“Ante esta realidad sobrecogedora, que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad, tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
—Gabriel García Márquez
El pasado 19 de junio Colombia eligió a su próximo presidente y vicepresidenta. La esperanza venció al miedo. Gustavo Petro es el primer candidato de izquierda —que en realidad es liberal— en ganar la Presidencia. Francia Márquez, su fórmula vicepresidencial, es la primera mujer afrodescendiente, líder social, ganadora del premio Goldman Environmental Prize y feminista, en llegar a ese cargo.
Más de 11 millones de colombianos confiaron en esta dupla que propone una renovación política en Colombia. El contrincante de Gustavo Petro, en segunda vuelta electoral, fue el empresario Rodolfo Hernández, quien obtuvo más de 10 millones de votos. Según datos de la Registraduría, más de 22 millones de colombianos acudieron a las urnas. Casi 2 millones de nuevos electores se animaron a votar. Esto fue crucial para el triunfo de Petro y Márquez.
Colombia es un país violento, corrupto y desigual. Aquí hemos vivido más de doscientos años de soledad. Sin embargo, un amplio sector de la sociedad apostó por la utopía contraria. La ciudadanía que apoyó a Márquez y Petro optó por un programa de gobierno que tiene como bandera la implementación del Acuerdo de Paz, dejado de lado por el saliente gobierno que, en su momento, aseguró que lo harían “trizas”—y, de hecho, cumplieron su promesa. De igual manera, eligieron la dignidad humana y laboral. Así como un presupuesto nacional enfocado en la educación, ciencia, tecnología, arte y cultura, otros de los pilares del programa político de Petro y Márquez. Es una apuesta por convertir al país suramericano en una “potencia del conocimiento, que respete el medioambiente y la vida”.
Para muchos puede ser paradójica esa urgencia de un proyecto político por la defensa de la vida. En cualquier Estado decente respetan la vida y los derechos fundamentales. El tema es que en Colombia la realidad raya en lo inverosímil. Seguimos en la lucha por la vida y la paz. Aquí, defender el medioambiente, la educación, el agua potable, entre otros derechos, cuesta la vida. Los líderes sociales son quienes defienden estas causas en los lugares abandonados por el Estado y acaparados por la violencia. 2021 fue el año más violento de la década para los líderes sociales en Colombia. El informe Teatro de sombras de la asociación Somos Defensores registró 996 agresiones; es decir, casi 3 por día, incluyendo 140 asesinatos.
Somos una sociedad quebrantada que necesita sanar tanto dolor. Los colombianos estamos afligidos. Por supuesto, unos más que otros. No se puede desconocer el sufrimiento de las víctimas ni el despojo de tierras o las explotaciones que ha ejercido cierta clase social y política sobre la mayoría. Ahora, todos hacemos parte de la misma tierra. Esa tristeza indescriptible que, desde luego, ahoga a unos más que a otros, nos termina por describir. Entonces, pienso en la utopía contraria, en la alegría de un pueblo triste. Y llega la noche del 19 de junio de 2022.

Esa noche la fuerza popular salió a celebrar. Los departamentos festejaron el triunfo de un presidente, algo nunca antes visto en la historia de Colombia. Aunque ciertos presidentes han tenido popularidad y ganaron elecciones con cifras importantes, que la ciudadanía saliera a las calles a celebrar no se había visto. Esa noche ganó Colombia, a pesar de la división. Este país le ganó a la tristeza. La esperanza venció al miedo. Ese miedo y dolor que nos ha acompañado y definido durante más de doscientos años. Ese dolor violento que no nos deja estar alegres. Es una de las primeras victorias populares en la democracia colombiana.
En un Estado atado a la misma clase política tradicional, ganó un candidato de izquierda, un exguerrillero que le apostó a la paz. La fórmula vicepresidencial es una mujer que logró lo imposible. En un país donde se necesitan 11 generaciones para salir de la pobreza, una líder social, afrodescendiente, que fue pobre, llegó a la vicepresidencia a sus 40 años. Eso es de un simbolismo sin precedentes para Colombia y Latinoamérica. Ellos dos acogieron las banderas de un pueblo que no aguantaba más.
El país venía en un cultivo de violencia y desigualdad que genera escandalosas cifras. Según estudios de Indepaz, en 2022 se han registrado 44 masacres, con 158 víctimas. Del mismo modo, hubo 96 masacres en 2021, con 338 víctimas. Y según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, la pobreza llegó al 42.5 % de la población. La Cepal confirma que casi 21 millones de colombianos no ganan lo suficiente para comer, la cifra más alta de América Latina en 2022.
Se supone que se firmó un Acuerdo de Paz que daría a los firmantes una segunda oportunidad e integración social. Sin embargo, el Acuerdo se ha incumplido. Cada seis días de 2021 mataron a un excombatiente de las FARC. Más de 300 excombatientes han sido asesinados desde la firma del Acuerdo, según datos de la Misión Verificación de la ONU.
Otro hecho violento que marcó la gestión del actual gobierno, y la elección de la izquierda en Colombia, fue el Paro Nacional de 2021. Una de las movilizaciones más grandes en la historia del país, pero también una de las más reprimidas por la fuerza pública. En 2021, la juventud protestó y el Estado la reprimió. Gracias a las redes sociales, el mundo vio en vivo y en directo la represión en Colombia. La ONU informó que durante el Paro Nacional se presentaron más de 80 muertes y múltiples hechos de violencia.
Desde la colonización la violencia ha definido la realidad nacional. Luego, vino la independencia. Aunque alcanzamos ese grito de libertad, todo el siglo XIX estuvimos sumidos en guerras civiles. La más conocida fue la Guerra de los Mil Días. Y cuando llegamos al siglo XX tampoco cambió el panorama. Fue el escenario perfecto para que la élite se repartiera el poder en dos bandos.
Uno de los períodos más dolorosos en la sociedad colombiana fue a finales de los ochenta. Los candidatos que representaron un cambio fueron asesinados. Es muy probable que Colombia sea el único país del mundo donde se haya asesinado a cuatro candidatos presidenciales en los comicios electorales. A ello se suma que todo un partido político, la Unión Patriótica, fue erradicado por ser de izquierda y por sus “supuestas ideas comunistas”, como se oía decir por los pasillos del Congreso a los políticos de derecha y algunos liberales, varios de ellos aliados con el narcotráfico. Por eso, el triunfo de Márquez y Petro es tan importante para la democracia colombiana. Es la primera vez que gana un proyecto diferente. No sólo es sorprendente la victoria de un programa político distinto, sino que la vida de ambos se respetara. Parece casi que un milagro.
Todavía algunos se cuestionan por la elección de Petro y Márquez. No obstante, son tantas las perspectivas de cambio, que el presidente electo se reunió con el expresidente Álvaro Uribe, mayor opositor a su programa de gobierno y al Acuerdo de Paz, y se espera que de ahí surja consenso por el bienestar del país. A los escépticos, los invito a conocer la historia de Colombia y el dolor intenso que la mayoría de ciudadanos sintió en los últimos dos siglos. También la esperanza que se vio en las calles con el triunfo de Petro y Márquez, una celebración generalizada entre los más afectados por la violencia y que confirma la alegría de la utopía contraria.
Aun cuando es muy pronto para lanzar juicios de cómo será el primer gobierno de izquierda de Colombia, estoy segura de que, al menos, la esperanza de cambio ya echó raíces en el corazón de un país roto y que ahora, con el nuevo gobierno, parece encontrar las piezas para comenzar a rearmarse. Ojalá los verdugos no incentiven la violencia y dejen de matar al pueblo inocente. Porque, tal vez, las estirpes condenadas a doscientos años de soledad sí tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.
María Fernanda Matus
Comunicadora y actriz colombiana
Excelente escrito, orgullo colombiano
Bauman dijo que la felicidad sólo era posible luego de que se superaba una dificultad; es decir, sólo experimentamos algo parecido a la felicidad cuando se abre una grieta en lo terrible y podemos ver que, tal vez, sí hay luz en medio de la oscuridad. Justo eso pasó en Colombia, Petro perforó la burbuja de atrocidades y le dijo a Colombia que, tal vez, un cambio podría existir. Muy buen artículo, un gran recorrido por lo terrible, la felicidad y la esperanza. Dios quiera que esta sí sea la oportunidad para salir de la condena de 200 años, nuestra segunda oportunidad sobre la tierra.
“Porque, tal vez, las estirpes condenadas a doscientos años de soledad sí tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.” Gracias por esta frase al final, hay mucha esperanza en Petro y Francia para tener una Colombia de paz, de conocimiento, de oportunidades.