Las metas de cultura del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030

Crédito de la imagen: Izak Peón

El 15 de abril se publicó el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030. Es un documento de cien grandes metas a nivel general, pero como en todo PND los detalles son lo que cuentan, especialmente la enumeración de objetivos, estrategias e indicadores de medición. Nos enfocaremos en cultura.

El primer objetivo afirma: “garantizar el derecho a la cultura con enfoques de participación e inclusión, respetando la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones, con pleno respeto a la libertad creativa.” A este les corresponden cuatro estrategias. El segundo objetivo está dedicado a la lectura y a la infancia, y le corresponden dos estrategias. Antes de revisar los indicadores importa comentar que la Secretaría de Cultura convocó a reuniones de consulta[1] para construir el programa sectorial. Se realizaron diez mesas temáticas sobre toda la agenda cultural. Está por verse si la Secretaría las tomará en cuenta.

La realidad nacional e internacional impone ciertas limitaciones a los buenos deseos del PND. Para empezar, las finanzas públicas son cada vez más limitadas debido al creciente pago de deuda, apoyos sociales y pensiones. Trump hizo recortes masivos a las agencias de desarrollo internacional, lo que supuso un duro golpe para distintos países que contaban con ese financiamiento. En ese contexto vale la pena preguntarse cómo acelerar que se cumplan las metas de cultura, pues sólo quedan cinco años hasta 2030. El presupuesto público para cultura es cada vez más escaso, y sólo si se gasta de forma estratégica, con inversión del sector privado, y apoyo de universidades y comunidades en el territorio se logrará algo. Sólo mediante un diseño sistémico se podrá avanzar en materia de cultura. Hago tres propuestas:

  1. Unificar los sistemas de registro de colecciones del INAH, INBA y de todos los museos del país.

En 2002 la Auditoría Superior de la Federación realizó observaciones al INAH. Una en particular sigue siendo importante: las piezas culturales que se conservan en bodegas, museos, archivos y bibliotecas del INAH no se inscribieron como “monumentos” en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, en contra de lo dispuesto por la ley federal en la materia, la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos Artísticos e Históricos vigente desde 1972. Además existían varios registros en distintas dependencias, realizados con diferentes criterios. La ASF pidió al instituto crear un sólo registro nacional, unificando categorías de catalogación, y obligando a todas las dependencias a registrar el patrimonio a su cargo. Para solucionar esta observación, y la necesidad de estandarizar la actividad de registro en todos sus espacios el INAH creó el Sistema Único de Registro de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, y lo hizo operativo con una herramienta informática con acceso en línea. El problema es que solo sirve para los acervos del INAH, y no los del INBA, que no son muy distintos. Ambos tienen a su resguardo obras de arte e inmuebles históricos.

En 2017 fue presentado el Registro Iberoamericano de Museos (RMI), iniciativa del Programa Ibermuseos que depende de la Organización de Estados Iberoamericanos. Actualmente México tiene registrados 1264 museos, mientras que España tiene 1522 y Brasil 3010. Hasta la fecha no existe una plataforma nacional que agrupe a todos los museos del país.

Además de los museos responsabilidad del gobierno federal, hay museos estatales, municipales y comunitarios, así como museos de instituciones privadas. De los últimos se encuentran algunos relevantes, como el MODO, el Franz Mayer, el MIDE, el Jumex o el Soumaya en la Ciudad de México. En otros estados se encuentran el MARCO en Monterrey, el Amparo en Puebla. También se encuentran los museos universitarios, como el MUAC de la UNAM, el Museo de las Artes de la UDG, o el MAX de la Universidad Veracruzana. Cada institución tiene su propia forma de registro. Este caos registral no puede seguir si queremos que más estudiantes, investigadores y público tengan acceso a la información de las colecciones.

Además del registro se ha desarrollado un importante esfuerzo de digitalización del patrimonio cultural en México, aunque de nuevo, de forma no ordenada ni coherente. Por ejemplo, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México que depende del INAH ha digitalizado gran parte de su acervo. Hacia fines de 2024 se han digitalizado más de 100,000 imágenes de documentos. También hay esfuerzos de digitalización del patrimonio cultural por parte de la UNAM, aunque no siempre son accesibles en línea debido a restricciones de derechos de autor. Instituciones privadas como el Tec de Monterrey han digitalizado gran parte de sus acervos y son públicos a través de internet, como es el caso de la Biblioteca Cervantina o el archivo personal del arquitecto Mario Pani. Sin embargo, el mayor esfuerzo de digitalización del patrimonio mexicano lo ha realizado Mexicana[2], el repositorio digital de la Secretaría de Cultura. Digitalizar no bastaría, sino que sería necesaria una estrategia de gestión descentralizada de acervos, y eso requería software libre, y se encontró con un versátil software brasileño: Tainacan. Es un software libre que permite administrar y publicar colecciones digitales fácilmente, desarrollado por brasileños partiendo de necesidades y condiciones semejantes a las de México. Quizá, si la Secretaría decide unificar sus sistemas de registro podría, con el apoyo de la nueva Agencia de Transformación Digital, seguir su enorme tarea de digitalización y de apoyo a la gestión descentralizada de acervos. Unificar el registro de las instituciones culturales, sean públicas o privadas, digitalizar, poner en línea y fomentar el desarrollo descentralizado de acervos sería la triada clave para liberar a muchas obras sobresalientes de la oscuridad de las bodegas, para que sean conocidas, admiradas e investigadas.

Es importante subrayar algo: digitalizar colecciones sólo es posible si están bien cuidadas, y estas lo serán si los museos que las albergan existen y están abiertos al público. El 3 y 4 de junio varios museos del INAH anunciaron que cerrarían por un problema con el personal de seguridad. Eso no había sucedido en la historia de los museos de la capital, que además está en vísperas de recibir el Mundial de Fútbol. Esto se suma a que la CFE dejó en el abandono al Museo Tecnológico (MUTEC) en Chapultepec, cuya nueva sede diseñó el arquitecto Enrique Norten. Abrió puertas en 1970, y fue el primer museo de ciencias de América Latina. Tenía cuatro salas, con 600 metros cuadrados cada una, y una inmensa colección de aparatos. En noviembre de 2024 la CFE hizo público[3] que el ahora llamado Museo Nacional de Energía y Tecnología (MUNET) sería abierto en el primer semestre 2025, y eso no ha sucedido.

La crisis de seguridad en los museos más importantes del país es reflejo no sólo de incompetencia, sino de un problema más profundo. El INAH pensó que el servicio que daba la policía auxiliar de la capital era muy caro. El presupuesto de cultura lleva años cayendo, pero el presupuesto de 2025 fue especialmente cruel, con un recorte de 30 %. El gasto per cápita del gobierno mexicano (2021) en cultura fue de casi 12 dólares. En Colombia fue de 83 dólares (2020).[4]

A inicios de 2025 al menos 700 bibliotecas[5] de la Red Nacional de Bibliotecas seguían sin reabrir después de la pandemia. Muchos municipios se quedaron sin recursos para ellas. Digitalizar será un gran aporte, especialmente para los estudiantes de todos los niveles, profesores e investigadores, pero sin los espacios físicos de bibliotecas y museos, se pierden espacios culturales fundamentales. Los museos y las bibliotecas públicas son refugios para muchos jóvenes en cuyas casas comprar un libro es un lujo.

  1. Dinamizar la cadena de valor de las industrias culturales.

El objetivo 2.5 del PND busca “garantizar el derecho a la cultura….con pleno respeto a la libertad creativa”. Gran parte de esa creatividad la apoya el Estado mexicano, y es encomiable que en este sexenio se fortalezcan las escuelas nacionales de artes, que estuvieron por décadas abandonadas.

En el sexenio anterior se invirtió en un megaproyecto en el bosque de Chapultepec. Mucha de esa inversión era urgente, como rehabilitar la infraestructura de museos y caminos en el bosque, pero es difícil de entender que se haya construido otra Cineteca en la capital, cuando hay regiones del país sin un activo cultural de ese tamaño. Sin embargo entre los objetivos 2.5 y 2.6 y los indicadores de seguimiento existe un extraño vacío, una brecha que es necesario completar. En el caso del objetivo 2.5 se busca evaluar calculando el porcentaje de personas de 18 años y más que asistieron al menos a un evento o espectáculo cultural seleccionado en el último año. Y pone como ejemplos ir al cine, conciertos, exposiciones… pero lo que no se detalla en el indicador es que gran parte de los cines y espacios de conciertos son de empresas privadas. En el caso de exposiciones y obras teatrales, la mayor asistencia ocurre en museos, teatros públicos. Es muy distinto ver Flow en un cine privado que verla en la plancha del Zócalo. Además de la asistencia a un evento cultural, debería incluirse la clase social de la persona, así como su género. 

Otro indicador es el 2.5.2, sobre el “crecimiento real del valor agregado bruto del sector de cultura”.La descripción “mide la dinámica de la actividad económica del sector de la cultura respecto al año anterior, a fin de apoyar la política económica y del sector, así como la toma de decisiones de los diversos actores económicos.” Nunca en el objetivo aparecen las palabras empresas o iniciativa privada, porque es claro que no toda la actividad económica del sector la realiza el Estado, y es más, el gobierno no existe para tener ganancias económicas, las empresas privadas sí. Por ello no se entiende por qué los museos y cinetecas públicas cobran acceso. Desaparecer ese cobro ayudaría a que se cumpliera con creces el primer indicador, al reducir barreras de entrada al goce de un derecho. Pero la pregunta pertinente es: ¿debe la Secretaría de Cultura medir la dinámica de la actividad económica? Eso lo harán en su caso el INEGI y la Secretaría de Economía. Quizá algo más práctico es contribuir al desarrollo de las industrias culturales, especialmente de las empresas pequeñas y medianas (pymes). Y existen muy pocas estrategias dedicadas a ello, más allá de los apoyos del Fonart o de los estímulos fiscales que Hacienda da a los productores de teatro o cine (todavía podrían ser mayores). En el gobierno federal existen varias comisiones intersecretariales: ¿por qué no existe una sobre industrias culturales? Así, Hacienda, Economía, Turismo, Relaciones Exteriores y Cultura podrían diseñar y dinamizar la cadena de valor de la actividad cultural. Se fortalecería el mercado interno y el poder suave de México a nivel internacional. Además muchas universidades como la UNAM y el Tec de Monterrey tienen programas de emprendimiento que junto con fondos de inversión podrían apoyar a emprendimientos en diseño, videojuegos, arte digital, arquitectura y urbanismo, museografía y turismo. Un ejemplo: el éxito de Zona Maco. La mayor feria de arte contemporáneo de América Latina cumplió 20 años, y después de la pandemia regresó con más fuerza. Sus días de apertura ahora se conocen en la capital como la Semana del Arte, pero su impacto ya es nacional con exposiciones en galerías en Monterrey, Guadalajara, Querétaro… y la derrama económica en turismo ha sido enorme. No recibió apoyo del gobierno. Eso prueba que no todo requiere dinero público sino de nuevo buena infraestructura social, y eso lo tiene la Ciudad de México. Es difícil encontrar una ciudad con la vitalidad artística que hoy tiene la capital mexicana, y no es casual, se debe a la inversión pública en universidades, museos y parques que tiene la ciudad. Incluso con las rentas que se tienen hoy, la ciudad sigue estando llena de talleres de artistas de México y de todo el mundo, y cada día hay más espacios culturales, desde Laguna a Lago Algo, Casa Gallina. Este tipo de espacios experimentales son el fermento de la creatividad artística que hoy se vive en la CDMX, y hay muchos espacios así surgiendo por todo el país. ¿Podrían recibir algún tipo de beneficio fiscal?

Algo urgente es impulsar una ley de mecenazgo. España tiene una que entró en vigor en 2024, y que permite apoyar proyectos científicos, deportivos, y culturales. En México, solo Jalisco y Nuevo León tienen leyes semejantes. El Código Fiscal de la Ciudad de México tiene un impuesto por espectáculo, se calcula aplicando 8 % al valor total de los espectáculos. Museos privados, que viven de sus entradas para difundir la cultura, como el Diego Rivera o el MIDE, han pedido desde 2007 una exención fiscal[6], pero no ha sucedido, y la crisis de la pandemia los dejó muy debilitados. Los museos no son negocios como lo son los circos o la Fórmula Uno. Es difícil pensar cuál sería el estado de la cultura en México sin las colecciones que las fortunas privadas han puesto para beneficio público, como el Franz Mayer, Arocena, Amparo, MARCO, Soumaya y Jumex. ¿Qué decir del apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú para el cuidado del patrimonio de Oaxaca o del escultor Javier Martín para rescatar la Fábrica San Pedro en Uruapan? El mismo presidente López Obrador afirmó sentirse preocupado por la venta de Banamex si su colección de arte no permanecía en México, afortunadamente todo indica permanecerá en el país. Todo este mecenazgo ha sido clave para preservar patrimonio de todo tipo, y para que no sea subastado o sea llevado al extranjero. El 15 de mayo se realizó una subasta singular en Morton, en la cual se vendió al mejor postor la colección de Marie Thérèse Arango, conocida filántropa que falleció en 2022. Se subastó una pintura de José María Velasco, “Valle de México desde el Tepeyac”, firmada y fechada en 1900. Su precio de salida empezó en 6,500,000 pesos y llegó a los 15 millones de pesos, sin contar con el porcentaje para la casa de subastas [7]. Tiene registro como Monumento y no puede salir del país. Sin embargo, a pesar del enorme monto alcanzado no se conoce la identidad del comprador. Es de dudar que lo haya adquirido el gobierno federal o alguna universidad. Incluso para los museos privados es mucho dinero, pero esto revela la ausencia de una política seria de coleccionismo. El Estado mexicano hace mucho que no tiene una política del tema, quizá la última vez fue en 2010 cuando la administración de Calderón compró a galerías muchos objetos históricos para lo que fue la Galería Nacional[8]. El esfuerzo tomó 200 millones de pesos, pero en 2019 ante la mudanza de López Obrador a Palacio Nacional todo es espacio fue cerrado[9]. Nadie sabe con certeza qué ocurrió con todos los objetos adquiridos. Ante el creciente endeudamiento no es de esperar que el presupuesto público de cultura, y por ende para adquirir obra crezca. La única opción viable es fortalecer al mecenazgo, y para ello una ley que lo fomente es indispensable.

Un último punto, pero crucial: la economía mexicana necesita crecer, y eso no será posible sin innovación. ArtFund desarrolló un estudio[10] junto con asociaciones de museos sobre el rol de estos en el dinamismo de la economía creativa británica. El reporte dice que los museos deben ser reconocidos en las políticas de innovación no solo de las ciudades que los albergan, sino a nivel nacional. Y toca algo que ya se comentó: requieren inversión en sus capacidades digitales. Los museos no sólo contienen “arte” o “historia”, sino insights para la investigación que lleva a la innovación. Si no liberamos ese potencial, solamente lo tendremos escondido, sin que sea aprovechado para diseñar nuevas respuestas a los retos del futuro.

  1. Acercar más la cultura a la gente, todo el tiempo.

Digitalizar colecciones, ponerlas en línea y fomentar el mecenazgo acercará más los tesoros que tienen los museos de México a estudiantes e investigadores. Para que la gente vaya más a los museos, cinetecas, zonas arqueológicas hay que eliminar o reducir los precios de acceso. Otra variable clave además del costo económico es el tiempo. ¿Por qué la variable temporal importa tanto? Donald Sassoon, investigador de políticas culturales afirma que el dinero importa, pero “es mucho más importante el tiempo para disfrutarla que el dinero.” La prueba es que muchos museos han ampliado sus horarios, como el Museo del Prado o el MoMa. Otros han desarrollado lo que llaman “hospitalidad radical”[11]. Lo han hecho haciéndose más atractivos a nuevos públicos. En la Ciudad de México ha funcionado muy bien la Noche de Museos, donde el primer miércoles de cada mes los museos cierran más tarde y realizan actividades especiales para sus visitantes. Algunos museos han encontrado una ventaja: tienen siempre entrada libre, como es el caso del Soumaya y el Jumex, que están uno junto al otro, creando un círculo virtuoso de visitantes. No hay números oficiales, pero los funcionarios de los museos afirman que este circuito es uno de los más visitados no solo de la capital, sino del país. Otro museo que está acertando es el MUAC, que durante la pandemia puso muchas actividades en línea y lo sigue haciendo a través de exposiciones y seminarios virtuales, su problema es que cierra en verano, justo cuando la capital está llena de turistas y de jóvenes en descanso.

Pero más allá de internet y medios públicos también sea el momento de pensar en innovaciones más radicales: ¿sería posible que algunas librerías del FCE fueran 24 horas el fin de semana? ¿Sería posible que las casas de la cultura de algunas ciudades sean 24 horas los fines de semana? Pensar en horarios extendidos de esta forma permitiría que algunos jóvenes piensen tomar café y pastel toda la noche mientras organizan noches de poesía o maratones de lectura de ciencia ficción en las librerías del FCE, pues algunas cuentan con cafeterías. ¿Aumentarían los costos de personal? Sí, pero si eso permite que jóvenes y adultos convivan más tiempo de forma segura, y a la vez lean y compren quizá más libros, todo se paga solo. Y de paso resuelve el objetivo 2.6 sobre lectura. El Estado mexicano tiene una gran infraestructura: museos, casas de la cultura, librerías, parques…. ¿qué pasaría si permite que estudiantes, profesores, familias… usen más tiempo estos espacios durante los fines de semana? Nuevas vocaciones culturales germinarían, más padres o madres podrían leer junto a sus hijos, más estudiantes podrían hacer tareas juntos. Y sí, museos y librerías del FCE necesitan wifi gratuito, sin necesidad de pagar un café. Incluso el café o el té podrían ser gratuitos, con que cada quien lleve su termo. Café (o té), espacios seguros, libros… ¿qué maravillas no podrían suceder?

Alfredo Narváez

Doctor en Antropología, profesor de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey.

[1]https://pnc2025-2030.cultura.gob.mx/

[2]https://mexicana.cultura.gob.mx/

[3]https://app.cfe.mx/Aplicaciones/OTROS/Boletines/boletin?i=8193

[4]https://ourworldindata.org/grapher/expenditure-on-cultural-and-natural-heritage-per-capita

[5]https://www.razon.com.mx/cultura/2025/01/08/sin-reabrir-700-bibliotecas-publicas-por-falta-de-personal/

[6]https://www.jornada.com.mx/2007/09/28/index.php?section=cultura&article=a06n2cul

[7]https://live.mortonsubastas.com/en/online-auctions/morton-subastas/jos-mar-a-velasco-valle-de-m-xico-desde-el-tepeyac-firmado-y-fechado-1900-leo-sobre-tela-sobre-aglomerado-75-x-105-cm-7416475

[8]https://www.cultura.gob.mx/noticias/museos-galerias-y-arquitectura/7658-mexico-200-anos:-la-patria-en-construccion-exposicion-que-reune-mas-de-500-testimonios-de-nuestra-historia.html

[9]https://www.mural.com.mx/reorganiza-palacio-areas-de-exhibicion/ar1712800

[10]https://www.artfund.org/our-purpose/news/why-museums-matter-the-creative-industries-untapped-resource

[11]https://www.nytimes.com/2024/06/03/arts/design/museums-strategy-increase-attendance.html

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Publicado en: Política, Vida pública

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