Cinco claves para entender el rechazo de la propuesta constitucional en Chile

Apenas pasadas las 19:00 horas del domingo 4 de septiembre de 2022, y luego de haberse dado a conocer los primeros cómputos del plebiscito de salida para aprobar o rechazar la propuesta que buscaba transformar la constitución creada en 1981 por la dictadura de Augusto Pinochet, la sorpresa invadió a Chile y dejó perplejos a los medios de comunicación de alcance mundial. El triunfo del Rechazo por 61.8 % de los votos abrió un sinnúmero de interrogantes respecto del futuro del país, así como de los factores que podrían explicar este resultado.

Es indudable que el Plebiscito del 4 de septiembre cambió a Chile a pesar del Rechazo. En primer lugar, cambiaron las interpretaciones estatuidas sobre el país. Concebido como una salida a la revuelta social iniciada en octubre de 2019 (que incluyó el desarrollo de cientos de cabildos, marchas donde participaron millones de personas y miles de personas violentadas por los aparatos de seguridad del Estado), el cambio constitucional se erigió como la forma de canalizar institucionalmente el malestar social y construir un nuevo pacto social. Así, y luego de un año de trabajo, la Convención Constitucional órgano elegido para construir la propuesta, y que contaba con paridad de género, amplia representación de personas sin militancia partidaria y escaños reservados para los pueblos originarios entregó un texto constitucional que, entre muchas otras cosas, abandonaba el rol subsidiario del Estado y generaba las condiciones jurídicas para que la salud, la educación, la vivienda y las pensiones fueran concebidas como derechos sociales, reformaba la composición del Congreso, integraba en la Constitución los derechos de la naturaleza, y ampliaba los derechos para las disidencias sexuales y las mujeres, así como de los niños, niñas y adolescentes, personas privadas de libertad y personas con discapacidad, entre otros.

¿Cómo entender este resultado? ¿Cómo se pasa de una aprobación de más del 80 % al inicio del proceso a una del 38 % al final del mismo? ¿Se trata de una continuación de los resultados de las votaciones del Brexit y de los triunfos de Trump y Bolsonaro? ¿Qué implicaciones tiene este resultado para la democracia chilena y latinoamericana? Sin tratar de responder exhaustivamente todas estas preguntas, en este texto esbozamos cinco claves que, desde nuestro punto de vista, permiten explicar o entender estos resultados.

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

El resultado del Plebiscito no puede interpretarse simplemente en el eje político izquierda-derecha

Aunque la mayoría de los representantes políticos de izquierda se inclinaron por el Apruebo, y la mayoría de los representantes políticos de la derecha por el Rechazo, el triunfo de este último no puede homologarse a un triunfo de la derecha, por tres razones. En primer lugar, hubo una “fuga” de sectores del centro y del centro-izquierda hacia el Rechazo, que, sin bien no transformó de forma radical las votaciones, sí representó un cambio en la histórica votación derecha-izquierda presente en Chile desde finales de la dictadura. En segundo lugar, y como se ha constatado en otras votaciones y en varios lugares del mundo, pareciera ser que el clivaje político (y el de clase) representan sólo una de las distinciones para explicar las votaciones políticas en el Chile contemporáneo. Así, las identidades de las personas (tradicionalistas vs. posmodernistas), la ubicación geográfica (centro vs. regiones; ciudad vs. campo) o la posición respecto de la migración (aperturistas vs. integristas étnicos) son, entre muchas otras, una mezcla de clivajes antiguos y nuevos que son necesarios de considerar para explicar el voto. Finalmente, y en línea con lo anterior, el voto aun en decisiones importantes como ésta no constituye (contrario a lo que solía decirse en el siglo XX) un hecho trascendental para millones de personas. Por el contrario, para muchos y muchas, votar es poco más que un acto cívico, poco más que una obligación, que no transforma lo que uno es ni lo que uno cree, y quizás, tampoco lo que uno piensa.

Las formas —y no sólo el contenido— importan, y mucho

Un segundo elemento central para entender los resultados tiene relación con el espacio desde el cual se gestó la propuesta constitucional: la Convención Constitucional. Durante su año de funcionamiento, la Convención Constitucional a pesar de lograr un texto uniforme, de dotarse de reglas propias de forma rápida y de diseñar mecanismos de deliberación sensatos y más participativos que los del parlamento sufrió constantes traspiés que mermaron la confianza ciudadana para grupos heterogéneos de la población. Por una parte, el funcionamiento y las dinámicas públicas de la convención (llenas de disputas, insultos y recriminaciones) generaron la idea de que, más allá de su origen, la Convención representaba a una parte importante de la “política tradicional” que tanta gente quería evitar. Por otro lado, la dispersión de los múltiples grupos de convencionales impidió llegar a acuerdos transversales desde temprano, que cimentaron (erróneamente) la idea de que esta era una propuesta “revanchista”. Finalmente, y en un plano comunicacional, los medios tradicionales de comunicación tendieron a destacar las intervenciones de convencionales menos constructivas y más extremas, lo que fue generando imágenes pixeladas en la ciudadanía (sobre todo en la que estaba menos pendiente del proceso) sobre lo que la Convención hacía y decía. Aunque de forma distinta, todos estos elementos fueron produciendo una baja progresiva en la valoración social del proceso constitucional.

Además de las redes sociales, los medios de comunicación tradicionales son esenciales

Un tercer factor relevante del triunfo del Rechazo fue el rol de los medios de comunicación tradicionales. Aun en un país altamente digitalizado (Chile tiene las tasas de penetración de internet más altas de América Latina y la mayor cantidad de tuiteros del mundo), los medios de comunicación tradicionales (especialmente la televisión y la prensa escrita) jugaron un rol de desinformación importante. Así, se desarrolló una campaña de casi un año que se focalizó en distintas formas de desinformación: mentiras (sobre los constitucionales y sobre la propuesta), exageraciones, omisiones, interpretaciones antojadizas, exclusión de voces relevantes, etc. Dicha estrategia sistemática de desinformación (sin mayores contrapesos) fue generando un ambiente que hizo que parte importante de la discusión no reconociera matices ni que construyera un espacio legítimo de discusión. Esto provocó un desgaste constante sobre el proceso constitucional mismo, que fue muy difícil de contrarrestar, especialmente porque el texto estuvo disponible solamente dos meses antes de la votación. Así, la desinformación provocó que muchas personas tomaran su decisión, paradójicamente, sin leer el texto o sin que éste existiera. Muy difícilmente una campaña informativa sobre los contenidos de la propuesta constitucional podría haber cambiado este escenario, aún más dado el desequilibrio financiero de ambas fuerzas (el Rechazo recibió trece veces más aportes financieros que el Apruebo mediante donaciones privadas de empresarios nacionales). Así, el Rechazo recibió 89 % del total de las donaciones privadas de campaña.

La complejidad de votar “sin comparación”

Desde su propia configuración lingüística (“Apruebo” vs. “Rechazo”) el texto constitucional se construyó como un dilema sin comparación. Así, más que visualizarse como una votación de alternativas (entre una propuesta A y una B), se configuró la idea de que lo que se estaba plebiscitando era el texto “en sí”, sin compararlo con la constitución vigente. Esto condujo el debate en torno a las ausencias por sobre las presencias, en los cambios por sobre las continuidades y en los aspectos de mayor desacuerdo por sobre los más consensuados. Así, la falta de contrastes con otros procesos similares (o la equiparación con procesos poco comparables como los ecuatorianos o bolivianos) implicó un problema comunicacional mayúsculo para explicar el proceso constituyente. En consecuencia, sectores que se mostraron directamente partidarios a terminar con la “Constitución de Pinochet” fueron reacios a aprobar el nuevo texto constitucional porque no satisfacía uno u otro punto, sin visualizar (o sin sopesar) que la alternativa era dejar vigente la Constitución que tanto criticaron. Esto construyó la paradoja de dos mayorías insatisfechas: una mayoría que no quería la constitución generada en democracia, y otra que no se sentía interpelada por el nuevo texto.

Los nuevos votantes, un mundo por entender

Finalmente, y quizás lo más importante, la votación por el plebiscito de salida estrenó un mecanismo inexplorado en el país hace más de 50 años: el voto obligatorio para toda la población mayor de 18 años. Luego de más de 30 años de democracia basada primero en un voto obligatorio pero limitado a quienes se inscribían voluntariamente, y luego, de un voto voluntario para los mayores de edad sin necesidad de inscribirse, Chile se vio inundado por un plebiscito de salida que incorporó, de manera casi automática, a más de 4 millones de votantes que sistemáticamente no habían participado de elecciones por décadas. Ninguna encuesta y prácticamente ningún analista logró aventurar un análisis que permitiera entender las razones, sentidos y lógicas de este grupo novato. En un país marcado por décadas de consensos forzados, con bajos niveles de conocimiento cívico y escasos espacios de educación ciudadana, con altas tasas de analfabetismo funcional, bajísima confianza en las instituciones, desapego y desafección institucional y una creciente distancia prosocial, la incorporación de este grupo sin mediación y con los factores anteriormente descritos inclinaron la balanza sustancialmente por el Rechazo.

 

Ernesto Treviño
Centro UC para la Transformación Educativa
Pontificia Universidad Católica de Chile

Cristóbal Villalobos
Centro UC de Políticas y Prácticas en Educación
Pontificia Universidad Católica de Chile

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Publicado en: Internacional, Política