Israel: el objetivo es Palestina

El pasado 19 de julio de 2024 la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió una opinión consultiva que determinó que la ocupación militar de Israel es ilegal y que “Cisjordania, Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza son parte de Palestina”. Sin embargo, cinco días después del fallo, la mayoría del Congreso estadunidense recibió con aplausos al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en un acto donde pidió “más herramientas para terminar el trabajo”. Al tiempo que se desarrollaba el discurso de Netanyahu en Washington, el gobierno chino firmó una declaración conjunta con las principales facciones palestinas, incluyendo Fatah y Hamás, para impulsar un gobierno de unidad en Gaza para “el día después de la guerra” en un gesto que, aunque parece idealista dada la situación actual, es relevante para analizar la situación bélica en el terreno.

Ilustración: Patricio Betteo

Lo que Netanyahu buscó en Washington no fue el respaldo político contra Hamás, sino el apoyo militar para ampliar la guerra hacia Líbano. En concreto, Israel quiere señalar a Hezbolá como la nueva prioridad de su campaña al haber intercambiado 5000 artefactos balísticos desde octubre de 2023 y considerarlo el actor más poderoso del llamado “eje de la resistencia” respaldado por Irán. Vale destacar la fijación de Israel contra Hezbolá, que se limita a atacar la zona fronteriza del sur de Líbano para evitar una escalada, y no contra los hutíes, los únicos que han golpeado de manera sensible a Israel cuando un dron suicida atravesó el Mar Rojo y se estrelló en el corazón de Tel Aviv matando a seis personas sin ser detectado por los sistemas antimisiles.

Así, el pasado 27 de julio Israel acusó de manera formal a Hassan Nasrallah del asesinato de catorce personas en la localidad de Majdal Shams, en los Altos del Golán, después de que un misil cayera en un campo de futbol. Hezbolá reaccionó diciendo que se trataba de una “falla de la cúpula de hierro israelí” llevando a una escena mediática en la que oficiales israelíes prometieron una escalada militar en Líbano. Como nota al pie, el lector debe saber que Majdal Shams es un municipio bajo administración israelí, aunque la comunidad internacional lo reconoce como parte de Siria. Sus residentes son, en su mayoría, árabes drusos que han rechazado las tarjetas de nacionalidad ofrecidas por Israel por lo que la relación entre ellos y el gobierno de Netanyahu se caracteriza por tensiones, conflictos y un intenso repudio social. Que un misil haya asesinado a catorce personas en aquella zona deja muchas dudas sobre el origen del artefacto, pero arroja claridad sobre el uso político que se le puede dar al affaire desde la perspectiva israelí.

Después del asunto de Majdal Shams, señalar a Hezbolá como el objetivo de la “siguiente etapa militar” implica dos cosas concretas en el pensamiento estratégico israelí. La primera, intentar la disminución del arsenal balístico con el que cuenta este actor que, según medios israelíes, no es menor a 150 000 artefactos entre cohetes y misiles (más drones). La segunda, y más importante, crear un “estado de emergencia” que le permita a Israel masacrar Gaza sin ley alguna, además de arrebatar tierras, propiedades y, de ser posible, construir nuevos asentamientos en Cisjordania a pesar de la opinión consultiva de la CIJ.

Al tiempo que Benjamín Netanyahu acusa a Hezbolá del ataque en Majdal Shams y bombardea el Sur de Líbano, en Cisjordania restringió la construcción de viviendas palestinas en la denominada Zona B; aumentó el número de asentamientos israelíes en unas 24 300 unidades de vivienda; legalizó unos 1100 dunams de tierra a su favor;1 votó en la Knéset el rechazo al establecimiento de un Estado palestino; cobró la vida de 500 personas (100 de ellos niños) e hirió a 5000 personas más en ataques directos contra campamentos de refugiados en Yenín, Tulkarem y Nablus; ha demolido 344 viviendas dejando sin hogar a 392 personas. Además, entre otras cosas, desde el 7 de octubre de 2023, Israel restringió la capacidad de los palestinos para cosechar aceitunas y otros cultivos; ordenó el desalojo de la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada Palestina (UNRWA) de Jerusalén oriental y la declaró como “organización terrorista”; prohibió la señal de la televisora árabe Al Jazeera y aumentó de manera masiva el número de detenidos administrativos en las cárceles de ocupación, alcanzando más de 3660 personas, incluyendo mujeres y niños.

En este tenor, Israel sabe que si no ha desmantelado las redes de resistencia armada de Hamás en Gaza es menos probable que lo logre en el sur de Líbano contra Hezbolá. Por tal motivo, la construcción de la idea de que “Israel libra siete frentes distintos” es una narrativa que le permite a Tel Aviv aumentar sus actividades de anexión en Cisjordania, las cuales tienen resultados más efectivos en términos de control territorial y seguridad que la supuesta “destrucción de Hamás” de la que tanto habla el primer ministro israelí. Además, las actividades en Cisjordania han sido posibles también, en gran medida, por la participación de los aparatos de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina, la cual sigue inmersa en una indefinición política evidente por su participación en la firma de la Declaración de Beijing al lado de China y Hamás, por un lado, y en el envío de una carta de buenos deseos a Donald Trump tras el intento de asesinato que experimentó en días pasados, por el otro.

Así, el regreso de Netanyahu a Tel Aviv tras su discurso en Washington, pese a las críticas del Foro de Familiares de los Rehenes que le reclaman un acuerdo de intercambio con Hamás a la brevedad, estará envuelto en una nueva campaña contra Hezbolá (y de forma discontinua contra otros frentes). Esta será su fórmula para mantener un estado de emergencia nacional que apuesta a normalizar la violencia ante la audiencia internacional, así como por el cansancio de la opinión pública que tendrá nuevos temas como las olimpiadas de París, la detención del líder del cártel de Sinaloa, las elecciones en Venezuela y, después, las elecciones estadunidenses. En cualquier caso, las tensiones en cada uno de esos temas y, sobre todo, la resistencia juvenil pro-palestina alrededor del mundo, muestran que por más esfuerzos de normalización que busque la industria mediática israelí, la defensa del pueblo palestino, por mandato del derecho internacional, seguirá tan viva y legítima en tanto cada actividad militar del ejército israelí está gestando una especie de “resistencia estructural” a lo largo del Sur Global.

 

Moisés Garduño García
Profesor de la UNAM, experto en temas de Oriente Próximo


1 El Dunam es una unidad de superficie que no pertenece al Sistema Internacional de Medidas y que varía entre países; se usó durante el Imperio Otomano. Actualmente, para Israel y otros países, equivale a 1000 metros cuadrados (N. del E.)