El voto LGB en las elecciones de 2024

Aunque la llegada de Claudia Sheinbaum al Poder Ejecutivo generó expectativas sobre una mejor representación de grupos vulnerados, como las mujeres y la población LGB, las campañas presidenciales evitaron en gran medida atender sus demandas y preocupaciones específicas. En este contexto, sin una discusión pública sustantiva sobre sus derechos y problemáticas en la campaña, ¿por quién votaron las personas LGB en las elecciones presidenciales de 2024?

Con datos de la Encuesta Nacional Electoral de México 2024 (ENEM-Mexican Election Study), encontramos que los votantes LGB tienen un comportamiento algo distinto al de la población heterosexual. Si bien, en términos generales, su apoyo al PAN, PRI y Morena es bastante parecido que la población heterosexual, los datos del ENEM 2024 destacan que los votantes LGB tienen una mayor probabilidad de apoyar a Movimiento Ciudadano (MC) que los votantes heterosexuales, tanto en términos de identificación partidista como en términos de voto por su candidato presidencial.

La agenda de derechos LGB en México

La agenda de derechos LGB en México ha sido poco politizada por los principales partidos y más bien debatida a nivel local durante la ola de reformas para legislar el matrimonio igualitario. Destaca la agenda pro derechos LGB del PRD en la Ciudad de México durante el gobierno de Marcelo Ebrard y la reacción conservadora en Congresos locales para codificar el matrimonio tradicional en sus constituciones, apoyada por las bancadas del PRI, PAN y, en algunos casos, integrantes del PRD. A nivel nacional, este tema ha sido menos politizado. Si bien en ciclos electorales anteriores, la agenda de derechos LGB fue enarbolada por fuerzas minoritarias emergentes como Gilberto Rincón Gallardo en la elección presidencial de 2000 y Patricia Mercado en 2006. En cambio, tanto el PAN y PRI como el lopezobradorismo (PRD y Morena, a partir de 2015) han centrado sus disputas partidistas en temas como economía, inseguridad y corrupción.

En 2018, el entonces candidato López Obrador fue ambivalente en cuanto a la agenda de derechos LGB. Por un lado, declaró que los derechos LGB y el derecho al aborto no eran tan importantes para él, en comparación con el combate a la corrupción. También dijo que estos temas se deberían consultar en un referéndum. Ya como presidente, López Obrador ignoró el tema. En la mañanera del primero de enero de 2024, al mencionar a la diputada trans, Salma Luévano —miembro de su propio partido—, el entonces presidente se refirió a ella como “un señor vestido de mujer”, declaración que fue criticada por activistas y organizaciones LGB por su carácter transfóbico.

La respuesta del gobierno de López Obrador ante emergencias sanitarias que afectan de manera desproporcionada a poblaciones LGB también fue objeto de crítica. Un ejemplo claro es el manejo de la viruela símica, cuyos primeros brotes en México se concentraron en hombres que tienen sexo con hombres. A pesar del aumento sostenido de casos —con 2 468 contagios confirmados al 17 de octubre de 2024, según datos de la Secretaría de Salud—, el gobierno federal no implementó una estrategia efectiva de prevención ni garantizó el acceso a vacunas, a diferencia de países como Chile, Perú o Brasil. Ante esta omisión, organizaciones protestaron frente a las instalaciones del Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades (Cenaprece), exigiendo la compra y aplicación inmediata de vacunas.[1]

Además, no sólo fue el caso del manejo de la viruela símica. En México, más de 200 000 personas viven con VIH, pero enfrentan no sólo el estigma, sino también el desabasto de antirretrovirales que se exacerbó durante el gobierno de López Obrador. Activistas como Alaín Pinzón (VIHve Libre) y Adriano Adt (Colibrí) denunciaron la negligencia institucional, que se agravó tras los recortes presupuestarios y la nueva estrategia de compras implementada durante el sexenio de López Obrador. La respuesta del gobierno fue, según los colectivos, no sólo indiferente, sino negligente, incluso ante muertes evitables que pudieron prevenirse con voluntad política y transparencia en la cadena de suministro de medicina.

Casos de violencia también marcaron la ambigua relación entre el gobierno de López Obrador y la comunidad LGB. La tasa de homicidio a personas trans equivale a 13.55 por cada 100 000 habitantes. De acuerdo con el Observatorio de Personas Trans Asesinadas, hasta septiembre del 2024 se habían registrado 57 muertes de personas trans en el país. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Jesús Ociel Baena, primera persona con género no binario en recibir un pasaporte mexicano, cuyo asesinato sucedió el pasado 13 de noviembre. A pesar de la presión pública y la movilización de colectivos LGB, el crimen sigue sin resolverse, y organizaciones denuncian negligencia por parte del gobierno de López Obrador.

Morena, como partido político, tuvo una posición algo más progresista en la agenda de derechos LGB en el Congreso. En el ámbito legislativo, se aprobaron leyes relevantes en favor de la comunidad LGB, como la prohibición de los Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (ECOSIG), conocidos como “terapias de conversión”. Además, con la aprobación del matrimonio igualitario en Tamaulipas el 26 de octubre de 2022, se completó el reconocimiento legal de este derecho en todo el país, marcando un hito en la consolidación de los derechos LGB a nivel nacional es de 2018, al menos 16 entidades federativas han aprobado reformas para instaurar procedimientos administrativos de reconocimiento legal de género, permitiendo que personas trans y de género diverso puedan modificar sus documentos oficiales sin necesidad de recurrir a procesos judiciales, médicos o patologizantes.

La campaña presidencial de 2024 y el voto LGB

La posibilidad de que una mujer asumiera la presidencia generó expectativas en la ciudadanía sobre una mayor representación de grupos marginados. Se pensó que, al pertenecer a una población oprimida, las candidatas (Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez) mostrarían mayor sensibilidad hacia las desigualdades estructurales que afectan a otros sectores vulnerables. Sin embargo, si bien la visibilidad de la población LGB y sus demandas fue algo mayor en la campaña presidencial de 2024, no fue un tema politizado.

En uno de los tres debates presidenciales, la diversidad sexual fue tratada de manera superficial, a pesar de que una de las preguntas se centró sobre todo en esta población. Las dos candidatas y el candidato evitaron responder de forma concreta y optaron por mantener su estrategia de descalificación mutua. Aunque declararon estar a favor de los derechos de la comunidad LGB, al momento de presentar propuestas concretas para mejorar su calidad de vida, evitaron profundizar o de plano ignoraron el tema.

Xóchitl Gálvez, por su parte, representó a una coalición integrada por partidos que han marginado a poblaciones como la comunidad LGB, sobre todo el PAN. Si bien, por segunda elección presidencial consecutiva, este partido nominó a un candidato presidencial que apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo (Ricardo Anaya en la elección presidencial de 2018) aún existen facciones más conservadoras al interior del partido. De hecho, muchos activistas ultraconservadores han renunciado al PAN en años recientes criticando su liberalización; y se han sumado a organizaciones no partidistas como el Frente Nacional por la Familia e incluso han intentado formar otros partidos a la derecha del PAN.

En el caso de la coalición morenista que postuló a Claudia Sheinbaum, también hay facciones al interior de su coalición que apoyan posiciones en contra de los derechos de la comunidad LGB como es el caso de Encuentro Social, Partido Evangélico Ultraconservador y el Partido Verde, que han mantenido posturas conservadoras en temas socioculturales. Incluso Morena reclutó, para el ciclo electoral de 2024, a políticos conservadores que alguna vez pertenecieron al PAN (por ejemplo, el ultraconservador José María Martínez, también Ricardo Sheffield, Alma Alcaraz y Joaquín Díaz Mena, entre otros) y que han expandido el abanico ideológico del partido, convirtiéndolo en una coalición amplia de votantes con apoyo transversal de izquierda a derecha.

El único candidato que sostuvo un encuentro directo con representantes de la comunidad LGB fue Jorge Álvarez Máynez, un político con una trayectoria reciente, que aprovechó la falta de interés de los partidos principales en la agenda progresista, sobre todo en temas socioculturales, para enarbolar posiciones pro derechos LGB y apelar al electorado joven y liberal que no se ve representado por los partidos tradicionales. Como lo muestra el ENEM 2024, Movimiento Ciudadano registra su mayor nivel de apoyo entre los votantes más jóvenes, con 18  % de voto por su candidato presidencial entre electores entre 18 y 25 años.

Resulta complejo trazar un patrón claro que permita identificar qué candidata o qué partido representa una opción favorable para la comunidad LGB. En México el vínculo entre orientación sexual e identidad partidista es difuso. ¿Por quién votan entonces las personas LGB en México?, ¿qué factores consideran al momento de emitir su voto?, ¿pesan más las identidades, las alianzas políticas o las propuestas concretas?

Resultados

Este análisis se basa en el ENEM 2024 que se levanta cada tres años, días después de las elecciones presidenciales o legislativas, ofrece un panorama detallado sobre el comportamiento político de la ciudadanía mexicana.

Para identificar la orientación sexual de los entrevistados se incluyó la siguiente pregunta: Sólo como información estadística: ¿usted se autoidentifica como gay, bisexual o lesbiana?. De forma consistente con los datos de la Encuesta Nacional Sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) 2021, que estimó en 4.8 % a la población LGB, la ENEM 2024 reporta que 3.9 % de las personas encuestadas se identificaron como gay, lesbiana o bisexual. Aunque con ligeras variaciones, ambas fuentes apuntan a una presencia constante de identidades sexuales disidentes dentro del electorado mexicano.

En la Gráfica 1 es posible observar que este porcentaje es más alto entre personas más jóvenes, en el grupo de 26 a 40 años (6 %) y el de 18 a 25 años (5.7 %), lo que sugiere una mayor apertura generacional. También destaca una prevalencia mayor entre personas con educación universitaria (6.4 %), en contraste con niveles educativos más bajos, como secundaria o primaria (ambos con 2.3 %). En cuanto al género, los hombres presentan un porcentaje ligeramente más alto (4.2 %) que las mujeres (3.4 %). Otro dato relevante es el de las personas que no se identifican con ninguna religión, quienes alcanzan el porcentaje más alto de todos los subgrupos (7.1 %), en comparación con quienes se declaran católicas (3.1 %) o de otra religión (4.3 %).

Por nivel socioeconómico, el grupo con ingresos medios —entre 14 937 y 29 872 pesos mensuales— concentra la proporción más alta (5.8 %), seguido por quienes ganan entre 28 837 y 37 340 pesos (3.4 %), mientras que los extremos de ingreso muestran menores porcentajes, sobre todo el grupo de mayores ingresos (37 341 o más), con apenas 2.6%. Este dato sugiere que identificarse como LGB es más común entre personas de ingresos medios que entre los sectores más ricos o pobres.

Esto podría explicarse por factores estructurales: los sectores medios tienen mayor acceso a espacios educativos, redes comunitarias y discursos de diversidad, lo que favorece procesos de identificación pública. En contraste, en los sectores más bajos, existe el peso del estigma, la dependencia económica y las restricciones familiares o religiosas.

El fenómeno de identificación es más visible en regiones urbanas (4.4 %) y en el centro occidente (5.3 %), seguidas por el centro (3.3 %) y el norte (3.2 %). Las cifras más bajas se registran en zonas rurales (1.1 %) y en el sureste (2.7 %). Este patrón puede reflejar una combinación de conservadurismo social, menor acceso a información, y estructuras normativas más rígidas en zonas no urbanas o periféricas. En regiones conservadoras pueden coexistir enclaves urbanos —como Guadalajara o Puerto Vallarta— que actúan como polos de visibilidad LGB, generando una especie de “efecto oasis” en el que las condiciones locales permiten mayor expresión identitaria. Estos datos muestran que la visibilidad y la prevalencia del fenómeno están mediadas por juventud, escolaridad, género, clase, religión y territorio, y evidencian cómo las desigualdades estructurales y los contextos locales configuran los márgenes posibles para el reconocimiento y la autoidentificación.

Gráfica 1. Porcentaje de la población total que se identifica como LGB (2024)

(por características sociodemográficas)

Para responder a la pregunta central de este artículo se consideraron la identidad partidista y el sentido del voto en la elección presidencial. La tabla 1 presenta ambos elementos: por un lado, la identificación con los principales partidos (izquierda en la tabla 1); por otro, por qué candidato o partido los entrevistados reportaron haber votado en la elección presidencial (derecha).

En ambos casos, Morena concentra el mayor respaldo tanto entre personas heterosexuales como entre personas LGB. Al observar más de cerca el comportamiento de esta última población, emergen matices importantes: indicios de distanciamiento respecto a los partidos mayoritarios. Uno de los contrastes más notables se encuentra en el respaldo a MC, un partido que ha logrado posicionarse como una alternativa más receptiva al diálogo con estas comunidades. 

Como señalamos en un artículo previo publicado en 2022 en el Taller de Datos de nexos, tras analizar los resultados de las elecciones intermedias de 2021, las personas LGB en esa elección reportaron un apoyo alto al PAN (24 % del voto LGB vs. 10 % del voto heterosexual) y, de forma más incipiente, a Movimiento Ciudadano (15 % del voto LGB vs. 5 % del voto heterosexual). Como puede distinguirse en la Tabla 1, para 2024, ese respaldo a MC creció de forma significativa: alcanzó el 21 % y, con ello, se fortaleció la diferencia con respecto al electorado heterosexual (sólo 9 % votó por MC). Esto sugiere que el electorado LGB no sólo se mantiene atento a las señales de apertura o exclusión política, sino que de manera creciente ve a MC como una alternativa política cercana a la comunidad LGB.

Tabla 1. Identidad Partidista y Voto por Orientación Sexual (2024)

(% de votantes que se identifican con algún partido político/que votaron por…)


Este patrón también se refleja en la identidad partidista. Aunque en 2024 Morena seguía concentrando el mayor apoyo entre personas LGB (35 %), Movimiento Ciudadano casi triplica su nivel de identificación en esta población (11 %) en comparación con la heterosexual (4 %). Aunado a esto, la diferencia es significativa y advierte que, más allá del voto útil o del arrastre mediático, existe una identificación política incipiente en proceso de consolidación. En el contexto mexicano, donde los discursos progresistas se quedan en el terreno de los gestos simbólicos, esta inclinación podría interpretarse como un intento por encontrar una representación con las preocupaciones de los votantes LGB.

Este comportamiento adquiere más sentido cuando se analiza la evolución del apoyo hacia el PAN entre votantes LGB. En 2021 logró un apoyo de 24 %, en 2024 esa cifra se mantuvo en un nivel bastante similar: 27 % de apoyo electoral entre personas LGB. Sin embargo, lo que cambió fue la identificación partidista: la identidad partidista con el PAN disminuyó de 16 % en 2021 a 9 % en 2024. Este cambio también se observa entre la población heterosexual, lo cual habla de un deterioro global de la identificación partidista con el PAN.

En cuanto a Morena, el panorama es más ambiguo. Aunque conserva el primer lugar de voto entre personas LGB (45 %), es diez puntos porcentuales menor que entre personas heterosexuales (55 %). Dado que es un partido “de izquierda”, esta relativa debilidad es importante y revela una tensión persistente: el partido en el poder no logra retener a toda la base progresista que lo apoyó en ciclos anteriores y parece haberse trasladado a MC, en tanto que su identidad partidista entre personas LGB (35 %) se mantiene constante.

A pesar de estas diferencias puntuales, los datos muestran que el voto LGB guarda muchas similitudes con el comportamiento electoral de la población heterosexual. En contraste con otros países como Estados Unidos —donde los votantes LGB son un bloque electoral que vota por el partido de izquierda—, en México no se trata de un electorado diferenciado ni de una fuerza con capacidad estructural para alterar las reglas del juego. Lo anterior puede explicarse por la relevancia todavía marginal que tiene la agenda LGB dentro del sistema de partidos en nuestro país, incluso entre fuerzas que se identifican con la “izquierda”. Mientras la representación simbólica reemplace el compromiso programático, es difícil que este electorado pueda convertirse en una fuerza de presión estructurada. El voto LGB opera más como un termómetro de inconformidad que como una fuerza de presión organizada: señala tensiones, exhibe contradicciones y se mueve estratégicamente, pero aún no encuentra una representación política sólida ni constante.

José Á. Álvarez Reyes

Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el CIDE. Es estudiante de doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Vanderbilt.

Rodrigo Castro Cornejo

Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Massachusetts-Lowell y co-investigador principal del Estudio Nacional Electoral de México (ENEM).

[1] El abandono institucional se reflejó con mayor crudeza en 2025, cuando los contagios se dispararon: tan sólo en las primeras 19 semanas del año se registraron 174 nuevos casos, frente a los apenas 15 acumulados durante todo 2024. La Ciudad de México concentró la mayoría de los casos, seguida por Jalisco y el Estado de México, y el 98% de las personas afectadas fueron hombres, lo que reafirma el perfil de afectación desproporcionada hacia poblaciones LGB. Este repunte, previsible y prevenible, pone en evidencia las consecuencias de la inacción estatal ante una crisis sanitaria que no fue atendida con la urgencia ni con el enfoque que requería.

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Publicado en: Política