¿Cómo se ve el futuro? Según Marcelo Ebrard con drones, reconocimiento facial y cámaras que detectan criminales en movimiento por su forma de caminar. En ese México que imagina el excanciller hay mucha tecnología, mucha, así como non sequitur en los que se sugiere que la solución a la crisis de seguridad está en la inteligencia artificial. El pasado 10 de julio, Ebrard presentó el Plan A.N.G.E.L (Avanzadas Normas de Geolocalización y Seguridad), abreviatura francamente forzada, que consiste en ocho puntos: 1) Reconocimiento facial en vía pública; 2) Identificadores del lugar exacto donde se dispara un arma; 3) Detectores de armas en personas o vehículos; 4) Reconocimiento morfológico de delincuentes; 5) Rastreadores de vehículos; 6) Drones que marcan y siguen criminales; 7) cámaras inteligentes para los elementos de la Guardia Nacional; 8) Inteligencia artificial para conectar todas las bases de datos del país.

Habrá quienes defiendan el plan: una tomadura de pelo. Habrá quienes digan que se trató de simple propaganda; si ese fuera el caso, peor, porque quiere decir que la seguridad es una moneda de cambio para hacer ruido de la manera más banal posible. Otros dirán que el plan de seguridad del aspirante de Morena es más elaborado, o que no es en los dichos sino en los hechos donde debemos fijarnos. Es decir, en la gestión de Ebrard como jefe de Gobierno de 2006 a 2012 o al frente de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal entre 2002 y 2004: ambas manchadas por incidentes como el linchamiento de tres policías en Tláhuac, y el caso del News Divine.
La presentación del plan Á.N.G.E.L fue desarticulada, incoherente y sobre todo vergonzosa por el descaro y la desfachatez con la que se hicieron aseveraciones como “un delincuente tiene una cierta forma de actuar y de caminar” o que con el uso de esta tecnología “podríamos haber evitado muchos feminicidios, homicidios, u otras acciones por el tipo de forma de caminar y de comportarse. Se establecen patrones y entonces puedes prever”. Es incomprensible el tono vanidoso del político que no tiene que dar más explicaciones. Particularmente problemático para Marcelo Ebrard porque se supone que su fuerte es la técnica, que de los tres aspirantes él es el más profesional, el menos dispuesto a improvisar.
De las declaraciones se desprenden ideas que vale la pena cuestionar. ¿Podemos reconocer a los criminales por cómo caminan y se comportan? Y suponiendo que la respuesta fuera sí, si hubiera una cámara capaz de reconocer a un potencial homicida o feminicida ¿no habría homicidios y feminicidios? Entonces cabe preguntar qué sucede con todas las mujeres que denuncian las agresiones de sus parejas y son ignoradas por las autoridades; o qué sucede con las personas que son amenazadas y no reciben ningún tipo de protección del Estado. Esas personas que alertaron de una amenaza contra su vida o su integridad y no tuvieron respuesta. ¿Es una cuestión tecnológica? No es y Marcelo Ebrard lo sabe. Sería ingenuo pensar que lo cree.
Es la manera astuta, por no decir cínica, de salir de un aprieto: reconocer la crisis de seguridad sin criticar al gobierno actual. No es que haya habido fracasos o errores en los últimos cinco años, sino que no se contaba con la tecnología para “disfrutar del México más seguro de la historia”. Tampoco es que tengamos que revisar el modelo de la Guardia Nacional, al contrario, sólo es cuestión de darles las herramientas que necesitan. No es un cambio de rumbo, ni de estrategia, es darle continuidad a lo que se ha hecho durante el sexenio dotándolo de herramientas tecnológicas. Y no es cosa menor que en ningún momento se mencionen soluciones políticas concretas que involucren a personas tomando decisiones, sino más bien máquinas anónimas, que resuelven los problemas como por arte de magia. Una continuación del discurso del presidente, que lo simplifica todo: hay un gran país, una gran nación, que tiene que combatir a los criminales “malos” y eso se va a hacer con abrazos, con cámaras, con Dios o con la familia.
El tono alegre de ese preámbulo en el que Ebrard nos recuerda por qué vivimos en un gran país es la salida fácil para omitir el motivo de la presentación de su plan: la violencia en la que está sumido el país. “Vivimos en un gran país. Un país que tiene todo. Tenemos una de las poblaciones más diversas y exitosas (sic) del mundo, tenemos más de sesenta y ocho lenguas… Tenemos una de las más grandes civilizaciones que ha habido en la historia de la humanidad (¿Cuál?) Ese es nuestro punto de partida”.
Después viene la enumeración de elementos aleatorios, en un ejercicio confuso de libre asociación que supuestamente nos recuerda la grandeza de nuestro México: “Nuestra música, nuestra gastronomía. Un país lleno de muy diversas actividades, todas positivas. Somos una nación con litorales. Tenemos volcanes. Ese es México. Esos somos nosotros”. La lógica de la presentación es que el terreno para disfrutar de un gran país está puesto, sólo faltan los drones. Y la vaguedad es deliberada, es suficiente decir “patrones, fenotipo, inteligencia artificial” para que todos nos demos una idea de qué está hablando. La tragedia es que probablemente se refiera a exactamente lo que está diciendo: que en efecto una máquina pueda “predecir” si alguien va a cometer o no un crimen a partir de cómo camina. Las propuestas del excanciller están a nada de sugerir que se le mida el cráneo a las personas.
El Plan A.N.G.E.L., además de ser risible, es otra muestra de la desconexión que existe entre la clase política y la realidad. Basta con ver las noticias de las últimas semanas en Guerrero, Chiapas, Estado de México o Jalisco para preguntarse si el Estado existe siquiera. Hay una crisis de gobernabilidad para la que no tenemos respuestas. Y suficientes testimonios para darnos cuenta de que en muchos lugares del país no hay tal cosa como derechos humanos. La vida de trabajadores, migrantes o periodistas pende de un hilo; está sujeta a cuotas, a volatilidad e incertidumbre, como es el caso de la tragedia de los migrantes en Ciudad Juárez el pasado 27 de marzo. Cuarenta personas. Fue más sencillo para los guardias dejarlos morir en un incendio que abrirles la puerta. En un contexto así es ridículo pensar que la tecnología pueda representar algún tipo de solución. La vida no tiene valor, pero sí precio. Y ese problema no se soluciona con propuestas de política pública.
Las críticas al plan han sido numerosas, aunque insuficientes: “No hay instituciones, presupuestos ni reformas”. Yo me pregunto qué institución, reforma o presupuesto alcanza para resolver el problema de violencia que enfrenta el país. El pacto social se rompió y no hay legitimidad, justicia o ley. Vivimos en un sistema híbrido en el que el Estado existe para ciertas cosas y abandona a sus ciudadanos para otras. El orden político que sirvió buena parte del siglo XX y principios del XXI está en crisis. Esa ruptura se ha ido profundizando en los últimos años con episodios cada vez más frecuentes de inestabilidad. En México tenemos un sistema político y económico completamente parasitado por la violencia. Una sociedad que ha abandonado la política y elegido el conflicto. Una clase política que no pretende pacificar o estabilizar al país con acuerdos o arreglos institucionales, ni pretende imaginarlos: que no reconoce la magnitud de los problemas, que requerirían de un verdadero esfuerzo “transformador”. Las campañas no dan para eso: la comunicación política parece haber engullido cualquier posibilidad de una propuesta seria, y todos concursan por ver quién hace más ruido.
Quizá valdría la pena que los políticos se enfoquen en las respuestas más elementales. ¿Quién gobierna el país? ¿Cómo hacer para que la situación del país no empeore en los próximos cinco años? ¿Cuáles son las mínimas garantías a las que puede aspirar un ciudadano mexicano? ¿Qué cosas deberíamos tener como certezas todos los que habitamos este país? Porque, hasta ahora, la vida no es una de ellas. Y mientras esa no sea la preocupación fundamental de los aspirantes a encabezar el gobierno, cualquier propuesta no será más que ruido.
María Guillén
Editora de nexos en línea
Muchas gracias María, no advierto preferencias de derecha o izquierda en tu análisis, imparcial, a mi parecer y muy bueno.
Totalmente de acuerdo.
Pareciera que hoy ya no tenemos políticos que hayan entendido que lo que hay que hacer es Política (con mayúscula) para evitar que el país se dirija al barranco que se anticipa.