
La semana pasada llegó a las estanterías Source Code: My Beginnings, la primera entrega de la biografía de Bill Gates. Éste es el primero de tres libros para contar la vida del hombre detrás de Microsoft porque, al parecer, un tomo no era suficiente para tanto código y fortuna. En esta obra se revela un dato curioso: en su juventud, Gates tenía dos pasiones profundas. ¿Dinero y fama? No, algo noble e intelectual: el amor por la física y la ciencia ficción.
Ésta es una pasión que, según sus propios recuentos, comparte con otros magnates como Jeff Bezos, Peter Thiel y Mark Zuckerberg. Estos empresarios aseguran – según sus declaraciones públicas – haber pasado su infancia soñando con naves espaciales y ecuaciones. Sin embargo, esta narrativa plantea preguntas sobre la forma en que estos personajes se presentan ante el público. La idea de que su éxito financiero proviene sólo de su intelecto y curiosidad científica refuerza la noción de que la riqueza es consecuencia natural del mérito. Sin embargo, un análisis más detenido sobre el origen de sus fortunas revela una historia menos idealizada. En el caso de Bill Gates (esperemos que la segunda parte de su biografía lo trate con rigor), su ascenso estuvo marcado, además de productos innovadores que volvieron accesibles las computadoras, por violaciones a las leyes antimonopolio y estrategias comerciales poco éticas que llevaron a sanciones en Europa y Estados Unidos.
En el imaginario común así se forjan los millonarios: individuos excepcionales que, con su genio y espíritu innovador, crean productos revolucionarios que transforman el mundo. Pero la realidad es muy diferente. El ecosistema de Silicon Valley, lejos de ser un hervidero de inventores visionarios, ha producido modelos de negocio que rara vez se sostienen en innovaciones tecnológicas radicales. En su lugar, muchas de estas empresas más bien digitalizan industrias preexistentes. Una mirada a las trayectorias de Google y Amazon sugiere este patrón: un buen producto acompañado de prácticas monopólicas, estrategias de mercado agresivas y un uso cuestionable de su posición dominante para sofocar la competencia. Algunos fundadores de estas empresas parecen ser a la vez fervientes defensores del capitalismo y tener una notable aversión a las reglas que lo hacen funcionar.
Haber leído tanta ciencia ficción podría haberles dado a estos empresarios una imaginación más audaz, llevándolos a explorar ideas como la telepatía, el amor póstumo, o la comunicación entre especies. En cambio, Silicon Valley nos sirvió la versión más insípida y tediosa del fenómeno tecnológico; una revolución que prometía transformar la humanidad y terminó optimizando banalidades: tacos que llegan en taxi, anuncios disfrazados de entretenimiento y radio pero con suscripción mensual. Lo que se vende como innovación disruptiva no es más que una repetición del pasado disfrazada con el lenguaje del progreso.
Así, más que una simple anécdota sobre la infancia de estos líderes, esta historia pone en evidencia la manera en que se construyen los mitos del capitalismo contemporáneo. Sin embargo, en medio de esta monotonía de startups centradas en la optimización de lo existente, apareció una figura que prometía algo –en su sentido etimológico– radical: Elon Musk. Mientras muchos empresarios tecnológicos se limitaban a perfeccionar la publicidad digital o a encontrar formas más rentables de intermediar servicios, Musk hablaba de algo más ambicioso: colonizar Marte, revolucionar los sistemas energéticos y fusionar el cerebro con hardware. En un entorno donde la mayoría de los visionarios parecían obsesionados con capitalizar datos personales y diseñar mejores algoritmos de recomendación, Musk representaba, al menos en apariencia, estar comprometido con ideas propias de la ciencia ficción y la astrofísica.
Su ascenso como figura icónica de la tecnología comenzó en 2002, cuando –tras la venta de PayPal– fundó SpaceX con la intención de reducir los costos de los viajes espaciales y llevar a la humanidad a Marte. En 2004, ingresó a Tesla como inversionista y pronto se convirtió en su CEO, apostando por la electrificación del transporte en un mercado dominado por combustibles fósiles. A lo largo de la década de 2010, su imagen de visionario se consolidó con hitos como el lanzamiento del cohete reutilizable Falcon 9 en 2015, así como la presentación del implante cerebral Neuralink en 2016.
Durante esos años, se le vio como el heredero natural de Steve Jobs, el último gran disruptor que en realidad cambió industrias enteras. Cuando Polonia amenazó con suspender el contrato que tenía con Starlink para proveer de internet a Ucrania, Elon Musk respondió: «Suerte consiguiendo una alternativa». Y tenía razón: dado el respaldo de los cohetes reutilizables de su empresa SpaceX, los servicios satelitales de internet de Starlink no tienen competencia real en el horizonte. Su éxito convirtió a la tecnología en un espectáculo de ambición y audacia. Y su discurso, lleno de promesas sobre el futuro de la humanidad, reforzó la idea de que, esta vez, el genio sí estaba al mando.
Pero con el tiempo, la figura de Musk comenzó a transformarse. Su visión, que antes se percibía como innovación pura, se volvió cada vez más mesiánica. Su discurso pasó de la disrupción a la cruzada, de la ingeniería a la ideología. En una entrevista con Kara Swisher en 2020, Musk llegó a decir: «Si Tesla falla, la humanidad está condenada a una pronta extinción». Cuando un empresario cree que su fracaso equivale al colapso de la civilización, la línea entre ambición y megalomanía se vuelve muy delgada.
Su ascenso no sólo estuvo marcado por logros técnicos, sino también por tácticas agresivas: desde su desprecio abierto por los derechos y regulaciones laborales hasta la manipulación de los mercados financieros. En 2018, la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC) lo acusó de fraude al anunciar de manera pública que tenía financiamiento asegurado para privatizar Tesla a $420 por acción, lo que resultó ser falso. Una y otra vez, Elon Musk ha demostrado una inclinación por las promesas engañosas y estar cómodo con su incumplimiento sin consecuencias aparentes.
En marzo de 2018, Walter Huang, un ingeniero de Apple de 38 años, falleció en un accidente mientras conducía su Tesla Model X en Mountain View, California. La familia de Huang presentó una demanda contra Tesla, alegando que Elon Musk había dicho públicamente que “Tesla se maneja a sí mismo (sin humanos) y sus conductores podrían dormir al volante” mientras la compañía era consciente de las deficiencias en su sistema de piloto automático. En 2022, Tesla llegó a un acuerdo con la familia de Huang, resolviendo la demanda sin llegar a juicio.
Ese mismo año, tras la compra de Twitter –rebautizado como X– Musk despidió a casi 80 % del personal de la plataforma. Pero más allá de la reestructuración interna, el punto de inflexión ocurrió cuando Musk comenzó a hablar de «libertad de expresión» para justificar sus decisiones sobre la moderación de contenido. Con esto, perdió la distinción fundamental entre el ámbito público y privado: la Primera Enmienda protege a los ciudadanos de la censura gubernamental, no de las políticas internas de una red social. Su discurso, sin embargo, caló en sectores que veían en él un defensor del «pensamiento libre», consolidando su transición de magnate tecnológico a actor político.
Elon Musk no se embarca en empresas convencionales, sino en proyectos que, según su visión, redefinen el futuro de la humanidad. Lo más inquietante es que quizá tenga razón. Su ascenso político no es una anomalía, sino la evolución natural del ethos de Silicon Valley: la imagen autopercibida de disrupción radical combinada con la voluntad de romper cualquier regla para imponerse sobre la competencia. En este ecosistema, la transición de un CEO de seis empresas a una figura política prominente no sólo es posible, sino inevitable.
Quizá, después de todo, la ciencia ficción sí moldeó a estos magnates, pero no como imaginábamos. No se convirtieron en exploradores de otros mundos ni en arquitectos de un futuro de descubrimientos científicos; en cambio, se transformaron en protagonistas de la trama política siempre presente en este género: una donde el poder absoluto se concentra en manos de unos pocos bajo la idea de progreso. Silicon Valley prometió naves espaciales y nuevas formas de vida, pero nos entregó monopolios, vigilancia algorítmica y mercados financieros diseñados para servir a sus propias élites. Musk, con su tránsito del ámbito empresarial al político, no es la excepción, sino la evolución lógica de un sistema que nunca trató sobre el mérito ni la innovación, sino sobre quién controla la infraestructura del futuro. Su historia no es la de un genio ni la de un charlatán, sino la de alguien que entendió que la verdadera disrupción no está en la tecnología, sino en las narrativas populares que llevan al poder.
Victoria Martín del Campo
Filósofa y científica de datos. Trabaja en la intersección entre tecnología y ciencias sociales en el sector público y privado.
El primer político que uso la minería de datos para llegar a sus votantes no fue Trump en 2016 usando datos de facebook con Cambridge analítica, sino Obama en 2012 usando los datos de las compañías de televisión por cable. Incluso se mencionó en TIME que obama usó tecnología moderna mientras los republicanos seguían en la edad de piedra, y se alababa la inteligencia y sofisticación de los demócratas.
En las novelas de Julio Verne, por cada Capitán Nemo hay un Robur el conquistador.
Los miembros del Gun Club pasaron de héroes en «De la tierra a la Luna » y «Alrededor de la Luna» a supervillanos en «el secreto de Maston.». El gun club usó un cañón para enviar un proyectil tripulado en una trayectoria que dio la vuelta a la luna y de regreso ala tierra, donde fueron rescatados en el mar.
En el secreto de Maston, piden una subasta pública sobre los terrenos del ártico (aún no se sabía que no hay tierra firme debajo del hielo). La subasta atrae la atención de las grandes potencias quienes envían sus emisarios a pujar, para en un futuro controlar los posibles yacimientos de carbón en la región. Pero el gun club gana la subasta, sólo que todos se preguntan cómo van a poder explotar los yacimientos si todo está cubierto de hielo. Al poco tiempo, revelan que quieren disparar un cañón, construido en un país remoto de África con abundantes recursos de hierro y carbón locales, para desviar el eje de la Tierra y conseguir un clima «beningno» sin estaciones y que derrita los hielos de ártico.
Un detalle irónico sobre Starlink es que los chinos lograron usar sus señales que constantemente se envían a tierra para detectar la sombra de aviones invisibles al radar. Los radares lanzan señales de radio que al rebotar y regresar a la estación de radar, donde hay una antena, permiten detectar objetos en movimiento. Los aviones invisibles al radar gracias a su forma y a una pintura especial, reducen muchísimo la señal que rebota a las antenas; además vuelan de noche y en una trayectoria que los aleje de las estaciones de radar del adversario.
Pero dejan un enorme hueco en la señales que Starlink envía a tierra. No hay forma de ocultar su sombra, es como si volaran de día.
Supongo por eso el nuevo avión F47 se enfocará en ser maniobrable y ya no tanto en ser invisible al radar.
Steve Jobs no era un ingeniero, pero tenía conocmientos de diseño gráfico y una obsesión por el diseño perfecto. Construía visiones sobre lo que esperaba de la tecnología e impulsaba a los ingenieros a hacerlas realidad. Se asoció con Steve Wosniak para crear la Macintrosh usando el microprocesador de Motorola. El ratón y los sistemas gráficos los crearon en Xerox, pero Jobs supo de esa tecnología y se asoció con Xerox para añadirlos a las Macintosh. Apple cfreció muy rápido y Jobs no sapo manejarla adecuadamente, lo que hizo que el consejo de administración de Apple lo corriera como CEO y Jobs abandonó la compañía. Sin Jobs, apple pasó años sin ideas propias y estuvo al borde de la quiebra (incluso en Forrest Gump se mofan de esto). Jobs regresó a fines de los 1990’s, impulsó el diseño de la IMac, el Ipod, y el Iphone. Llevó a apple en camino a ser la más valuada, pero con muchos comportamientos tiránicos.
En general se quiere dar la impresión de que los organismos públicos como la NASA son ineficientes, y se difunde la idea de que las compañías privadas como Space X son mejores en el uso de recursos, Olvidan que India colocó un robot en la luna con un gasto de sólo 100 millones de dólares, y que las compañías estatales francesas son tan eficientes que una de ellas maneja el agua potable y alcantarillado en Londres.
No es que la NASA sea ineficiente, sino que aplica Keynesianismo al crear un ecosistema de empresas privadas que sean sus proovedores, compitan entre sí, y desplacen a posibles competidores de otros países. La NASA le dio cientos de miles de millones de dólares a Boeing, Space X, Blue origin y otras compañías para diseñar nuevos cohetes espaciales más baratos. La cápsula de Boeing tuvo problemas este año y varios de sus aviones literalmente se caen a pedazos, así que al parecer el gobierno le dio un proyecto militar para construir el F47, lo que puede salvar a la compañía. El mérito de Musk fue haber conseguido un cohete reutilizable mucho antes que sus competidores.
Tesla recibió créditos blandos, exenciones fiscales y decenas de millones de dólares para desarrollar sus autos ( a diferencia de México donde la falta de apoyo destruyó proyectos como el Mastretta). Cuando tanto Tesla y Space X estuvieron a punto de quebrar, Space x recibió un contrato gubernamental que salvó a ambas compañías. Hay que mencionar que Tesla no genero ganancias durante 10 años, sino sólo hasta el 2020 cuando el dinero para tecnologías de riesgo se terminó; pero seguía recibiendo inversiones porque las ventas iban en aumento.
Starlink es básicamente para uso militar, tiene varios contratos con el ejército. Es muy caro, sus constelaciones de satélites obstruyen la visión del cielo de los astrónomos, el exceso de satélites podría empeorar el problema de la basura espacial, pero a los EEUU les urgía ocupar esas órbitas antes que los chinos. También permite a los aliados de EEUU en países enemigos comunicarse directamente a internet sin tener que usar VPN.
DARPA impulsó el desarrollo de los coches autónomos repartiendo dinero entre las universidades como apoyo a proyectos de investigación, y la creación de un concurso para evaluar los avances en conducción autónoma. Musk llegó después.
Los chips que se conectan al cerebro con antiguos. Hace más de 10 años el ejército de EEUU pudo pilotear un avión de combate en modo de crucero usando una neurona de ratón. Diferentes compañíaas como Second Sight han experimentado con retinas artificiales y chips implantados en la corteza visual para generar una visón monocromática y de baja resolución, pero el mercado de invidentes que pudieran pagar entre 100,000 y medio millón de dólares por implante no es muy grande y la compañia tuvo problemas al acabarse el financiamiento a las tecnológicas en 2020. El chip neuralinnk aún no logra estos resultados.
Bezos en el 2000 y Zucerberg después se hicieron ricos gracias al uso de técnicas de minería de datos en los datos de sus usuarios para venderlos a empresas de publicidad. Bezos después domino el mercado de servidores para alojar servicios «en la nube» de otras compañias, al igual que microsoft y google. Además bezos incursióno en el espacio con Blue origin.
Google creó un producto muy novedoso, su buscador google. En mi oponión personal, en losúltimos años no funciona tan bien como antes, restringe los resultados de búsqueda. Google ha incursionado en la inteligencia artifical pero aún no ha logrado crear un negocio con eso.
Nvidia es una compañía que crea chips que hacen operaciones con matrices (álgebra lineal), que pueden usarse como aceleradores gráficos, como chip para minar criptomonedas y después como chip para crear redes neuronales que se usan en aprendizaje profundo (Inteligencia artificial). Tuvo el acierto de crear un chip especializado en IA, pero que no es indispensable para la misma, a menos que trabajemos con enormes conjutnos de datos y queramos acortar los tiempos de entrenamiento. La IA de los chinos desinflo las expectativas de crecimiento, porque demostraron que no eran necesarios tantos chips para obtener resultados similares a de los mejores modelos como ChatGPT, pero siguen siendo útiles.
Podríamos decir que quienes creen en el mito del genio, están cayendo en la falacia de supervivencia.
Cuando el gobierno apoya empresas para crear su ecosistema de proveedores, apoya dos o tres y no permite que alguna quiebre, para mantener la competencia entre ellas y que ninguna sea más poderosa que el gobierno.
Si podemos creerles que sus motivaciones iniciales vinieron de la ciencia ficción y las ciencias en general, (la razón instrumental según Habermas). Pero varios han confesado que para tener éxito han tenido que abandonar antiguos ideales y hacer cosas que no querían, inicialmente.
El mito del genio es otra vuelta de tuerca al mito del individuo excepcional que con su inteligencia y trabajo consigue amasar una fortuna sin ayuda de nadie, y por tanto no tiene obligación de compartirla ni siquiera con el gobierno en forma de impuestos. Consideran que la vida es competencia feroz y la gente sólo coopera cunado tratan de utiliarse mutuamente; el millonario sería quien ha utilizado mejor a los demás.
Pueden ser acusados de usar su posición monopólica para impedir el surgimiento de competencia, pero no se analiza cómo llegaron a sus monopolios en primer lugar.
Gates estaba en en momento y lugar oportunos. En los setentas miles de ingenieros crearon computadoras personales caseras con los microprocesadores de Motorola (los mejores del mercado) o de Inel. IBM no veía futuro en las PC (computadoras personales) pero comisionó a un equipo de trabajo en florida a que creara una, y decidieron usar el chip de intel porque habían adquirido acciones de esa empresa. Para crear los programas de cómputo, se comunicaron con el mejor programador de chips de intel del mercado, pero éste no les hizo caso y se fueron con la compañía de Gates por recomendación de sus padres, quienes trabajaban en IBM. Gates había creado un lenguaje de programación basic, pero para tener rápidamente el sistema operativo de chip de intel, se lo compró a otro ingeniero por 200 dólares, lo afinó un poco y se lo vendió a IBM como el MS DOS.
El negocio principal de IBM estaba con las grandes empresas y despreciaban el mercado de las computadoras personales, por lo que no registraron las patentes para su PC-IBM. Otras compañías querían entrar al mercado de las computadoras y para evitar los costos de investigación y desarrollo, copiaron los diseños de IBM, incluyendo el uso del microrpocesador de intel, de los peores del mercado.
Bill Gates obtuvo el permiso de IBM para vender sus sistema operativo a estas empresas externas, que crearon las computadores clones de la IBM PC y generaron un mercado muy competitivo donde los precios bajaron rápidamente y sacaron del mercado a otras compañías con diseños más originales pero más caros, excepto a Apple. Los precios bajaron tanto que ya no era negocio vender computadoras personales, sino los programas y planes de mantenimiento. Intel creció exponencialmente debido a la demanda.
Gates solía decir que dejó Harvard para fundar Microsoft y que quienes si terminaron sus carreras ahora trabajaban para él. Microsoft se dedicó al nicho de programas para oficinas y empresas, con programas relativamente fáciles de usar, pero que fallaban muy seguido debido a los errores del MSDOS y del chip de Intel.
En 1985 Gates se asoció con Apple para tener acceso al ratón y a los primeros sistemas operativos graficos, los copió y rompió la relación, para lanzar su propia versión de un sistema operativo gráfico, windows.
Este comentario lo quería colocar en «la bioética del vestir» pero ya se cerraron los comentarios. aún así, creo que también aquí es pertinente.
Cuando hablo de ineficiencia, me refiero al porcentaje que la carga útil máxima representa respecto a la masa total del vehículo junto con su carga, porque la energía debe mover tanto al vehículo como a la carga. En el caso de los autos particulares, la mayor parte de la energía se gasta en mover la masa del auto., puesto que la masa del conductor es pequeña en comparación.
Las grandes firmas de moda se reducen al manejo de la marca, siendo intermediarios entre los fabricantes y el consumidor final, y esa posición de intermediarios es la más lucrativa. Pero para mantener el negocio necesitan la protección de las leyes de propiedad intelectual, de propiedad industrial y de derecho de autor, las cuáles son muy estrictas en países del primer mundo. Pero estas leyes también son poco claras, la NASA registró el diseño de un motor «warp» para viajar a velocidades mayores a las de la luz, pero no ha construido nada y tampoco es seguro que la ideas científicas usadas sean válidas, pero la oficina de patentes aceptó el diseño y asi la NASA adqueire el derecho de demandar a cualquiera que construya o registre la patente de algo similar.
Naomi Klein en «No Logo» habla sobre cómo funciona el negocio de las marcas.
También hay que evitar que las buenas intenciones terminen mal, como el caso de cierta marca de café que tiene buenas intenciones y algunas las ha cumplido, pero se ha convertido en un símbolo más de estatus. Estos mecanismos se describen en el libro «Rebelarse vende, el negocio de la contracultura» de Joseph Heath y Andrew Potter.
La ciencia y los grandes descubrimientos no van al tiempo de los que sacan provecho de ellos.
Y sin embargo, los avances mas extraordinarios de la ciencia de los últimos 10 años han sucedido en EU: IA generativa, LIGO, JamesWebb, Alphafold, CRISPER.
CRISPR puro haberse asignado a un investigador español, pero los pleitos legales por las patentes los ganaron investigadores de eeuu, pero esa técnica se usa en todo el mundo y en su desarrollo colaboraron investigadores de todos los países.
Debemos colocar el contexto el CRISPR.
Los virus entran a las células e introducen su adn en el núcleo, por lo que cuando la célula copia su adn, está creando copias de los virus. Los investigadores modifican los virus para que al entrar a la célula, coloquen en la misma un fragmento que los investigadores prepararon, pero no tienen control sobre en dónde quedaría dicho fragmento, lo que hacia la modificación genética una lotería, ensayo y error.
CRISPR permite colocar el fragmento en el sitio deseado con un alto grado de éxito.
Antes, se creía que un gen producía una proteína y esa proteína generaba un rasgo del ser humanos, para cientos de miles de rasgos debía haber cientos de miles de genes. Pero el genoma humano se secuenció en el 2000 aproximadamente, y se descubrió que tenemos decenas de miles de genes, menos de los esperados, Además, muchos de esos genes no parecen tener utilidad, y se les llamó código basura.
Por otro lado, se descubrió que muchos rasgos del ser humano se controlan no con uno sino por muchos genes actuando en conjunto. Además no se sabe bien que ocurre con las proteinas una vez que el mecanismo celalar las creó a partir del ADN y el ARN; la bioquímica de las proteínas es un mundo aparte. Quizá AlphaFold sea de ayuda.
En los últimos años se descubrió que no solo varios rasgos dependen de la actividad de muchos genes, sino que los genes se activan y desactivan en secuencia y no se sabe aún cómo se controlan estos mecanismos de activado y desactivado; se ha generado todo un nuevo campo llamado epigenética. También se descubrió que los rasgos epigenéticos son hereditarios, es decir tenemos un nuevo sistema de herencia no genética, que es afectada por los eventos en la vida del individuo.
En resumen, no todo es genética. Los genes son historia, no destino.