La presidencia acorralada de Emmanuel Macron

Durante su presidencia, Emmanuel Macron se ha alzado como uno de los defensores más apasionados del proyecto de integración europea, de la defensa de Ucrania ante la invasión rusa y de la necesidad de que Europa consiga su “independencia estratégica” de los Estados Unidos y se haga cargo de su propia seguridad. Esta intensa actividad en el exterior da la impresión de un hombre de Estado cuyas preocupaciones más grandes están fuera de Francia, no en los destinos de un país, sino en los de un continente entero, y con seguridad a Monsieur le Président de la République le halagaría ser comparado con Napoleón. Pero si hacemos nuestro mapa de Europa a un lado y nos fijamos con atención en la situación política en Francia, la imagen es muy diferente.

La mañana del lunes 6 de octubre, Sebastien Lecornu presentó la dimisión de su gobierno al presidente Macron. Con este gesto terminaba un periodo extenuante y crítico en el cargo que había iniciado apenas unas horas antes en la tarde del domingo 5 de octubre, el día anterior. Con 14 horas, el gobierno de Monsieur Lecornu pasará a la historia como el más breve de la Quinta República, el régimen político que impera en Francia desde el regreso del general De Gaulle a la escena pública en 1958. En un suceso inédito, la primera medida del jefe de Gobierno fue presentar su renuncia, pero éste no es el único récord que Monsieur Lecornu ha roto esta semana. Con tan sólo 26 días, Sebastien Lecornu es ahora el primer ministro que ha ocupado el cargo por menos tiempo, un logro que ostentaba su predecesor, Michel Barnier. Por más anecdótico que resulte, este incidente se inscribe en un problema más amplio sobre la vigencia del modelo político francés.

Para los extranjeros, entender los acontecimientos más recientes en Francia es un rompecabezas. Mientras los primeros ministros van y vienen en el Hôtel de Matignon, el presidente Macron se mantiene imperturbable en el Elíseo, ¿será que existen en universos paralelos? En realidad, Emmanuel Macron tiene mucho que ver no sólo con lo que sucede fuera de Francia, sino también dentro del país. En el régimen semipresidencialista francés, el presidente goza de un poder excepcional gracias al cual tiene facultades como disolver la Asamblea Nacional, nombrar al Primer Ministro —que dirige el gobierno— e influir incluso en la aprobación de leyes sin discutirlas en la Asamblea Nacional, entre otras. Así, mientras el primer ministro discute y busca el consenso, el presidente se mantiene por encima de la contienda, casi como una figura divina. Este orden político responde al deseo del general De Gaulle de acabar con la inestabilidad política que caracterizó a la efímera Cuarta República (1946-1958) y crear un Estado con mayor eficiencia. Sin embargo, ése es el problema al que se enfrenta la actual Quinta República: un impasse político en el que ni el presidente ni los diferentes grupos parlamentarios están dispuestos a ceder.

Por tercera vez en tan sólo un año, el primer ministro nombrado por le Président de la République presentó su renuncia y la opinión pública se decanta cada vez más porque Macron haga lo mismo. El mandatario ha repetido que no dejará su cargo antes de lo previsto por su elección. Para entender estos sucesos hay que remitirse a la decisión del presidente Macron de disolver la Asamblea Nacional y realizar elecciones legislativas en junio de 2024, luego de que el partido de extrema derecha Rassemblement National obtuviera más escaños que cualquier otro en el Parlamento Europeo. En aquella maniobra mal calculada el resultado fue que los macronistas y sus aliados perdieron la mayoría y tuvieron que aliarse con otros partidos. Desde entonces, el reto para los primeros ministros de Macron ha sido lidiar con el problema de la deuda nacional y balancear las diferencias ideológicas entre los partidos en el gobierno. Se trata de una ecuación imposible. A principios de este año, la deuda francesa alcanzó 3.4 billones de euros, cantidad que representa casi 114 % de su PIB. En la eurozona, sólo Italia y Grecia tienen una deuda mayor que la francesa. Sin embargo, los intentos de Michel Barnier y François Bayrou —predecesores de Monsieur Lecornu— por pasar presupuestos de austeridad les costaron el apoyo de la Asamblea Nacional y su puesto.

Aunque pareciera que Macron lleva una vida doble, una en el interior de su país, en la que a duras penas puede generar consenso, y otra en el exterior, donde se presenta como uno de los voceros principales de la Unión Europea, en realidad estas dos vidas dependen la una de la otra. Cualquier iniciativa de Emmanuel Macron en política internacional depende de la fortaleza de su posición al interior de Francia. Pero no sólo eso. De no resolverse pronto, el impasse francés tendrá consecuencias económicas y políticas en todo el continente. Las dificultades para equilibrar el presupuesto tuvieron como resultado que la agencia Fitch rebajara la nota crediticia de Francia hace unas semanas, con lo que la crisis política en París empieza a generar preocupación en el Parlamento Europeo en Estrasburgo. En medio de la guerra en Ucrania y el abandono aparente de Estados Unidos y de sus aliados europeos, la inestabilidad política en Francia podría devenir en una crisis financiera que arrastre a toda la zona euro, algo inoportuno en un momento en el que hay tensiones comerciales con China y Estados Unidos.

En esta disyuntiva Macron tiene varias alternativas. Primero, nombrar a otro primer ministro; segundo, disolver la Asamblea Nacional; y tercero, renunciar a su cargo. La primera posibilidad produciría un escenario similar al que se vive en este momento, además de la exasperación de los grupos parlamentarios. En cuanto a la segunda y tercera opciones, ambas de ellas conllevarían elecciones –legislativas o presidencial— en las que algunas encuestas sugieren que Rassemblement National saldría una vez más con la mayor ventaja. Un gobierno de este partido, que critica de manera constante los proyectos de la Comisión Europea, acaso se sumaría al bloque euroescéptico conformado por la Hungría de Viktor Orbán y la Eslovaquia de Robert Fico, una minoría que entonces podría paralizar la toma de decisiones en la Unión Europea.

A pesar de esto, miembros de la Asamblea Nacional de todos los partidos, incluidos algunos de sus antiguos colaboradores, presionan cada vez más para que el presidente Macron renuncie. Si los críticos consiguen su cometido y Macron se va, ¿qué pasará con el liderazgo de Francia en la Unión Europea y con los proyectos que comparte con los otros países miembros? Francia es la segunda economía más grande de Europa, miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, la única potencia nuclear en la Unión Europea y uno de los países que encabeza la coalición que apoya la defensa de Ucrania. Por lo tanto, el impasse político francés no sólo pone en juego la presidencia de Emmanuel Macron, sino el futuro de Francia y de la Unión Europea. La efímera existencia del gobierno de Sebastien Lecornu quedará atrás durante los próximos días, no así la crisis política, que continuará hasta que haya elecciones o alguna de las partes ceda. Si renuncia a su cargo, Emmanuel Macron pasará a la historia como un presidente que, pese haber perdido el control de la política en su país, dejó su huella en Europa, o por lo menos lo intentó. Una imagen que no difiere demasiado de la de un Napoleón derrotado.

José María Vázquez Cabanillas

Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México

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Publicado en: Internacional, Política