Cachitos de lotería para explicar el patriarcado

Los feminicidios, la violencia hacia las mujeres, la discriminación, el acoso y la desigualdad no pueden entenderse si no tenemos claro cómo opera el sistema patriarcal. Una vez comprendido este sistema de dominación podemos contextualizarlo dentro del capitalismo neoliberal y entender sus características y prácticas. La tragedia que acontece en el México actual se explica porque ambos sistemas, al operar en conjunto, son un arma letal contra las mujeres. Presento aquí algunas claves a modo de cachitos de la lotería que pueden ser de utilidad para entender el patriarcado actualmente. Al juntarlos se forma la serie costosa y sangrienta en la que lo que nos sorteamos es literalmente nuestra vida.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

Cachito terminación uno: el patriarcado como sistema de dominación

El patriarcado es un sistema de dominación universal que abarca la totalidad de las relaciones opresivas y de explotación que afectan a las mujeres.1 Se apoya en una serie de prácticas continuas que se alojan en un consenso generalizado en torno al género, el cual organiza las relaciones en la mayoría de las esferas, desde el ámbito privado hasta las actividades de la vida social pública.2 Eso es lo que le da su carácter universal y la posibilidad de arraigarse tan profundamente en nuestra sociedad.3

En el patriarcado el mundo está dividido de manera simbólica en dos: lo femenino y lo masculino. Lo masculino asociado a la cultura, el bien, la claridad, la universalidad, la mente, lo público, la razón; y lo femenino asociado a la naturaleza, la otredad, la oscuridad, lo animal, el cuerpo.4 En este ordenamiento hay una relación de separación y dominación caracterizada por la exclusión radical y el distanciamiento, sosteniendo a lo masculino como merecidamente superior a lo femenino.5 Esa jerarquización es un acto violento en donde alguien se erige por encima de otro, lo que ha hecho creer que tanto las mujeres como otros seres vivos son recursos explotables.6

Así, las mujeres (y los cuerpos feminizados en su totalidad) tienen un status menor que la de los cuerpos masculinos. Según Agamben,7 hay dos formas de vida: zôe y bios. Zôé es la vida animal, la no persona, la vida que existe sin los ropajes del derecho y la protección estatal; mientras que bios es la vida política, cualificada. Las mujeres, los esclavos, el animal, siempre han sido los cuerpos despojados de derechos y de un lugar en el espacio político. La mujer es la zôé por excelencia, su cuerpo siempre ha sido intervenido, utilizado para fines políticos y económicos dependiendo de las conveniencias de la época.8 Por tanto, en el patriarcado, como sistema biopolítico, el cuerpo de la mujer es regulado, gobernado y controlado.9

Cachito terminación dos: el patriarcado en el sistema capitalista neoliberal

Maria Mies nos recuerda que se ha desdeñado el papel que han tenido las mujeres en el capitalismo a través de su explotación sistemática.10 La explotación en el ámbito económico sucede cuando las mujeres ganan menos que los hombres por los mismos trabajos; cuando las mujeres poseen menos recursos que los hombres y difícilmente son las propietarias de la tierra; porque no reciben de sus propias familias la misma herencia que los hombres; porque su trabajo es invisibilizado y no remunerado; porque son manipuladas a creer que, porque su trabajo no es remunerado, éste no es importante. El capitalismo no podría funcionar sin el patriarcado, pues el sistema de acumulación no podría darse sin el sistema de dominación de lo masculino sobre lo femenino. El patriarcado se convierte en el elemento invisible dentro del muy visible sistema capitalista.

Según Ariadna Estévez, el capitalismo como modelo económico, utiliza el neoliberalismo como la mano discursiva para su funcionamiento. Según la académica11 “el objetivo central del neoliberalismo es aplicar el discurso económico —conceptos, objetivos, lógicas y lenguaje— al análisis social, borrando las diferencias entre ambos campos”.12 El neoliberalismo, establece las reglas de conducta en todas las esferas de la vida y enmarca el significado de la realidad para las persona.13

Es importante rescatar que en el neoliberalismo la responsabilidad democrática se desplaza del Estado a los individuos. Hoy, el neoliberalismo celebra la híper individualizción y se vale de culpas autoimpuestas y las promueve. Este discurso responsabiliza a las personas como causantes de su propia desgracia. Se traduce en que, ante algún crimen hacia las mujeres, como una violación, se le deposite la responsabilidad a la mujer por cómo estaba vestida o dónde transitaba. Esto último inhibe la posibilidad de demandas pues despolitiza el patriarcado y oscurece la responsabilidad que tiene el Estado.

El neoliberalismo económico se convierte también en un neoliberalismo sexual, en donde los cuerpos de las mujeres tienen un precio y el mercado es el que se encarga de que haya cuerpos disponibles.14 Estamos en una sociedad que mide el valor de nuestras vidas en función del valor que adquirimos ante el sistema patriarcal capitalista: es decir, una sociedad que nos trata como desechables. No es coincidencia que aparezcan los cuerpos de las mujeres en la basura, como cuando se eliminan cualquier par de zapatos.

Cachito con terminación tres: la lucha contra el patriarcado es legítima y urgente

Los movimientos de las mujeres se han vuelto necesarios y aparecen cada vez con más fuerza en todo el mundo porque el patriarcado ha encontrado un espacio acolchonado para cohabitar en cada rincón. En el presente, las mujeres tenemos una consciencia aguda del lugar que ocupamos en la sociedad. Las palabras de Angela Davis son más atinadas que nunca: “Ya no estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar”. La lucha que encabezamos las mujeres figura como la más significativa de esta época. Una verdadera transformación implicaría arrojar luz sobre el carácter y las bases de tal subordinación y actuar para revertirla. Protestamos y resistimos lo inaceptable. Así que ya no estaremos cumpliendo el mandato de género de la sumisión. No vamos a ceder: el feminismo es un espacio decididamente desobediente.

Lo que nos mueve es imaginar un mundo con igualdad, libertad y paz para las mujeres y otros grupos marginados. Nuestros derechos, y gran parte de los derechos que hoy gozamos de manera universal han sido producto de luchas feroces, acaloradas e incómodas. Eso lo han olvidado los libros de Historia. No empatizar con el sentimiento que subyace en nuestras propuestas implicaría forzosamente denostar un movimiento que lo que busca es una sociedad más libre, más equitativa y más justa. Llamarnos “locas”, “resentidas” y “amargadas” es una práctica que permite agudizar la percepción social de la desvaloración de las mujeres. En el patriarcado, como nos explica Marcela Lagarde, la locura siempre ha sido un atributo de la mujer, mientras que la razón siempre le ha pertenecido a los hombres.15 Se apela a esa lógica patriarcal para seguir invisibilizando el problema que ya brota de las coladeras en forma de sangre.

El feminismo que muchas abanderamos, “el feminismo para el 99 %” como lo llaman Arruza, Bhattacharya y Fraser,16 es uno que se levanta por todos quienes han sido explotados, dominados y oprimidos. El feminismo es también una lucha a favor del medio ambiente, promueve el derecho a servicios de salud universal, impugna el racismo, el clasismo y la homofobia. El feminismo del 99 % no solamente es antineoliberal, sino anticapitalista. Y al día de hoy se presenta como la mayor fuerza esperanzadora para la humanidad.

 

Ana De Luca
Editora del blog Crisis Ambiental.


1 Mies, M. Patriachy and accumulation on a world sacale: women in the international division of labour. Zed Books, Londres, 1986; Millet, Kate. Sexual politics. Time, Londres, 1970.

2 Ibid.

3 Amorós, Celia. Hacia una crítica a la razón patriarcal. Anthropos, Barcelona, 1992.

4 Plumwood, V. Feminism and the mastery of nature. Routledge, Londres, 1993; Serret, E. El género y lo simbólico. La constitución imaginaria de la identidad femenina. Instituto de la Mujer Oaxaqueña, Oaxaca, 2006.

5 Plumwood, 1993. Op.cit.

6 Puleo, Alicia. Ecología  y género en diálogo interdisciplinar, Alicia Puleo (Ed.), Plaza y Valdés, Madrid, 2015.

7 Agamben, Giorgio. Homo sacer. Poder soberano y la nuda vida. Pre-textos, Valencia, 2010.

8 Repo, J. The biopolitics of gender. Oxford University Press, Oxford, 2016.

9 Amigot, Patricia y Pujal, Margot. Una lectura de género como dispositivo de poder. Sociológica, año 24, número 70, mayo-agosto de 2009.

10 Op. Cit. Mies, 1986.

11 Estévez, Ariadna. Guerras necropolíticas y biopolítica de asilo en América del Norte. CISAN/UNAM, Ciudad de México, 2018.

12 Op. Cit. p. 51.

13 Foucault, Michel. La Historia de la Sexualidad. La voluntad del saber. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2005.

14 De Miguel, Ana. Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección. Cátedra, Madrid, 2015.

15 Lagarde, M. Los cautiverios de las mujeres: madres, esposas, monjas, putas, presas y locas. Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, 2005.

16 Arruza, Bhattacharya, Fraser. Feminism for the 99 %. A Manifesto. Verso, Londres, 2019.