Con la sorpresiva detención de Ismael Zambada García se confirmó, de manera contundente, que el “Mayo”, en efecto, existe porque sigue vivo. Dejando de lado las elucubraciones que tienen lugar a pocos días de su captura, la fotografía de su arresto es lo relevante, teniendo en cuenta que pasaron 14 años desde la publicación de su entrevista con Julio Scherer. La fotografía del “Mayo” de 76 años, sentado en la parte trasera de una camioneta, de polo azul y bigote recortado, actualiza la imagen del narco, con fecha de julio de 2024, en el capítulo de su captura. Algunos creen que se trata del fin de una era en la historia del narcotráfico. Lo que sorprende es que, desde 1977, la historia de Zambada es la de un sujeto que ha dirigido al Cártel de Sinaloa mediante violencia, corridos, narcomantas y noticias, pero siempre desde las sombras. Ahora tenemos el retrato de la jubilación, del que entendemos como el jefe criminal mexicano más poderoso, rico, violento y estable de los últimos cuarenta años. Y en esa escasez de imágenes y palabras es donde estamos descifrando el sentido del auge criminal como proceso político.

La crónica de la captura dice mucho. El 27 de julio, se capturó a Ismael Zambada García tras aterrizar, junto al hijo del Chapo Guzmán, en El Paso, Texas. De ahí hay dos versiones concurrentes. Por un lado, se piensa que el “Mayo” fue secuestrado, engañado y traicionado por Joaquín Guzmán López para entregarlo a las autoridades estadunidenses. Esa sería la principal hipótesis, incluso apoyada por el abogado de Zambada. Por otro lado, se menciona que el “Mayo” se entregó de forma voluntaria por motivos personales, con el afán de colaborar con jueces y reducir su pena. En ambos casos, y es lo interesante, las interpretaciones de su captura retoman el canon de la narrativa criminal. Si bien la tesis de la traición entre los “Chapitos” y el “Mayo” tiene sentido en el marco de la disputa interna del Cártel de Sinaloa desde hace unos años, la tesis de la entrega se explica como el pacto de una salida digna. Así, se tiene como conjetura que el suceso obedece a lógicas criminales, esas que pueden conocerse leyendo notas de periódico. De modo que el mensaje sería que el “Mayo” Zambada fue capturado porque algo pasó en la cúpula del Cártel de Sinaloa, para interpretar un suceso más simple: una avioneta cruzó a dos jefes de un grupo criminal importante de territorio mexicano a territorio estadunidense, sin el conocimiento del gobierno mexicano.
La primera ocasión que el nombre Ismael Zambada García apareció en los periódicos fue en 1977, año de la reforma política-electoral de Reyes Heroles, cuando el cuñado del “Mayo”, Antonio Cruz, fue arrestado en Estados Unidos. Así inició su ascenso como líder criminal en los años 80, consolidando su apellido como fundador del Cártel de Sinaloa junto con Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” y Héctor Palma “El Güero”. La imagen de Zambada se fue caracterizando como la de un jefe operativo eficiente, cauteloso y de perfil bajo, habilidoso para eludir a las autoridades. Una primera foto de Zambada data de finales de los años ochenta, fotografía de un hombre de cuarenta años sin bigote, anterior a una cirugía de nariz. La segunda foto, ya con bigote recortado, data de 2010, año en que se publicó la entrevista con Julio Scherer para la revista Proceso, cuando el jefe criminal buscó tomar control de su personaje. Por último, la foto de su captura del pasado 27 de julio, revela a un hombre viejo, de 76 años, con bigote ralo, también recortado. Con espacio de 40 años, estas tres imágenes del “Mayo” plasman el desarrollo de un personaje criminal, convertido en el gran capo de la droga mexicana.

Nacido el 1 de enero de 1948 en El Álamo, un pequeño poblado a 50 kilómetros al sur de Culiacán, su incursión en el narcotráfico ocurrió durante los primeros años del auge del tráfico de drogas, cuando México se convirtió en una ruta crucial para trasladar cocaína desde Sudamérica hacia Estados Unidos. En sus inicios, Zambada trabajó como agricultor, cultivando marihuana y amapola, creando así la imagen del agricultor. De esta manera, tanto el “Mayo” (que refiere a “la gente de la ribera”, del Río Mayo, al sur de Sonora) como el “Chapo” (por chaparro) dieron origen al Cártel de Sinaloa como una organización de hombres de campo que sofisticaron el trasiego de drogas. Vale tener en cuenta la proveniencia precaria de estos personajes criminales, modelos de voluntad popular. Se escucha en el corrido “De la ciudad a la sierra” de Los dos carnales:
Dicen que soy traficante
Búsquenle a ver si le encuentran
Por décadas me han buscado
Pero sigo en la pelea
Me dan sombra esos pinos
De la ciudad a la sierra
El dinero por costales
No te hace fina persona
La palabra es lo que vale
A partir del cambio de siglo, Zambada se perfiló como el gran operador del Cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más importantes del mundo. Es aquí donde adquiere nombres más grandilocuentes, tales como “El Señor del Sombrero”, “Don Mayo”, “El MZ” o el “M Grande”. Es la fase del uso mitológico del personaje, como se identifica a partir de la entrevista de 2010 con Scherer. Zambada se convierte en el gran jefe de la empresa del Cártel de Sinaloa: es el estratega y operador financiero de una organización que se expande en busca de mercados, creando sumas de dinero al nivel de empresa transnacional. Una versión reciente de esta interpretación es la del crimen organizado como uno de los grandes empleadores de México, con un estimado de 175 000 trabajadores, donde el Cártel de Sinaloa emplearía a alrededor de 17 500 personas.
La ambivalencia entre un “Mayo-emprendedor” y un “Mayo-agricultor” moldea la imagen del capo mexicano. La imagen del “Mayo” es la encarnación de un sinaloense, mexicano, emprendedor de lo ilícito, humilde, paternal y protector. Comparando con las mafias sicilianas, se confirma la estructura familiar del clan de Sinaloa. Al día de hoy, hemos confirmado que el crimen organizado mexicano se estructura como mafia: los vínculos de parentesco y jerarquía dan forma a estas organizaciones, como se ha observado en los procesos sucesorios de los Chapitos y los Mayitos. En palabras del “Mayo” de 2010: “En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí”. Así, como argumentaba el escritor Leonardo Sciascia sobre la mafia siciliana, desmantelar una agrupación criminal se dificulta por la estructura familiar de las cúpulas.
Sin embargo, hay un punto crucial en la captura de Zambada. El “Mayo” llevaba alrededor de tres décadas al mando del Cártel de Sinaloa sin ser visto, haciendo de su existencia física un verdadero enigma. No podría pensarse en la realidad del personaje más que por un ejercicio imaginario de ingeniería inversa: ¿cómo podría existir el Cártel de Sinaloa sin una cabeza así de hábil? Se adjudicó un modus operandi de esta organización en la fantasía del “Mayo” como el director detrás del telón. Así, sin renegar de la realidad, Zambada es el personaje que queremos que sea.
Al respecto, las repercusiones son duras. Con su captura se disloca a la punta de la cadena de mando, pero no a los encargados. Y al que manda hace mucho no se le veía la cara, de modo que seguirá mandando, desde otro lugar. En tiempos en que no habrá claridad sobre los nombres de los mandos criminales, el crimen organizado logró crear soberanía propia. Sin importar que el “Mayo” haya sido capturado, seguirá ese ejercicio violento del poder en su nombre, puesto que las culturas del crimen organizado ya ganaron parte de nuestra realidad.
Finalmente, un punto para tener en cuenta es la imagen final de Zambada. Es preocupante que la reacción emocional a la captura del delincuente no sea de alivio. Al contrario, su captura tiene lugar en un clima de escepticismo, en donde se niega la figura del “Mayo” como la de un victimario, responsable de niveles brutales de violencia y de centenas de miles de homicidios. No hay una imagen del “Mayo-asesino” y no hay sensación de que se haga justicia con su captura. De ahí se deriva la hipótesis de que no hemos ordenado nuestra violencia como un riesgo real y la impunidad está también en las palabras, en las imágenes que decidimos crear y asociar con los delincuentes. El espectáculo de la captura del “Mayo” disimula la caída de un verdadero criminal y lo decisivo será entender qué significa ser mexicano hoy en día, a la luz del idealismo perverso de la imagen de Zambada y su espectacular éxito al margen de la ley. Porque al final del día, el “Mayo” es un protagonista de una sátira violenta, que por desgracia tiene asidero en el mundo real.
Rogelio Alcántara
Licenciado en Política y Administración Pública por El Colegio de México