El Premio Nobel de Economía, como ha señalado Fernando Escalante en el ámbito de los premios literarios, revela más sobre las decisiones del jurado que sobre el mérito real del premiado. En lo literario, para hacer a cierto canon un gran producto comercial. En uno como el Nobel de Economía, revestir de prestigio a cierta teoría. Por eso, en este año, la decisión del Comité Nobel de otorgar el premio a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson (AJR) tiene como idea reforzar una hegemonía de la economía anglosajona entre economistas y en la conciencia colectiva. Esta visión, poderosa en la imaginación pública, merece cuestionamiento crítico.

En textos recientes en nexos, Diego Castañeda y Guillermo Woo han sintetizado perfectamente la relevancia de los hallazgos y enfoques de AJR. Como ellos explican, los temas y preguntas que se han hecho AJR operan no sólo en la economía, también en la historia y la ciencia política. Sin embargo, no se puede asegurar que el Comité Nobel tenga un entendimiento profundo de estas áreas y sus aportes. Si se considera el historial de premiados, se observa que las instituciones fueron incorporadas a la economía con Adam Smith, fueron recontextualizadas por Douglas North, pasado por Ostrom y Williamson, y reaparecieron en 2001 con AJR.
El Nobel, en este sentido, es un ritual de celebración de la economía dominante, que manifiesta una clara resistencia a reconocer los desarrollos en otras disciplinas, en particular la ciencia política. Sin duda, AJR han realizado contribuciones significativas al estudio de las instituciones y su impacto en el desarrollo económico. Sin embargo, quienes estudian ciencia política difícilmente podrían considerar que sus hallazgos son la piedra que demuestra la importancia de las instituciones. Como escribió el economista Branko Milanovic, algunos en esa disciplina no suelen actualizarse con lo discutido más allá de hace cinco años. El Comité Nobel en buena medida refuerza esta propensión.
The beauty of economics is that because nobody reads anything that was written more than 5 years ago, theories, hypotheses, doctrines can be permanently reinvented, and people can get famous for a couple of years until what they wrote is in turn forgotten.
— Branko Milanovic (@BrankoMilan) October 16, 2024
No obstante, la manera en que ciertos colegas, medios e instituciones tratan el trabajo de AJR evidencia una carencia de reconocimiento hacia aportes provenientes de otras tradiciones académicas. Un ejemplo es cómo un meme reciente ilustra que los hallazgos de Acemoglu son aceptados por la economía hegemónica cuando él los presenta, pero se convierten en motivos de alarma si son enunciados por Marx.
— Michael Thrower Chowdhury (@BevansAdvocate) September 13, 2023
El impacto de AJR en el estudio de las instituciones puede ser percibido de dos maneras. Por un lado, una interpretación sugiere que hay una línea directa de pensamiento que va de Adam Smith a Douglas North y culmina en AJR. Esta narrativa posiciona a las instituciones como ejes del desarrollo, enfocándose principalmente en las instituciones democráticas dentro del capitalismo liberal. Por otro lado, algunos economistas políticos y politólogos, aunque reconocen la atención que AJR prestan a las instituciones, las élites y la historia, también señalan las limitaciones de su metodología y sus supuestos teóricos. Un punto crítico que varios investigadores han notado es que, para AJR, las instituciones funcionan como cajas negras, cuya voluntad es resultado de un macroproceso abstracto. Entiendo que el trabajo de AJR después de Why Nations Fail tiene como finalidad resolver esta simplificación —común en los economistas. Sin embargo, esta tensión es evidente y revela que, a pesar de la relevancia de su trabajo, no goza de un consenso absoluto.
Desde la perspectiva de la ciencia política, celebro el renovado interés en las instituciones dentro de la economía, aunque no comparta todas las premisas ideológicas que AJR promueven. Ellos destacan que los legados institucionales del colonialismo persisten en la actualidad, lo cual contrasta con el enfoque del institucionalismo económico que históricamente defendió de manera unilateral los derechos de propiedad privada de Douglas North. Sin embargo, la simplificación excesiva en favor del modelo democrático liberal, que ellos llaman inclusivo, ignora otros modelos políticos que han logrado altas tasas de crecimiento y desarrollo humano. Por eso, trabajos como el de Ha-Joon Chang o Dani Rodrik me parecen más convincentes.
El institucionalismo histórico, que investiga cómo cambian las reglas políticas, es fundamental y merece atención. Autores como Kathleen Thelen, James Mahoney y Sven Steinmo han hecho aportes significativos al describir cómo las coyunturas políticas y las decisiones individuales generan legados duraderos. Asimismo, politólogos como Seymour Martin Lipset, Philippe C. Schmitter, Peter J. Katzenstein, Martha Finnemore, Evelyne Huber, David Soskice, Peter A. Hall y Adam Przeworski han debatido ampliamente sobre el papel de las instituciones en el desarrollo político y económico, enfatizando la diversidad de arreglos institucionales, actores sociales y tendencias políticas globales. Algunos han pensado en las grandes instituciones, y otros han estudiado temas cruciales de mediano rango como los regímenes de bienestar, las reglas comerciales, o el corporativismo.
No pretendo afirmar que mi disciplina sea infalible. Sin embargo, la economía dominante tiende a criticar a otras ciencias sociales como poco rigurosas mientras premia a autores que, en ocasiones, son cuestionados por sus enfoques ideológicos. Esta situación es preocupante, dado que la economía dominante tiene una influencia notable en la formulación de políticas públicas y los programas académicos universitarios. Por ello, es fundamental cuestionar su metodología y sus supuestos causales. Si el mismo artículo de AJR se hubiera publicado en una revista de ciencia política, el análisis metodológico habría sido objeto de un escrutinio más riguroso por parte de los economistas. Aun así, es de señalar que AJR han sido transparentes en sus decisiones metodológicas, lo cual es un avance que merece reconocimiento. Ojalá más economistas hicieran lo mismo al relacionarse con otras disciplinas.
En definitiva, es evidente que los politólogos leemos más a los economistas de lo que ellos nos leen a nosotros. Si los economistas prestaran más atención a nuestras contribuciones, redescubrirían menos y avanzaríamos conjuntamente hacia una comprensión más integral de las instituciones y su impacto en el desarrollo.
Raúl Zepeda Gil
Asociado de Investigación, Departamento de Desarrollo Internacional, Universidad de Oxford.
Este artículo expresa puntos de vista personales y no refleja la posición de la institución donde trabaja.