Vamos dejando atrás la epidemia. El alto grado de vacunación de la población que muchos países han alcanzado, combinado con la disminución de la letalidad de las nuevas variantes del virus SARS-CoV-2, ha producido un descenso de la mortalidad atribuible a la enfermedad. A principios de 2023, la mortalidad por covid en Estados Unidos, Alemania y Canadá era, respectivamente, de 481, 445 y 317 personas que mueren por millón de habitantes en esos tres países, extrapolando a un año. Claro que esta mortalidad depende del sistema de salud, pero si en México tomamos el número de nuestros vecinos en Estados Unidos (481 decesos por millón de habitantes), estaríamos hablando de unos 63 000 decesos esperados por covid en 2023, dada nuestra población de 132 millones de habitantes. Desgraciadamente vuelve a haber un gran subregistro de contagios y de víctimas en México, por lo que tenemos que operar con estimaciones plausibles.

No suena como si fuéramos ya saliendo de la crisis, pero los decesos esperados en 2023 representan un número cinco veces más bajo que lo observado en 2020 o en 2021. A principios de 2021 la letalidad del virus era de siete a ocho veces mayor que ahora.
Para poner los posibles 63 000 decesos en perspectiva, hay que decir que en México fallecen por influenza entre 15 000 y 18 000 personas, en un año “normal” (con el uso de mascarillas, la influenza casi desapareció en 2020 y 2021). Si la población deja de usar mascarillas regresa la influenza y entonces el riesgo de muerte por covid es entre 4 y 3.5 veces el riesgo de la influenza. No pareciera que ya la libramos, pero tenemos ahora un riesgo mucho menor que en la parte alta de la epidemia.
Ahora bien, el efecto sobre la esperanza de vida de la población es algo que preocupa a los epidemiólogos y sobre eso ha habido algunas noticias en la prensa que hay que explicar para poder digerir las cifras. Se han hecho todo tipo de cálculos: El País publicó en 2022 un estudio de la Universidad de California que hablaba de un descenso de la esperanza de vida en México de cuatro años. Para España alguien calculó una disminución de 3.6 años de esperanza de vida. Hasta para Madrid solito se ha calculado un descenso de la esperanza de vida de 1.8 años.
Esos cálculos son muy simples, no dan una idea correcta de la situación a corto plazo. Lo que se hace es promediar la edad de todas las personas que murieron, por ejemplo, en 2021, desde infantes hasta ancianos, y por todas las causas. En México la esperanza de vida era más o menos de 75 años en 2019. Si el 70 % de los muertos en un año mueren por todo tipo de causas, es decir, las habituales, el promedio de sus edades será de 75 años. Digamos que el otro 30 % murió por covid y supongamos que la edad media de los fallecidos fue de 65 años. Los que murieron por las causas habituales no habrán perdido esperanza de vida por el covid; mientras que aquel 30 % que murió con promedio de edad de 65 años perdió 10 años de esperanza de vida. La pérdida total de años de esperanza de vida, para el 100 % de los fallecidos, es por eso de 0.3 x 10, es decir, tres años por persona. La esperanza de vida en 2021, calculada así, sería de 72 y no de 75 años. Ergo, se afirma en los diarios que se perdieron tres años de esperanza de vida (lo que suena muy definitivo).
Pero ojo, es válido afirmar eso solamente para el año del cálculo, para 2021. Si el shock fuera permanente y siguieran falleciendo personas al mismo ritmo que en 2021, entonces tendríamos un descenso permanente de la esperanza de vida. Pero ese no es el caso. Imagínese el lector que por un milagro desapareciera hoy el virus. Regresaríamos instantáneamente a la situación de 2019 y la esperanza de vida subiría de nuevo a 75 años.
El cálculo que tenemos que hacer es el siguiente. En 2019 morían unas 750 000 personas al año en México, con una edad promedio de 75 años al fallecer. Extrapolando esos números, por el crecimiento y envejecimiento de la población, en 2023 esperaríamos unos 810 000 decesos, sin contar los fallecidos por covid. Entonces, si a partir de 2023 mueren además de eso unas 63 000 personas por covid, con promedio de edad de 65 años, eso quiere decir que el 92.3 % de los decesos serán “como antes” y el 7.7 % restante será por covid.
Procediendo como antes, asumiendo que la pérdida de años de vida promedio de las víctimas del covid es de 10 años, la pérdida de esperanza de vida en conjunto sería de 0.77 años (diez por 7.7 %), es decir, 9.3 meses. Este número pudiera ser menor si conociéramos la distribución exacta de edades de las víctimas del covid, porque podríamos hacer un cálculo más fino de los años de vida perdidos por la población. Si la edad promedio de los fallecidos se desplaza más y más hacia las personas ancianas, la pérdida de esperanza de vida para el conjunto de la población sería menor. Desgraciadamente, en México los decesos de ancianos que han muerto en casa debido al covid sufren de un subregistro crónico y las actas de defunción son también ambiguas para muchas personas. Por eso no tenemos plena certeza sobre la edad promedio de las víctimas del covid. En Alemania la edad promedio de las víctimas del covid es de 81 años y en ese país la pérdida de esperanza de vida ha sido sólo de un mes.
Hay otros factores que pueden afectar el cálculo. No sabemos, por ejemplo, si las secuelas del covid conducen a una mayor mortalidad por otras enfermedades, a largo plazo. Pudiera ser que el covid les cobra factura a algunas personas cinco o diez años después de haberlo sufrido (a través de acentuar enfermedades crónicas). No sabemos si las nuevas variantes de covid serán más benignas o más agresivas. Sin embargo, los dos últimos años han mostrado que la letalidad del virus ha ido bajando progresivamente. Así que hay todavía una combinación de factores que todavía no nos permite hacer un cálculo más preciso de la esperanza de vida de 2023 en adelante. Sería especialmente importante contar con cifras confiables para México. Como no las hay, he tenido que utilizar los decesos esperados en Estados Unidos y estimar los años de vida perdidos. En Estados Unidos se ha estimado que las víctimas del covid pierden 12 años de vida futura, pero allá la esperanza de vida es mayor que en México.
En los próximos años veremos cómo se comporta la curva de esperanza de vida para México, pero es importante señalar que estamos hablando de una pérdida de meses y no de años completos.
Ahora bien, si en México queremos aumentar la esperanza de vida, el verdadero secreto es invertir en el sistema de salud. Véase la figura adjunta, que muestra la relación entre el gasto per cápita en salud para diversos países. Las curvas se han ajustado, eliminando inflación y considerando las diferencias de nivel de precios entre ellos. Las curvas de México, Japón, Dinamarca y Suiza son claramente visibles.
Gráfica. Esperanza de vida vs. gasto en salud, 1970-2015
Lo que la gráfica muestra es que la relación entre esperanza de vida y gasto en salud es lineal. La proverbial Dinamarca pasó de 74 años de esperanza de vida en los setenta, a 80 años, duplicando el gasto per cápita en salud. Suiza pasó también de 74 años a más de 82 años de esperanza de vida, triplicando el gasto per cápita en salud.
En México la esperanza de vida es (era) de 75 años y si nos moviéramos a lo largo de la curva de Japón, para llegar a 82 años de esperanza de vida, tendríamos que triplicar el gasto per cápita en salud. Chile lo ha logrado maravillosamente: en ese país la esperanza de vida es de 80 años y el gasto per cápita en salud es menor al doble del de México.
Así que: ¿cuál es el secreto de una vida larga? Que nuestro país resuelva la asignatura pendiente y comience a invertir más en la salud de todos sus habitantes. Eso cubre el 92.3 % de los problemas asociados con la esperanza de vida. Para el resto, el covid, hay que seguir teniendo cuidado, utilizando las mascarillas, sobre todo en lugares cerrados, y manteniéndose al día con las dosis de vacunas.
Arriba utilicé la mortalidad esperada en 2023 en Estados Unidos para mi cálculo. Si somos optimistas, pudiera ser que 2023 fuera a final de cuentas más benigno que como inició. Pero para continuar conteniendo al covid no hay simplemente que pensar que ya desapareció, es un enemigo artero que aún nos está acechando. Las vacunas han ayudado a que la pérdida de esperanza de vida no sea tan aguda; hay que seguir utilizándolas. Se deberían liberar las vacunas en México para que los hospitales públicos y privados, así como las clínicas con personal capacitado, las puedan aplicar, como ya se hace en muchos países.
Raúl Rojas González
Matemático y economista destacado en el campo de la inteligencia artificial y de la robótica. Estudió e impartió clases en el Instituto Politécnico Nacional y en la UNAM. Recibió su doctorado y habilitación en la Universidad Libre de Berlín. Ha sido profesor e investigador en una docena de universidades europeas, estadunidenses y mexicanas.
El gobierno de la cuarta DESTRUCCIÓN pasará a la historia como el gobierno en el que la esperanza de vida disminuyó por la ineptitud y mezquindad de un solo individuo.
Para la ignominia histórica y la historia de la ignominia.