Los tiempos de Mario Molina

Por su compromiso como divulgador de la ciencia y por su actuar visionario con la juventud, el legado del Dr. Mario Molina perdura y habrá de fortalecerse en el tiempo; la siguiente década es clave.

Tenemos el tiempo contado; pocos tenían esto tan presente como el Dr. Mario Molina. Él dedicó su vida a generar conciencia sobre el daño acumulativo que nuestro estilo de vida ejerce sobre el medio ambiente —y el poquísimo tiempo que tenemos para cambiar de rumbo.1

Mario Molina, cuyo repentino fallecimiento conmovió a México el pasado miércoles (07/08/2020), indudablemente nos hizo cambiar de rumbo: al mundo, a su país, a sus colegas. Mucho se ha escrito sobre el excepcional legado que nos deja como científico, docente, asesor de políticas públicas y ser humano.

Prefiero compartir en un tono individual cómo él orientó mi camino; lo cual refleja las múltiples formas en las que —me consta— tocó la vida de muchas personas como yo.

Pertenezco a una de las primeras generaciones que supo del cambio climático desde la secundaria (en los 90). En mi memoria quedó grabada la (única) clase de biología sobre la capa de ozono, el papel del Dr. Molina en ayudar a repararla, y su continua labor para atender el denominado “calentamiento global”. La crudeza de la problemática me atravesó con fulgor y al mismo tiempo, los logros de Mario Molina me inyectaron esperanza: ese día que conocí su historia, supe qué pasos quería seguir y la lucha que quería compartir.

Fotografía: Universidad Técnica Particular de Loja bajo licencia de Creative Commons.

Mientras mejor comprendí su historia, más admiré a Mario Molina. Hoy en día existe un amplio consenso científico en torno al valor del medio ambiente y la ciencia del cambio climático (aunque están más politizados que nunca). Pero en la década de los 70, cuando el Dr. Molina y su colega el Dr. Sherwood Rowland compartieron sus descubrimientos respecto al efecto de los clorofluorocarbonos (CFCs) sobre la capa de ozono, tenían pocos aliados; sus voces eran solitarias y se alzaron contra una industria global que circulaba más de 28 miles de millones de dólares al año. Persistieron frente a cuestionamientos e incluso burlas de empresarios y científicos industriales, quienes buscaron minimizar sus descubrimientos para proteger los intereses del capital.2

He ahí mi primer aprendizaje sobre él. Quizás aún más valiosa que su contribución científica, fue su valentía y compromiso como divulgador y comunicador. Hoy más que nunca podemos admirarnos de un académico dispuesto a confrontar al statu quo, llevando la ciencia a la arena pública —ahí donde puede y debe generar un cambio a favor de bienes públicos globales. Fijó un precedente importantísimo para hoy denunciar a la industria de los combustibles fósiles: sin duda hay paralelismos entre la negación que hubo de químicas como DuPont ante el efecto de los CFCs, y las tretas de desinformación financiadas por petroleros como los Koch, para negar la existencia y gravedad de la crisis climática global.3

Al egresar de la universidad tuve la afortunada oportunidad de trabajar en el Centro Mario Molina. Tanto para mí, como para al menos 40 jóvenes que estábamos en esa oficina entonces, ser equipo de un líder de talla mundial cultivó nuestra ambición de cambio y convicción de forjar un futuro mejor. Gracias a él —y a otros eminentes científicos como José Sarukhán y Julia Carabias, entre muchos— nuestro país atrajo miradas internacionales en materia de ciencia y política ambiental,4 diseñó e implementó programas de vanguardia; en suma, se generó un ecosistema y una masa crítica muy importante para avanzar la agenda ambiental en México.

Trabajé tres años en este centro que él fundó, rodeada de personas tan inspiradoras como él. Me llevé un segundo aprendizaje: aunque el Dr. Molina tenía una curiosidad incansable por multitud de temas, fue visionario en lo que yo considero eran dos de sus prioridades personales.  La primera, el monitoreo de la agenda climática en Estados Unidos,5 particularmente en el Congreso. Con el paso de los años la historia le dio la razón —ha sido uno de los sitios donde más se ha tergiversado y politizado la ciencia del cambio climático, y en el presente, el anuncio de la salida de EE. UU. del Acuerdo de París nos plantea uno de los mayores retos para alentar la urgente acción colectiva que requerimos a nivel global.

La segunda prioridad que lo vi abrazar con ímpetu fue la educación, particularmente a nivel básico. Junto con un equipo excepcional, trabajó en cursos, currículos y plataformas para forjar a una nueva generación de educadores que sensibilizaran a niños y jóvenes ante la problemática. En mi opinión, esto se debía a que Mario Molina comprendía muy bien que las nuevas generaciones, carecen de los preconceptos que sí tienen los adultos y que han hecho de casi toda política climática un mero cambio incremental, cuando lo que necesitamos para enfrentar la crisis climática es un cambio transformacional.6

Es precisamente por esto, que cuando pienso en Mario Molina, a mi mente viene la imagen de un “líder silencioso”. Esta sabiduría pienso que lo hizo alejarse del rol de “activista ambiental” confrontativo, y en su lugar ejercer una diplomacia estratégica para impactar los sistemas de decisiones actuales y sobre todo, futuros.

Eso se combinó con su humildad y naturaleza amable. A pesar de ser el científico mexicano más reconocido del planeta, nunca cayó en protagonismos; en su interactuar con hacedores de política pública, compartía el crédito y se sentía satisfecho cuando otros se apropiaban del éxito. Como dice mi propio padre: “era un líder por los zapatos”, pues caminaba mucho sin necesidad de cantar sus logros. Eso le ganó el respeto y la confianza de tomadores de decisiones, que por lo mismo se dejaron influir por él. 

Sin duda es lamentable que el Dr. Molina nos deje en un momento tan desafortunado; de retiro de apoyos a la ciencia en México y en Estados Unidos; de políticas energética obsoletas y equivocadas que él denunció7 y que hoy ponen en riesgo la salud pública.8 Un momento en el que la Casa Blanca ha dado rienda suelta a la avaricia de la industria de los fósiles y abandona el liderazgo climático que por mucho tiempo apuntaló.

Pero repito que él fue visionario —y tengo fe que en su sabiduría él reconoció que la historia no es un proceso lineal. Hay retrocesos; pero acto seguido puede haber pasos agigantados. En sus colegas, en los colaboradores del Centro Mario Molina, en las decenas de profesionales y activistas mexicanos y estadounidenses que inspiró, en sus alumnos, y especialmente, en los niños y jóvenes que hoy crecen con su ejemplo y ven la ciencia del cambio climático a través de sus ojos, su legado nos llevará a corregir el rumbo. El tiempo dirá ¡y el tiempo apremia!

“Obra así, querido Lucilio: reivindica para ti la posesión de ti mismo, y el tiempo que hasta ahora se te arrebataba, se te sustraía o se te escapaba, recupéralo y consérvalo (…) Todo es ajeno a nosotros, tan solo el tiempo es nuestro: la naturaleza nos ha dado la posesión de este único bien fugaz y deleznable, del cual nos despoja cualquiera que lo desea”.
—Séneca. Epístolas Morales a Lucilio

 

Sofía Viguri Gómez
Maestra en planificación urbana por la Universidad de Harvard. Es consultora de políticas urbanas y ambientales para diversos organismos internacionales.


1 Diez años, para ser exactos. Ver: Asamblea General de las Naciones Unidas (2019): “Solo once años para prevenir daños irreversibles del cambio climático”.

2 Un buen recuento de la historia se encuentra en: Jones,L. (1988): “Ozone Warning: He Sounded Alarm, and Paid Heavy Price”. Los Angeles Times.

3 Las multimillonarias empresas de los Koch se dedican a la extracción y refinación de petróleo; una investigación de Greenpeace en el 2010 desveló que éstas canalizaron más de 73 millones de dólares a grupos negacionistas del cambio climático para diseminar información falsa.

4 Gracias a esto la Ciudad de México es una de las ciudades mejor estudiadas a nivel internacional, en cuanto a la problemática de calidad del aire en áreas urbanas, ver: Tollefson, J. (2010): “Mexico’s Scientist in Chief”. Nature. Vol. 467.

5 Mario Molina fue siempre cercano al país que le abrió las puertas para sus estudios de posgrado (sin embargo, su compromiso con México es encomiable, ejemplo para todos los mexicanos que estudiamos en el extranjero); también priorizó su labor en ese país por la enorme contribución de Estados Unidos a las emisiones históricas de gases de efecto invernadero (25%).

6 Para más información ver aquí.

7 Ver: “México violó el Acuerdo de París”: la crítica que Mario Molina hizo a la política energética de AMLO.

8 Los combustibles fósiles generan contaminación atmosférica, la cual cada año provoca casi 15 000 muertes prematuras en México (122 por cada millón de habitantes), y además incrementa la mortalidad de covid -19, entre muchas otras externalidades negativas. Ver: OCDE (2019): Toxic Air” in: Trends Shaping Education . y Wu, X., Nethery, R.C., Sabath, M.B., Braun, D. and Dominici, F., 2020. Air pollution and COVID-19 mortality in the United States: strengths and limitations of an ecological regression analysis. Science Advances (en prensa).