Las encuestas señalan que las elecciones presidenciales estadunidenses de este año serán de las más cerradas en la historia del país. El sistema electoral estadunidense no se basa en el principio de mayoría simple, sino en un sistema de puntos que se asigna a cada estado. El número mágico es, entonces, 270: el candidato que logre ese número será ganador del cargo más importante en el país. Históricamente, hay estados en los que los demócratas siempre ganan, como California, y hay estados en los que los republicanos siempre ganan, como Texas. Pero lo más interesante en las elecciones estadunidenses es la batalla por los estados indecisos, aquellos que no tienen una preferencia partidaria consolidada y que elección tras elección cambian de preferencia y, así, definen los resultados electorales. Este año, las elecciones están en manos de solamente siete de los cincuenta estados del país: Michigan, Pensilvania, Wisconsin, Arizona, Georgia, Nevada y Carolina del Norte.
La mayoría de las encuestas señalan un empate dentro de estos siete estados, y algunos analistas van todavía más lejos y argumentan que un puñado de ciudades y comunidades rurales dentro de estos estados serán las que definan estas elecciones. Kamala Harris y Donald Trump están conscientes de esta realidad. Combinados, los candidatos han visitado Pensilvania y Michigan más de 35 veces y ni una sola vez han ido a 36 estados ya decididos. Ambos candidatos reconocen la importancia de estas zonas, y con sus equipos han hecho frente a esta realidad con estrategias diametralmente distintas, pues los candidatos están apelando al voto de audiencias distintas y para llegar a ellas deben tomar caminos diferentes.
Donald Trump enfrenta un camino que ya ha cruzado en dos ocasiones. Su campaña en 2016 lo llevó a la presidencia, pero su campaña en 2020 no fue lo suficientemente fuerte y perdió contra Joe Biden. Kamala Harris, en cambio, está conduciendo su primera campaña presidencial, y lo ha hecho en condiciones extraordinarias. Harris se volvió candidata sólo después de que Joe Biden dimitió en respuesta a presiones de las élites demócratas; y aunque inicialmente su campaña causó mucho revuelo y consiguió números ventajosos sobre Trump, ahora parece tener números muy similares al candidato republicano. Para ambos, las campañas han estado llenas de errores y aciertos. En este ensayo haré un pequeño análisis de las estrategias de ambos candidatos. Aunque es imposible hablar de los resultados de las elecciones, sus estrategias nos hablan de la visión de cada candidato del estado actual de su país y cuál es la mejor forma para solucionarlo.

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En términos de mensaje, Kamala Harris ha conducido una campaña segura y moderada. Harris habla de su historia como mujer de clase media y ha prometido apoyar a la clase media y baja a través de créditos para negocios pequeños, así como del restablecimiento de apoyos fiscales a familias jóvenes. La candidata también ha sido vocal sobre su apoyo a los sindicatos y organizaciones sociales. Frente a las preocupaciones sobre la economía estadunidense, la candidata ha prometido que ningún ciudadano que gane menos de 400,000 dólares al año pagará más impuestos. También ha prometido bajar los costos de la energía y ampliar esfuerzos contra el cambio climático en colaboración con la industria nacional. Sus propuestas responden a preocupaciones fundamentales en el país: economía, trabajo, calidad de vida, medioambiente. La manera de plantearlas se caracteriza por la moderación, Harris no va los extremos porque algunos votantes indecisos ven en Donald Trump un peligro por su extremismo discursivo y esos votos podrían perderse con posiciones “radicales”.
A diferencia de la corta campaña de Joe Biden, la candidata se ha preocupado menos por consolidar el voto en las ciudades de los estados bisagra y, en cambio, se ha enfocado en llegar a comunidades rurales, tradicionalmente republicanas, para limitar sus pérdidas en esas zonas. Esta estrategia le ha permitido transmitir su mensaje a población vieja, blanca, que no asistió a la universidad, y que fue fundamental para la victoria de Trump en 2016. Su interés por apelar a las personas blancas de clase baja no fue su estrategia inicial. Cuando recibió la nominación, sus redes sociales y las de políticos cercanos a ella comenzaron a esparcir el mensaje de “los republicanos son raros” o incluso algunos mensajes más específicos en contra de Donald Trump y su candidato a vicepresidente, JD Vance. Esta estrategia sí resonaba con la base demócrata consolidada, pero alejaba a muchos votantes indecisos, o a mujeres afines al partido republicano preocupadas por sus derechos reproductivos. Por eso, su campaña ahora se ha enfocado en un mensaje mucho más positivo, menos reactivo o crítico al carácter de Donald Trump ––como lo fue en la campaña de Hillary Clinton–– e incluso ha incluido a políticos del partido republicano en sus mítines, para empujar un mensaje de unidad.
El hecho de que podría ser la primera presidenta de los Estados Unidos también se ha manejado de forma estratégica. A diferencia de la candidatura de Hillary Clinton, que también aspiraba a ser la primera presidenta, Kamala Harris no ha hablado mucho de “romper el techo de cristal” y en general, su mensaje ha sido precavido al no enfatizar demasiado el hecho de que es mujer. Podría decirse que la excepción son los derechos reproductivos, un tema al que le ha prestado mucha atención. Pero el planteamiento no ha sido exclusivamente para un público femenimo, la candidata tiene interés en atraer el voto de los hombres, un sector de la población que no ha logrado acercar completamente, por eso, ha buscado que las causas tradicionalmente dirigidas a mujeres incluyan a todos. Por ejemplo, al transmitir el mensaje de que ellos también se ven afectados cuando se limitan los derechos reproductivos. Hace unos días Michelle Obama participó en un evento a su favor y habló de cómo las esposas, novias, mamás y hermanas de los asistentes podrían morir si se impusiera una prohibición nacional del aborto.
La estrategia de Harris busca atraer a todos los votantes posibles, incluso aquellos que se habían identificado con el partido republicano pero que se sienten decepcionados por Donald Trump y lo que representa. La candidata no ha enfatizado los aspectos divisores de su campaña: no habla de romper el techo de cristal, se ha rehusado a entrar en la discusión de su raza ––algo de lo que Donald Trump sí ha hablado en diversas ocasiones–– y se ha presentado como una candidata con mucha vitalidad, alegría y fuerza para enfrentar los retos de su país. Llevar a cabo una campaña segura y no polarizante puede ser un acierto, pero también le puede costar un número de votos importantes frente a candidatos de partidos terceros que se han posicionado más contundentemente en temas fundamentales para el sector liberal, como la guerra de Israel sobre Palestina. Si su estrategia funciona y la candidata logra atraer a los votantes del centro e indecisos es probable que vea buenos resultados en los siete estados en los que compite, pero si sus propuestas resultan insuficientes para la base liberal, el conteo final podría no estar a su favor.
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La campaña de Donald Trump ha adoptado una estrategia distinta. En lugar de buscar el voto de los ciudadanos indecisos y de personas que están en medio del espectro político, el candidato ha optado por radicalizar su mensaje, “energizar la base de sus partidarios puros” y buscar el voto de los hombres de todas las razas que normalmente no salen a votar. En este esfuerzo, su campaña ha prometido “terminar” de construir el muro en la frontera sur, llevar a cabo la campaña de deportaciones más grande en la historia e implementar una prohibición nacional del aborto. Aunque no ha sido claro sobre sus estrategias para bajar la inflación, ha prometido que lo logrará. El candidato también regresó a su estrategia de crear enemigos comunes: los migrantes y la élite política. Respecto a los primeros, ha prometido prohibir que sea posible para los inmigrantes indocumentados comprar casas y argumentó que esto va a permitir que su base encuentre un hogar a un precio más barato. Respecto a las élites políticas, constantemente ha dicho que los persiguen y limitan su libertad política, y ha prometido consecuencias graves para ellos una vez que llegue al poder. El candidato republicano también ha propuesto aumentar las tarifas de las importaciones chinas hasta 60 %, bajo la estrategia de crear un enemigo común que apela a trabajadores de fábricas en el cinturón manufacturero de Estados Unidos. También ha prometido ampliar su política de reducción de impuestos, que, aunque generalmente ha beneficiado a los estadunidenses más ricos, es una medida popular.
Con interés en remediar los errores que Trump cree haber cometido en su campaña de 2020, el candidato ha decidido limitar sus eventos políticos presenciales y en cambio, ha buscado participar en medios de comunicación. Aunque no se ha entrevistado tanto con los “medios tradicionales” y ha asistido a pódcast organizados por líderes de opinión ideológicamente afines. Uno de los organizadores de la campaña dice que esta estrategia parte de la idea de que Donald Trump luce mejor en espacios no organizados y tiene interés en mostrarlo como una persona graciosa con la que la gente se puede identificar. En estos pódcasts, Trump ha hablado de temas que no necesariamente están relacionados con la política, como deportes o el impacto de las drogas en la vida de las personas. Convenientemente los pódcasts son una herramienta eficaz para llegar a los hombres jóvenes que no están muy interesados en la política.
Una parte importante de la campaña de Donald Trump se ha basado sido deslegitimar a Kamala Harris tanto por ser mujer como por ser de color. Sobre lo primero, tanto él como sus aliados han hecho comentarios sexistas y, como una política más amplia en contra de las mujeres ha hablado mucho sobre limitar el aborto y otros métodos de planificación familiar. Con el interés general de atraer el voto masculino, el candidato sabe que estos temas no le van a costar votos y que, para muchos, es el candidato que habla de lo que “nadie se atreve a hablar”. Si su radicalismo lo llevó al poder en 2016, ahora con una plataforma más grande y con posturas más extremas, podría lograr el mismo objetivo.
Evidentemente, las campañas de los candidatos están determinadas por las audiencias a las que buscan apelar. Con lo cerradas que están las elecciones, es probable que la victoria esté determinada por algunos cientos de miles de votantes en algunos estados. El interés de Trump por convencer a los hombres jóvenes que generalmente no se interesan por la política es una estrategia arriesgada, pero el candidato está tan convencido de su inminente victoria que nunca se propuso cambiar su plan.
En los últimos días de su campaña, Trump decidió hacer un rally en Nueva York, uno de los estados con mayor presencia demócrata en el país, en lugar de hacerlo en unos de los estados competidos. Incluso después de la broma que hizo Tony Hinchcliffe en ese mismo evento sobre Puerto Rico y que podría costarle muchos votos en Pensilvania, el candidato ha evitado hablar del tema y ni siquiera ha ofrecido una disculpa convincente. Kamala Harris está buscando hacer un cierre de campaña fuerte, ha invitado a figuras atractivas para los votantes jóvenes, como Gracie Abrams, y se ha acercado a universidades en los estados más competidos. Por supuesto, ha rechazado los comentarios en contra de Puerto Rico y ha creado estrategias para atraer a los votantes que se inclinaban más hacia los republicanos pero que, dado los eventos recientes, podrían decidirse por los demócratas.
Lo único sobre lo que hay certeza es que los resultados podrían ir a cualquiera de los dos lados. Los encuestadores pueden estar sobreestimando los números del Donald Trump para evitar los errores de las encuestas en las elecciones pasadas; sin embargo, algunos factores como la forma en la que el covid afectó la forma de hacer encuestas en las elecciones pasadas, la preocupación por los derechos reproductivos o el aumento en participación electoral que se espera en estas elecciones podrían afectar los resultados finales. También es cierto que la participación temprana en las elecciones, que generalmente ha favorecido al partido demócrata, podría jugar en favor de los republicanos en estas elecciones debido al esfuerzo activo del partido por consolidar este tipo de participación. Una vez que pasen las elecciones, luego de ver al ganador, será interesante analizar qué estrategia funcionó mejor y qué tipo de participación logró cada candidato y qué sector va a decidir el futuro de Estados Unidos.
María José Padilla Soberón
Estudió Relaciones Internacionales en El Colegio de México y representó a México como delegada del G20 juvenil
Un análisis muy definido. Parece que la democracia cada vez está en riesgo. Maxima cuando se anuncian votaciones como las más grandes de la historia..el problema es que nunca terminamos convencidos con los resultados. La gente sale a votar, pero por lo peor. En este caso, todos vemos que Trump no es opción, pero ahí va la gente que no razona. Dónde he visto esto?