Marx y Hayek: destino compartido

Con la crisis económica global o gran recesión que iniciara en 2008 en el mundo occidental, se atestiguó el cierre de un ciclo histórico que inició con la caída del muro de Berlín en 1989, ello por lo menos desde el punto de vista de las ideas que animan al pensamiento económico. Dicho arco histórico les da un destino compartido a sus cabezas doctrinales más opuestas y visibles: Karl Marx y F.A. Hayek cuyos natalicios corresponden al 5 y 8 de mayo respectivamente. El segundo (Viena 1899–Friburgo 1992), menos conocido por el gran público, es uno de los paladines de lo que en su momento se denominó Austrian Economics cuyo legado se conoce hoy en día como neoliberalismo.1

Ambos pensadores comparten el haber legado una perspectiva analítica deslumbrante: Marx con su intuición del capitalismo como un proceso histórico propenso a desequilibrios sistémicos generados por la inequidad que propicia. F.A. Hayek con su visión del papel de los precios del mercado como el sistema de señales más eficiente de escasez, preferencia y oportunidad para los agentes económicos que interactúan en sociedades complejas. Pese a ello, sus doctrinas dejaron muchísimo qué desear a la hora de formularse políticas económicas, llevando a naciones enteras por un sendero imprudente y peligroso —cuando no francamente trágico. Más vale escuchar a sus respectivas escuelas para el diagnóstico que para el remedio.

Una tesis que se esboza aquí es que esta dificultad para pasar del diagnóstico a las prescripciones obedece a una incomprensión fundamental de cómo opera el capitalismo en la medida en que involucra a los mercados financieros. En un momento dado Marx termina hablando más de las transacciones en el proceso de la producción que del funcionamiento del capitalismo, del mismo modo que Hayek termina analizando más la lógica subyacente a los mercados que del capitalismo como tal.

Primero habremos de centrarnos en un acierto clave de Hayek: la anticipación, desde los años treinta, del destino de una economía de comando central o la implosión del “socialismo real”, pues sus argumentos permiten comprender el significado de una economía de mercado frente a un experimento histórico que tuvo lugar en la historia del siglo XX y que intentó prescindir de ella. En la segunda parte se abordará el ya mencionado punto ciego en común de Marx y Hayek, que tiene qué ver con la naturaleza financiera del capitalismo.

Ilustración: Alberto Caudillo

De los neurotransmisores a los precios del mercado

Los precios de mercado son el sistema de señales e interacciones más eficiente que ha surgido en la historia para producir e intercambiar bienes y servicios. Es cierto, nadie planeó dicho sistema de señales, como se planea un edificio o un puente. Pero la metáfora de la obra de ingeniería no siempre es afortunada ni atinada; ni siquiera deseable. Su uso y abuso parte de la ilusión de que un proceso por el sólo hecho de ser conscientemente dirigido es más eficiente y creativo.

Una obra de ingeniería pasa por un pobre proceso de interacciones comparado con un circuito neuronal o un ecosistema. Nadie puede ser más inteligente que su propio cerebro —o que su propio cuerpo; elevarse por encima de él cuando el yo tan solo resulta la parte consciente (o más bien el subproducto consciente) de algo más complejo. Messi no depende de su capacidad de análisis para decidir la próxima jugada. La inteligencia corporal no es algorítmica; si Messi desmenuzara lo que va a hacer en pasos o etapas no haría nada o el resultado sería otro y subóptimo. Aparte de ello hay una abundancia de ejemplos que indican que se pueden alcanzar niveles de cooperación altísimos sin un centro consciente lo que, dicho sea de paso, es relevante para la discusión candente actual sobre la inteligencia artificial. Es el caso de una comunidad de hormigas o de abejas: superorganismos2 en el que cada individuo es el equivalente a una neurona, las feromonas a los neurotransmisores y los intercambios de feromonas a las sinapsis. Algunos biólogos consideran a esos superorganismos algo no muy lejano a una mente no contenida en un cuerpo (disembodied minds). Una colonia de hormigas es una comunidad inteligente, adaptable y flexible, conformada por individuos que en sí mismos no tienen que ser inteligentes, como las neuronas no lo son con respecto a los procesos mentales a los que dan lugar. La clave es tener un sistema eficiente de señales rápidamente intercambiable y descifrable de donde surgen acciones sincronizadas y con ellas un orden espontáneo.

Detrás de los órdenes más complejos y fascinantes no hay arquitecto. Pero como bien observara Hayek: los bolcheviques en el fondo tenían que creer en un Dios. ¿Cómo si no la especie humana llegaría a ser tan inteligente si nadie la proyectó, si nadie dirigió o comandó el proceso evolutivo?

¿Y qué decir de otro fenómeno no diseñado como el lenguaje humano? Un sistema de señales de donde surge un potencial de coordinación que por primera vez supera al de los superorganismos de la naturaleza y permitió a una sola especie dominar al planeta. Las feromonas, los neurotransmisores, los precios de mercado, los símbolos, dan lugar a una febril actividad coordinada sin un centro definible.

Hayek fue el primer pensador que comprendió que lo consciente-racional no rebasa el efecto inteligente de las reglas de interacción que surgen de un sistema eficaz de señales. Comprendió, pues, que el lenguaje humano, la economía de mercado, un ecosistema o el proceso evolutivo mismo consisten en órdenes espontáneos; sistemas análogos con elementos en común por encima de cualquier inteligencia directriz. Técnicamente hablando Hayek fue más lejos que Darwin; sin proponérselo prescinde de Dios como nadie hasta ahora en la historia del pensamiento y es así porque captó, en todo su alcance, que la inteligencia más creativa y poderosa no puede ser consciente a imagen o semejanza de un yo (aunque sea un yo cósmico). Los procesos conscientes son un subproducto de procesos inteligentes, pero nunca podrán ser sus amos a menos que esperemos que la cola mueva al perro. Es curioso cómo después de la Revolución francesa, en un arco histórico de unos 130 años, se comienza glorificando a la conciencia racional como la nueva divinidad (Hegel-Saint-Simon, Comte y Marx) pero al final llegan tres oriundos del imperio austrohúngaro a bajarla de su pedestal: Freud, Hayek y Gödel. Este último lo enuncia de la manera más abstracta. Formula un teorema que dice que es imposible construir un sistema axiomático autosuficiente en donde cada una de sus afirmaciones sea demostrable. Las creaciones conscientes más sofisticadas dependerán siempre de algo que no pueden definir: el teorema de la incompletitud establece el límite que ha de enfrentar todo proceso consciente que aspire a un máximo de coherencia.

Hayek es y será grande en la historia del pensamiento por entender lo que une a fenómenos al parecer totalmente extraños entre sí, pese a que él y su maestro Ludwig Von Mises (1881-1973) sean los fundadores filosóficos del neoliberalismo. No hay que olvidar tampoco que ambos hicieron un pronóstico falsable: el modelo de economía dirigida bolchevique iba a colapsar tarde que temprano. Ambos anticiparon que los dirigentes rojos caerían en la ilusión de dirigir realmente algo, ignorando que las verdaderas decisiones las tomaban burócratas de segundo y tercer nivel, pero todos haciéndolo a ciegas, sin un sistema de precios de mercado que diera lugar a una coordinación espontánea entre los distintos agentes y en donde el efecto de pujar cada uno por recursos termina descobijando a algún otro sector de la economía generando reacciones en cascada de caos e ineficiencias. Un desastre no menor fue pretender sustituir todo lo que Hayek llamó una red de conocimiento distribuido (el conocimiento empírico no formalizable que cada emprendedor tiene de su negocio) por el conocimiento plagado de lagunas del planificador. La desventaja de un sistema algorítmico de respuesta centralizado frente a uno no algorítmico y distribuido anticipa algunos de los grandes debates —tanto de las ciencias computacionales contemporáneas como de las teorías sobre el funcionamiento de la mente— en cuanto a si todos los procesos de respuesta eficiente son computables.

Por supuesto, al no haber en el socialismo centralizado un sistema real de precios los consumidores no podían expresar sus preferencias y necesidades a través de ellos. Se erige así un sistema de producción en abstracto (cuotas de producción) de productos asimismo abstractos (genéricos). También hay que decirlo: aun y cuando no fuera un sistema burocrático centralizado sino uno de autogestión obrera, en tal anarco socialismo sin mercado no se superaría jamás el principio de “tómalo o déjalo”. Esos trabajadores transformados ahora en amos de la producción, en su encarnación y glorificación última, no tendrían ningún incentivo para escuchar a los consumidores: una economía destinada al estancamiento sin incentivos de innovación o eficiencia, con o sin burocracia.

Y aquí hay que captar el por qué esos sistemas económicos no fueron una desviación del marxismo sino la traducción de su reduccionismo metafísico a un programa económico. Así para ese programa la economía no es producción-consumo- ahorro-financiamiento; no, la economía es producción. Los sujetos sociales son agentes productivos. Resultado de todo esto: una república de trabajadores que producen en específico para nadie y que, al redimírseles como productores —condición social al parecer definitiva— deja de importar vindicarles como consumidores o como ciudadanos. Un ideal de fábrica social más que de sociedad fue el principio rector de ese extraño experimento.

El cabildeo en esas economías entre oficiales de distintos rangos debió ser infernal (no es algo privativo de las cleptocracias burguesas). No menos infernal el volumen de mentiras e inexactitudes en los informes de inventarios y producción remitidos a los ministerios. El resultado del plan quinquenal terminaba siendo el agregado caótico de tal estira y afloja multinivel. En ese sentido en realidad el totalitarismo comunista entendido como un control perfecto era imposible de consumar: lo que sí había era terror discrecional dando palos de ciego cuando las cosas no salían.

Los mercados financieros: el punto ciego común a dos doctrinas contrapuestas

Pese a tener esta clarividencia sobre lo que hace colapsar a una economía de comando central, un fallo catastrófico del neoliberalismo fue llevar demasiado lejos sus metáforas de orden espontáneo o emergente asociados al mercado. Sobra decir que los seres humanos no son hormigas; tienen creencias y expectativas hasta el punto de que hay instituciones económicas que cristalizan en torno a ellas como es el caso de los mercados financieros. En la medida en que en dichos mercados se expresan creencias sobre el futuro y sobre el comportamiento de otros agentes los configura una elevada carga de subjetividad (los espíritus animales de los que hablaba Keynes) convirtiéndose así en el ambiente propicio para dar lugar a expectativas autocumplidas. Una devaluación, por ejemplo, es menos el resultado de la situación económica y la debilidad de las autoridades frente a los acontecimientos que el resultado agregado de millares de decisiones dispersas tomadas con base en esa percepción: las fugas hacia otra divisas se precipita por un contagio de expectativas: lo que se cree que sucede, termina sucediendo.

Este carácter recursivo o subjetivo elevado al cuadrado de los mercados financieros puede hacer que las señales que emiten los precios de los activos, en vez de anclarse en una realidad, se alejen más y más de ella para luego desplomarse bruscamente, interrumpiendo el proceso circulatorio del flujo económico tal como sucede con las burbujas especulativas que típicamente preceden a una gran crisis global. De nada sirve que en la prédica del Austrian Economics el villano culpable de todo esto sea el Banco Central y su manipulación de las tasas de interés. Hay algo en la naturaleza de los mercados financieros que los aleja del tratamiento formal de otros mercados. Esta escuela de pensamiento no comprendió —a diferencia de Keynes— que los mercados financieros son conceptualmente distintos de los de abarrotes. El neoliberalismo pasa por alto que su naturaleza intrínseca introduce una fuente de inestabilidad en todo el sistema: un problema estructural justamente por la necesidad que se tiene de los mercados financieros para movilizar el ahorro y reinyectar el excedente económico en los circuitos de la economía, de modo que la maquinaria de inversión-consumo no interrumpa su marcha.

El otro mercado desde luego no asimilable a uno estándar de mercancías es el laboral por involucrar personas directamente. Esperar que sea infinitamente flexible para adaptarse a las circunstancias es pasar por alto principios básicos de la naturaleza humana. La productividad laboral misma necesita ciertas garantías institucionales de estabilidad y seguridad para florecer y crear sinergias. La escuela neoclásica en general —y neoliberal en particular— culpa al factor trabajo del desempleo por no ser “suficientemente flexible” y desdeñan asimismo la relevancia de instituciones como los salarios mínimos y otros derechos laborales para civilizar economía y sociedad.

En fin, no deja de ser irónico que tanto Hayek como Marx tuvieran una miopía compartida sobre la dimensión financiera del capitalismo. En el sistema económico de Marx el capital financiero es un epifenómeno de procesos subterráneos de explotación lo que en el fondo desplaza su centralidad para la comprensión del capitalismo (la discusión de la economía política por parte de Marx en realidad confunde el análisis del origen de la riqueza con el análisis del funcionamiento del capitalismo propiamente). Por su parte para el Austrian Economics los precios que transmiten los mercados financieros no intervenidos son tan confiables como los que emite cualquier otro mercado no intervenido —nada que amerite una preocupación especial. Los pupilos de Hayek captan con más claridad lo que hace que un mercado funcione o no funcione a qué hace que funcione o no el capitalismo: hablan de los árboles más que del bosque. Al igual que Marx, el pensamiento de Hayek ilumina y permite una aguda comprensión de ciertos fenómenos, pero ello no alcanza a compensar que sus respectivas obsesiones distorsionan el sentido y rumbo de la acción transformadora colocando la diana donde no va. Marx ubica el problema en el mercado pues enajena los productos del trabajo, así en abstracto; Hayek en el activismo del Estado y en la manipulación de la tasa de interés. Por ello ninguno de sus respectivos cuerpos doctrinales es confiable para formular políticas económicas que desemboquen en algo diferente a un agujero negro.

No es difícil imaginar al disipado e irónico Keynes, levantando su copa de champán3 y guiñándoles un ojo a esos dos en el más allá.

 

Rodrigo Negrete
Economista y ensayista


1 El neoliberalismo a su vez tiene sus vulgatas: thatcherism y reaganomics y, hoy en día, la ideología libertaria en los Estados Unidos que predica un capitalismo sin Estado. También hay una versión hiperacadémica que fue muy reverenciada hasta la crisis del 2008 y que lleva el nombre técnico de teoría general del equilibrio dinámico estocástico. El neoliberalismo cubrió así todos los frentes: da para todos, sean sofisticados o no.

2 El término superorganismo eusocial fue acuñado por el eminente entomólogo norteamericano Edward O. Wilson (1929-2021) quien descubriera que las feromonas constituyen la unidad de información que intercambia una colonia de hormigas.

3 Reza la leyenda que las últimas palabras proferidas por John Maynard Keynes (1883-1946) fueron: “Lo único que lamento en mi vida es no haber bebido suficiente champán”.

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Publicado en: Economía

Un comentario en “Marx y Hayek: destino compartido

  1. No soy experto en economía, sólo me gustaría exponer algunas especulaciones pertinentes a este tema.

    En los tiempos de Hayek y Marx la banca no tenia el desarrollo que tiene actualmente. Hay que recordar que existen dos sistemas bancarios, la banca tradicional que ha existido por cientos de años, y la banca de inversión. La banca de inversión sufre de hipertrofia y requiere frecuentes inyecciones de capital debido a sus crisis recurrentes (usualmente absorben del dinero de los fondos de pensiones, fondos soberanos y otros inversionistas poco avisados).

    En tiempo de Marx lo nuevo eran la revolución industrial con la construcción de fábricas y el surgimiento de los obreros, la clase trabajadora. Marx estaba interesado en demostrar que la acumulación de capital se debía a que los patrones, al fijar los salarios, no le devolvian al trabajador todo lo que había producido, sino que se queda con una parte que incrementa su riqueza. Cómo valuar correctamente el trabajo se convierte en una pregunta más general sobre cómo se generan los precios en la economía. Marx intervino en la política de los partidos de izquierda en la Alemania de la segunda mitad del siglo xix, y también influyó en los laboristas ingleses y en los socialistas franceses.

    Las ideas de Hayek no son exactamente el antecedente del neoliberalismo (escuela neoclásica). Hayek no usaba matemáticas, Milton Friedman si; Hayek estaba en contra de los autoritarismos mientras que Friedman prefería el capitalismo autoritario al estilo Pinochet (por cierto que Pinochet no permitió que las pensiones del ejército entraran al sistema de afores, y conservó la propiedad estatal de la compañía de explotación del cobre). Parte de las ideas de la escuela neoclásica están en la escuela clásica inglesa y escocesa del siglo XIX.

    La escuela austríaca quiso refutar a Marx con una nueva teoría de creación de precios. Las ideas que usaron no eran nuevas; ya habían sido manejadas en la Escuela de teología de Salamanca en el siglo XVI. Estraigo citas de la wikipedia:
    » El franciscano Luis de Alcalá, Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre».
    «»Hay dos clases de cosas que se pueden vender. Hay unas que son necesarias para la buena marcha de las cosas y para la vida, y por ellas no se puede exigir más de lo que valen, y no sirve decir que al que quiere no se le hace injuria, pues en este caso no se da una decisión del todo voluntaria sino que existe una coacción, pues la necesidad le obliga; como si uno que tiene necesidad en un camino, pide vino para beber, y el otro no lo quiere dar sino por veinte ducados, y solo vale diez, este peca mortalmente y está obligado a restituir, porque aunque aquel se lo compró porque quiso, su decisión no fue lisa y llanamente voluntaria». Francisco de Vitoria»
    «2º.- El precio justo de las cosas necesarias para la vida,si no hay fraude o engaño, lo determina la “común estimación” solamente si hay muchos vendedores y compradores, es decir, si hay verdadera competencia entre los que venden y los que compran.
    3º.- El precio de las cosas necesarias para la vida humana puede y debe establecerse legalmente.»

    La escuela austríaca simplificó estos principios al decir que no existen precios objetivos, sino que dependen de cuanto esté dispuesto a pagar el comprador, Además, no existen precios justos, sino sólo los precios convenidos entre vendedores y compradores. Teniendo miles o millones de compradores y vendedores, los precios llegan a un equilibrio que la escuela austriaca identifica con el precio justo.

    El problema es que si un comprador tiene mucho dinero, puede pagar una cantidad muy alta para asegurarse la provisión de un bien, encareciendo los precios para todos los demás compradores. Por otro lado, el mercado sólo dice cuanto están dispuestos a pagar los compradores por un bien, pero no dice nada sobre otras cualidades del bien. En una subasta de arte, es un error decir que el objeto más valioso es el que tiene mayor valor artístico.

    El mercado sólo optimiza un bien cuando es escaso. Si el bien es abundante, el mercado lo derrocha para obtener la máxima rentabilidad. El mercado financiero depende de que el PIB siga creciendo, pero es imposible crecer por siempre en un planeta finito y es imposible que los insumos sean infinitamente sustituibles.

    Popper propuso la falsabilidad para distinguir lo que es ciencia de lo que no lo es. Pero su criterio falla en que muchas pseudociencias son falsables, y las teorías científicas reconocidas siempre se pueden modificar con hipotesis a la medida para cubrir los casos en que fallan. Popper fue superado por la teoría de las revoluciones científicas de Kuhn.

    Godel no dice que la razón esté limitada. Dice que dado un conjunto de axiomas, es imposible saber de antemano si esos axiomas son contradictorios (lo que significaría que todas las conclusiones obtenidas de esos axiomas son falsas). Además, dice que siempre pueden plantearse problemas que son imposibles de responder lógicamente con ese conjunto de axiomas (problemas indecidibles) ; pero si es posible inventar otro axioma para responder un problema indecidible, pero el nuevo sistema de axiomas también tendrá problemas indecidibles.

    Los teoremas de Godel fueron fatales para el proyecto positivista del Circulo de Viena y para los matemáticos y lógicos ingleses como Russell y Wittgenstein, quienes querían fundamentar las matemáticas en la lógica. Pero no significan el final de la razón ni que las matemáticas sean falsas (pero no podemos demostrar que las matemáticas no sean falsas).

    No entiendo por qué los libertarios dicen que el mercado es más libre que un gobierno. Ambos te obligan a hacer cosas que no quieres. Además, los sistemas que presentan comportamientos emergentes suelen destruir elementos de sí mismos que pudieran amenazar al sistema completo, Por ejemplo, el cuerpo humano tiene células que tienen programada su muerte para evitar volverse cancerígenas. El mercado también tiene esa tendencia a excluir personas. Si no logramos entender el mercado, si es incognoscible ¿cómo saber si está funcionando bien o mal?. Decir que el mercado es lo mejor para fijar precios es un acto de fe, es una proposición indemostrable en la practica.

    Una medusa es un sistema autoorganizado, pero creo es lo más lejos que puede irse sin cerebro. La evolución ha permitido el surgimiento de animales con cerebro ya que la capacidad de razonar da ventajas para la supervivencia. El cerebro humano consume aproximadamente la tercera parte de las calorías que consumimos.

    Actualmente se crean modelos en computadora de empresas, economías, etc, llamadas gemelos digitales, con el fin de realizar simulaciones y revisar cómo pueden mejorarse. El posible que en un futuro sean los modelos de computadoras los que fijen los precios.

    Podemos ver al mercado como un algoritmo de optimización de una sola variable (el precio) , pero la sociedad actual requiere algoritmos de optimización multivariables.

    Si existen sistemas emergentes que han sido modelados y comprendidos por la física y las matemáticas, sin necesidad de implementarlos en la práctica. Podemos decir que la realidad tiene una racionalidad al estilo aristotélico.

    Los lenguajes no son sistemas emergentes. El español está diseñado expresamente para describir el mundo usando las categorías aristotélicas y para ser un lenguaje fonético. Aunque si hay palabras y expresiones que cambian al parecer sin razón (como decir administración en lugar de gobierno, o populismo en lugar de demagogia).

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