Una noticia a la que no se le ha dado su justa dimensión hasta el día de hoy –salvo por el hecho de que Laura Bozzo y Televisa supuestamente consiguieron exclusividad con una de las familias involucradas— es la muerte de un niño de seis años a manos de otros cinco, de entre 11 y 15.
La historia ocurrió en Laderas de San Guillermo, Chihuahua, el jueves 14. El niño, que jugaba afuera de su casa, fue llevado por los otros para jugar «a los secuestradores». Lo siguiente es demasiado horrible para relatar, así que lo mejor es leer el gran reportaje de Jan Martínez Ahrens en El País. Advierto que el texto contiene descripciones muy gráficas de lo sucedido.
El homicidio del niño, el cual un fiscal del estado calificó como parte de «un juego» en el que «se les pasó la mano«, trae tristes memorias. A la mente viene el caso de «El Ponchis», por ejemplo, que a los 14 años, en 2010 ya había decapitado a cuatro personas como parte de un cártel morelense.
Pero más que una memoria, esta nueva tragedia es el recordatorio de lo enraizada que está la violencia en México. Los juegos infantiles ahora pueden terminar en tortura. La violencia de los últimos diez años es emulada por aquellos que nacieron y crecieron durante la guerra contra el narcotráfico.

Es patético lo que ha sucedido en el estado de Chihuahua, duele y entristece saber de estos casos, sobre todo por lo que expone con evidencia: deterioro social, desde cualquier ángulo. Indica que ha habido una gran contaminación por el cáncer que han generado otros males sociales como el narcotráfico, secuestros, robos etc.,derivado a la vez del empobrecimiento de grandes capas sociales, por políticas económicas del Estado fallidas. Es el resultado de malas políticas instrumentadas por los sucesivos gobiernos que han adoptado modelos ineficaces comprobados, injustos e inequitativos; y que han sido reacios a intentar cambiarlo, lo peor de todo. Es una concatenación de factores, que concluyen en eventos tan lamentables como el de estos niños asesinos. Se pide castigo con énfasis y gran malestar por parte de la sociedad y sí hay razón; pero la solución tiene que provenir de fondo para que no haya recurrencia de estos aberrantes casos. Es largo y complejo el tema desde luego, porque tiene muchos factores que son incidentales para el deterioro social, como el económico, político, social, cultural, familiar, educativo etc. que nos llevaría mucho tiempo y espacio ampliarlo.
Hace algunos años cuando ya se había emprendido la guerra contra el narcotráfico, tuve la oportunidad de trabajar unos meses en ciudad juarez y durante ese tiempo fui testigo de la situación en que viven muchos niños, condiciones de abandono casi total pues en michos casos los papas trabajan en las maquilas durante largos periodos durante el día dejando la mayor parte del tiempo a sus pequeños. Al transitar por las calles de algunos franccionamientos pude observar a micho pequeños que pasan los días sin el cuidado de sus padres, la escuela no forma parte de su formación y llevando asi sus vidas se van desarrollando en un medio donde las ejecuciones son cosa cotidiana y sin la atención y guía de sus progenitores es difícil no imaginar que futuro les espera a estos pequeños, ahora bien sumemos el abandono cadí total de los padres mas la falta de una educación integral en una institución, más el crecimiento en una comunidad donde el crimen en todas sus presentaciones existe, nos da como resultado?,. La situación actual en la que vivimos es producto de muchos problemas que venimos arrastrando desde hace muchos años, el problema esta presente y es identificable ahora nos corresponde acabar con el con todas las raíces con las que alimenta o solo observar como siguen ocurriendo tragedias como esta, solo me resta pedir que nunca te pase a ti o a mi.