La segunda “ola azul” que nunca llegó

Donald Trump y sus seguidores pueden alegar y patalear todo lo que quieran, pero la verdad es irrefutable: Joe Biden no sólo ganó contundentemente la elección presidencial en Estados Unidos, sino que también logró recuperar tres de los estados cruciales que Hillary Clinton perdió en 20161 (además de echar a la bolsa Arizona y Georgia, que tradicionalmente eran baluartes Republicanos), obtuvo poco más de siete millones de votos más que su adversario Republicano, y en total 81.2 millones de personas votaron por él, convirtiéndolo en el candidato presidencial que ha recibido más votos en la historia de ese país,2 superando los números de Trump en esa misma elección (74.2 millones) y de Obama en 2008 (69.4 millones). Y si bien en términos porcentuales el desempeño de Biden se quedó corto de lo que predecían las encuestas, con 4.4 % puntos sobre Trump, sigue siendo un margen bastante cómodo.

Sería de esperarse que con una victoria tan clara en la elección presidencial, los Demócratas hubieran repetido, incluso expandido, la “ola azul” de las elecciones intermedias de 2018, en las cuales le arrebataron a los Republicanos 41 escaños en la Cámara de Representantes. Hasta había grandes esperanzas de reclamar el Senado con una modesta mayoría Demócrata por primera vez desde 2014.

Al final, estos deseos no se materializaron: los Demócratas, en lugar de aumentar su mayoría en la Cámara de Representantes, terminaron perdiendo 10 escaños, estando peligrosamente cerca de perderla. Mientras tanto, en el Senado varios Republicanos como la senadora Susan Collins de Maine y el senador Thom Tillis de Carolina del Norte defendieron sus escaños contra fuertes desafíos por parte de sus rivales Demócratas. El control de la cámara alta pendía de un hilo, desempatándose con la elección de segunda vuelta que se llevó a cabo en Georgia el martes 5 de enero, en la cual se resolvió quiénes ocuparán ambos asientos que le corresponden al estado. Contra todo pronóstico, ambos candidatos Demócratas, Raphael Warnock y Jon Ossoff, alcanzaron la victoria, al fin con un total de 50 senadores,3 exactamente la mitad, lo cual técnicamente les otorga una precaria mayoría puesto que en caso de empate la vicepresidenta Kamala Harris emitiría el voto decisorio.4 Para colmo de sus males, los Demócratas batieron récords en recaudación de fondos en gran parte del país, pero dicha ventaja no se tradujo a una victoria legislativa.

Sobra decir que pese al triunfo definitivo de la fórmula de Biden/Harris sobre la de Trump/Pence, los Demócratas obtuvieron resultados sumamente decepcionantes en las otras contiendas, por decir lo menos. Suele ser el partido que pierde la Casa Blanca el que realiza una inspección profunda para averiguar en qué fallaron y cómo mejorar. Ahora, parece ser que será el partido ganador el que tendrá que desentrañar el gran misterio de esta elección: ¿Por qué hubo tanta disparidad entre la conquista de Biden y el desalentador desempeño de los Demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado?

Ilustración: Víctor Solís

Una de las explicaciones más sencillas y directas sería que un número significativo de votantes dividieron sus votos, votando por Biden para presidente, pero por el candidato Republicano para representante, senador y/o gobernador. El caso de la senadora Collins antes mencionado podría considerarse un buen ejemplo de este fenómeno, dado que Biden ganó en Maine con 53 % de la votación, al mismo tiempo que Collins defendió con facilidad su escaño en el Senado, con casi nueve puntos porcentuales de ventaja sobre la candidata Demócrata, Sara Gideon. Es probable que muchas personas votaran de esta manera debido a que creen en un sistema de “pesos y contrapesos” entre los diferentes poderes, buscando que hubiera un presidente Demócrata, pero un Senado controlado por los Republicanos con la facultad de limitar los poderes del Ejecutivo y una Suprema Corte de carácter conservador. Otra posibilidad es que muchos votantes consideraran sacar a Donald Trump de la Casa Blanca su prioridad, pero que ideológicamente estaban más alineados con los Republicanos.

Existe otro factor importante a considerar: el voto latino. De los 12 distritos electorales en los que los Republicanos desbancaron a su contraparte Demócrata,5 ocho fueron distritos que ganó Biden en la elección presidencial, y seis eran de mayoría latina y/o negra. Estos hechos desafían la concepción de muchos en Estados Unidos, incluyendo a los líderes del partido Demócrata, de que los latinos en Estados Unidos constituyen un bloque de votación monolítico que unánimemente apoya a los Demócratas. Para muestra un botón: en el condado de Miami-Dade, Florida, donde la mayoría de la población es de origen latino y particularmente cubano, Biden derrotó a Trump por siete puntos, sin embargo, este resultado fue mucho peor que el que obtuvo Clinton en 2016, quien lo venció por 30. Chuck Rocha, quien fue asesor de acercamiento latino en la campaña presidencial de Bernie Sanders, y Alexandria Ocasio-Cortez, una de las congresistas más populares del país, valoran que los Demócratas necesitan dejar de dar por sentado el voto latino e invertir más recursos enfocados a esta comunidad, incluyendo anuncios en radio y televisión en español, tal como se hizo en Arizona.

Hay otra estrategia que pueden tomar los Demócratas si quieren mejorar sus prospectos en el futuro, aunque se antoja poco probable que lo hagan. Cambiar radicalmente su mensaje. La campaña presidencial de Joe Biden estuvo repleta de mensajes inspiradores, enmarcando la elección como “una batalla por el alma de la nación” y prometiendo unir al país después del caos y la discordia que sembró Trump. Mas en términos de políticas públicas específicas, no dio muchos detalles, más bien parecía una promesa de regresar a la “era dorada” de Obama.

En contraste, algunos Demócratas creen que su partido necesita adoptar un mensaje más simple y directo, y abrazar de lleno políticas públicas que gozan de amplia popularidad como la legalización de la marihuana, un sistema de salud universal conocido como Medicare for All, o un salario mínimo de 15 dólares por hora. Incluso en Florida, un estado donde Trump triunfó en las últimas dos elecciones, 61 % de los votantes estuvo a favor de aumentar el salario mínimo a 15 dólares. la hora. Quizás en este aspecto le convendría a los Demócratas aprender uno de los trucos de Donald Trump, quien en 2016 construyó su campaña con base en slogans cortos y fáciles de recordar: Make America Great Again, build the wall, fake news, drain the swamp, lock her up…

En fin, nadie sabe con certeza absoluta cuáles fueron las razones exactas por las cuales la victoria electoral de Joe Biden no trajo consigo una abundancia para su partido en el Congreso, las gubernaturas y las legislaturas estatales. Lo que queda claro es que no fue pura suerte u obra del destino; el partido Demócrata tuvo alguna deficiencia que provocó que miles, quizás millones de personas decidieran votar por Biden a la presidencia, pero por el candidato Republicano para otros cargos. El tiempo vuela, y a menos que se corrija el curso, las elecciones legislativas de 2022 bien podrían regalarle a los Republicanos una mayoría ya no solamente en el Senado, sino en la Cámara de Representantes, llevando a los bloqueos y parálisis que sufrió Obama en su presidencia.

 

Fernando Carrera
Licenciado en Relaciones Internacionales por parte del Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe y cuenta con experiencia en consultoría y auditoría en sistemas de gestión, docencia de idiomas y docencia en preparatoria, y busca especializarse en temas del Commonwealth.


1 Clinton perdió seis estados donde Obama obtuvo la victoria en 2012: Florida, Iowa, Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin. De éstos, Biden recuperó Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, y a pesar de las expectativas, fue incapaz de derrotar a Trump en los restantes.

2 También es fascinante ver los resultados a nivel de los condados. Estados Unidos se divide en 3,243 condados o sus equivalentes, de los cuales Biden ganó sólo 509 contra los 2,547 que votaron por Trump. En el mapa, la gran mayoría del territorio estadounidense se pintaría de rojo, dando la apariencia de una aplastante victoria de Trump.  Sin embargo, esos 509 condados concentran el 71% del PIB de Estados Unidos, ya que abarcan a la mayoría de las grandes urbes y centros económicos del país. Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Houston, Phoenix, Philadelphia, Miami, Atlanta: todas éstas y otras grandes ciudades se ubican en condados donde Joe Biden ganó. Esta discrepancia se explica en parte por la enorme variación de poblaciones entre los condados. Por ejemplo, el condado de Kalawao en Hawái sólo cuenta con 88 habitantes, en contraste con el condado de Los Ángeles, con 10.1 millones.

3 Estrictamente hablando son sólo 48, pero este total incluye también a los senadores Angus King de Maine, y Bernie Sanders de Vermont, quienes a pesar de estar registrados como independientes suelen agruparse con los Demócratas.

4 Sin embargo, esto no le garantiza al futuro presidente Biden que sus propuestas tengan una fácil aprobación, ya que sólo bastaría que un senador Demócrata centrista o conservador rompa con la línea del partido para bloquear legislación progresista.

5 Los doce distritos se distribuyen de la siguiente manera: tres en California, uno en Nuevo México, uno en Utah, uno en Oklahoma, uno en Minnesota, uno en Michigan, uno en Iowa, uno en Florida, uno en Carolina del Sur y uno en Nueva York. Varios de estos estados, como California, Nueva York, Minnesota y Nuevo México son considerados bastiones Demócratas.

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Publicado en: Internacional, Política