Los López

Uno de los rumores más extendidos en los últimos días dentro de los círculos políticos afirma que un joven Andrés Manuel López Obrador habría tenido alguna relación, directa o indirecta, con la muerte de su hermano José Ramón López Obrador. Se dice, además, que fue el abogado y notario Payambé López Falconi —padre de Adán Augusto López Hernández— quien impidió que enfrentara un proceso judicial que podría haberlo llevado a prisión por ese hecho.

Hasta el momento, no hay pruebas que sustenten tal versión. En cambio, sí las hay sobre el respaldo que López Falconi ofreció a López Obrador durante la fundación del PRD en Tabasco, en la década de los ochenta, y sobre la ayuda que continuó brindándole en sus distintas cruzadas políticas. El propio López Obrador, ya desde el poder, evocó en una de sus conferencias matutinas aquel gesto de apoyo, al recordar que el padre del senador fue de los pocos que lo ayudaron cuando casi nadie más estaba dispuesto a hacerlo.

Adán Augusto López acompañó a López Obrador desde sus primeros intentos por alcanzar la gubernatura de Tabasco en la década de los noventa, y en prácticamente cada uno de sus pasos políticos. Además de haberse desempeñado como diputado local y suplente de senador por el PRD, en 2014 encabezó los esfuerzos para fundar Morena en su estado, partido del que fue dirigente estatal antes de asumir la gubernatura en 2018. Sin embargo, la relación entre ambos se remonta a mucho antes: cuando los padres de López Obrador dejaron Tabasco, él permaneció en casa del licenciado Payambé López Falconi para terminar la preparatoria. Años después, el propio presidente reconocería aquel vínculo, al referirse a Adán Augusto como “su hermano”. En tanto, López Hernández contestó en alguna ocasión: “el presidente es el que me presume, y yo me dejo querer. Es mi maestro”.

Por esta razón, en los círculos políticos se considera que Adán Augusto López mantiene aún hoy una relación cercana y de complicidad con el expresidente. El propio senador ha señalado en privado que los ataques dirigidos hacia su persona son, en realidad, ataques hacia López Obrador, y públicamente ha insinuado que la comunicación entre ambos continúa: “tenemos comunicación, pero no nos hemos reunido recientemente”, afirmó el senador para El Financiero.

Fue López Obrador quien designó a Adán Augusto como secretario de Gobernación en 2021. En el antiguo régimen priista, esta cartera representaba una pieza central para garantizar la gobernabilidad del país; de hecho, varios expresidentes ocuparon antes ese cargo tras haber acumulado una larga trayectoria administrativa. Con la transición democrática, Gobernación conservó su relevancia aunque perdió la capacidad de articular los vínculos entre el partido, los factores reales de poder y los resortes informales de la política que caracterizaron al viejo régimen. La gobernabilidad se volvió más incierta: baste recordar que durante el sexenio de Felipe Calderón pasaron cinco secretarios por Bucareli.

López Obrador terminó de debilitar la institución al nombrar a Olga Sánchez Cordero, decisión que en los hechos derivó en el control absoluto de la gobernabilidad desde la Presidencia y en la concentración, en su propia figura, de la conducción política del país. Sin embargo, tras la pandemia y hacia la mitad de su mandato —“a la mitad del camino”— decidió encomendar esa tarea a Adán Augusto López, su hermano. El objetivo era que actuara en su nombre en los asuntos de gobierno, que sirviera de contrapeso a Ricardo Monreal —quien desde el senado coqueteaba con la posibilidad de ser un obstáculo para el presidente si no se le permitía competir libremente por la presidencia de la República— y que asumiera las negociaciones políticas más delicadas, además de fungir como enlace entre el Ejecutivo y Morena. A partir de entonces, López Hernández comenzó a alimentar, a partir de comunicadores afines, el rumor de ser un hábil negociador y el verdadero “hombre fuerte” del presidente.

Por eso no resulta verosímil pensar que Andrés Manuel López Obrador ignorara las alianzas inconfesables que Adán Augusto López habría tejido con grupos delictivos en Tabasco y de las cuáles nos hemos enterado en las últimas semanas. Según los documentos revelados por Guacamaya Leaks, fue el propio presidente quien solicitó en 2021 una investigación sobre el entonces secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del estado, Hernán Bermúdez Requena, por estar supuestamente vinculado a organizaciones criminales. En ese entonces, Bermúdez minimizó las filtraciones: “Si hay algo en contra, pues en cualquier momento que me sienten en el banquillo de los acusados. Y lo puedo contestar todo […] no sabemos si realmente esa información viene de la Sedena o los mismos hackers están aprovechando esto para decir ‘esto encontramos ahí’. Es un invento, puede ser”. Hoy día Bermúdez está detenido por ser líder de la organización criminal “la Barredora”.

La prensa ha documentado que la relación de complicidad entre Bermúdez Requena y Adán Augusto López se remonta a la década de los noventa. Según información publicada por Reforma, tres empresas vinculadas a Hernán Bermúdez Requena —de las cuales fue propietario o representante— fueron inhabilitadas en Tabasco por incumplimientos fiscales y contractuales, antes de que él asumiera la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y de que Adán Augusto López llegara a la gubernatura. A este antecedente se suma lo expuesto por Peniley Ramírez en su columna, donde señala que los registros públicos revelan una red de clientes del hoy senador López Hernández, conformada desde su notaría, que ha obtenido contratos multimillonarios con Pemex y otras dependencias federales. Esa red, que mantiene vínculos con Bermúdez Requena, configura un entramado político-empresarial que se remonta a los orígenes del grupo tabasqueño y que muestra la continuidad de una alianza entre poder público y negocio privado forjada bajo la sombra de la lealtad y la conveniencia.

Por si eso no bastara, el periodista Mario Maldonado ha revelado que durante el paso de López Hernández por la gubernatura de Tabasco y, posteriormente, por Gobernación, se consolidó a su alrededor un grupo de empresarios y operadores financieros que hoy enfrenta serios cuestionamientos. Entre ellos, según el periodista, destacan Fernando Padilla Farfán, beneficiado con miles de millones de pesos en contratos para la construcción de hospitales y unidades médicas; Mario Manuel Guerra Mabarak, contador involucrado en sobrecostos y daños patrimoniales; Manuel Marcué Díaz, responsable de adjudicaciones irregulares en la Secretaría de Salud tabasqueña y después acusado de extorsiones desde Gobernación; y Daniel Flores Nava, contratista central de la refinería de Dos Bocas, quien falleció en un accidente aéreo. Hoy sabemos, además, que Adán Augusto recibió 79 millones de pesos de empresas privadas, entre ellas, una fantasma. Es claro que se trata de un gran entramado mafioso.

¿Por qué decidió López Obrador nombrar a Adán Augusto secretario de Gobernación? ¿Pretendía extender a nivel nacional el esquema de pactos entre poder político, instituciones de seguridad y crimen organizado? ¿O confiaba en que el conocimiento de su “hermano” sobre esos entramados podía servirle para mantenerlos bajo control? Quienes conocieron de cerca el modo en que se estructuró el régimen durante el sexenio anterior sostienen que, a pesar del talante autoritario del expresidente, muchos de sus subordinados actuaban con libertad para satisfacer sus propios intereses y que, cuando él se enteraba, solía asumir los problemas como propios y defenderlos públicamente. En efecto, López Obrador respaldó en más de una ocasión a Adán Augusto López. Es un “hombre honesto”, explicó en 2022.

Durante la comparecencia del secretario de Hacienda, Édgar Amador, el senador Adán Augusto López Hernández fue fotografiado y grabado mientras observaba un partido de la Champions League y en su escritorio lucía el libro Los valientes están solos, de Roberto Saviano. Es bien sabido que su personalidad autoritaria disfruta de los gestos que refuerzan su ego y proyectan mensajes que él considera contundentes. No parece que aquella imagen fuese producto del descuido: fue, más bien, una declaración de desdén. Mostró que poco le importa lo que hagan la presidenta y su equipo, al tiempo que dejó ver su interés por los relatos donde se rastrea el dinero de las mafias y se revela el papel de los “arrepentidos”.

Pese a encontrarse acorralado, Adán Augusto López insiste en subrayar su vínculo con el expresidente, y muchos sostienen que esa relación sigue firme. Sin embargo, dado su gusto por las historias de mafiosos, valdría la pena recordar la trama del filme El Padrino II: Frank Pentangeli, uno de los capos más leales a Vito Corleone, es detenido y, creyendo que Michael Corleone lo ha traicionado, decide colaborar con las autoridades para destruirlo. Durante la audiencia final llega su hermano Vincenzo, quien se sienta entre el público sin pronunciar una palabra. Su sola presencia basta para recordarle el peso de la lealtad y las consecuencias de la traición. Pentangeli, comprendiendo el mensaje, se retracta y calla.

Tiempo después, ya en prisión, recibe la visita de Tom Hagen, el consigliere de Michael Corleone. Conversan con cortesía sobre la historia romana y sobre los viejos oficiales que, al traicionar al César, eran invitados a suicidarse para que sus familias conservaran el honor y la herencia. Tom nunca lo dice de forma explícita, pero el mensaje es que, si Pentangeli muere en silencio, su familia estará a salvo.

El mensaje es transparente: el silencio vale más que la vida, y el poder de la familia se preserva mediante el sacrificio de quienes alguna vez fueron amigos o hermanos. En eso consiste el honor en la mafia. La presidenta, en su informe del 4 de octubre, alabó durante seis minutos a López Obrador, para después advertir que “los conservadores quisieran que olvidáramos cómo se vivía antes: presidentes rodeados de lujos, gobiernos alejados de la gente, fortunas construidas al amparo del poder público. Pero eso se acabó, porque en este México nuevo, la honestidad no es la excepción, es la regla. Y quien traicione al pueblo, quien robe al pueblo, enfrenta la justicia”. No hay duda del mensaje. Quizás en Palenque empiece a madurar la idea de que la cabeza del hermano Adán Augusto es el precio necesario para mantener intacto el legado de la familia López. Ya veremos.

Hugo Garciamarín

Doctor en Ciencias Políticas por la UNAM y director de la Revista Presente

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Publicado en: Política, Vida pública

Un comentario en “Los López

  1. Como siempre sus artículos mandan un mensaje claro y sin ambigüedades.
    Leerlo siempre es un gusto,..no decepciona jamás
    Felicidades!

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