Este sábado el mundo dio un respiro, tras la proyección de la mayor parte de las agencias noticiosas del triunfo de Joe Biden en el antediluviano Colegio Electoral. Se anuncia el final de una era compleja para los Estados Unidos. Algunos como el analista Van Jones, de la cadena CNN, rompieron en lágrimas ante lo que perciben como el triunfo de la decencia, un regreso a la normalidad ante una era en la que parecía que el racismo, misoginia y xenofobia se convertían en un preocupante estándar político. Ahora bien, si como decía James Madison la política no está hecha por ángeles y los mandamases del partido demócrata distan de serlo, me parece que el simple hecho de tener en el poder ejecutivo de la aún nación más prospera e influyente políticamente del mundo a una persona que reconoce el peligro civilizatorio que representa el cambio climático es suficiente para echar las campanas al vuelo con el resto de la población mundial.
Sin embargo, en medio de la euforia global me parece que es necesario apuntar que el papel que algunos medios de comunicación mexicanos jugaron entre la noche del 3 de noviembre y el anuncio de la proyección de victoria de Biden este 7 de noviembre distó de ser el necesario para el ágora pública nacional. Solamente en un medio, muy marginal, la plataforma de radio por internet mexicana Convoy escuché al locutor Olallo Rubio, en uno de sus característicos exabruptos de honestidad, al oír la explicación de mi colega Carla Martínez sobre el funcionamiento del conteo voto por correo en estados clave como Pensilvania, decir: “¿O sea que no tendremos los resultados hoy por la noche y los medios que estamos haciendo una cobertura especial lo hacemos sólo por el rating?”. Honestamente, Olallo le habló a una molestia que había sentido durante todo el día. Me parecio increíble ver a colegas internacionalistas anunciar sus viajes a EE. UU. la jornada de la elección, ¿Qué no le dijeron a sus medios que Pensilvania había legislado para empezar a contar el día de la elección? The New Yorker hizo una de las piezas más complejas sobre el escenario en este estado. Por mencionar sólo uno de estos.

Ilustración: Víctor Solís
La noche del 3 de noviembre y la mañana del 4 se hizo viral y trending topic en Twitter un video del senador Bernie Sanders hablando con Jimmy Fallon y describiendo paso a paso el fenómeno de la Ola Roja en el conteo temprano, la voltereta de Joe Biden en los números la madrugada siguiente y el posterior desconocimiento de Donald Trump de los resultados. ¿Es Bernie Sanders además de socialista una pitonisa? Claramente no, había evidencia muy amplia de este desenlace semanas antes de la elección, pero algunos medios y expertos decidieron ignorarla, no comunicar con anticipación al público y presentar esta controversia como contenido noticioso novedoso la noche de la elección. Nuevamente, Sanders ha criticado mucho este trato de las elecciones como si se hablara de un evento deportivo o una carrera de caballos, un espectáculo para el entretenimiento de las audiencias y no un complejo proceso político donde se definen los temas de política pública que afectarán la vida de millones de personas en todo el mundo.
Asimismo, los esfuerzos de Donald Trump por minar la operatividad del servicio de correo postal de los Estados Unidos (USPS) fueron tempranos en 2020, iniciaron con el nombramiento de Louis DeJoy como Director General de esta agencia gubernamental. Posteriormente con DeJoy en el cargo se intentó reducir el presupuesto de esta agencia, y este llegó a extremos ridículos como reducir el número de buzones en las calles y desmantelar las máquinas de conteo de correo. Ante lo cual los demócratas acudieron al poder judicial que revirtió este proceso en contra del correo postal. Trump y su equipo de campaña sabían que una proporción mayoritaria de los demócratas, preocupados por la pandemia y acudir físicamente a las urnas usarían el centenario mecanismo de voto adelantado que existe desde la época de la Guerra Civil Norteamericana y esos votos acabarían por minar sus posibilidades de triunfo. Finalmente los norteamericanos defendieron una oficina que fue clave en su historia para el procesamiento de la libertad de expresión y que, ya sea a través de donativos o de acciones judiciales el correo postal de EE. UU. superó la prueba. ¿Los medios electrónicos mexicanos no estuvieron enterados de la gesta?
Finalmente un falso debate que se atendió bastante fue la decisión de varias cadenas noticiosas de EE. UU. de interrumpir la transmisión de uno de los tantos llantos públicos de Donald Trump ante su inminente derrota. Sin lugar a duda, la configuración de los medios como cuarto poder público es algo que ha recibido la crítica y advertencia de comunicólogos, polítologos y filósofos desde la mitad del s. XX. Pese a ello, parecería ridículo acusar de censura cuando en EE. UU. hay cientos de opciones informativas, bastaba cambiar el canal a C-SPAN, el equivalente norteamericano del Canal Del Congreso, si se quería acceder al discurso completo de Donald Trump. Vaya, una búsqueda rápida en YouTube, Twitter, Facebook o la red social de su preferencia para encontrar ese discurso completo. Sí, en algunas de ella con una advertencia de desinformación o noticias falsas, pero en el siglo XXI el poder de las televisoras ha menguado ante la aparición de medios informativos en línea, hoy cualquier fanático de Trump puede abrir un sitio web gratuito y transmitir lo que él desee. Lo que hubiera sido un sueño para las disidencias de los regímenes autoritarios del siglo XX que tenían que conformarse con imprimir panfletos en mimeógrafos de ubicaciones clandestinas temiendo la represión.
Todo lo anterior no diluye que celebro que estas elecciones norteamericanas recibieron una atención que no había experimentado ningún otro proceso norteamericano desde que tengo memoria. Incluso como internacionalista que ha decidido dedicar su tiempo al análisis de la política e historia de los Estados Unidos, recibí un número de entrevistas, invitaciones a paneles e incluso preguntas de mi círculo cercano que no viví en 2016. Es de celebrarse que en un entorno mexicano cuyas secciones internacionales no pasan de ser un par de páginas sólo los fines de semana, este proceso haya ocupado portadas, prime time y horas de coberturas especiales. En todo caso, hago un llamado a la profesionalización de esta atención, a la responsabilidad y búsqueda de fuentes más confiables. Fue lamentable ver análisis con el resultado parcial del 3 de noviembre anunciar “Otra vez se equivocaron las encuestas”, cuando es evidente que el conteo final se encontrará entorno al 6 % de diferencia, bien en el margen de los distintos agregadores. Esta no fue una elección cerrada, al final el colegio electoral brindará más de 300 votos a Joe Biden, salvo que el poder judicial lo decida modificar. Creo que el 3 de noviembre hubiera sido muy responsable que los medios hicieran capsulas explicando estos fenómenos, la legislación del correo postal, la disputa por el manejo del mismo y pidieran a las audiencias esperar al fin de semana para tener los resultados. En cambio el público mexicano vivió una lenta agonía en un conteo que será recordado por décadas.
Saúl Vázquez Torres
Internacionalista por el Tecnológico de Monterrey, Asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y miembro de la Red de Norteamericanistas del CISAN-UNAM.