Crónica de Mariupol, ciudad bajo cerco

24 de febrero. Después de leer en las noticias la orden del presidente Putin con la que ha iniciado la invasión a Ucrania, llamé por teléfono a mi madre. Eran alrededor de las 5:30 de la mañana en Mariupol, al sureste de Ucrania. Medio dormida, me dijo que todo estaba tranquilo. Hora y media más tarde, me escribió para decirme que dos explosiones fuertísimas habían hecho temblar su edificio. Así, por segunda vez desde el comienzo de la guerra del Dombás en 2014, el terror volvía a Mariupol, una ciudad industrial en la costa del mar Azov, que se encuentra confinada por las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, apoyadas por Moscú.

Para sus 400 000 habitantes los sonidos de explosión no eran algo completamente nuevo. Desde 2014 la ciudad vive a la sombra de una guerra que la ha afectado directamente, llevándose decenas de vidas civiles. Sin embargo, la realidad con la que la gente se despertó aquel jueves no tenía comparación. El ejército ruso se ha acercado desde las fronteras oeste y norte, por lo que Mariupol se encuentra casi rodeada por las fuerzas armadas rusas y es víctima diaria de ataques aéreos. Desde que empezaron los primeros bombardeos del barrio de Skhidnyj, heridos y muertos civiles han atiborrado los hospitales de la ciudad. Los siguientes ataques y consecuentes destrucciones han tenido lugar en mi barrio, Levyj: la escuela n.º 48 y numerosos edificios de estilo soviético, típicos de esta parte de la ciudad, fueron atacados. Hoy, 2 de marzo, los bombardeos no se han detenido; los heridos, en su mayoría mujeres, niños y viejos, han llegado al hospital de mi mamá. La ciudad se ha quedado sin luz, agua, calefacción o comunicación. El ejército ucraniano, los grupos de voluntarios armados, doctores, panaderos y todos los habitantes defienden sin descanso la ciudad en todas sus fronteras.

En su largo discurso, publicado dos días antes del ataque, Putin ha ofrecido una justificación “histórica” a esta decisión. Desde su perspectiva imperial y rusocentrista, Putin rechaza la existencia de la identidad ucraniana, y sigue con la retórica de una intervención acontecida para salvar a los rusohablantes del gobierno “neonazi” ucraniano. Así, el presidente ruso asume la investidura de historiador y explica que su guerra vendrá a corregir los errores del pasado, restableciendo la influencia del poder de Moscú en algunos “territorios” del imperio ruso perdido. Los maestros de secundaria en varias regiones de Rusia recibieron instrucciones para dar una clase el 1 de marzo sobre la nueva historia propuesta por su presidente. Basándose en su discurso y provistos de un video explicativo, los maestros tenían que ayudar a los niños de 14 a 17 años a entender por qué Rusia había entrado en guerra con su pueblo hermano de Ucrania.

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

Mariupol es una ciudad donde el discurso de Putin tendría que encontrar su lugar natural. La gran mayoría de la población es rusohablante: la gente a quienes las tropas rusas supuestamente estarían “salvando.” Sin embargo, si hace unas semanas existía un sector de la población que mostraba simpatía hacia Rusia y Putin, ahora su perspectiva parece haber cambiado para siempre. La percepción arrogante y rusocentrista sobre Ucrania está pasando una factura muy costosa a las tropas rusas y al propio Putin. ¿A quién quiere “salvar” y qué quiere lograr con esta invasión que cada día se cobra vidas y destruye la normalidad del país? El 28 de febrero los tanques rusos que invadieron la ciudad de Berdyansk —el centro urbano más cercano a la costa (75 km), ubicado al oeste de Mariupol— se enfrentaron con protestas masivas. La gente de la ciudad gritaba a los soldados rusos “¡Berdyansk es Ucrania!” y “¡Rusia fuera!”, hasta que las tropas de Moscú tuvieron que salir de la ciudad.

Parece que Putin ha conseguido exactamente lo contrario de sus objetivos estratégicos. Quería la debilitar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero el resultado de la invasión ha sido el de reforzar enormemente la presencia de esta organización militar occidental en los países del ex Pacto de Varsovia y de la ex URSS; quiso a una Ucrania fiel aliada de Rusia, y generó en el país una hostilidad que no desaparecerá en muchas generaciones. Alemania que, con razón, representó el problema estratégico más apremiante para la URSS durante el siglo XX, se arma de forma significativa por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. En unas horas, el sacrificio de las 26 millones de víctimas soviéticas de la Segunda Guerra Mundial, cuyo peso había permitido a Moscú exigir que Alemania se mantuviera desmilitarizada, parece haber sido en vano.

Mientras tanto, mi mamá ha dejado su departamento y vive en el hospital en el que trabaja como doctora, con muchas otras colegas. Siempre de buen humor, me platica sobre su día a día y me asegura que todo estará bien.

 

Hanna Deikun
Nacida en Ucrania, es doctoranda en la Universidad de Illinois en Chicago.

Con la colaboración de Vanni Pettinà, Profesor del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.

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Publicado en: Internacional, Política

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