Twitter ha estado resonando desde el lunes en contra de la senadora electa por Baja California, Alejandra León. La han llamado vulgar, asquerosa, grotesca. Incluso han cuestionado su humanidad. Hashtags como #LadyChampagne y #VotasteMorenaHundisteAMexico han acompañado estos ataques. ¿Qué ha hecho León para merecer tal odio?

Los insultos brotaron de dos vídeos publicados en redes sociales a principios de esta semana. En el primer video, León aparece celebrando su triunfo en la noche o la madrugada después de la elección. León profiere algunos insultos a sus competidores y realiza una seña “obscena”. En el segundo vídeo, sin fecha y en apariencia sin relación alguna con la elección, León aparece con un vestido ajustado, bailando sensualmente en un bar.1 MORENA se ha unido al oprobio y ha abierto un proceso dentro de la Comisión de Honestidad y Justicia. Este proceso podría resolver expulsar a León del partido.

Ilustración: Oldemar González

Los ataques a la “vulgaridad” de León revelan más de quienes la critican que de ella misma. León representa la “vulgaridad” e “incivilidad” de la que las élites, y quienes se identifican con ellas, huyen, pero que al mismo tiempo necesitan para afirmarse desde el contraste.2

Empecemos por el video del baile sexy. El que una mujer baile sensualmente no dice absolutamente nada de sus capacidades profesionales, de su calidad humana, ni de su ética como futura servidora pública. El baile sexy de León debe leerse como un proxy de… bueno, su sexualidad. Nada más. Entonces, si el oprobio no puede basarse en lo que el vídeo dice del futuro desempeño de León como senadora, de qué se trata?

Quienes comparten este video lo consideran relevante precisamente porque muestra la sexualidad de León. Esto no sorprende. La sexualidad de las mujeres es uno de los principales criterios que la sociedad utiliza para evaluarlas. Sus críticos reducen la personalidad de León a su sexualidad. Al ejercer una sexualidad que clasifican como “asquerosa” y “grotesca”, León está mostrando su “verdadero ser”.

Notarán que en este texto no comparto dicho video. ¿Por qué no? El haber circulado el video constituye posiblemente una violación al derecho a la privacidad de León.3 No sabemos si León participó en el video con el fin de que circulara públicamente. ¿Por qué importa? Porque el argumento utilizado para justificar su circulación es precisamente que León realizó su baile sexy en un bar —un espacio público. Pero este argumento es muy simplista. Una persona puede hurgar su nariz o darse un beso en un parque y aún así tener la expectativa de que su conducta no será difundida en el Internet. La privacidad de un acto no puede determinarse únicamente por su geografía.

De nuevo, lo que realmente se esconde aquí es una norma de género. Según esta norma, la sexualidad de las mujeres es privada siempre y cuando sea la “apropiada”, aquella que se limita al hogar conyugal.4 Pero en el momento en que una mujer ejerce la sexualidad “equivocada”, fuera del hogar conyugal, renuncia a cualquier expectativa de privacidad. Su sexualidad ahora pertenece a la multitud sin rostro: el internet. Consideremos, en contraste, una concepción de la privacidad que pone en el centro la autonomía sexual de las mujeres. Tal concepción enfatizaría el contexto del acto sexual, a quién está dirigido y si quienes participan consienten la distribución de cualquier registro del mismo. El baile sexy de León, aunque sucede en un espacio público, no es publicable.

Pasemos al video de celebración que provocó igual nivel de indignación. León utilizó la frase “cucarachas fumigadas” y “se las chingaron, cabrones”, además de hacer una seña “obscena”. El nivel de indignación sorprende, pues dichas frases y seña son de uso común en México. Aquí, de nuevo, la crítica a la vulgaridad recubre normas sociales, esta vez de clase. El verdadero shock de quienes critican a León es que una mujer que etiquetan como de otra categoría social y, por tanto, no digna de representarles haya sido electa para un cargo público. Pero la vulgaridad no es proxy de corrupción, incompetencia, o apatía.5 De hecho, esas características indeseables han sido encarnadas por personas cuya imagen aparece como impecable. Así entonces, la crítica a la vulgaridad es, en la mayoría de los casos, una acto de la policía de clase. Un acto disciplinario a esa “estética popular”.

Pero, podríamos decir, ¿no queremos que nuestra democracia se trate de argumentos y no de ataques personales? Sí. Pero, nos guste o no, los ataques personales son comunes dentro de la política. AMLO habla desde hace mucho tiempo de la “mafia del poder”. La campaña de Meade representó a AMLO como un hombre senil. Diego Fernández de Cevallos llamó a AMLO “orate” y “psicópata”. Estos ataques no dieron lugar a procesos formales dentro de sus partidos. Si MORENA considera que el comportamiento de León es contrario a sus principios, una reprimenda basta. Pero no debe perderse de vista que en este caso el comportamiento de León indigna por lo que representa: las formas que se asocian a otra clase social. MORENA no debe unirse al escozor a la vulgaridad.6

Este texto no es una defensa personal de León, quien puede resultar una senadora competente o incompetente. Es una revelación de los prejuicios generalizados contra las mujeres —en especial aquéllas etiquetadas de “clase baja”— que llevamos a este nuevo periodo. La promesa de inclusión y justicia social de MORENA solo puede estar completa si atiende a la exclusión e injusticia de género.

Dejar estos prejuicios intocados sería… ¿cómo llamarlo? Vulgar.

 

Regina Larrea Maccise
Candidata a doctora en Derecho por la Harvard Law School y feminista.

Quiero revelar que en esta elección voté por Morena aunque no en formato 6 de 6. No voté en Baja California, ni conozco personalmente a Alejandra León.


1 León no ha confirmado, hasta el momento de escribir este texto, si la mujer que aparece en el video es o no ella. Esto es irrelevante, pues se ha asumido que lo es y es esa reacción la que busco analizar aquí.

2 “El gusto clasifica, y clasifica al clasificador. Los sujetos sociales, clasificados por sus clasificaciones, se distinguen a sí mismos por las distinciones que hacen, entre lo bello y lo feo, entre lo distinguido y lo vulgar, en donde su posición en las clasificaciones objetivas es expresada o traicionada.” Pierre Bourdieu, Distinction: A Social Critique of the Judgment of Taste, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1984, p. 6.

3 Este derecho se encuentra protegido en los artículos 6 y 16 de la Constitución.

4 Jeannie Suk, “Is Privacy a Woman?”, Georgetown Law Journal, Vol. 97, 2009. En especial, ver pp. 487-491.

5 Caso contrario al de Layda Sansores, también de MORENA. La crítica aquí iba dirigida a una conducta que potencialmente afecta a la ciudadanía.

6 Esta reacción puede enmarcarse dentro de la política de la respetabilidad, que consiste en vigilar, y tratar de suprimir, las conductas de un sector de un grupo marginado por parte de otro sector de ese mismo grupo. Ver, por ejemplo, Frederick C. Harris, “The Rise of Respectability Politics”, Dissent Magazine, Invierno 2014.