Europa frente a las urnas

Crédito: Víctor Solís

2024 fue un año histórico, cerca de la mitad de la población mundial fue convocada a las urnas en países que ocupan distintos lugares en el espectro democracia-autoritarismo. Si bien los comicios presidenciales en Estados Unidos capturaron la mayor parte de la atención por el regreso de Trump a la Casa Blanca, cada elección tomó una dimensión histórica; la primera presidenta en la historia de México; la derrota de los conservadores en Reino Unido después de catorce años en el gobierno; o la cuestionable —por usar un eufemismo— victoria de Maduro en Venezuela.

En lo que respecta a la Unión Europea, la ultraderecha tuvo un avance histórico al ganar su mayor cantidad de escaños en el Parlamento Europeo desde hace más de treinta años. De igual manera, en las elecciones generales en Austria el partido de ultraderecha Por la Libertad logró su mayor triunfo desde la Segunda Guerra Mundial, aunque no fue suficiente para que lograra gobernar. El crecimiento de la ultraderecha en la región se suma a la pérdida del centro político en algunos países como sucedió en Francia con el desplome de Ensemble. Esto supone serios retos para el futuro panorama electoral de la UE donde Alemania, Rumania y Polonia celebrarán elecciones este año.

Más que una sorpresa, los logros de la ultraderecha en las elecciones forman parte de un patrón en el que las ideas y políticas de estos grupos están normalizadas. En 2022 Giorgia Meloni se convirtió en la primera ministra de Italia liderando Hermanos de Italia, un partido de raíces posfascistas y proveniente del grupo político del líder mediático y empresarial de derecha, Silvio Berlusconi. En 2023, el Partido por la Libertad, encabezado por Geert Wilders, un populista euroescéptico y feroz crítico de la migración, ganó las elecciones generales en Países Bajos. A esto se suma la influencia del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, quien ha consolidado un modelo de gobierno iliberal desde hace más de una década. Los valores que promueven estos movimientos —nacionalismo extremo, antiinmigración, populismo autoritario, escepticismo europeo y retórica antiélites— continúan ganando terreno. En paralelo, el consenso liberal que emergió tras la caída del muro de Berlín y la expansión de la democracia parecen desmoronarse. La victoria de Donald Trump y su alianza con líderes populistas, así como el respaldo a los millonarios de las redes sociales —plataformas que ayudan indirectamente al avance de la ultraderecha—, abonan a que el panorama electoral de la Unión no luzca alentador.

En Alemania, las elecciones anticipadas llegan el domingo 23 de febrero, después de que la coalición gobernante del canciller Olaf Scholz, liderada por el Partido Socialdemócrata, se rompiera en noviembre pasado debido a diferencias programáticas y a duras disputas fiscales. Friederich Merz, de la Unión Demócrata Cristiana, partido de centro derecha, es el favorito para ser nuevo canciller. Su pasado en el mundo financiero y su oposición a Scholz lo convierten en la opinión pública como el que puede resolver la inflación y los problemas de la economía más grande de la Unión. La segunda fuerza favorita en las encuestas es la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) comandada por Alice Weidel. La AfD ha logrado posicionarse al prometer fuertes medidas contra la migración, abandonar las regulaciones ambientales y dudar de la utilidad política de la UE. El multimillonario Elon Musk ha apoyado a la AfD al asistir remotamente a dos mítines del movimiento, en donde sugirió mantener los valores alemanes y no caer en “una especie de multiculturalismo que lo diluye todo”. Si bien es notable el ascenso de la AfD en las encuestas, el ocho de febrero salieron más de 200 000 personas a manifestarse contra sus postulados en Múnich. Aunque todo es posible y los movimientos de ultraderecha suelen ser subestimados por las encuestas, a días de la elección parece poco probable que la AfD entre en la coalición gobernante.

Por otro lado, Rumania vive una grave crisis política tras la renuncia del presidente Klaus Iohannis, quien dimitió para evitar su destitución por parte de partidos de extrema derecha, que lo acusan de “usurpar” su puesto luego de la anulación de las elecciones de noviembre de 2024 debido a sospechas de injerencia rusa y financiamiento ilícito. Esta dimisión lo convirtió en el primer jefe de Estado de Europa del Este en dejar el cargo voluntariamente desde la caída del comunismo. Las próximas elecciones presidenciales en Rumania están programadas para el cuatro de mayo de este año, con una posible segunda vuelta el dieciocho de mayo. El candidato ultranacionalista y prorruso Călin Georgescu obtuvo una sorprendente ventaja en el proceso electoral anulado por acusaciones en su contra. Para enfrentar a Georgescu los principales partidos proeuropeos —el Partido Social Demócrata (PSD), el Partido Nacional Liberal (PNL) y la Unión Democrática de Húngaros en Rumanía (UDMR)— han formado una coalición y nominado a Crin Antonescu como su candidato presidencial. La dimisión del presidente Iohannis aunada a la incertidumbre política han generado una creciente polarización en el país rumbo a unas elecciones donde la integridad democrática del país y la no interferencia rusa están en duda.

El dieciocho de mayo Polonia celebrará elecciones presidenciales en lo que puede leerse como un referéndum entre mantener el legado de ocho años de gobierno conservador o consolidar el avance del Partido Liberal. La derrota histórica del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) en las elecciones parlamentarias de octubre de 2023 permitió la formación de un gobierno liberal encabezado por el primer ministro Donald Tusk. Sin embargo, el poder de veto del presidente conservador, Andrzej Duda, ha sido un obstáculo para que la agenda liberal sea implementada, particularmente revertir una serie de reformas judiciales implementadas por el PiS que han politizado la justicia y socavado la democracia del país. De acuerdo a las encuestas aparecen casi en empate técnico el actual alcalde de Varsovia y representante de la Coalición Cívica (KO), Rafal Trzaskowski, y el director del Instituto de la Memoria de Polonia y candidato de PiS, Karol Nawrocki. Los reñidos comicios definirán el rumbo democrático del país —que ha sufrido estragos del populismo conservador—, si continúa el notable apoyo a Ucrania y el avance del euroescepticismo que promueve la ultraderecha del partido Confederación. PiS no se ha negado a formar gobierno con la Confederación, lo que añade incertidumbre sobre el futuro de la relación de Polonia con Ucrania y con la Unión Europea.

Presenciamos al electorado correrse a los extremos y virar al populismo en búsqueda de cambio. La promoción de la democracia y el aprecio de las libertades civiles sucumben ante circunstancias que se perciben más inmediatas como la economía o el miedo a la pérdida de la identidad nacional. El apoyo a los extremismos y el populismo iliberal no sólo son desafíos internos para la Unión, sino que también cuestionan la credibilidad de Europa como defensora de la democracia a nivel global. Con la victoria de Trump los valores políticos occidentales de la posguerra ya no son los criterios unificadores con su viejo aliado. Ucrania ejemplifica la situación pues no sólo tiene que lidiar con el ahora apoyo condicionado de Estados Unidos y con los resquicios del “orden internacional basado en reglas” sino con los electores a lo largo de Europa que no ven como prioridad enviar recursos a Kiev cuando las necesidades económicas de cada país y los intereses nacionalistas reclaman más réditos.

El ánimo de cambio en los electores y el descontento ante el statu quo que se manifiesta en las elecciones no es un cheque en blanco para que los líderes electos socaven libertades y erosionen la democracia. Larry Bartels usó el caso del modelo iliberal en Hungría y la regresión democrática en Polonia[1] para mostrar cómo las élites tienen el papel fundamental para comenzar y fortalecer estos procesos, más allá de los valores o creencias de quienes los votaron. Las próximas elecciones en Europa mostrarán el alcance de la ultraderecha en Alemania —apoyada por el hombre más rico del mundo— que puede tener sus resultados más exitosos en décadas; la fortaleza del sistema democrático en Rumania en medio de una crisis política, y el destino de la democracia en Polonia. El malestar y el ímpetu de que las cosas cambien son cuestiones que se manifiestan con normalidad en las urnas, lo importante de reconocer es que ciertos líderes y movimientos comienzan a desafíar el umbral de lo permisible en las democracias, en medio de una coyuntura global donde los valores que regían el mundo desde el final de guerra fría están siendo cuestionados.

Imanol Espina Baeza

Estudiante de Ciencia Política en el CIDE

[1] Larry M. Bartels, Democracy Erodes from the Top: Leaders, Citizens, and the Challenge of Populism in Europe. Princeton University Press, 2023, pp. 214.

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Publicado en: Internacional

2 comentarios en “Europa frente a las urnas

  1. Hay que añadir que al dejar de recibir el gas ruso barato, las renovables no han podido tomar su lugar. Además han surgido estudios que demuestran que un auto compacto de tres cilindros emite menos gases de efecto invernadero durante su fabricación y su vida útil que un Tesla, además de ser más barato. Los autos eléctricos son caros y sólo los más pudientes podrán comprarlos, y eso enoja a la población y los hace caer en relatos que niegan el cambio climático.

    A eso hay que añadir la satanización de la energía fósiles pero no se habla de los costos ambientales de las renovables como la necesidad de minería intensiva de litio, tierras raras y cobre.

  2. Así como hay quienes dicen que «Mepxico ha fracasado» o que la idea de México «es un mito», podemos decir lo mismo de la idea mítica de la «unión europea».

    El primer efecto del avance de euroescepticismo es el debilitamiento de la moneda euro que dejará se ser competencia para el dólar.

    En Alemania los problemas económicos surgieron al perder la energía barata, el gas ruso. La investigación se cerró cuando afirmaron que ciudadanos ucranianos habían volado el Nord Stream, pero todos saben que los ucranianos no tienen los recursos para realizar ese operativo. Y la población está molesta ante lo que perciben como sumisión de sus gobernantes.

    ¿Por qué la gente no puede defender sus valores y sus herencias culturales? mientras no digan o impongan su modo de vida como el mejor.

    La migración hacia Europa es de árabes y musulmanes. Pero por décadas ha habido una campaña de desprestigio al islam y por eso la población europea les tiene miedo, a pesar de que los inmigrantes sólo huyen de guerras que la otan o EEIII han provocado. Y de que muchos de los inmigrantes son cristianos que vivieron en paz con sus vecinos musulmanes por más de mil años, hasta que EEUU invadió irak.

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