Las ciencias sociales y las humanidades en el espejo del CIDE

Un aspecto central de la política del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en la llamada Cuarta Transformación (4T) ha sido, al menos en el discurso, el fortalecimiento de las humanidades y las ciencias sociales. Así lo ha expresado desde el inicio de la actual administración la directora de ese organismo, María Elena Álvarez-Buylla Roces. Para no dejar duda de este propósito, se pretende incluso cambiar el nombre de la nueva Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, ordenada con esta denominación en el Transitorio Sexto del Artículo 3.º Constitucional, para que ahora se llame Ley de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación. En este artículo se examinan los posibles significados de esta política, y lo que revela el conflicto en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) —una institución en la que se cultivan precisamente estas áreas del conocimiento— sobre el pretendido impulso a estos ámbitos de la investigación.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

El Conacyt y las humanidades

La primera idea que presentó Álvarez-Buylla sobre las ciencias sociales y las humanidades fue pocos meses antes de asumir el cargo como directora. En ese momento las observaba como apéndices de las ciencias básicas, es decir, de las orientadas a la creación de nuevos conocimientos, y también de la tecnología. En un texto elaborado en junio de 2018 que tiene un título larguísimo que recuerda el de algunas tesis universitarias —el “Plan de reestructuración estratégica del Conacyt para adecuarse al Proyecto Alternativo de Nación (2018-2024) presentado por Morena”— señala:

… la contribución de las ciencias sociales y las humanidades será proveer fuentes de reflexión, interrogación y diálogo crítico desde el punto de vista ético, estético y epistémico ante el desarrollo de las ciencias básicas y las tecnologías (p. 5).

Esta concepción no fue bien recibida por los investigadores de estas áreas, como lo hizo notar en su momento el exdirector del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, Guillermo Hurtado, quien escribió: “Esta visión de las ciencias sociales y de las humanidades como una reflexión auxiliar sobre las ciencias básicas y las tecnologías es inaceptable”. En efecto, más allá de las necesarias interacciones disciplinarias para indagar sobre diversos fenómenos, no es aceptable que unos campos del conocimiento estén subordinados a otros.

En una dirección semejante, cuatro meses después se anunció que el Conacyt incluso cambiaría de nombre, dando mayor relevancia a las humanidades y las ciencias sociales. En su cuenta de Twitter Álvarez-Buylla escribió:

El nuevo CONAHCYT será el Consejo de las Humanidades, Ciencias y Tecnologías; fomentando el concurso de todas las áreas del conocimiento, incluyendo las ciencias sociales y humanidades en favor del desarrollo científico y tecnológico con responsabilidad ética, social y ambiental.

Algunos pensaron —pensamos— que el significado del cambio de nombre del Conacyt tenía el objetivo de dar un mayor impulso a las humanidades y los estudios sociales, aunque desde el principio era evidente que el cambio de denominación (que por cierto depende del cambio de la ley) resultaba completamente innecesario, pues desde mucho tiempo atrás este organismo tiene la responsabilidad de fomentar el desarrollo de estas disciplinas como lo establece claramente el artículo 2 de su Ley Orgánica

II. Apoyar la investigación científica básica y aplicada y la formación y consolidación de grupos de investigadores en todas las áreas del conocimiento, las que incluyen las ciencias exactas, naturales, de la salud, de humanidades y de la conducta, sociales, biotecnología y agropecuarias, así como el ramo de las ingenierías.

El apoyo a las ciencias sociales y las humanidades ya es una obligación del Conacyt, y desde luego, como otros aspectos en las funciones de este organismo, puede ser perfeccionada especialmente por los posibles desequilibrios o la homogeneización en las formas de concebir y evaluar algunas disciplinas. Pero, ojo, en este caso no se trata de corregir, sino de definir para qué deben servir las ciencias sociales y humanas, cuáles serían sus funciones, y si la propuesta tuviera éxito actuarían: “en favor del desarrollo científico y tecnológico”, es decir, nuevamente subordinadas a otros campos del conocimiento.

Tal subordinación quedó al desnudo en febrero de 2019, cuando una defensora del maíz nativo ajena a la ciencia, la senadora por Morena, Ana Lilia Rivera Rivera, hizo aparecer subrepticiamente en el Senado de la República una iniciativa para crear una Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, que sustituiría a la Ley de Ciencia y Tecnología vigente. Aunque Álvarez-Buylla negó haber participado en su autoría, luego se pudo establecer que se elaboró en el área jurídica del Conacyt bajo la supervisión de la propia directora.

Las humanidades aparecen en esa iniciativa de ley como un instrumento, una herramienta para dar soporte ético a lo que denominó en ese entonces: “Principios de previsión, prevención y precaución”, que regularían la investigación científica y tecnológica en el país. Para muestra, el artículo 7:

IX. Los mecanismos e instrumentos de fomento y apoyo respetarán la libertad de investigación, sin perjuicio de la regulación o limitaciones que por motivos éticos y de seguridad, o de cualquier otra causa de interés público, determinen las disposiciones legales” (p.40).

Como es costumbre en la directora del Conacyt, se asegura primero que se respetará la libertad de investigación para enseguida anularla, en este caso por los motivos éticos o de seguridad que determinen las disposiciones legales, ¿cuáles?, las creadas por ella. Como lo anunció antes Álvarez Buylla, la iniciativa —en la que el Conacyt ya se llama CONAHCYT, así con altas— añade en el artículo 21 que define los mecanismos e instrumentos de fomento a la investigación lo siguiente:

X. El establecimiento de medidas de previsión, prevención, precaución y protección contra riesgos, especialmente los derivados de programas, proyectos y actividades de investigación, aplicación y desarrollo tecnológico. Dichas medidas podrán ser, de manera enunciativa más no limitativa, las siguientes:

A. La suspensión de los programas, proyectos y actividades de investigación, aplicación y desarrollo tecnológico que puedan generar riesgos;

B. La cancelación de los programas, proyectos y actividades de investigación, aplicación y desarrollo tecnológico que puedan generar riesgos… (p. 54).

Con lo anotado en esa iniciativa, se limitaría el avance de la investigación científica, argumentando la violación de supuestos principios éticos, limitando con ello los alcances e incluso cancelando las actividades de investigación. Conviene recordar aquí la obsesión de Álvarez Buylla por limitar el desarrollo de áreas de la investigación en biotecnología, en particular las relacionadas con el estudio de los organismos genéticamente modificados, los transgénicos. Dicho en otras palabras, las humanidades serían usadas indebidamente como instrumento para cancelar la libertad de investigación.

Ante el repudio que provocó entre la comunidad científica, la iniciativa presentada por Rivera fue desechada por completo, pero tuvo la utilidad de regalarnos una imagen, un tanto grotesca, de las concepciones oficiales sobre las ciencias sociales y las humanidades.

El conflicto en el CIDE

José Antonio Romero Tellaeche fue impuesto como director del CIDE, primero como interino y después como director general. Desde el inicio mostró su autoritarismo: destituyó de su cargo al director de la sede Región Centro, Alejandro Madrazo Lajous, por pérdida de confianza y luego, por rebeldía, a la secretaria académica Catherine Andrews. Mostró además incapacidad para dialogar con los estudiantes y la comunidad de ese centro de investigación, por lo que ésta ha solicitado desde el inicio su remoción o renuncia. Fue desconocido tempranamente como interlocutor por un movimiento estudiantil que surgió por la imposición y las acciones de este personaje ajeno al CIDE. La protesta estudiantil fue en ascenso. Salió a las calles, y ha recibido hasta la fecha numerosas muestras de solidaridad a nivel nacional e internacional. Como parte de su protesta ocuparon durante varias semanas las instalaciones de su casa de estudios. Luego, dado que el nuevo director había quedado rebasado y ante la posibilidad de que la movilización se extendiera, no quedó más remedio que la directora del Conacyt interviniera directamente. El resultado fue que, lejos de resolver o aminorar el conflicto, lo empeoró. Al quedar totalmente expuesta ante la opinión pública, no solamente mostró su incapacidad para el diálogo, exhibió también su talante autoritario y su proclividad a mentir.

Aquí tenemos a la vista algunos elementos de la política del Conacyt para la investigación, ya no en discursos o documentos, sino en el territorio de los hechos: la intromisión en la vida interna de las instituciones, la imposición de funcionarios ajenos a las mismas, el autoritarismo y la represión contra quienes no se sujetan a las directrices de funcionarios designados por el gobierno o formulan críticas a las políticas oficiales. Todo lo anterior tiene como objetivo imponer, no mediante el razonamiento o la discusión académica, sino por la fuerza del poder burocrático, la ideología y la política de la 4T. Como evidencia de lo anterior, conviene recordar el programa de trabajo presentado por Romero Tellaeche, en el que se une a las críticas oficiales al neoliberalismo, pone en entredicho a las escuelas de economía, derecho y administración pública, y propone abiertamente un cambio para las ciencias sociales y las humanidades:

Hoy en día, para atender a las nuevas demandas, las asignaturas y planes de estudio en Ciencias Sociales y Humanidades deben tomar como punto de partida el mundo real, y abordar los problemas cotidianos sin limitarse a desarrollar teorías o plantear recomendaciones abstractas…

Guardando todas las proporciones, su crítica al desarrollo de teorías, equivaldría a pedir eliminar la física teórica (Einstein no existiría) o el pensamiento abstracto que fundamenta las matemáticas. Y, ¿cuál es ese “mundo real” por el que el CIDE debería ahora transitar?

…es necesario recordar —y enseguida actuar en consecuencia— que en los años recientes la sociedad mexicana se decidió a favor de un cambio de rumbo, votó por nuevas vías para analizar y resolver los problemas del país y se manifestó masivamente por políticas sociales y económicas diferentes […] Este nuevo paradigma de Gobierno demanda una transformación de la administración pública y sus instituciones […] Así, estos mismos lineamientos deben aplicarse con todo rigor en los centros de educación superior para que cumplan a cabalidad sus objetivos de enseñanza e investigación en bien del interés público. Lo anterior exige repensar y renovar las agendas de investigación y docencia dentro del CIDE…

Como lo han señalado otros analistas e investigadores dentro y fuera del CIDE, se trata de someter la enseñanza y la investigación en las humanidades y las ciencias sociales para hacerlas caber dentro del molde ideológico de la 4T, con lo que quedaría anulada la libertad de investigación. Desde luego estas ideas no sólo pertenecen a José Antonio Romero, quien es sólo la pieza ejecutora en el CIDE de la política sexenal para las instituciones de educación superior e investigación; se enlazan muy bien con las ideas de Álvarez-Buylla y del titular del Poder Ejecutivo.

Sobre la postura del presidente López Obrador, conviene recordar aquí sus ataques a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en los que, por cierto, no se refirió a las ciencias físico-matemáticas o naturales, sobre las que no tiene conocimiento alguno, sino a las sociales y humanísticas, en particular la economía, la sociología, las ciencias políticas y el derecho. En su conferencia de prensa del 21 de octubre de 2021 dijo:

… la UNAM se volvió individualista, defensora de esos proyectos neoliberales, perdió su esencia de formación de cuadros, de profesionales para servir al pueblo. Ya no hay los economistas de antes, los sociólogos, los politólogos, los abogados, ya no hay derecho constitucional, el derecho agrario es historia, el derecho laboral, todo es mercantil, civil, penal, todo es esto.

 Durante otra de sus conferencias, la realizada en Oaxaca el 26 de noviembre de 2021, el presidente, se pronunció a favor de que el CIDE se renueve y “se sacuda”, pues al igual que la UNAM, se “derechizó”. Así lo dijo:

Sí, también se derechizó, aunque no les guste, pero mi pecho no es bodega, siempre digo lo que pienso. Además, es evidente, es de dominio público, no estuvieron a la altura de las circunstancias frente al saqueo más grande que se ha cometido en la historia de México.

Desde luego se demostró que todas todas las argumentaciones del presidente eran falsas, como fue señalado por la UNAM y por investigadores del CIDE que mostraron la pluralidad que priva en sus instituciones y los cuantiosos productos de investigación con críticas al neoliberalismo y a las políticas públicas de los diferentes gobiernos en las últimas décadas.

La incapacidad para el diálogo y sus consecuencias

Volviendo a la participación directa de Álvarez-Buylla para controlar el movimiento de la comunidad del CIDE, puede decirse que no lo ha logrado, y su imagen ha quedado más dañada de lo que estaba. Pero su intervención, además de fallida, tuvo efectos adicionales. Uno de ellos fue el escalamiento del conflicto.

Una protesta que inició exigiendo respeto a los estudiantes y a su institución, incluye ahora demandas que ya rebasan el marco del CIDE, como la lucha por la autonomía, lo que le otorga una dimensión de carácter nacional (“¡Autonomía Universitaria!” se corea en las manifestaciones). Por lo pronto esa demanda cala hondo en otras instituciones, y en especial en el resto de los Centros Públicos de Investigación coordinados por el Conacyt, en los cuales los investigadores no pueden expresarse ni actuar con libertad y cuyos directores pueden ser removidos arbitrariamente o son obligados por Álvarez-Buylla a firmar cartas de apoyo al nombramiento de Romero Tellaeche, es decir, a ella. No deberá sorprendernos si la chispa surgida en el CIDE llega a aquellas praderas.

Otro aspecto es que este movimiento puede convertirse en punto de encuentro entre los estudiantes y las comunidades de otras instituciones públicas y privadas, y aunque aún no son significativas numéricamente, pueden llegar a serlo, lo que es señal inequívoca de la confluencia de las actuales, y probablemente futuras movilizaciones estudiantiles. Todo esto provocado por la incapacidad para el diálogo.

Reflexión final

El movimiento de la comunidad del CIDE ha recibido cuantiosas muestras de apoyo de investigadores de instituciones nacionales e internacionales, entre las que destaco por ahora sólo algunas que provienen de los científicos sociales y humanistas de nuestro país.

Han expresado su solidaridad con la comunidad del CIDE y con sus demandas, grupos de investigadores de El Colegio de México; del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora; de El Colegio de Michoacán; del Instituto Tecnológico Autónomo de México. También profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y del Programa Universitario de Estudios sobre Educación Superior de la UNAM; profesores-investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, de diversas unidades y departamentos entre los que se encuentran los de economía, sociología, ciencias sociales, derecho, filosofía, educación y comunicación, entre otros.

Este rechazo muestra que la estrategia del Conacyt para “impulsar” las ciencias sociales y las humanidades y ganar a los investigadores de estas áreas como su base social, ha fracasado… No ha logrado engañar a nadie.

 

Javier Flores
Profesor de la UNAM y periodista científico

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Publicado en: Ciencia, Tecnología

Un comentario en “Las ciencias sociales y las humanidades en el espejo del CIDE

  1. Yo solo sé que si el box lo administra el gobierno, sería muy mediocre y no tendríamos las glorias boxísticas que ha dado este deporte. Así en la ciencia.
    El CONACyT es una pachanga donde todos caben y todos «hacen» ciencia.
    Si tan solo se dedicara a las ciencias básicas y hubiera un Sistema Nacional de Científicos (no de «investigadores») otro asunto sería.
    El sistema científico mexicano, ademas de limitado y breve, no tiene futuro. Como tanto cosas en este país, no tiene remedio. Además, la 4t lo está destruyendo aceleradamente.

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