Me trataron de hacer pedazos: Entrevista a Ciro Gómez Leyva

Tenía 20 años cuando, una madrugada del verano de 2014, llegué a la redacción del programa que Ciro Gómez Leyva todavía presenta en Radio Fórmula. Me hizo sentarme en la tercera silla de la mesa desde la que conducía, siempre acompañado por su productor, Manuel Feregrino. Pasé la primera hora de la emisión colgado de lo que decían, asintiendo con cara de bobo y tratando de hacer el menor ruido posible. Yo aspiraba a cubrir el futbol, comentar mundiales y algún día terminar en la mesa de análisis de ESPN, pero Ciro tuvo la afortunada disposición de preguntarme si en verdad quería tener 40 años y escribir sobre un Tecos vs Atlas. La respuesta cambió todos mis planes.

Hace unos días se publicó No me pudiste matar (Planeta 2025), el libro en el que Ciro recuenta el intento de asesinato que sobrevivió en diciembre de 2022 —cuando dos hombres lo siguieron al salir de su noticiario nocturno y le dispararon nueve veces. Relata el proceso judicial contra la “célula de ejecución” (la Fiscalía General de la República informó que doce personas han sido sentenciadas por participar en el atentado), y analiza cuatro hipótesis sobre quién pudo haber ordenado su muerte. Lo que sigue es una conversación que sostuvimos.

Ricardo López Cordero: Escribes que a estas alturas no importa tanto quién ordenó el atentado contra tu vida. ¿Por qué dejaría de importar?

Ciro Gómez Leyva: Yo no digo tanto que no importa. Digo que lo que no importa es mi búsqueda por saber porque es muy probable que no me lleve a ninguna parte. Entre otras cosas porque adonde me lleve difícilmente lo voy a creer. Prefiero seguir viviendo sabiendo que alguien me trató de matar. No sé quién, no sé por qué, pero la vida sigue. A estas alturas tú delimitas, vas fijando tus prioridades y la prioridad es seguir viviendo. Seguiré buscando, seguiré reporteando, seguiré atento al caso, pero en este momento no es lo determinante en mi vida.

RLC: De todas maneras propones cuatro hipótesis: la rencilla personal, lo que en el libro llamas “el cagadero”, la represalía por tu trabajo, o el crimen de Estado. ¿Por qué no habrías de creer si se confirma una de las cuatro?

CGL: La primera, la personal, creo que de alguna manera se habría manifestado. No creo que alguien por un agravio mal cerrado o por la razón que sea, se haya metido en la complicadísima empresa de contratar al Bart y al Patrón para que yo ni me enterara quién fue. La segunda, la que en el libro llamamos el cagadero… Más bien la llama un ex compañero con el que hice mi tesis en la Ibero, Rogelio Romero, porque no nos lleva a ningún lugar. “No te querían matar tanto a ti por ser tú sino por las repercusiones que podría tener y el efecto que podría causar”. Yo digo que es una asíntota. Es esa línea que se va haciendo cuando divides diez entre tres y se va acercando siempre un eje, pero nunca lo va a tocar. Represalias sobre nuestro trabajo, pues también. Pero tres años después nadie ha levantado la mano para decir “nosotros fuimos”. Y la cuarta, el crimen de Estado. Pues puede ser, pero hoy no tengo elementos para decir que alguien del Estado, López Obrador, el presidente, el gobierno, me hayan tratado de mandar matar.

RLC: ¿Cómo cambió el atentado tu manera de entender el papel del periodista en México?

CGL: Me hizo ser más empático, mucho más empático, con el dolor de los periodistas y sobre todo el entorno, sus familiares o amigos, sus compañeros de trabajo que han sido afectados. Pero, y también lo digo en el libro, pues llevábamos y seguimos con muchos años de cubrir estos temas. No son novedosos. La novedad de toda esta historia en términos periodísticos es que nadie me había atacado a mí. Nadie me había disparado a la cabeza. El entorno es el que teníamos antes del atentado y el que tuvimos al día siguiente del atentado y que de alguna manera seguimos teniendo hoy.

RLC: ¿Y cómo cambió tu manera de hacer periodismo?

CGL: No lo sé. Quizá de una manera inconsciente me llevó a ser especialmente cuidadoso con la adjetivación, me llevó a ser mucho más cuidadoso en la observación de los criminales. En esencia mi trabajo sigue siendo muy parecido a como lo era antes del atentado, creo. Quien tiene que dar su opinión es el lector, el televidente, el radioescucha.

RLC: El título hace alusión a una doble muerte. Por un lado, la muerte muy literal de alguien a quien le disparan en la cabeza y, por el otro, algo que yo describiría como la muerte profesional. ¿Cómo llegaste a la decisión de equiparar una con la otra?

CGL: El título surgió de un momento de la escritura. Tiene una triple acepción. Una es la parte criminal, por supuesto. No me pudiste matar criminal, Bart, Patrón, quien haya planeado esto para matarme. Una segunda, que es la parte profesional, analógica. Hubo toda una embestida por parte del presidente de la República para matarnos profesionalmente, para acabar con nuestro prestigio, para meternos presiones tremendas en nuestros lugares de trabajo, para desmoralizarnos. Hubo persecuciones fiscales, toda una estrategia del gobierno para debilitar a varios periodistas, no sólo a mí. Y no nos pudieron matar. Nos dejaron lastimados, nos pegaron, nos tocaron, nos mermaron credibilidad. Son muy poderosos y sus canales de amplificación son muy grandes, pero aquí seguimos. Y la tercera, para mí la más importante, es No me pudiste matar, tristeza, desánimo, amargura. Porque a mí me atacaron cuando tenía 65 años. Si me hubieran atacado a los 30, 40, 50, otra cosa habría pasado. ¿Cuántos buenos años me quedan de vida después del atentado entre los 65 y ocho, diez, doce, con suerte quince buenos años de vida. Los quiero seguir viviendo y quiero regalarme y regalar a los míos un buen epílogo de vida.

RLC: No mencionas a Andrés Manuel López Obrador aunque su sombra cubre prácticamente toda la narración y me interesa más que nada como decisión de estilo. ¿Cómo llegaste a esa decisión?

CGL: Seguramente cuando hice los primeros trazos, que los empecé a hacer sin saber a dónde iba en las semanas después del atentado, en una corrección decía López Obrador. “Él, él, él; lo voy a llamar él todo el tiempo”, dije. Entonces se convirtió en un personaje que se llama “él”. A la editorial le gustó y por eso quedó en “él”. Es un personaje tan reconocible que tampoco tiene mucho chiste. Además, creo que fonéticamente, en términos de ritmo, avanza mucho mejor una frase, un párrafo, una página si es él y no es “López Obrador,” “Andrés Manuel López Obrador,” “Andrés,” “el presidente de México”. Es un recurso, una apuesta, un juego descriptivo, narrativo que hice.

RLC: Como analista político, ¿cuál es tu lectura de la contradicción que relatas en el libro? El gobierno que te ataca en las mañaneras y que audita tus cuentas es el mismo que garantiza tu seguridad.

CGL: Es una gran contradicción, muy mexicana, y que vitalmente era muy apasionante. Yo no te diría que la vivía con una aflicción, pero puta madre, me trataron de hacer pedazos con recursos de difusión, de comunicación, con una mala entraña, con ganas de lastimar, de dañar. Hacía todo para despedazarme con su crítica y salía de mi trabajo y tenía un equipo de seguridad que se encargaba de que a nadie se le ocurriera en la calle, hacerlo. Un equipo, además pagado, y debe ser un equipo muy caro, por el gobierno. Porque además es gente de excelencia, en los equipos de seguridad que con su actividad me decían tú sigue haciendo tu trabajo y sigue criticando a ese señor y mañana seguramente te van a golpear. Es una contradicción. A mí en este trabajo me toca exponerla y no tanto hacer las reflexiones, más bien se las dejo a ustedes.

RLC: Cuentas que a finales del 2021 veías cercana la posibilidad de que te encarcelaran por el asunto fiscal y que habías organizado una especie de plan de contingencia. ¿Qué de ese plan se puede compartir hoy?

CGL: Fui sometido a una auditoría con verdaderos afanes perniciosos. Me lo dijeron. La misma gente del SAT. Fue una auditoría que, si bien partía de una forma en que nos pagaban en la empresa de radio, la tomaron, le dieron toda la vuelta, me lo dijeron y además los hechos así lo lo fueron probando, era dañarme. Pero bueno, ahí iba desmontando y desmontando. Y cuando ya había alcanzado un acuerdo con el SAT, así se llama “Acuerdo Conclusivo en la Procuraduría de Defensa del Contribuyente”. Es decir, de los cuatro o cinco rubros que te están cobrando, tú aceptas dos o tres, dices sí, esos voy a pagar, pido que se revisen los otros tres y entras en un periodo de 45 días con el SAT para que lo revisen. En esa situación Adán Augusto López, secretario de Gobernación, me mandó llamar para decirme “oye, te informo que tu expediente ha sido remitido a la Procuraduría Fiscal”. Es decir, el asunto administrativo —me estaba diciendo el dos del gobierno— lo habían convertido en un asunto penal, en posibilidad de cárcel. Fue un momento de una angustia tremenda porque además la hostilidad con López Obrador era muy grande. Entre las cosas que yo planteé, dije “yo no voy a decir que soy perseguido político, ni todo ese cuento que nadie va a creer”. Tomé la decisión de prepararme anímica, personal, familiar y económicamente para ir a la cárcel. Algún amigo que tú conoces, otra persona que sabrás quién es y una tercera persona por ahí, saben lo que tenía pensado hacer en caso de que dieran el paso de la cárcel. No lo dieron. La Procuraduría Fiscal no me citó. No me congelaron las cuentas. Ocho meses después terminé pagando y creo que estaba dispuesto a dar un paso de enorme riesgo, pero eso no ocurrió. Me quedaré siempre con la reflexión para mí de si me habría atrevido a hacer lo que pensaba hacer. Pero como no ocurrió, ya no importa. Si ya no ocurrió ya no ocurrió. ¿Lo iba a hacer o no? Yo creo que lo hubiera hecho, estaba preparado para hacerlo.

RLC: Para mí, este libro, además de ser un relato periodístico, un relato en primera persona, es un cuaderno de lecturas. Ahí están Houellebecq, Rushdie, Baricco, aparece Camba. ¿Por qué integrar literatura al relato periodístico?

CGL: No la integro, yo voy avanzando. Si ves, es un libro en el que constantemente estoy haciendo divagaciones. Hay un momento en que digo “One shot, one opportunity”, ¡Eminem! Por ahí digo “como cita Luis Landero”, o “como dijo en una entrevista González Iñárritu”. Son referencias, casi todas, muy contemporáneas. No cito clásicos, no cito a Borges, no cito a García Márquez ni a Octavio Paz, más bien para darle un un tono muy de lo que es este relato, muy contemporáneo. No me regreso a mis orígenes profesionales ni personales, no me salgo del entorno narrativo en el que me muevo y creo que la mayor parte de las referencias que hago son muy contemporáneas. Son cosas que se escribieron en esos días, o libros que se publicaron en esas fechas, o autores que digamos tenían un peso, una sonoridad, en ese momento.

RLC: Hay un un libro con el que yo he pensado que claramente estás en diálogo: el de Rushdie, Knife.

CGL: No. Lo cito. Primero porque Rushdie vivió un atentado en agosto del 2022, yo en diciembre. Su libro se publicó a mediados del año pasado y sólo hago dos referencias a él. Una frase que cito entre comillas sobre la importancia del apoyo y el cariño de un grueso de personas, no sólo de los más cercanos, en un momento así. Creo que es muy bello. Otro para confrontarlo. Él llama “asno” a la persona que lo atacó. Yo digo que no llamaría así a las personas que me atacaron. Es todo. No iba a tratar de cometer la ingenuidad de tratar de tener un diálogo y mucho menos una confrontación con Rushdie.

RLC: ¿Escribiste en presente mientras ocurrían los hechos o este es un ejercicio de recopilación de tus notas y diarios?

CGL: Este trabajo tiene tres momentos. El primero estuve escribiendo párrafos, pequeños relatos después del atentado, durante dos, tres, cuatro, cinco meses sin saber bien a bien qué iba a pasar, pero me di cuenta de que la historia estaba en movimiento. Iban surgiendo personajes que yo no imaginaba y personajes que luego, en términos de una historia, son muy atractivos. El Bart, por ejemplo. Cuando empecé a escribir, no tenía idea quién era el Bart. No sabía que iba a surgir un señor que se llamaba el Patrón. Tenía muchas dudas de escribir el libro, pero finalmente, al cumplirse un año, dije “ya no me interesa tanto la verdad jurídica, la verdad legal, voy a tratar de contar esta historia”. A finales del 2023, arreglé un poco lo que había hecho. A finales del año pasado, ya estando en Madrid, y los primeros meses de este año, sí lo reescribí completamente y lo acabé.

RLC: Eres explícito en el libro en que no querías escribir una narración más sobre el México salvaje, el México violento. ¿Cuáles son las decisiones editoriales y periodísticas que tomaste para no caer en el tropo?

CGL: Sí caigo en el tropo. Con toda la parte política, la reflexión personal, pues sí termina siendo un libro sobre el México criminal. Ni hablar. Sabía que eso iba a hacer. Sabía que si lo escribía era muy probable que se catalogara así. Más bien mi decisión era si publicar o no publicar el libro. Personas cercanas sabrán que esa decisión la tomé a principios de este año, quizá a finales del del año pasado. Si esta era una historia para entregársela en mano a 200, 300 personas, una de ellas habrías sido tú, que habrían leído el libro con interés. O lanzarme a hacer una edición masiva. Finalmente hice la edición masiva y ya fue así. No voy a decir que me arrepiento.

RLC: Leo el libro como un intento de dar el tema por terminado y que tu vida y que tu carrera sean más que “Ciro Gómez Leyva, el periodista que sobrevivió a un atentado”.

CGL: El libro tiene distintas dimensiones. Hacer el relato tiene una parte de sanación. En fin. Una de ellas que espero lograr es, pasado este ciclo de conversaciones, entrevistas, un poco de promoción del libro, aprovecharlo para darle un cerrojazo informativo, periodístico al tema del atentado. No vivencial, pero sí ya también dejar de hablar del tema. Llevo ya tres años hablando del tema. Agradezco muchísimo a los periodistas el acompañamiento que me han dado, el interés que han tenido en el tema, pero yo creo que lo que tenía que contar y reflexionar sobre el Bart, sobre todos ellos, sobre la célula de ejecución, ya lo hice. Uno de mis objetivos, no sé si lo logre, ya ves que luego nos planteamos objetivos y fracasamos, es darle un un cerrojazo profesional, periodístico, discursivo, narrativo al tema del atentado. A ver si lo logro.

Ricardo López Cordero

Director de Ibero 90.9

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Publicado en: Vida pública