En uno de sus primeros mensajes como presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump mencionó que propondrá que los cárteles de la droga en México sean declarados organizaciones terroristas. No es una idea nueva en su discurso, ya lo había dicho en 2019 durante su primer mandato y el gobierno mexicano de López Obrador, en medio de un discurso nacionalista, rechazó tal propuesta.

¿Cómo se haría eso y qué consecuencias traería para México? De forma muy básica, el Secretario de Estado, que será Marco Rubio, notifica a los líderes del Congreso estadunidense. Debido a que el Partido Republicano controla tanto el Senado como la Cámara de Representantes, se esperaría que tal iniciativa no enfrente dificultades. Después de eso, posiblemente vendrían una serie de restricciones a las operaciones financieras que posiblemente afectarían en alguna medida al sistema bancario mexicano, e incluso el funcionamiento de los gobiernos estatales y federal. En una última escala de estas acciones, habría en nuestro país operaciones militares estadunidenses “de precisión” con drones. Se supone que debería ser en estricto orden, pero con esta nueva versión de Trump no se sabe.
Hasta ahora desconocemos si alguien en el gobierno mexicano, o siquiera en las Fuerzas Armadas, está viendo la posibilidad real de que esto ocurra y lo que desataría. Habrá quienes piensen que esto no va a ocurrir y que es pura palabrería. Yo no estoy tan seguro.
El Trump de ahora es diferente al de su primera gestión y México también lo es. A López Obrador solamente le tocó lidiar dos años con ese presidente estadunidense. Factores como la pandemia de covid o que hubiera más contrapesos en Estados Unidos limitaron a Trump en alguna medida. Claudia Sheinbaum, en cambio, lo tendrá que sortear cuatro años completos. Además de lo anterior, el actual Trump no tiene contrapesos internos ya que los poderes Legislativo y Judicial de su país están a su favor y el Partido Demócrata está en la lona.
Otro punto importante es que muy posiblemente una gran parte de la población estadunidense que votó por él aprobaría una acción militar de esa naturaleza en México. Nuestro país, incómodamente, es mal vecino. México es el vecino que tira basura en la calle, que no recoge lo que hacen sus perros, que desperdicia agua, que se pasa el rojo del semáforo, etcétera. También por eso el discurso de “ley y orden” de Trump tiene peso tanto al interior de Estados Unidos como al exterior, y por la suma de estos factores es que no podemos descartar una intervención militar en nuestro país.
Planteemos un escenario hipotético. Si los radares de la Armada de México o la Fuerza Aérea mexicana detectan un dron estadunidense, ¿qué harán? ¿Intentarían derribarlo o dejarían que siga su curso y bombardeé un narcolaboratorio? Si ni siquiera intentan derribarlo, el discurso nacionalista obradorista y las propias Fuerzas Armadas quedarían en ridículo. Pero si intentan derribarlo sería una “prueba” explícita de que el gobierno mexicano apoya de alguna manera al crimen organizado. Otra posibilidad sería que el gobierno mexicano intentara callar o ignorar el hecho. Esto resultaría inútil porque sin duda la administración trumpista lo daría a conocer para alimentar a sus bases y demostrar que “están cumpliendo,” lo cual, traería nuevas tensiones a la relación bilateral.
Este escenario, extremo seguramente en la visión de algunas personas, pero no improbable, sirve para concluir que la única alternativa de Sheinbaum y su gobierno es negociar y cooperar con Trump, lo que implicaría renunciar a una parte del discurso “nacionalista y soberano” de la 4T. Esto, en la visión más arcaica del nacionalismo mexicano que se fomenta ampliamente desde Morena, sería una afrenta del “imperialismo yanqui,” pero bien manejado y en una visión más práctica, sería una gran oportunidad para tener auténticos avances en materia de seguridad en nuestro país. Así, en vez de únicamente permitir que Trump extorsione al gobierno mexicano, como hacía con López Obrador, se podrían obtener algunas ventajas tangibles para México.
La política interna de este lado de la frontera también tendrá su peso en esta nueva etapa de la relación bilateral. No descartemos que Sheinbaum llegue a ofrecer, según le vaya conviniendo, la cabeza de algunas figuras, incluso políticas, vinculadas al crimen en señal de “buena voluntad.” Lo que es un hecho es que el discurso “nacionalista y soberano” del obradorismo estará sometido a pruebas constantes durante los próximos cuatro años.
Alejandro Juárez Ascencio
Sirvió ocho años en la Secretaría de Marina-Armada de México. Fue condecorado dos veces, una de ellas por sobresaliente actuación en enfrentamientos armados contra el crimen organizado. Sus tesis de licenciatura, maestría y doctorado son sobre Fuerzas Armadas.
El contenido de este escrito es solamente la opinión del autor y no representa la postura de ninguna institución.