Jugando con fuego: la arriesgada apuesta de Emmanuel Macron

El presidente Emmanuel Macron llamó a elecciones anticipadas a la Asamblea Nacional en Francia. El resultado tendrá consecuencias para la Unión Europea.


Les jeux sont faits: la sorpresa del 09 de junio

El pasado 09 de junio, tras darse a conocer los resultados de la votación para el Parlamento Europeo (PE), el presidente de Francia, Emmanuel Macron, sorprendió a la mayoría de los franceses anunciando que invocaba sus poderes constitucionales para disolver la Asamblea Nacional (Cámara baja del Parlamento francés) y llamar a elecciones anticipadas el 30 de junio y 07 de julio. Su decisión, explicó, se basaba en el gran avance del partido de extrema derecha Rassemblement National (RN), heredero del ultranacionalista Front National, cuya figura más conocida es Marine Le Pen.

El presidente francés, que seguirá en su puesto hasta el final de su mandato en mayo de 2027 independientemente del resultado de estas elecciones, apostó así a que las fuerzas del centro cerraran filas contra la extrema derecha para defender “los valores de la República”, tal como lo hicieron en 2022, cuando Macron derrotó a Le Pen por 17 puntos porcentuales en la segunda ronda de la elección presidencial.

Analistas en Francia y Europa opinaron que, con esta decisión, el presidente quiere poner de manifiesto la inhabilidad de la extrema derecha para gobernar, ya que, a menos que obtuviera una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, un gobierno encabezado por el RN se enfrentaría a los mismos problemas que el actual, es decir, a la dificultad para encontrar mayorías para adoptar leyes. Así, especulan, se desmitificaría al RN lo suficiente para debilitar su posición en la elección presidencial de 2027.

A pocos días de la primera ronda de estas elecciones, la apuesta de Macron se ha revelado como una operación incluso más riesgosa de lo que parecía cuando la anunció: las encuestas más recientes colocan a su alianza, Ensemble, en tercer lugar de intención de voto (20-22 %), después de la alianza de izquierda/ecologista, Nouveau Front Populaire (28-31 %), y muy por detrás de la alianza de extrema derecha encabezada por el RN de Marine Le Pen (35-38 %).

En vista de las encuestas, los analistas coinciden en que estas elecciones llevarán a una cohabitación, es decir, la coexistencia de un presidente de un color político diferente al del primer ministro y su gobierno, una situación que se ha vivido tres veces en la quinta República (1986-1988, 1993-1995, y 1997-2002), con más o menos fricciones, pero siempre sujetas a la tensión inherente al hecho de tener dos Ejecutivos.

Tanto la alianza de extrema derecha como la de la izquierda/ecologistas han hecho promesas de campaña que representarían un importante aumento del gasto público, a pesar de que la Comisión Europea (CE) anunciara el pasado 19 de junio su intención de iniciar un procedimiento para obligar a Francia a volver a la disciplina presupuestaria. De llegar al gobierno, cualquiera de las dos alianzas tendría que o romper sus promesas de campaña, corriendo el riesgo de malestar social, o entrar en un conflicto abierto con Bruselas, con todas las consecuencias políticas y económicas que ello implicaría.

La casi certeza de la cohabitación por venir, con su perspectiva de parálisis o conflicto entre el presidente y el primer ministro —que en caso de ganar la derecha podría ser un joven de 28 años, Jordan Bardella, actualmente presidente del partido RN— ha generado ya inquietud en los mercados financieros, con el índice de la bolsa de valores en Francia (CAC) perdiendo un 6.2 % entre el 10 y el 14 de junio. Según reporta The Economist, los dos bancos más grandes de Francia han perdido 10 % de su valor.

Además de las importantes consecuencias que estas elecciones tendrán para Francia, sin duda también tendrán un gran impacto en la UE, especialmente si gana la alianza de extrema derecha liderada por el RN, ya que la derecha es más poderosa tanto en términos del número de escaños en el PE como del peso político y económico de sus posibles aliados entre los otros países de la UE.

Aunque hoy por hoy la mayoría de los países de la UE tienen gobiernos encabezados por partidos de centro —ya sea demócratas cristianos, conservadores moderados o socialdemócratas—, varios están en coalición con o dependen de partidos de la extrema derecha o nacionalistas: en Croacia, Eslovaquia, Finlandia, Hungría, Italia y los Países Bajos la extrema derecha está en el poder, mientras que en Suecia apoya al gobierno sin ser parte de él. En Austria y Bélgica, es probable que en las próximas elecciones partidos de la extrema derecha lleguen a formar parte de —o apoyen a— sus nuevos gobiernos.

La posible llegada al poder de la extrema derecha en Francia podría tener un impacto significativo en los procesos de toma de decisiones en la UE: las leyes aplicables en todos los países miembros (Reglamentos o Directivas) se negocian sobre la base de propuestas hechas por la Comisión Europea y examinadas después por el Parlamento Europeo. Una vez que el PE ha adoptado un texto, le corresponde al Consejo, donde están representados por sus ministros los gobiernos nacionales, adoptarlas por unanimidad o por mayoría calificada.

En el primer caso, basta con que un Estado miembro bloquee para que la ley no sea adoptada. En el segundo, para obtener una mayoría calificada se tienen que reunir dos condiciones al mismo tiempo: deben votar en favor al menos 55 % de los Estados Miembros (15 de 27) y éstos deben representar al menos al 65 % de la población de la UE. Con una población de alrededor de 68 millones de personas, según la constelación, el voto de Francia puede ser decisivo.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco

Un juego sin reglas fijas: la división de poderes entre el presidente y el primer ministro

Uno de los argumentos expuestos para tranquilizar a quienes ven con inquietud la posible llegada al poder de la extrema derecha en Francia es el hecho de que la política exterior y de defensa tradicionalmente han sido competencia del presidente y no del primer ministro.

Sin embargo, como explicaran expertos en derecho constitucional francés durante una emisión de Radio France Inter el 22 de junio pasado, este punto es debatible, ya que esa división de poderes se basa en la práctica y no en la letra de la Constitución, cuyo artículo 20 otorga al gobierno, encabezado por el primer ministro, la responsabilidad de determinar y conducir la política del país.

La mayoría de las leyes adoptadas en la UE rigen áreas consideradas de política interna, no exterior, ya se trate de la agricultura, la pesca, la protección a los consumidores o la lucha contra el crimen organizado.

Aunque la primera de las tres instancias de cohabitación que se han vivido durante la Quinta República haya estado marcada por abiertas tensiones entre el presidente Mitterrand y el primer ministro Chirac, los políticos que las protagonizaron pertenecían a partidos de centro.

La posible formación de un gobierno encabezado por un político de la extrema derecha podría llevar a una situación mucho más conflictiva cuyas consecuencias se harían sentir no sólo en Francia sino en la UE.

Si bien el presidente Macron participa en las reuniones del Consejo Europeo, donde se definen la dirección general y las prioridades de la UE, son los ministros del gobierno francés quienes participan y votan en las reuniones donde se adoptan las leyes a nivel de la Unión. Como señala The Economist en su edición del 18 de junio, esto significa que el gobierno podría bloquear a nivel ministerial políticas promovidas por el presidente, entre ellas un aumento de la ayuda militar a Ucrania.

Un ejemplo de lo que podría suceder en Francia es la crisis provocada en el gobierno de Austria por la adopción de la Ley de Restauración de la Naturaleza por el Consejo de la UE el 17 de junio pasado. La ministra de Medioambiente, Leonore Gewessler, del partido ecologista, votó a favor del proyecto de ley, ayudando así a alcanzar la mayoría calificada necesaria. El canciller federal Nehammer acusó públicamente a la ministra de romper con los acuerdos de su coalición y amenazó con iniciar un procedimiento legal en su contra por abuso de poder.

En Austria la coalición gobernante ha decidido, para evitar desestabilizar todavía más al país, no romper filas hasta las próximas elecciones en septiembre. En Francia, el nuevo gobierno tendría que estar en funciones por lo menos un año antes de que el presidente pudiera volver a disolver la Asamblea Nacional y llamar de nuevo a elecciones.

El avance de la extrema derecha y la nueva constelación en el Parlamento Europeo

Las elecciones europeas del 06 al 09 de junio pasados le dieron de nuevo la mayoría a los partidos del centro a nivel de la UE: de los 720 escaños, 450 pertenecen a los cristianodemócratas, socialdemócratas, liberales y ecologistas. Los partidos de extrema derecha tienen 141, mientras que la extrema izquierda tiene 39. Otros 90 escaños fueron a eurodiputados independientes o a algunos elegidos por primera vez que aún no pertenecen a ningún grupo (éstos serán cortejados por los diferentes grupos políticos para que engrosen sus filas antes de la sesión constitutiva del PE el 16 de julio).

Desde esta perspectiva, el avance de la extrema derecha no parece alarmante. Sin embargo, el grupo Renew, al que pertenece el partido de Emmanuel Macron, perdió 19 escaños (18.5 %), y en algunos países, como Alemania, que tiene el mayor número de escaños en el PE, los socialdemócratas y ecologistas sufrieron pérdidas sensibles.

En Francia, que tiene el segundo número más grande de escaños en el PE, la alianza de la extrema derecha ganó casi 37 % de los votos. Con 30 escaños, los diputados de RN formarán la delegación más numerosa dentro del grupo Identidad y Democracia (ID), que reúne a otros partidos nacionalistas y de extrema derecha como el italiano Lega, el austríaco FPÖ o el flamenco Vlaams Belang.

Para adoptar decisiones en el Parlamento Europeo basta con una mayoría simple. Al contrario de lo que sucede en algunos parlamentos nacionales, en él no existe la disciplina de grupo, es decir, que cada eurodiputado puede votar según su convicción, y no es raro que en algunos temas predomine el interés nacional por encima del de una familia política y en otros suceda lo contrario.

Esta flexibilidad para formar alianzas en votaciones puntuales le puede dar a la extrema derecha un poder mayor, en la medida en la que los cristianodemócratas, que han adoptado algunas de sus posiciones (por ejemplo en el tema del asilo), necesiten encontrar aliados para adoptar leyes que gocen con el apoyo de sus electores a nivel nacional.

Esto podría suceder en especial en temas como la inmigración, el asilo, y las medidas relacionadas con el medioambiente, con los que la extrema derecha logró movilizar a sus electores y en los que otros partidos del centro (ecologistas, liberales o socialdemócratas) posiblemente no estén dispuestos a ceder a las exigencias de la derecha.

La capacidad de los partidos del centro para tomar decisiones sin apoyarse en la extrema derecha se verá puesta a prueba pronto, cuando el PE deba aprobar la propuesta del Consejo Europeo para la Presidencia de la CE, que, todo parece indicar, será su actual presidenta, Usula von der Leyen.

Antes de las elecciones europeas, Von der Leyen dejó abierta la posibilidad de apoyarse para su reelección en el puesto en los votos de la extrema derecha, en particular los del partido Fratelli d’Italia, de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lo que dio lugar a muchas críticas. Tras darse a conocer los resultados el 09 de junio, Von der Leyen declaró que ella y su partido (los cristianodemócratas) sólo cooperarían con partidos proeuropeos, proucrania, prodemocracia y proestado de derecho, es decir, que no cooperarían con partidos de la extrema derecha o izquierda.

Después de que el 27 de junio los jefes de Estado y de Gobierno acordaran —con la abstención de la primera ministra Meloni— un paquete de puestos clave en la cúpula de la UE (la alemana Von der Leyen a la Presidencia de la CE, el portugués Antonio Costa a la del Consejo Europeo, y la estonia Kaja Kallas como Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad), Von der Leyen de nuevo declaró su intención de entrar en diálogo con todos los grupos políticos y sus delegaciones nacionales en el PE, incluyendo a los Fratelli d’Italia.

La mayoría de los observadores dan por hecho que Von der Leyen logrará obtener los 361 votos necesarios en el PE. Pero también advierten que si consigue el apoyo abierto de eurodiputados de extrema derecha, podría poner en riesgo el de otros partidos del centro, en particular el de los de partidos ecologistas, con lo que el voto podría resultar muy cerrado.

Por otro lado, la abstención de Meloni, que ya había dejado claro que su partido y sus aliados no iban a aceptar sin más los acuerdos hechos por los partidos del centro sin consultarlos (una posición que comparten Viktor Orbán, el Primer Ministro de Hungría, y Petr Fiala, Primer Ministro de la República Checa) ha sido interpretada por algunos como una muestra de su inhabilidad para encontrar aliados. Pero otros la han visto como una maniobra táctica con vistas a otros puestos de alto nivel en la UE. Y si el RN llega al poder en Francia, resulará más difícil para los partidos del centro ignorar las exigencias de la extrema derecha.

Sobre la base de cifras preliminares, los partidos de Meloni y Le Pen son las dos fuerzas más importantes en el PE a la derecha de los cristianodemócratas reunidos en el grupo Partido Popular Europeo (PPE). El partido Fratelli d’Italia de Meloni es la delegación más numerosa dentro del grupo de los europeos conservadores y reformistas (ECR), mientras que el RN de Le Pen formará la delegación más numerosa dentro del grupo ID (al que pertenecen también los diputados del partido Lega, socio en la coalición gobernante en Italia).Los eurodiputados de Fidesz, el partido del primer ministro húngaro Viktor Orbán, todavía no pertenecen a ningún grupo y está por ver con quién formarán alianzas.

La combinación de fuerzas en el PE le daría una gran influencia a los partidos de extrema derecha en cuestiones clave como la adopción del presupuesto de la Unión, y en temas que han sido centrales a su éxito, como la política de inmigración y asilo, de medioambiente, o la posible ampliación de la UE.

Si el RN de Marine Le Pen llega al poder, Francia sería el segundo de los grandes países de la Unión Europea gobernado por la extrema derecha, después de Italia. Con ello, la posibilidad de la extrema derecha europea de avanzar posiciones comunes e influenciar la toma de decisiones en el Consejo de la UE aumentaría considerablemente.

Conclusión: una apuesta cuyas consecuencias van más allá de Francia

El presidente Emmanuel Macron decidió llamar a elecciones anticipadas en Francia como reacción al gran avance que la extrema derecha francesa había logrado en las elecciones al Parlamento Europeo, sin tomar en cuenta que, en términos puramente numéricos, los partidos del centro siguen siendo mayoría y los partidos de extrema derecha solamente aumentaron el número de sus escaños en alrededor de 2 %.

Desde el punto de vista del impacto que estas elecciones pueden tener en la UE en su conjunto, la pregunta crucial es por qué, si el RN de Marine Le Pen ya había logrado aumentar su fuerza en el PE, incrementando su influencia en uno de los dos brazos del poder legislativo de la UE, Emmanuel Macron se arriesgó a que aumentara su poder también en el segundo —el Consejo— al abrir la puerta a un gobierno encabezado por Jordan Bardella.

Es posible que al disolver la Asamblea Nacional y llamar a elecciones anticipadas —algunos dirían que innecesariamente— Macron haya creado una oportunidad para que la extrema derecha se perfile como una fuerza capaz de gobernar uno de los países fundadores de la UE —la mitad del eje franco-germano que ha sido su motor durante la mayor parte de su existencia— y quizás también capaz de desmontar la Unión Europea tal como la conocemos, la que defiende la libertad y los derechos humanos, la tolerancia y el derecho internacional.

Incluso si ninguno de los dos bloques —RN y NFP— ganara claramente una mayoría en estas elecciones, un presidente debilitado y una Asamblea Nacional paralizada significarían una ausencia de liderazgo de parte de Francia en un momento en el que la UE se enfrenta a retos tan importantes como la guerra en Ucrania, una Presidencia húngara del Consejo Europeo abiertamente hostil al proyecto de integración, y la posible elección de un presidente aislacionista y prorruso en Washington.

A pocos días de las elecciones en Francia, la decisión de Emmanuel Macron parece no sólo un error de cálculo, sino una apuesta descabellada cuyo costo podría terminar pagando no sólo los franceses, sino todos los ciudadanos de la UE.

 

Laura Tarragona Sáez

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Internacional, Política