Decir que los ociosos tienen derecho a gozar de la misma respetabilidad que se les otorga a los obsesos del trabajo es una provocación. Explicar que la ociosidad “no consiste en no hacer nada sino en hacer muchas cosas no reconocidas en los dogmáticos formularios de las clases dirigentes” es una declaración de guerra. Robert Louis Stevenson (1850-1894), autor de semejantes sentencias, apostó por la reivindicación de la figura de estos rechazados personajes que han sido recluidos en la sombra por los deslumbrantes workaholics , y escribió En defensa de los ociosos.

La editorial española Gadir acaba de poner en circulación una nueva traducción de este brevísimo ensayo donde lo menos que se dice, a favor del ocioso, es que gracias a su “sabiduría” sobre la vida , “si no encuentra verdades fuera de toda duda, tampoco se identificará con falsedades evidentes”. En cambio, el buen trabajador no queda muy bien parado: carente de curiosidad, rígido ante las provocaciones del azar, sin diversión en la mente, pésimo conversador, amante de la prisa, víctima de la indigestión, dueño de unos nervios desquiciados, malhumorado, colega insoportable. Y por si esto no fuera suficiente, el autor dispara el tiro de gracia: “una suerte de muertos en vida, de gentes grises, apenas conscientes de estar viviendo de no ser por el ejercicio de alguna ocupación convencional”.
A los ociosos Stevenson les obsequia el Teorema de la Vivibilidad de la Vida: “si una persona no puede ser feliz más que estando ociosa, ociosa ha de permanecer”. Pero advierte que no es posible abusar de este precepto “gracias al hambre y las casas de acogida” y porque “es una de las verdades más incontestables de todo el Corpus Moral.
A los workaholics les entrega una sobredosis de desengaño. Les dice que “las metas por las que han entregado su impagable juventud, como todos ellos saben, pueden ser quiméricas o dañinas; la gloria y la riqueza que esperan pueden no llegar jamás o encontrarlos indiferentes; y ellos y el mundo en que habitan son tan insignificantes que la mente se hiela al pensarlo”.
Con tanta claridad, no es difícil escoger cuál es el papel que se quiere interpretar en la vida.
Kathya Millares. Periodista y editora.
De la mitad de humanos que trabajan, la gran mayoría lo hace para cosas urgentes (necesidades: comer, vestir). Así que no hay tiempo para lo importante (¡Nada de andar de ocioso!).
Gracias por su srtículo.
La era de al reivindicación llegara y el mundo sera mas libre.
Hace dos decadas (aprox) nos hacian creer que con el aun sistema economico, llegaia el momento que los humanos trabajariamos la mitad, no nos dijeron que mitad y al parecer se esta cumpliendo ese axióma, estan trabajando solo la mitad de humanos.
En el tema, al parecer exisite un libo, muy viejo ya, «el derecho a no trabajar» de una autora española; lo he buscado y no lo he encontrado.