
Gracias a la generosidad de Alias editorial presentamos el prólogo e introducción a Arquitectura Participativa (2024), de Cooperación Comunitaria. El libro se presenta el jueves 6 de febrero en el marco de FILIA (Feria Independiente del Libro de Arte) en el Salón Covadonga a las 6 pm.
Prólogo
En 2012 culminó un valioso proceso impulsado por Isadora Hastings y Gerson Huerta para trabajar en apoyo del hábitat popular e indígena de nuestro país. Este recorrido los llevó a fundar Cooperación Comunitaria, organización civil autónoma que, en corto tiempo, ha logrado fortalecer y concretar las ricas y diversas experiencias que se recogen en este libro.
Valoro mucho los diálogos y reflexiones conjuntas que tuvimos durante la maduración de sus ideas sobre la necesidad de llevarlas a la práctica desde una visión integral y compleja. Pero, sobre todo, valoro la capacidad, la decisión y el compromiso del equipo de Cooperación Comunitaria para concretar esos sueños, pese a las condicionantes impuestas por un sistema que concibe el hábitat como espacio físico abstracto, ajeno a la riqueza y diversidad del proceso humano de poblar y habitar un territorio, y a la vivienda como un mero objeto de mercancía, un simple producto industrial. Su enfoque responde con sensibilidad a las características físicas, ambientales y paisajísticas de un lugar; a las expresiones culturales, y a las formas de vida de sus pobladores, para contribuir a la preservación de lo que tristemente estamos perdiendo: la rica y bella diversidad de nuestros pueblos y centros históricos.
La riqueza de las experiencias realizadas por Cooperación Comunitaria en diferentes comunidades indígenas y el reconocimiento de que todo está interconectado y es interdependiente los llevó a conformar y enriquecer la visión de trabajo. Su mirada no podía limitarse a la vivienda, sino que era fundamental apoyar procesos organizados de acción comunitaria, capaces de generar un uso responsable de los sitios, como la preservación de los ecosistemas y el fortalecimiento de la economía local. Era necesario sustentar esta búsqueda en la herencia cultural de las comunidades, desde la cual estas habrían de orientar y conducir su aportación al mundo en procesos transformadores de largo aliento.
A la vez, este rescate y esta búsqueda deberían estar respaldadas en un enfoque técnico, dirigido a superar los problemas que vuelven vulnerables algunos lugares y viviendas, sea por la pérdida de saberes vernáculos o por la imposibilidad de emplear en ellos las técnicas que usualmente practican las comunidades rurales. En consecuencia, Cooperación Comunitaria no se ha restringido a reproducir la herencia constructiva de los pueblos ni a imponer soluciones ajenas a sus formas de vida, sino que ha establecido un sólido intercambio de saberes que, al nutrirse de dicha herencia, la confronta y enriquece, para dar mayor seguridad a las construcciones y adecuarlas a las condiciones de la vida actual. Se abre así una relación fecunda entre la riqueza de la arquitectura vernácula y la visión contemporánea y técnica de los profesionales.
Desde esta perspectiva integral y compleja, de la que emerge el verdadero sentido de la producción social del hábitat, Cooperación Comunitaria ha trabajado tanto en proyectos de vivienda nueva y construcción comunitaria de equipamientos, como —de manera relevante— en apoyo a la reconstrucción de espacios en comunidades afectadas por fenómenos naturales, por la pobreza y por la marginación que padecen los habitantes originarios de estas tierras.
Al partir de los recursos, de las características distintivas de cada lugar y de los rasgos culturales de quienes lo habitan, las propuestas arquitectónicas son siempre ricas y diversas, muy lejanas a la homogeneidad aplastante del paisaje gris que nos ha impuesto el uso exclusivo y excluyente del bloque de cemento y la losa de concreto. Sin embargo, no se trata solo de la preservación de la belleza y diversidad de nuestros pueblos, sino también de confrontar el argumento de que el uso de materiales industriales tiene sustento en consideraciones económicas (mayor resistencia a menor costo). Esta premisa se viene abajo cuando constatamos que el uso de materiales disponibles en cada lugar fortalece las economías y las cadenas productivas en manos de las comunidades locales, reduce los costos de transportación y de mantenimiento y disminuye —como lo ha constatado Cooperación Comunitaria mediante estudios técnicos realizados por laboratorios universitarios— la generación de CO2 en su producción, en su transporte y en otros factores que inciden en el cambio climático. Respecto a la resistencia y capacidad de aislamiento de los materiales disponibles a nivel local, en consultas con especialistas, se han propuesto soluciones técnicas para el reforzamiento de los componentes estructurales de la vivienda y se ha verificado la calidad de los materiales producidos para utilizarse en los proyectos. En algunos casos se ha recogido en manuales, traducidos a las lenguas indígenas, los resultados de estas indagaciones y su aplicación concreta en los proyectos que se desarrollan.
Para Cooperación Comunitaria no ha sido fácil abordar el tema de la producción y la reconstrucción social del hábitat y la vivienda, pues se ha enfrentado a una normatividad que ignora las consideraciones anteriores. Asimismo, ha sido necesario oponer resistencia contra los cambios culturales que induce un sistema basado en el despojo y la destrucción de la herencia cultural de nuestros pueblos, bajo argumentos que impulsan la “modernización”, la supuesta superación de la pobreza y la inseguridad. Mediante la imposición de prototipos, materiales y procesos constructivos, estas falsas promesas consideran al habitante un mero receptor pasivo, expropiado de su identidad, su autonomía y su potencial transformador, tan necesarios en la construcción de un mundo viable para todos.
En el corto tiempo transcurrido desde el inicio de sus actividades, Cooperación Comunitaria ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales. Esto y el que muchos de sus logros hayan podido alcanzarse gracias a su capacidad de promover apoyos fuera del circuito institucional, que aún opera desde la lógica de la producción mercantil y de la desconfianza, plantean un desafío importante a quienes se encargan de establecer y operar las políticas de financiamiento a la vivienda.
Es importante destacar, finalmente, que experiencias como las incluidas en este libro se suman a muchas otras que se desarrollan en diversos rincones de nuestro mundo y en otros campos, tanto en la experimentación de nuevos caminos como en la construcción de alternativas viables y transformadoras, basadas no en el dinero, sino en el ser humano y en el respeto y cuidado de los bienes comunes para la vida que nos regala la naturaleza.
Enrique Ortiz Flores
Presentación
Cooperación Comunitaria nació con el objetivo de disminuir las consecuencias de la desigualdad socioeconómica y ambiental que afecta las zonas rurales marginadas de México.
Comenzamos como un grupo interdisciplinario para colaborar en un proyecto común. El interés central era mejorar las condiciones de las viviendas, desde la recuperación de los saberes tradicionales y el uso de materiales locales; sin embargo, durante el trabajo realizado con las comunidades se hicieron notorios los límites de un análisis enfocado únicamente en la vivienda. Esto propició diferentes acercamientos para integrar las dimensiones territorial, ambiental, productiva y sociocultural que se interrelacionan con lo constructivo, y las cuales influyen en la producción y gestión social del hábitat.
Por otro lado, el trabajo en diversos territorios del país exigió a nuestra organización el compromiso de asimilar y entender la naturaleza de los saberes ancestrales que cada cultura ha formado a partir de la adaptación a su territorio, para poder adecuar la metodología de trabajo con un tratamiento distinto y único a cada una de las comunidades, considerándolas sistemas abiertos, integrales y complejos. La biodiversidad del país ha generado que las diferentes poblaciones mesoamericanas desarrollen distintas técnicas constructivas adaptadas a cada clima y condiciones geológicas, sísmicas y topográficas de sus localidades; lo cual enriquece la diversidad constructiva del país.
Durante estos diez años de trabajo hemos aprendido y compartido conocimientos con los pueblos totonacu (totonaca) de Veracruz, masehualmej (nahua) de la Sierra Norte de Puebla, hñähñu (otomí) del Valle del Mezquital en Hidalgo, mè’phàà (tlapaneco) de la Montaña de Guerrero, ñomndaa de la Costa Chica de Guerrero, tseltales de la región Selva en Chiapas, binnizá (zapoteco) e ikoots (huave) del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca.
Todas y cada una de estas poblaciones etnolingüísticas nos ha compartido su conocimiento ancestral, que hemos atesorado como un acervo único e invaluable. Su comprensión filosófica del universo se percibe en su manera de construir y usar el espacio, en su forma de producir y relacionarse con la Madre Tierra. Sus rituales alaban y agradecen su relación constante con la naturaleza, pero también el intercambio entre sus semejantes a través de sistemas tradicionales de ayuda mutua y la toma de decisiones en colectivo. De esta manera se conforma la organización social más básica y sustentable: la comunidad.
Posteriormente, como parte del proceso, se constituyó un grupo interdisciplinario que comenzó a aportar conocimiento técnico en distintas áreas de Cooperación Comunitaria: geólogos, biólogos, ingenieros forestales, sociólogos, así como asesores externos con experiencia en temas de construcción con tierra y producción social del hábitat. Cooperación Comunitaria se ha construido también gracias a los colaboradores que se han sumado al trabajo de la organización en las distintas regiones, como Grabiel Cantú y Hubert Matiúwàa, de la población mè’phàà; Pablo Pérez, tseltal; Antonia Doñú, hñähñu de la región del Mezquital, y Huzmany Domínguez, binnizá del Istmo de Tehuantepec; y a las más de cien organizaciones con quienes trabajamos en la Red de Producción Social del Hábitat en Latinoamérica a través de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC-AL), así como aquellas que conforman la Red MesoAmeri-Kaab de construcción con tierra en Mesoamérica, de las cuales hemos aprendido mucho.
Es importante mencionar que estos procesos generados entre las comunidades y Cooperación Comunitaria se han llevado a cabo gracias a las alianzas generadas con fundaciones mexicanas, alemanas y norteamericanas, principalmente, y a un grupo de donadores individuales que se han solidarizado con nuestra misión. Estamos muy agradecidos con todos ellos, pues han caminado con nosotros. Otra parte del financiamiento proviene de los subsidios para la vivienda otorgados por el gobierno federal que, gracias a la Red de Producción Social de Vivienda Asistida pudimos empezar a administrar. A partir de los resultados, hemos comenzado a incidir en políticas públicas sobre la importancia de los procesos participativos, del rescate de los sistemas constructivos tradicionales y el uso de materiales locales. Gran parte del trabajo es posible gracias a las aportaciones no monetarias de las comunidades que contribuyen con sus propios recursos.
Nuestro esfuerzo está encaminado a que los pueblos originarios refuercen su autogestión y autonomía con soluciones adaptadas a cada cultura, y a evitar la pérdida de la diversidad, que constituye la riqueza y las identidades de México.
Isadora Hastings y Gerson Huerta
Extractos cedidos con permiso de Alias Editorial.