¿Cuántas vacunas existen contra covid-19?

A mediados del siglo pasado, los laboratorios Cutter, localizados en California, fueron identificados como los responsables por el fallo de la vacuna de la poliomielitis. De los 200,000 niños estadunidenses vacunados, una quinta parte desarrolló la enfermedad, dejando a más de 200 con algún grado de parálisis y con 10 fallecimientos. El veredicto fue que la vacuna contenía a un virus cuya desactivación fue defectuosa, razón por la cual el programa de inmunización fue abandonado.

Tuvo que ser hasta la década de los 80 para que la vacuna se considerara valiosa por contar con una buena respuesta para contrarrestar al patógeno causante de los efectos del padecimiento responsable de atrofia muscular y parálisis. Al día de hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a la poliomielitis, una enfermedad causada por un virus, como una que puede ser prevenida gracias a una vacuna.

Ilustración: Víctor Solís

Más de un siglo le tomó a la humanidad llegar al punto en que la poliomielitis se consideró controlada, si tomamos en cuenta la evidencia de la enfermedad en momias egipcias. En el espectro del desarrollo de esta tecnología, están las que a la fecha fallan en controlar enfermedades causadas por virus, como el zika o el ébola. Es por esto que, ante las noticias sobre la eficacia de las distintas vacunas de covid-19, estos eventos merecen ser contextualizados.

Basta con leer la tercera página de un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado el 13 de noviembre, en el que se busca ayudar a trazar líneas de acción del uso de vacunas en el contexto de suministro limitado, para comprender la magnitud de la falta de certezas. En una oración resaltada en negritas, el documento indica que el consenso del Grupo Asesor Estratégico de Expertos (SAGE en inglés) es que en este momento, “la evidencia actual es muy limitada para permitir hacer recomendaciones para el uso de cualquier vacuna contra la covid-19”. Es así que recomiendan que dicho documento sea usado sólo como un mapa para la planificación.

La mayoría de las vacunas de covid-19 que están siendo desarrolladas en el mundo entero emplean una estrategia que rompe con lo convencional. Por convencional me refiero a que, es altamente seguro que las vacunas que nos han sido administradas, sobre todo en nuestra infancia, hayan sido generadas con un método que consiste en disponer del patógeno en su forma inactivada o de un elemento de éste —lo más común son proteínas—. De ahí la falla de la vacuna de la poliomielitis del 55: el virus se desactivó de manera defectuosa y se desencadenó la enfermedad.

Las vacunas provocan una respuesta inmunitaria en el cuerpo del individuo en tanto que se generan anticuerpos en relación al elemento infeccioso y, de esta manera, se produce una memoria inmunológica. Una imagen mental de esto es pensar en el sistema inmune como aquellos perros de búsqueda a los que se les da a oler un trozo de ropa de la persona a localizar: se proporciona una prueba a identificar, para luego localizarla, responder a ella y mantener un registro del evento.

Como se dijo, algunas de las vacunas de covid-19, más que contener al virus inactivado, lo que están acarreando son una molécula de ARN mensajero (mRNA en inglés). Pensemos en este elemento como una receta de cocina: cuando nos dan las instrucciones, podemos generar el platillo en función de nuestra capacidad culinaria. Lo mismo sucede con las vacunas de mRNA: éstas contienen las indicaciones en forma de dicha molécula para que las células del cuerpo generen únicamente las proteínas del virus SARS-CoV-2. Así, las proteínas pueden presentarse en el torrente sanguíneo y desencadenar la respuesta inmune sin arriesgar a los pacientes a un evento similar al de los niños de 1955 con la poliomielitis.

Toda buena idea tiene su costo tecnológico. El asegurar que el ARN mensajero se mantenga íntegro obliga a mantener las dosis en condiciones tan frías como los 70 grados centígrados negativos lo permitan. A la fecha, ningún país cuenta con tecnología para transportar la vacuna a esta temperatura, por lo que la generación de la misma implica una producción paralela de condiciones congelantes. La vacuna más representativa de este tipo es la de Pfizer, que ya ha sido aprobada para un uso temprano en el Reino Unido y que se encuentra en revisión en Estados Unidos para lo correspondiente.

Otras vacunas para covid-19 están desarrolladas con otras estrategias. Las vacunas con “vectores virales” contienen un virus distinto al SARS-CoV-2, comúnmente un adenovirus  -una familia de virus que, de forma común, causan enfermedades respiratorias-, al que se manipula para que contenga genes del causante de covid-19. Una equivalencia es pensar en estos adenovirus como un caballo de Troya que, en vez de soldados en su interior, cargan con material genético del virus que nos tiene en zozobra desde hace más de un año. También es posible que estos adenovirus, en vez de traer material genético en su interior, tengan proteínas del SARS-CoV-2 en su superficie: imaginemos al adenovirus disfrazado del causante de covid-19.

A este grupo pertenece la CanSinoBio, vacuna que consiguió la aprobación temprana en China desde junio e incluso se desconoce si será obligatoria u opcional para sus soldados. Recientemente, México anunció el desarrollo de pruebas de ésta. También se incluye la de AstraZeneca, la cual se vale de un adenovirus relacionado con los chimpancés, nuestro pariente evolutivo más cercano; y la del Instituto de Investigación Gamaleya, ubicado en Rusia, también aprobada de forma temprana en su país de origen.

Sumadas a las dos estrategias anteriores, están las propuestas de vacunas constituidas por proteínas virales dentro de nanopartículas. Pensemos en las ya mencionadas vacunas del mARN como un paso anterior a las que contienen proteínas: mientras que las primeras cuentan con las instrucciones para hacer un platillo, las segundas ya lo tienen hecho por completo o un pedazo de él. Como ya contiene el blanco a ser reconocido por los anticuerpos, es innecesario esperar a que nuestras células reproduzcan el manual de instrucciones. La vacuna más representativa de este tipo es la de Bektop, desarrollada por el Instituto Vector, basado en Rusia, y la segunda en recibir una aprobación temprana en dicho país.

También está la de Novavax, una empresa localizada en Estados Unidos, por estar en fase 3 y por tener un arreglo con el Instituto Serum, en India, para su producción masiva. También a este grupo pertenece la de Medicago, una empresa financiada por Philip Morris, creadora de cigarros: de hecho, para el desarrollo de sus vacunas utilizan a la planta Nicotiana benthamiana, misma que está relacionada evolutivamente con la del tabaco.

Finalmente, también están las vacunas que ya se utilizan para el tratamiento de otra enfermedad, como la tuberculosis, y que están siendo estudiadas en caso de que puedan funcionar para covid-19.

Otro punto importante a considerar es la celeridad de los procesos ante la crisis. Así como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA en inglés) de Estados Unidos otorgó ciertas facilidades a compañías creadoras de pruebas de detección del SARS-CoV-2 -con resultados cuestionables-, hay distintas organizaciones encargadas de la procuración de estándares de calidad que están sacrificando la certeza de las vacunas en favor de la premura.

Tal es el caso del Reino Unido, región que se convirtió en la primera del mundo occidental en aprobar una vacuna para uso de emergencia, mientras se encuentra en fase 2 y 3 al mismo tiempo. Esto significa que, en vez de estar probando la vacuna en cientos de personas estratificadas por grupos —por edad, por ejemplo—, y de luego probarla en miles de personas y compararla contra miles de individuos que reciben un placebo, las dos fases se combinan. Pfizer, la compañía que recibió la aceptación, emitió a finales de noviembre una petición para que la FDA apruebe esta vacuna en Estados Unidos, misma que todavía se encuentra en revisión. Como ya se mencionó, esta situación se ha dado en Rusia y China.

El tercer escalafón de pruebas es de suma importancia, en tanto que es ahí donde se identifican los efectos secundarios. Por ejemplo, la vacuna hoy aprobada por Reino Unido fue elegida sobre otras porque los efectos secundarios que causa, como fiebre y fatiga, son moderados o bajos.

Por estar aprobando vacunas que aún se encuentran en fase 3, por las posibles fallas o problemas potenciales, debemos todavía tomarlo con calma. Recordemos lo que sucedió a finales de noviembre con AstraZeneca, compañía que detectó que, de las dos dosis de su vacuna, la primera tenía un mejor efecto que la segunda. Más que serendipia, resultó ser un error humano en tanto que se detectó que las mediciones de las dosis se habían hecho de forma deficiente y que nada de lo que probaron era parte del plan. A esto debemos sumar que esta misma farmacéutica anunció en septiembre que una de las personas voluntarias desarrolló mielitis transversa, un tipo de inflamación en el sistema nervioso causante de una interrupción en los mensajes que recibe el cuerpo provenientes de la médula espinal. Además, en octubre reportaron un fallecimiento en sus pruebas realizadas en Brasil, aunque se cree que la persona murió a causa de haber recibido el placebo y no la vacuna —pensemos que las personas que forman parte de los estudios, reciben la vacuna (real o placebo) y luego deben exponerse a covid-19—.

Otro problema ocurrió con Sinovac Biotech, una empresa de origen chino y con aprobación temprana en dicho país, luego de que en octubre tuvo que detener las pruebas debido a los efectos adversos. Asimismo, Johnson & Johnson debió parar sus pruebas, en tanto que en octubre se anunció que uno de sus voluntarios presentó reacciones adversas a la vacuna; unos días después se reactivaron los ensayos, aunque todavía se encuentran analizando si su vacuna —con la tecnología de vector viral— debería contar con una o dos dosis.

En el mar de vacunas, resulta interesante conocer otro tipo de decisiones asociadas a ellas. ¿Qué pasaría si una aprobada de forma temprana resultara fallida de forma masiva? ¿Qué decisiones tomarán las distintas naciones con respecto a sus planes de vacunación? Esta respuesta ya la podemos comenzar a conocer, pues el Reino Unido reveló que iniciará con las poblaciones más adultas, mientras que China parece haberlo hecho con su ejército. ¿Cuánto tiempo tomará inmunizar a poblaciones enteras? ¿Se hará evidente la desigualdad entre naciones y entre poblaciones?

Al día de hoy, en el mundo entero, se cuentan con 41 vacunas que se encuentran probando su seguridad y dosis, siete que han sido aprobadas para un uso temprano, pero ninguna aceptada para uso completo. Sobra decir que la carrera por llegar a la meta es latente sólo de leer el avance de desarrollo de cada una. Pero también es verdad que esta es una carrera desigual, en términos del desarrollo científico y tecnológico de las naciones y compañías que se encuentran desarrollándolas y de las que serán productoras. Tal es el caso de la empresa de origen francés Sanofi, misma que está apostando por una vacuna con RNA mensajero y otra basada en proteínas virales, algo que parece estar manteniéndola atrasada en la contienda: mientras que la primera se encuentra en etapa preclínica —las pruebas se hacen en animales distintos a los humanos—, la segunda está en fase 1 y 2.

A estas preguntas debemos sumar el que aún hay datos que se desconocen o de evidencia poco robusta sobre la covid-19, como la totalidad de los efectos a largo plazo o el tiempo de duración de la inmunidad. Sin embargo, a la luz de un año de crisis sanitaria causada por el virus SARS-CoV-2, la humanidad cuenta con más de una vacuna en fase temprana. Sin duda merece un reconocimiento en su justa medida.

 

Sofía Flores
Maestra en comunicación de la ciencia por la Universidad de Sheffield, Inglaterra.

 

Referencias

Baicus, A. (2012), “History of polio vaccination”, World Journal of Virology, 1(4), 108-114.

Fitzpatrick, M. (2006), “The Cutter incident: how America’s first polio vaccine led to a growing vaccine crisis”, Journal of the Royal Society of Medicine, 99(3), 156.

PHG (2020) “RNA vaccines: an introduction”, University of Cambridge. Revisado diciembre 2020.

WHO (2020) “WHO SAGE roadmap for prioritizing uses of COVID-19 vaccines in the contexto of limited supply”. Revisado diciembre 2020.

Zimmer, C. et al. (2020), “Coronavirus vaccine tracker”, The New York Times. Revisado 2 de diciembre de 2020.

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Publicado en: Ciencia, Salud

Un comentario en “¿Cuántas vacunas existen contra covid-19?

  1. «Si tomamos en cuenta la evidencia de la enfermedad en momias egipcias», a la humanidad le habría tomado bastante más de un siglo llegar al punto en que la poliomielitis se considerara controlada: entre 40 y 60 siglos.

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