El asesinato de Ismail Haniyeh, líder del buró político de Hamás, aleja la posibilidad de alcanzar un cese al fuego inmediato en Gaza. Como argumenté, Israel busca expandir el espectro de la guerra más allá de Palestina al atacar Bagdad, Beirut, Damasco y Teherán, terminando con la vida no sólo del líder de Hamás, sino también de Fuad Shukur, quien fuera el segundo al mando de la estructura militar de Hezbolá. Aunado a esto, la semana pasada Tel Aviv atacó con éxito el puerto yemení de Hodeida donde los hutíes reciben armamento iraní.

Estos ataques selectivos muestran cómo Tel Aviv trata de recuperar su capacidad de disuasión, erosionada por el fracaso de su incursión en Gaza y las críticas contra Benjamín Netanyahu (que enfrenta múltiples manifestaciones sociales en Israel y el extranjero). Con lo que Israel llama “la segunda etapa de la guerra”, la intención de los líderes de ultraderecha es ocultar el genocidio perpetrado en Gaza y virar la atención mundial hacia los ataques contra altos mandos del eje de la resistencia, más fáciles de justificar, mostrando la superioridad armamentista y tecnológica que guarda con respecto a sus vecinos regionales.
Pero la decisión de eliminar al representante de Hamás devela algo preocupante si consideramos el timing del fenómeno. Si bien Tel Aviv busca una guerra larga y abierta contra los sectores más recalcitrantes del eje de la resistencia, esto sólo se puede realizar con el apoyo de Estados Unidos. De hecho, el visto bueno estadunidense a la aventura israelí se gesta por el vacío de poder que hay en Estados Unidos, donde Joe Biden se retiró de la contienda electoral, Donald Trump se ocupa de reconstruir su campaña (porque ahora él es el candidato de mayor edad y no Biden) y Kamala Harris sigue tratando de amarrar el apoyo del lobby sionista dadas sus críticas a Netanyahu. Este vacío de poder implica que en Washington no hay un líder que imponga límites al primer ministro israelí quien, en dicho contexto, se atreve a tomar decisiones que ponen en riesgo la seguridad de toda la región arrastrando a Estados Unidos a intervenir de una u otra manera.
Además, que el asesinato de Ismail Haniyeh fuese en territorio iraní, nos coloca en un escenario parecido al de abril de 2024 cuando se instauró la nueva ecuación estratégica entre Irán e Israel que obligó a Teherán a responder para restaurar el equilibrio de poder en la región. Para Irán el asesinato de Haniyeh no sólo es una ofensa vergonzosa, sino también una llamada de atención para los servicios de seguridad e inteligencia que han experimentado notables bajas desde el 7 de octubre de 2023, incluyendo Mohammad Hadi Haji Rahimi y Mohammad Reza Zahedi, ambos miembros de las fuerzas especiales Al-Quds de la Guardia Revolucionaria. También, es preciso notar que este tipo de ataques, al violar la integridad territorial iraní, se convierten en un asunto de seguridad nacional que pone en el blanco a cualquier actor político nacional. Esto recuerda el caso de Mohsen Fajrizadeh, científico nuclear asesinado en noviembre de 2020, en un contexto similar al de Ismail Haniyeh: cuando Estados Unidos se encontraba en plena transición presidencial.
Ante esta situación, ¿están listos los dirigentes de la República Islámica para autorizar a Hezbolá operaciones especiales contra Israel? Irán tiene un nuevo presidente de corte reformista y el ataque contra Haniyeh puede descarrilar la agenda de política exterior que preparaba Pezeshkian al prometer “mejores relaciones con Occidente”. En otras palabras, así como el ataque de Hamás contra Israel de octubre de 2023 descarriló la normalización de relaciones entre Arabia Saudí e Israel, los ataques de Tel Aviv contra Haniyeh socavan los acercamientos entre Irán y Estados Unidos.
Por último, vale la pena pensar en el papel de Catar y Egipto en el contexto actual y preguntarnos si el estado de las cosas los llevará a retirarse oficialmente de la mesa de negociaciones o incluso si esto les dará pie para renunciar a su propio papel como mediadores. Es lamentable revisar que, poco después del ataque en Teherán, un periodista de la cadena catarí Al Jazeera, Ismail al-Ghoul, y su camarógrafo, Rami al-Rifi, fueron brutalmente asesinados cuando los alcanzó armamento pesado a bordo de su automóvil cubriendo la noticia de Haniyeh. El mensaje político de este ataque mantiene el mismo tono de castigo que experimentan los periodistas que cubren y revelan las atrocidades israelíes en Gaza y representa un punto de inflexión por el formato, lugar, la manera e impunidad ante la sangre derramada.
Moisés Garduño
Profesor de la UNAM, experto en temas de Oriente Próximo