La propuesta del IETD: respuesta a Raúl Rojas

27 de julio de 2025

Estimado Raúl:

En primer lugar agradezco la cuidadosa atención que das a la propuesta de reforma electoral del Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD). El conocimiento de la materia y la buena fe, presentes en tu carta, se agradecen aún más en un contexto donde la discusión pública suele ser poco sofisticada y constructiva. Permíteme enviarte unos breves comentarios a tu texto.

Empecemos por la coincidencia mayor: sin representación del pluralismo real de la sociedad mexicana el Congreso pierde su esencia como espacio democrático, y en nuestra historia la representación proporcional fue la llave y condición para expresar la diversidad política. En efecto, cerrar ese cauce implicaría una grave involución. Desde hace años que has puesto el énfasis en la necesidad de traducir mejor el apoyo relativo a cada partido en la conformación de la Cámara de Diputados y en ello tenemos un propósito común.

El IETD en su reciente propuesta incluye modificar el número de diputados de mayoría relativa y plurinominales, respectivamente, a 250 y 250, en vez de los 300 y 200 actuales. Tú argumentas que ese cambio no es necesario para lograr la plena correspondencia entre los porcentajes de votos y de curules por fuerza política: bastaría con eliminar la sobrerrepresentación del 8 % que todavía permite la Constitución y distribuir los 200 plurinominales no en función del porcentaje de cada partido sino con el propósito de que en el total de la Cámara el peso de cada fuerza se corresponda con el sufragio relativo obtenido. En lo técnico coincido contigo y tienes razón. Mis propios cálculos (que aparecerán en un libro que está en imprenta, pero adjunto tabla en la siguiente página), de las últimas tres conformaciones de la Cámara de Diputados arrojan que en la legislatura que arrancó en 2018 la sobrerrepresentación de la coalición gobernante habría sido de 0.2 % y no de 16 %; en 2021 habría sido de cero por ciento y en 2024 de 3 % en vez del casi 20 % que concedieron el INE y el Tribunal Electoral.

Sin embargo la propuesta del IETD no es sólo técnica sino política: trata de subrayar la pertinencia del sistema mixto de conformación de la Cámara de Diputados, dando igual peso a la mayoría relativa que a la representación proporcional en un momento en el que se busca, desde el gobierno, reducir o incluso eliminar la proporcionalidad y, con ella, la presencia de las minorías y el pluralismo en el Congreso. Entonces, más que una diferencia de fondo, lo que hay respecto a tu propuesta -que por cierto es la misma que hice en Nexos en marzo de este año-, es un matiz de tipo político: al IETD le interesa fortalecer la importancia de la representación proporcional, por eso la propuesta de ampliar a 250 el número de plurinominales sin modificar el total de integrantes de la Cámara.

En este punto el centro de tu propuesta y la del IETD son del todo convergentes. Por un lado afirmas: “Los diputados plurinominales se asignan [en tu escenario alternativo] a partidos políticos exclusivamente para reducir su subrepresentación (con el objetivo de alcanzar 0 % de sobrerrepresentación).” Así debería ser, coincidimos plenamente.

Por otro lado, alertas sobre cómo las coaliciones electorales han servido de subterfugio para distorsionar la representación popular. Aquí tenemos ciertas coincidencias básicas en el diagnóstico pero diferimos en la solución. Me explico.

Dices con razón: “No hay ningún país en el mundo en el que un partido que no recibe un solo voto pueda ganar diputados transferidos por un convenio con otro partido”. A ese fenómeno, a esa trampa, le he llamado “trasvase” de triunfos electorales: Morena (o el PRI en su momento) gana un distrito porque la ciudadanía vota por su emblema pero el convenio de coalición hace que el triunfo se le reconozca a un partido menor, coaligado, que así aparece como triunfador de esa elección aunque haya tenido pocos votos o, incluso, ninguno como adviertes. La trampa es un ganar-ganar para los partidos involucrados: el que tiene escasa presencia se hace de triunfos ajenos y así de una bancada mayor (el PVEM en 2024 siendo la quinta fuerza en número de votos transmutó en la segunda bancada parlamentaria en la Cámara) y el partido más grande, al ceder esas victorias distritales a sus socios, logra recibir un mayor número de plurinominales. Y, claro, si ellos ganan otros pierden: los demás partidos y sus electores, que ven cómo sus votos pesan menos en la conformación del Congreso (por ejemplo en 2024 Movimiento Ciudadano tuvo más del doble de votos que el Verde y se quedó con una bancada de la tercera parte que la del PVEM).

Comparto contigo que ahí hay un problema mayor de nuestro sistema electoral. Ha dado lugar a abusos enormes. Tienes razón en que en el manifiesto público del IETD no se llega al detalle de proponer cambiar la normatividad de las coaliciones electorales, en buena medida porque el Instituto hizo definiciones que afectan al texto constitucional. Pero como la propuesta explícita del IETD sí es hacer corresponder los porcentajes de votos con los de curules por partido, habrá que atender en la legislación secundaria el tema de las coaliciones electorales. Y ahí es donde diferimos en las soluciones posibles.

Tú dices: “Los convenios de coalición en México son una aberración que hay que eliminar”. En mi opinión la aberración es que a partir de un convenio de coalición se trasladen triunfos del partido A hacia B o C, no que haya coaliciones. Las coaliciones electorales son alianzas políticas para competir, y la búsqueda de afinidades y sumas de esfuerzos son parte de la política en sistemas pluripartidistas que no hay por qué buscar limitar. La solución es más simple a mi entender: que los triunfos en cada distrito no se asignen como diga el convenio de coalición sino como determine el voto popular. Así se pondría fin al trasvase, a la distorsión de la presencia de cada fuerza política y al abuso, sin obstaculizar la formación de alianzas políticas.

Otra pequeña diferencia que me surge respecto a tu escrito es que señalas: “Una lista de diputados plurinominales se hace superflua si los plurinominales se toman de los diputados de distrito que no lograron el triunfo, en el orden del mayor porcentaje de votos obtenidos en sus distritos”. Sé que la idea de que los “mejores” perdedores en las elecciones distritales por cada partido sean los beneficiarios de la proporcionalidad va ganando adeptos, pero llamo la atención sobre otro punto: ¿no deberían los partidos, si se le da al Legislativo la medular importancia que debe de jugar en toda vida democrática, poder definir ellos quiénes son sus cuadros más importantes para llegar al parlamento? Con tu propuesta esa posibilidad se desdibuja. Las mejores bancadas de la izquierda democrática en México se lograron cuando el PSUM o PMS definieron que sus líderes más representativos y capaces intelectualmente encabezaran las listas plurinominales. En los sistemas parlamentarios europeos los partidos definen el orden de sus listas y eso me parece un acierto. La defensa de la democracia también implica rescatar el papel de los partidos políticos en la misma, pues -a pesar de su mala fama, con frecuencia bien ganada- no deben reducirse a meras agencias de colocación de candidaturas competitivas sino de procesamiento de diagnósticos, propuestas, de construcción de liderazgos políticos y, sí, de definición de prioridades de representación en sus cuadros más capaces y significativos.

Por otra parte, como bien señalas, la propuesta del IETD también busca acabar con la sobrerrepresentación, que siempre es subrepresentación de otros, en el Senado: al elegir a cuatro senadores por cada entidad bajo el criterio de proporcionalidad directa se estaría reflejando en la Cámara alta la pluralidad política local.

Además, el IETD se preocupa por mantener la estructura profesional del INE, la independencia y autonomía de las autoridades electorales, al proponer que consejeros y magistrados sean designados por el voto calificado de tres cuartas partes del Senado, y advierte sobre la necesidad de no afectar las condiciones de la competencia electoral manteniendo la preeminencia del financiamiento público distribuyéndolo de forma más equitativa. La conformación del Congreso es central en la propuesta del IETD, pero los riesgos de involución política son más amplios, por desgracia, dada la iniciativa que anunció la presidenta y que es calca de la que en su momento definió su antecesor.

No me alargo más, estimado Raúl. Agradezco de nuevo tu carta, es siempre estimulante conversar contigo sobre estas materias y saber que tenemos una causa común que es defender, desde nuestros campos, la expresión del pluralismo en México, que es lo mismo que reivindicar la vigencia de su democracia.

Un afectuoso saludo

Ciro Murayama

Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Coautor, junto con Lorenzo Córdova, de La democracia no se toca (Planeta, 2023).

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Publicado en: Política, Vida pública