partidista constituye un filtro en la formación de opinión de los votantes, la cual tiende a distorsionar la intención de voto reportada por los medios de comunicación —exagerando la intención de voto del candidato que apoya. Un dato que es necesario destacar es que esta encuesta fue levantada a mediados de abril, cuando López Obrador aún no reportaba los altos niveles de intención de voto que la mayoría de las encuestas actualmente reporta, por lo que la sobreestimación entre votantes lopezobradoristas no estaba basada en esos momentos en información factual.  

Grafica 1. Percepción sobre Intención de Voto en las Encuestas
(Según Identidad Partidista)

Ahora bien, los datos anteriores nos muestran que la formación de opinión pública es influida por la identidad partidista pero nos dice poco sobre el proceso de formación. Para ese propósito, realicé lo que se conoce en ciencias política como un experimento por encuesta (survey experiment) en el que presenté a la mitad de la muestra6 (Grupo 1: 500 entrevistados) los resultados de una encuesta con un sesgo pro-AMLO y a la otra mitad los resultados de una encuesta con un sesgo pro-Anaya (Grupo 2: 500 entrevistados). Como lo muestra la tabla 1 (ver abajo), al primer grupo de entrevistados se les informó que un periódico nacional publicó una encuesta en la que López Obrador se encontraba en primer lugar muy separado de los otros dos candidatos, mientras que al segundo grupo de entrevistados se les informó sobre una encuesta que sugería que Anaya se ubicaba cerca de López Obrador. Posteriormente, se le pidió al entrevistado establecer qué tan creíble era la encuesta en una escala del 0 al 10 donde 0 significa “poco creíble” y 10 significa “muy creíble”.

Antes de discutir los resultados del experimento, es necesario mencionar que los dos tipos de encuestas a los que fueron expuestos los entrevistados no son necesariamente equiparables. Para que fueran equiparables, un posible fraseo debió haber sugerido que Anaya ya estaba en primer lugar de la contienda según las encuestas, mientras que un segundo fraseo debió señalar que López Obrador se encontraba en primer lugar. Sin embargo, ese experimento no reflejaría el contexto electoral actual: no existe encuesta alguna que coloque a Anaya en primer lugar de la contienda. Por lo mismo, los entrevistados fueron expuestos a dos tipos de encuestas con un sesgo hacia alguno de los candidatos punteros, pero al mismo tiempo que reflejaran el tipo de resultados que los medios de comunicación habían publicado hasta mediados de abril.

Tabla 1.
 “Recientemente, se publicó una encuesta en un periódico nacional en la que

Grupo 1
(Encuesta pro-AMLO):

… el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, se encuentra en el primer lugar con el 40% de las preferencias electorales. En segundo lugar se encuentra el candidato del PAN, Ricardo Anaya, con 25% de la intención de voto. Mientras que el candidato del PRI, José Antonio Meade también tiene el 25% de las preferencias y Margarita Zavala cuenta con el 5 %.”,

Grupo 2
(Encuesta pro-Anaya):

… el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, se encuentra en el primer lugar con el 37% de las preferencias electorales. En segundo lugar, se encuentra el candidato del PAN, Ricardo Anaya, con 35% de la intención de voto. Mientras que el candidato del PRI, José Antonio Meade se encuentra en un tercer lugar con el 25% de las preferencias y Margarita Zavala cuenta con el 5%.”.

La gráfica 2 presenta los resultados del experimento por encuesta. En primer lugar, destaca que entre los votantes que apoyan a Ricardo Anaya, se observa una diferencia significativa. La encuesta en la que Anaya se encuentra en un sitio muy competitivo es considerada como una encuesta más creíble (6.4) que la encuesta donde va muy rezagado (4.9): una diferencia de 1.5 en la escala que va del 0 al 10. Esto significa que la credibilidad que los votantes tienen en las encuestas está directamente asociado al lugar que esa encuesta le asigna al candidato de su preferencia. De hecho, se puede ver un efecto bastante similar entre los votantes que apoyan a Andrés Manuel López Obrador, aunque de menor magnitud (como es de esperarse) dado que ambas encuestas ubican a López Obrador en primer lugar. Los votantes lopezobradoristas consideran que la encuesta en donde le va mejor es más creíble (6.9) que la encuesta en donde apenas va un poco arriba de Anaya (6.4): una diferencia de 0.5 en una escala que va del 0 a 10.

Gráfica 2. Percepción de credibilidad de las encuestas (escala 0 a 10)
(según tipo de encuesta: pro-AMLO o pro-Anaya)

En una escala de 0 a 10, donde cero significa que esta encuesta es nada creíble y 10 que es muy creíble, para usted, ¿qué tan creíble son los resultados de esta encuesta?

¿Qué nos dicen estos resultados sobre el electorado mexicano? Por un lado, existen buenas noticias: existe un cierto grado de sofisticación en el electorado mexicano. Los votantes tienen conocimiento sobre qué candidato va en primer lugar, segundo lugar, tercer lugar en las preferencias electorales según los estudios reportados por los medios de comunicación. Por el otro lado, como suele suceder en otros países, la identidad partidista tiene un papel central en el proceso de formación de opinión pública. En este caso en particular, los votantes creen que las encuestas son más creíbles cuando a su candidato le va bien, y viceversa, cuando a su candidato le va mal, creen que la encuesta es menos creíble.  

Rodrigo Castro Cornejo es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame (EUA). Actualmente es fellow del Departamento de Política de la Universidad de Virginia (EUA). Su investigación se centra en opinión pública, elecciones y comportamiento del votante.


1 Por ejemplo, ver: Ozan Kuru, Josh Pasek, Michael W. Traugott; “Motivated Reasoning in the Perceived Credibility of Public Opinion Polls”, Public Opinion Quarterly, 81: 2, pp. 422–446.

2 Motivated Reasoning: the tendency of individuals to engage new information with a motivation to reach a particular conclusión.

3 El artículo académico completo se publicará aquí.

4 Con una muestra de 1,000 entrevistados. La encuesta refleja las opiniones de la población con teléfono en su vivienda.

5 Con lo que usted sabe o ha oído sobre las encuestas, ¿qué porcentaje de intención de voto usted cree que tenga cada candidato a la Presidencia? Por ejemplo, ¿qué porcentaje de la gente cree que apoye a López Obrador? ¿a Ricardo Anaya? ¿a José Antonio Meade?

6 La selección aleatoria permite que los dos grupos sean iguales en sus características observables como no observables, por lo que la diferencia en la percepción de credibilidad de las encuestas es resultado del sesgo pro-Anaya o pro-AMLO y no de algún tercer factor.