Biden, ¿el último contrapeso de AMLO?

Han sido días aciagos para la democracia estadunidense, pero al final también felices. La intentona golpista de Donald Trump no fructificó dada la fortaleza de las instituciones creadas por los Padres Fundadores. Sin duda, esta reivindicación de su legado será aún más contundente si el Congreso logra la destitución de Trump y el Poder Judicial lo llama a cuentas por sus acciones sediciosas.

Dicho esto, al ver el espectáculo de la semana pasada, en muchos surgió la duda de si la aún incipiente democracia mexicana resistiría un intento similar por parte de un líder obsesionado con preservar el poder. Tal cuestionamiento cobró aún más fuerza pues en la misma semana el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció que buscará desaparecer varios organismos autónomos, tales como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, la Comisión Federal de Competencia Económica y el Instituto Federal de Telecomunicaciones, aduciendo supuestos ahorros. Ello representa, sin lugar a duda, una de las señales más preocupantes hasta ahora de la intención de AMLO de subyugar cualquier institución fuera de su control y consolidar un poder hegemónico.

Ilustración: Ricardo Figueroa

López Obrador ya lleva buen camino avanzado en este sentido: la mayoría morenista en el Congreso responde ciegamente a sus designios. A su vez, varios organismos autónomos y el Poder Judicial han dado crecientes señales de subordinación. Ejemplos de ello son la validación por parte de la Suprema Corte de la consulta popular para juzgar hechos del pasado —para lo cual usó argumentaciones jurídicas muy cuestionables— y su reticencia a procesar acciones de inconstitucionalidad contra varias de sus políticas públicas clave.    

Se antoja difícil que desaparezcan los organismos autónomos mencionados pues López Obrador no tiene mayoría calificada en el Senado; sin embargo, ello no se puede descartar. En dado caso, ¿qué contrapesos quedarían? Los partidos políticos de oposición están haciendo esfuerzos serios para quitar a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados en las elecciones de junio, pero enfrentarán grandes obstáculos. Específicamente, la falta de control sobre la propaganda gubernamental y el despliegue de programas públicos por medio de redes clientelares minarán la equidad de la contienda. En paralelo, seguramente se darán presiones inusitadas sobre el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral.  

Si en las elecciones de junio se refrenda la mayoría absoluta de Morena en la Cámara de Diputados y se registra un aumento de las gubernaturas bajo su control, es previsible que en la segunda mitad del sexenio el dominio lopezobradorista se consolide aún más. Incluso se podría eventualmente vulnerar la autonomía del INE. De ser así, estaríamos claramente ante el fin de la posibilidad de alternancia en el poder y el regreso al México de un solo hombre.

En tal escenario de debilitamiento de instituciones democráticas, en los hechos sólo quedaría un contrapeso a AMLO: Estados Unidos y, más específicamente, el presidente Joe Biden. Se estima que la nueva administración estadunidense vería con gran preocupación el regreso del autoritarismo a México. A diferencia de lo que sucedió con Trump, Biden seguramente impulsará una visión de política exterior que reafirme la promoción de la democracia y los derechos humanos, además del combate al cambio climático, como elementos clave de la seguridad de Estados Unidos. Es más, la búsqueda de tal objetivo probablemente se ha acentuado a raíz del ataque a las instituciones democráticas por el movimiento populista de Trump y la creciente presencia de varios regímenes populistas alrededor del mundo, incluyendo en México, que además es una economía con la que Estados Unidos ha alcanzado integración en varios sectores.

De manera relacionada, cabe destacar que Biden se enfocará mucho más que Trump en proteger los intereses de las empresas estadunidenses en México, sobre todo en el sector de energía, que se han visto gravemente afectados debido a las acciones del gobierno federal para restaurar el monopolio de Pemex y la CFE. Trump mostró indiferencia en este asunto debido a su obsesión con el tema migratorio y la creencia de que, si a las empresas estadunidenses les va mal en el extranjero, ello es benéfico para Estados Unidos (pues las impulsa a invertir en casa). Otros irritantes que pueden surgir son por la continuación de la pésima estrategia mexicana para el control de la pandemia —que podría impactar las cadenas de producción transfronterizas—, así como el aumento de la inseguridad por la pasividad ante los cárteles en el contexto de medidas legislativas para debilitar la cooperación bilateral en el tema.

¿Cuál sería la reacción de López Obrador ante la eventual presión estadunidense en temas como democracia y energía? Sin duda la rechazaría con ahínco. Ha quedado claro que ve la concentración de poder en su persona y el reavivamiento de monopolios energéticos como elementos clave para el éxito de la Cuarta Transformación. Es pues previsible un aumento de las fricciones con el nuevo gobierno de Estados Unidos.

La tardanza de AMLO en felicitar a Biden después de su victoria electoral, la falta de tacto diplomático en la carta que le envió al presidente electo y el respaldo a Trump ante las críticas por el ataque al Capitolio deben entenderse en este contexto. El presidente mexicano sabe que Biden lo va a cuestionar mucho más que Trump en distintos temas. Por eso está empezando a tomar una postura defensiva. No extrañaría que López Obrador acreciente el uso de un discurso mucho más nacionalista y "soberanista" hacia Estados Unidos.   

Durante toda su carrera AMLO ha mostrado ser un político acostumbrado a doblar la apuesta al ser enfrentado. Sin embargo, ante Estados Unidos ello le es mucho más difícil dadas las realidades de poder. Es un hecho que vienen momentos complicados para la relación bilateral en el año que comienza, después de varias décadas de relativa estabilidad a pesar de la amenaza trumpista. En los próximos años la democracia mexicana se enfrentará a una prueba existencial, similar a la que simbolizó el ataque al Capitolio hace unos días. Ante este reto, Joe Biden, como último contrapeso de AMLO, podría desempeñar un papel fundamental.

 

Alejandro Aurrecoechea Villela
Analista de riesgo político. Twitter: @aurreca.

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Publicado en: Internacional, Política

2 comentarios en “Biden, ¿el último contrapeso de AMLO?

  1. El niño Andres no sabe jugar y en su berrinche rompe sus propios juguetes. Niño! con que jugarás después?
    Setenta años de tragedia rediviva en seis años de farsa
    A aguantar al Maquiavelito que mal entiende a Sun Tzu y desconoce a Gracian.

    1. México vive sin duda uno de los momentos más tristes de su historia; la llegada al poder de un hombre ignorante, soberbio y ávido de poder amenaza sin duda la endeble democracia de un país que hoy paga con muerte y miseria el error de haber creído en el «Rayito de Esperanza».
      Deplorable que, ante la amenaza a nuestras instituciones, Estados Unidos sea hoy quizás la única esperanza, mientras el país se convulsiona ante los cientos de miles de muertos mal contados que dió como resultado la criminal austeridad y dispendio gubernamental aunada a la crisis económica subsecuente que, sin duda, traera más consecuencias funestas de las que hoy se quieren contemplar.

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