Notas sobre los jesuitas en la Tarahumara: la última cena con Joaquín y Javier

El 15 de julio de 2021 mi familia y yo cenamos en Cerocahui, municipio de Urique, en la Sierra Tarahumara, con los cuatros jesuitas de la comunidad que está a cargo de la parroquia de San Francisco Javier y de otras cuarenta poblaciones de la zona. La  cena fue en la cocina de su casa, que está junto a la iglesia: una construcción modesta. Mientras transcurría la plática, el padre Joaquín Mora (1941) calentaba los tamales y hacía las quesadillas. Sybille, mi esposa; Sebastián y Sofía, mis hijos; y yo preguntábamos a los jesuitas sobre su trabajo en la sierra, sobre la cultura y la lengua rarámuri, la presencia del narcotráfico y el papel del Ejército y la Guardia Nacional. Quien condujo la conversación fue el padre Javier Campos (1943), superior de la comunidad y gran conocedor de la Tarahumara y la cultura rarámuri, quien tiene más de cuarenta años trabajando en la sierra.

Al día siguiente, muy temprano, hice notas para que no se me olvidara la conversación. Hoy me gustaría compartirlas con ustedes. Todas son afirmaciones que los jesuitas hicieron en la cena. Las recojo de manera textual. La mayoría, como ya dije, son del padre Campos. Aquí van:

El control de la Sierra Tarahumara se lo disputan el Cártel del Pacífico y La Línea. El Cártel Jalisco Nueva Generación ha intentado entrar en diversas ocasiones y formas, pero ha sido rechazado.

La sierra está bajo el control del crimen organizado, quien impone a las autoridades municipales que quiere. Su poder ha estado siempre presente, pero ha crecido en éste gobierno.

Los criminales  respetan a los jesuitas y el trabajo pastoral que desarrollan. Los dejan hacer. Con frecuencia solicitan sus servicios para bautismos, quince años, matrimonios y defunciones.

Los jesuitas ejercen su ministerio de manera abierta y al servicio de todos sin exclusión alguna. Los criminales saben que así es y lo aceptan. Asumen que ellos no distinguen entre cárteles.

Señalan —dando algunos ejemplos para sostener lo que han vivido a lo largo de décadas— que los oficiales del Ejército suelen ser prepotentes y arbitrarios, con las comunidades y con ellos.

De los criminales siempre reciben buen trato y solo ha habido algún problema cuando éstos están borrachos o drogados, cosa que no es común.

El cultivo de la mariguana con el proceso creciente de legalización en Estados Unidos ha dejado de ser rentable. Ahora se cultiva en pequeña escala.

La actividad económica en la que ahora ha incursionado el crimen organizado es la tala ilegal de los bosques. De manera arbitraria y violenta desalojan a los indígenas y los despojan de sus tierras. Quien se resiste es eliminado.

Hay evidencia contundente de que en la sierra la Guardia Nacional (GN), de diversas formas, protege a los criminales. Es muy claro que en el trasiego de la madera la GN va por delante.

En el tiempo de éste gobierno el crimen organizado se ha expandido y consolidado en la Sierra Tarahumara. Los padres saben que no es un fenómeno exclusivo de esta región del país.

Señalan que en la sierra nadie puede generar la cantidad de trabajo que genera el crimen organizado, ni tampoco pagar los salarios que este ofrece.

El crimen organizado aprovecha que el actual gobierno se ha replegado y cedido terreno para ampliar su radio de acción.

La presencia de los jesuitas en la Sierra Tarahumara se da desde 1619, cuando el portugués Pedro Mendes llegó a Chínipas, muy cerca de los límites con la hoy Sonora.

En 1767 los jesuitas dejaron la Nueva España a causa de la política de supresión de la Compañía de Jesús en los reinos de los Borbones. En 1770 un Papa suprime a los jesuitas; y en 1814 otro Papa los restituye.

La Compañía de Jesús regresa a la Tarahumara en 1900 y ahí sigue. La relación entre la comunidad rarámuri y los jesuitas es histórica. Son más de cuatrocientos años.

Solo semanas atrás el padre Mora pidió a su hermano jesuita, el padre Rafael Moreno —quien trabajó con monseñor Oscar Arnulfo Romero, ahora santo— que lo llevará a El Salvador.

Quería conocer los sitios donde habían sido asesinados el padre jesuita Rutilio Grande, ahora beato, monseñor Romero y los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA). Pudo cumplir su deseo.

Con los padres Mora y Campos, cuando fui jesuita, coincidí en diversos espacios y tiempos. Cuando ellos estudiaban teología, en la casa de los jesuitas que ahora es el Instituto Tecnológico Autónomo de México, yo estudiaba filosofía.  El pasado 20 de junio, Joaquín y Javier fueron asesinados por un narcotraficante dentro de la iglesia de Cerocahui. Un hombre herido, perseguido por éste, entró a la parroquia; los padres lo asistieron. El asesino los mató por el hecho de ser solidarios con el necesitado.

 

Rubén Aguilar Valenzuela

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Publicado en: Justicia, Política, Seguridad

Un comentario en “Notas sobre los jesuitas en la Tarahumara: la última cena con Joaquín y Javier

  1. SALUDOS A DON RUBEN AGUILAR VALENZUELA,., MAGNÍFICOS E INTERESANTES LOS
    ESCRITOS PUBLICADOS.,

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