Diariamente mueren entre 7 y 10 mujeres y niñas en México y diariamente se niega, minimiza, ignora o se invisibiliza esta desgracia. Ni los sistemas culturales ni las estructuras de poder1 se atreven a quitarse la venda de los ojos para ver la magnitud de un país que acaba con sus mujeres sólo por el hecho de ser mujeres.
El feminicidio es el asesinato de una mujer sólo por ser mujer y se diferencia del homicidio en tanto que éste es la intención de matar a cualquier persona, por ello, el homicidio puede ser un feminicidio pero no a la inversa. El feminicidio, además del acto de matar, conlleva la carga del odio perpetrado contra un sexo considerado inferior, detestable y, por ende, objeto de repudio y destrucción.
La cultura del patriarcado que afirma la superioridad del varón por encima de la mujer y que asume sin cuestionar que debe someterla y poseerla2 fomenta que esta diferencia no sea considerada al momento de ejercer justicia contra alguien que cometió un feminicidio. Esta cultura, además, refuerza la idea de que los métodos de investigación judicial y los procedimientos de indagación deben ser iguales a las de cualquier homicidio, olvidando las particularidades del patrón específico que desaparece, tortura, viola y mata mujeres.
Julia Monárrez3 aclara algunas características típicas de este patrón a partir de los estudios en torno a los feminicidios de Ciudad Juárez: a) son mujeres, menores de edad, trabajadoras de maquilas, de un estrato social bajo o muy bajo; b) cuyos cuerpos son abandonados en lugares aterritoriales (donde no se espera entre el Estado a hacer justicia, y c) antes de ser asesinadas son violadas y/o torturadas, reivindicando la fuerza de la invisibilidad y de la posesión de sus cuerpos cual objetos por parte de los perpetradores varones.
Otra autora que ha insistido en particularizar, señalar y denunciar el delito de feminicidio desde la mirada nacional, internacional y global es Rita Laura Segato, quien habla incluso de femigenocidio4 para hacer notorio el carácter sistémico, estructural e impersonal del acto de matar mujeres sólo por serlo. Una peculiaridad que le añade a este fenómeno es que ocurre en el terreno público; los feminicidios están ahí, expuestos y visibles como mecanismos de alerta que lanzan el mensaje aterrador de que ser mujer es, en sí mismo, un delito que merece ser castigado, y que el Estado no protegerá a las mujeres porque está de acuerdo en que éstas carecen de valía social. Cada feminicidio es, entonces, un reforzamiento del mensaje de impunidad.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck
Si analizamos los datos, el escándalo no es menor. A continuación se presentan cifras documentadas en fuentes oficiales y disponibles en la red.
1. Informe “Implementación del tipo penal feminicidio en México: desafíos para acreditar las razones de género 2014-2017”, publicado por el Observatorio ciudadano nacional de feminicidio y la asociación Católicas por el derecho a decidir en el año 2018.
Resumen de puntos clave:
Recuento de asesinatos de mujeres por años:
|
Año |
Total de asesinatos de mujeres |
Cantidad de estados de la república |
Considerados feminicidios |
|
2014 |
1458 |
18 |
495 |
|
2015 |
1634 |
22 |
450 |
|
2016 |
1621 |
18 |
462 |
|
2017 |
1583 |
18 |
479 |
*El aumento registrado del 2014 al 2017 fue del 52%
2. Encuesta Nacional sobre la dinámica de relaciones en los hogares del 2016
Resumen de puntos clave:
• Encuesta realizada en 142 363 viviendas cuya muestra sólo incluye mujeres de más de 15 años.
• El 66.1 % de las encuestadas ha sufrido al menos un episodio de violencia de cualquier tipo a lo largo de su vida pudiendo ser: emocional, económica, física, sexual o de discriminación. Esto equivale a un total de 30.7 millones de mujeres que lo han experimentado a lo largo de su vida.
• Los estados de mayor índice de violencia fueron: CDMX, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes, Querétaro.
• Los ámbitos de mayor a menor riesgo de violencia para la mujer son:
a) Su pareja
b) La comunidad
c) Ambiente laboral
d) Ámbito escolar
e) Ámbito familiar (agresores distintos a la pareja)
• La edad promedio de mujeres que han sufrido algún tipo de violencia es entre 20 y 34 años.
• En mujeres de más de 60 años se da violencia de los siguientes tipos:
a) Violencia emocional el 15.2 %
b) Violencia económica y patrimonial el 6.3 %
c) Violencia física el 1.2 %
• 20185 fue el año con más mujeres asesinadas en los últimos 29 años. Entre 2016 y 2018 murieron diariamente en promedio: ocho mujeres en 2016, nueve mujeres en 2017 y 10 mujeres en 2018.
3. Información sobre la violencia contra las mujeres. Incidencia delictiva y llamadas de emergencia 9-1-1. Centro nacional de información del Secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.6
Resumen de puntos clave:7
Total de delitos cometidos de enero a diciembre 2020: 1 841 141.
Delitos de feminicidio de 2015 a 2020
|
Año |
Total |
|
2015 |
411 |
|
2016 |
605 |
|
2017 |
742 |
|
2018 |
893 |
|
2019 |
942 |
|
2020 |
940 |
Estados de mayor incidencia: Estado de México, Veracruz, Nuevo León, Jalisco, CDMX
Mujeres víctimas de homicidio doloso
|
Año |
Total |
|
2015 |
1735 |
|
2016 |
2191 |
|
2017 |
2536 |
|
2018 |
2763 |
|
2019 |
2868 |
|
2020 |
2783 |
Estados con mayor incidencia: Guanajuato, Chihuahua, Baja California, Estado de México y Michoacán.
Mujeres víctimas de tráfico de menores
| Año |
Total |
|
2015 |
44 |
|
2016 |
115 |
|
2017 |
99 |
|
2018 |
16 |
|
2019 |
12 |
|
2020 |
9 |
Se reporta el estado de Quintana Roo como el de mayor incidencia.
Mujeres víctimas de trata personas
| Año |
Total |
|
2015 |
676 |
|
2016 |
607 |
|
2017 |
380 |
|
2018 |
360 |
|
2019 |
399 |
|
2020 |
453 |
Estados de mayor incidencia: Estado de México, CDMX, Nuevo León, Quintana Roo y Baja California.
Mujeres víctimas de violencia familiar
| Año |
Total |
|
2015 |
127 424 |
|
2016 |
153 893 |
|
2017 |
169 579 |
|
2018 |
180 187 |
|
2019 |
210 158 |
|
2020 |
220 0288 |
Estados de mayor incidencia: CDMX, Nuevo León, Jalisco, Estado de México, Guanajuato.
El 25 de febrero de 2021, la Fiscalía General de la República dio a conocer el informe de Alerta de Violencia contra las mujeres; en él, se revela que aumentó el promedio mensual de acoso sexual, violación y violencia familiar, en gran medida porque hay más mujeres que denuncian estos hechos. De igual manera, el promedio ha incrementado en los delitos de feminicidio, de 11.6 % en 2018 a un 19.7 % en 2020; el delito de violación aumentó de 2.3 % en 2018 a 7.5 % en 2020, y el acoso sexual aumentó de 7.1 % en 2018 a 16.7 % en 2020. Por su parte, las carpetas por feminicidio aumentaron ligeramente de 6 en 2019 a 6.1 en 2020.
Es importante resaltar que, desde el 25 de noviembre de 2019, se decretó en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México la Declaratoria de Alerta por Violencia contra las Mujeres. Si bien representa un avance considerable en la protección de las mujeres9 y la detección temprana de posibles casos de violencia hacia ellas, siguen existiendo temas pendientes.
Lo más doloroso de esta situación es que, a pesar de estar ahí, los feminicidios y, en general la violencia contra la mujer, pasa inadvertida para un sector de la población y, peor aún, para casi la totalidad de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Los discursos para su seudoinclusión se quedan en quimeras mientras que en las calles explota el enojo y la indignación frente a la indiferencia y la burla de las autoridades.
No se busca la venganza ni la opresión a la inversa, sino el legítimo reconocimiento de un problema enquistado en la cultura mexicana, esencialmente heteropatriarcal, que se ha empeñado en asumir su poderío frente a la mujer negándole no sólo los espacios públicos sino los mecanismos para su defensa y protección.
Si, como afirmaba Foucault,10 el sexo y los cuerpos sexuados se entienden como relaciones de poder, la mujer debe ser dominada y no sólo esto, sino silenciada y, de preferencia, invisibilizada. Por esto, conviene revisar las formas, los juicios, las estructuras, los mecanismos y las instituciones que ejercen el poder desde la óptica de la dominación, pues más poderoso que su actuar, lo es su concepción de los sexos como necesariamente binarios y en tensión y resalta el imperio de lo masculino por encima de lo femenino.
Por su parte, las instituciones que promueven una visión diferente —y que han surgido como contrapeso al estrechamiento de políticas pensadas en y desde una visión masculina y un paradigma de masculinidad exclusivo y excluyente— se encuentran igualmente sesgadas por estos juegos de poder. El caso de Inmujeres11 es el más típico en tanto que los nombramientos de su titular —desde su aparición en el gobierno de Vicente Fox hasta las controversias generadas por el nombramiento de Nadine Gasman Zylberman durante el actual gobierno— desvirtúan el propósito inicial con el que fue creado el Instituto: incorporar políticas con perspectiva de género en los mecanismos legislativos que marcan la vida política para resaltar que aún siguen siendo los amiguismos y la subyugación al partido político en turno los talantes que marcan la demandada justicia retributiva hacia la mujer. Esto no es privativo de los organismos que promueven políticas con perspectiva de género, pero resulta preocupante que lo sea precisamente en éstas12 puesto que terminan cayendo en el mismo error epistemológico de identificar las nociones de género con las de poder.
Disociar dichas nociones es una tarea aún pendiente en nuestro país. Urge hacerlo pues, si analizamos lo que hay detrás de las respuestas simplistas y simplificadoras de algunas autoridades,13 no es otra cosa que la arraigada creencia de que el sexo masculino conserva todo el poder sobre el femenino. Con ello no se abona a la construcción de una ciudadanía madura ni a una democracia verdaderamente participativa.
Ma. Elizabeth de los Ríos Uriarte
Profesora e investigadora de la Facultad de Bioética, Universidad Anáhuac México.
1 Cfr. Segato, Rita Laura. Las estructuras elementales de la violencia. Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires.
2 Para Bourdieu el mandato de someter a la mujer pasa por la creencia de afirmarse como varó frente a otros hombres siendo reforzado por la demostración de su poder dentro de su grupo de pertenencia. Cfr. Bourdieu, Pierre. 2000. La dominación masculina. Madrid: Anagrama. P. 71.
3 Julia Monárrez, “Feminicidio sexual sistémico: impunidad histórica constante en Ciudad Juárez, víctimas y perpetradores”, Estado & comunes 8, n.º 1 (2019): 90-91.
4 Rita Laura Segato, “Femigenocidio y feminicidio: una propuesta de tipificación”. Ponencia presentada en la mesa “Feminismos poscoloniales y descoloniales: otras epistemologías”, II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y Feminismos, Ciudad de Guatemala, 4-6 mayo de 2011.
5 Si bien la encuesta recoge datos hasta el 2016 en un reporte del INEGI que se dio a conocer en 2019 se arrojó este dato.
6 Información actualizada al 31 de diciembre del 2020. Fecha de última consulta: 20 de febrero del 2021.
7 Se seleccionaron los rubros que se consideran más pertinentes para ejemplificar la violencia a la mujer, sin embargo el documento es mucho más amplio y presenta otros rubros que conviene revisar para ampliar el panorama de la incidencia delictiva contra la mujer.
8 El mes más violento del 2020 fue octubre.
9 Por ejemplo, avalando, el 3 de marzo de 2019 en el Congreso de la Ciudad de México la Ley Olimpia que condena delitos de intimidad sexual condenando la exposición y difusión de contenidos sexuales de mujeres y niñas en redes sociales o en internet sin su consentimiento generando violencia digital hacia ellas.
10 Foucault, Michel. Historia de la sexualidad I: la voluntad de saber. Trad. Ulises Guiñalú.25ª ed. México: Siglo XXI, 1998. P. 26.
11 Para una mayor referencia sobre el desarrollo del INMUJERES se sugiere la lectura de: Cerva Cerna, Daniela “El juego político detrás del nombramiento de la titular del Inmujeres en la inaugurada administración de AMLO: Análisis desde el feminismo institucional”, e-ISSN: 2683-1643 Buen Gobierno N.º 27. Julio– Diciembre 2019 Fundación Mexicana de Estudios Políticos y Administrativos A.C. México.
12 En palabras de Daniela Cerna: “Sin duda que este tema no es privativo de los mecanismos de género y su relación con la sociedad civil. Al parecer esta dinámica estaría operando en otras esferas sociales que abren paso a la existencia de una suerte de corporativización de las organizaciones sociales, en donde la cultura política tradicional aún deja sentir su influjo en la forma en que la autoridad se relaciona con la ciudadanía. Cerna, D. ob. cit. p. 18.
13 Como por ejemplo el “Ya Chole” del Presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia matutina el día 18 de febrero cuando fue interpelado sobre la campaña en redes “Presidente rompa el pacto” del día 17 de febrero cuando se anunció oficialmente la candidatura a gobernador del estado de guerrero a Félix salgado Macedonio a quien presuntamente se le adjudican demandas por violación de mujeres. Al respecto el día 26 de febrero la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia decidió revocar la candidatura de Salgado Macedonio y exhortó a las Comisiones Nacional de Eleccines y de Encuestas la reposición de la evaluación de perfiles para candidato/a para la gubernatura de Guerrero.