Por muchos años hemos conocido alemanes que confiesan estar avergonzados de ser alemanes. A veces me he sentido tentada a responder que yo me siento avergonzada de ser humana.
—Hannah Arendt
Porque soy alemana, tomo muy en serio la historia genocida de mi país y es por eso que defiendo la libertad del pueblo palestino. De hecho, creo que tenemos la responsabilidad de hacerlo. Este artículo es sobre el camino a recorrer para pasar del Vergangenheitsbewältigung al Verantwortungsbewusstsein —del conocimiento de nuestro pasado a un sentido de responsabilidad de nuestro pasado.1
Desde mi infancia cargo el peso de lo que significa ser alemana de cara a los inimaginables horrores del Holocausto. Al crecer me guiaron en el proceso de hacer cuentas con el pasado de mi país. Y por medio de este conocimiento del pasado he aprendido que para ser alemana, para ser humana, tengo que comprometerme con el lema “nunca más”.
Sin embargo, en Alemania nos cuesta trabajo aplicar este mismo principio a nuestro propio pasado colonial. Dicha historia suele ser una mera observación o quedar relegada a una nota al pie, cuando es fundamental para entender el estado de la presente amnesia histórica, arraigada en motivos raciales con respecto al conflicto en Gaza. ¿Si nos hacemos de la vista gorda ante la creación del Estado de Israel, que está inextricablemente ligado al colonialismo, podemos referirnos al conocimiento del pasado?

Sabemos muy poco de la región y del papel imperial que Europa ha desempeñado ahí. Palestina fue un Mandato británico (esto es, parte del Imperio británico) al que le prometieron su libertad, pero a la par prometieron su territorio a los sionistas que buscaban establecer una patria para los judíos tras siglos de persecusión. En 1947, tras los horrores del Holocausto, este territorio fue dividido: una maniobra política que corresponde a la costumbre colonial de dividir y ocupar territorios previamente poblados (véanse la creación de EE. UU., Sudáfrica y África del Sudoeste,2 por mencionar sólo unos ejemplos). Cuando en 1948 las fuerzas británicas se retiraron del territorio estalló la guerra e Israel declaró su independencia. En lo que se conoce como “Nakba”, más de 700 000 palestinos (la mitad de la población) fueron expulsados de sus hogares y más de 500 pueblos palestinos fueron “deshabitados” y destruidos: a esto sólo se le puede llamar una expulsión étnica. Desde entonces, Israel ha expandido su territorio ocupando el que era palestino, rechazando el derecho de los palestinos de regresar y, según el Relator Especial de la ONU, “buscando intencionalmente la ‘des-palestinización’ del territorio ocupado”. Esto lo convierte en un Estado colonial. Tenemos que enfrentar esta verdad.
Para justificar su propia existencia, este Estado colonial se ha empeñado en deshumanizar a los palestinos. El uso de tipologías raciales, práctica importada de la Europa imperial, ha servido para justificar el despojo y opresión colonial por siglos. Douglas Duff, un oficial imperial británico destacado en Palestina durante el inicio de la década de 1930 se refería a los palestinos de Haifa de la siguiente manera: “La mayoría de nosotros estábamos tan infectados de un sentido de superioridad sobre estas ‘razas inferiores’ que apenas mirábamos a estas personas como humanos”.
Este legado colonial perdura. Tras el horrible ataque de Hamas, el 9 de octubre el ministro de defensa de Israel, Yoav Gallant, justificó la invasión de Gaza en los siguientes términos deshumanizantes: “Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia”.
Animales humanos.
Después de emitir esta declaración, juró que “Gaza no volverá a ser lo que fue; vamos a eliminarlo todo”. Desde entonces, Israel ha echado a andar en Gaza una campaña militar de tal magnitud que sólo puede llamarse por lo que es: un genocido. Una vez más.
Para nosotros en Alemania, mejor dicho, en Europa, hacerle frente al Holocausto significa enfrentar un crimen contra la humanidad. “Nunca más” significa que nunca más participaremos o ignoraremos situaciones en que se despoje a personas de su humanidad o que se les someta a violencia genocida y limpiezas étnicas. Es así de simple. Y si el Estado de Israel es el perpetrador, entonces tenemos una obligación de hacerle frente.
Sin embargo, el canciller federal Olaf Scholz, ha prometido apoyo incondicional al Estado de Israel. Al declarar que “Nuestra propia historia, la responsabilidad que tenemos por el Holocausto nos da la tarea de respaldar siempre la seguridad de Israel. Esta responsabilidad es nuestra guía”. Además, Friedrich Merz, el líder de la Unión Democrática Cristiana de Alemania (CDU) ha hecho un llamado a quienes quieren obtener ciudadanía alemana a jurar lealtad al Estado de Israel. ¡Qué lógica tan torcida que nuestro nacionalismo pasado quede unido a un nacionalismo presente!
A pesar de que Scholz denomine a su política como “responsabilidad”, lo que motiva a Alemania es su culpa histórica. En lo que considera un acto de redención por el Holocausto, ha jurado apoyo incondicional al Estado de Israel. La culpa sólo puede motivar políticas interesadas y encerradas en sí mismas. Tenemos que ser más valientes. ¿Qué significado tiene el sentido de responsabilidad de nuestro pasado cuando juramos apoyo incondicional a un Estado que se ha propuesto eliminar a toda una población? ¿Tenemos miedo de señalar las acciones de Israel porque podría considerarse antisemitismo? Pareciera que el apoyo a Israel es un capullo donde podemos anidar nuestra culpa.
Alemania, seguida por gran parte de Europa, guarda silencio sobre la alianza, basada en la culpa, que mantiene con Israel. No sólo ha guardado silencio ante la violencia genocida en curso, también se ha dedicado a imponer cierto tipo de censura que lleva al pueblo alemán, de nueva cuenta, a ser cómplice de un genocidio. Deberíamos de estar furiosos de que nuestra historia se use para financiar, apoyar y justificar otro genocidio. El que un genocidio de nuestra historia justifique otro genocidio en la actualidad es una lógica perversa; una lógica que en lugar de basarse en el conocimiento de nuestro pasado, se fundamenta en una amnesia colonizadora culposa, que nada tiene que ver con el sentido de responsabilidad de nuestro pasado. Nunca más.
Es nuestra responsabilidad no sólo hacer un llamado por la paz, sino también hacer un llamado por la libertad. Los palestinos no pueden ser obligados a regresar a una prisión al aire libre y continuar siendo clasificados como infrahumanos en un sistema de apartheid. Como alemanes, como europeos, simplemente como humanos, hagámonos responsables y atrevámonos a reconocer que nos estamos equivocando. Tomemos nuestro sentido de responsabilidad de nuestro pasado en serio, comprometámonos de lleno con nuestro conocimiento de nuestro pasado, nuestra historia y nuestra complicidad y entreguémonos de lleno a encontrar una solución para que todos puedan vivir libres de persecución.
Dicen que la historia nos juzgará, pero espero que podamos hacer uso de nuestra historia para asegurarnos de que esto nunca más pasará en el presente. Antes de que sea demasiado tarde.
Victoria Louisa Klinkert
Doctora en antropología por la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres
Publicado originalmente en Allegra Lab
Traducción de María José Mancera
1 En adelante, para no confundir al lector, se omiten los conceptos en alemán pero se dejan en itálicas para referir a ellos. (N. del T)
2 Fue una colonia alemana entre 1884 y 1919. Acabó gracias a que el Tratado de Versalles fijó su administración a Sudáfrica.