Pandemia, año uno

La pandemia de SARS-COV-2 /covid-19 pronto cumplirá un año en un curso de transmisión que crece sin cesar. En todos los continentes los casos se multiplican con una grave carga de enfermedad (covid-19) que resulta en una alta demanda de atención médica, muy por arriba en ocasiones de las capacidades asistenciales. En México este próximo diciembre estaremos contando un millón de infectados (comunicación personal de Gustavo Cruz, UNAM) y más de 100 000 fallecimientos. En el mundo estaremos cerca de los 50 millones de infectados. Enfermedad, muertes, crisis económica, y desafortunadamente, una continuada polarización social que se alimenta de la gravedad de la epidemia y se desarrolla a la sombra de una organización informativa que desconoce los tópicos relevantes de epidemiología y salud pública, volcada sin embargo, en palabras flamígeras. La crítica pobremente fundada desinforma y los mensajes, que deberían ser claros y contundentes, se vuelven motivo de conflicto y el público se extravía. Las visiones se sesgan y el sectarismo incluso desde personajes que presumen de nobleza y objetividad prevalece y distorsiona la realidad.

Ilustración: Víctor Solís

En este escenario es oportuno repasar la evolución, las acciones y las reacciones de lo ocurrido en nuestro país y hacer un intento por delinear los temas que ya se vislumbran en el futuro inmediato y a mediano plazo.

Desafortunadamente la respuesta a la epidemia se ha convertido en una arena de descalificaciones, improperios, y hasta acusaciones inauditas. La politización de la gestión de la epidemia es inevitable. Los comunicadores son oráculos de la epidemiología y los políticos médicos trabajan para esconder su historia de complicidad y desaciertos en la deconstrucción del sistema médico a lo largo de medio siglo.

Este es un evento biológico que sabíamos, se anticipaba, tendría un altísimo costo en dolor, sufrimiento, muertes, y las graves pérdidas económicas y sociales que hoy presenciamos. Cierto es que ha sido difícil prever la magnitud, y de hecho, a pesar de estar inmersos en él, la mayoría de las personas, líderes de opinión y personajes políticos no terminan de comprender la naturaleza y magnitud del desastre. Hoy los editoriales claman las terribles consecuencias como si estas fueran resultados de la gestión actual cuando es una catástrofe anunciada.  Si es cierto, son demasiadas las muertes. Si es cierto, los cálculos y previsiones no han sido exactos, no puede ser de otra forma. Si es cierto, se han cometido errores. Si es cierto, todo esto duele en exceso. Si es cierto, hubo graves insuficiencias en la mayoría de insumos y equipos de protección. Todavía hoy, hay insuficiencias.

También es cierto que enfrentamos una gravísima epidemia que nos colocó en un escenario completamente desconocido. No tenemos ni balas de plata ni la receta magistral para resolver el sinfín de circunstancias que va planteando el coronavirus SARS-COV-2. Así, como las cosas raras ocurren raramente, los eventos muy graves tienen resultados muy graves, y la pandemia de covid-19 es un fenómeno gravísimo.

Es particularmente cierto, que la condición de desastre tan exacerbadamente puntualizada y analizada por burócratas y ex  -políticos no da cuenta del desmantelado sistema que diseñaron, y que en sus manos se fue desintegrando. Si hoy tenemos un alto número de muertes, si covid-19 será la primera causa de muerte, y si la tragedia es inmensa, no es por una respuesta equívoca sino porque nuestro sistema de salud ha sido una entelequia. Hoy se muere con covid-19 y sin covid-19 por la precariedad de un sistema que un grupo de especialistas” mantuvo con la sonrisa pintada en sus rostros.

Pronto cumpliremos un año de epidemia y hoy el horizonte es diferente pero continúa complicado. Si habrá vacuna pero no pronto, si habrá tratamientos pero no aún, los no infectados continuarán contagiándose y muchos enfermaran gravemente, el sistema hospitalario reconvertido tiene que repensarse analizando su desempeño. La realidad ha impuesto su crudeza enseñándonos que no son suficientes más ventiladores o monitores, que los homenajes y los aplausos no impiden la transmisión del virus en el personal de salud, que los planes para ocho semanas son sueños guajiros, que la precipitada Guía Bioética fue una pretensión
patética, y que el cinismo y la irresponsabilidad tienen como resultado el desastre que lamentamos todos.

Después de meses de trabajo continuo e intenso los equipos médicos están desgastados. Han trabajado en jornadas extenuantes y continuas, enfundados con las incomodas máscaras, caretas, lentes, guantes, sometidos a la presión de la gravedad de sus enfermos, al riesgo del contagio y a la precariedad de insumos. A pesar de esta dedicación el personal de salud es objeto de acusaciones y denuestos equivocadas e inoportunas. El tema del riesgo de infección en el personal de salud ha sido objeto de particular interés porqué desde el inicio se sabía de su gravedad. Es fundamental supervisar las recomendaciones de seguridad.

Simultáneamente aquí y ahora tendría que evaluarse si la segregación de pacientes entre covid-19 y no-covid-19 es útil ante una prevalencia que continua aumentando y una muy alta población de asintomáticos. Los enfermos pueden acudir por apendicitis o por una infección urinaria estando infectados por SARS-Cov-2 sin molestias respiratorias. Hoy, en cualquier servicio médico tenemos que asumir que todos están potencialmente infectados y en todos tomar precauciones. Así se hace en VIH y así tendrá que implementarse para SARS-Cov-2.

Es urgente tratar de restaurar la fractura en el sector salud. Las instituciones de seguridad social (IMSS e ISSSTE) no han organizado una respuesta para la atención adecuada de sus derechohabientes. Tampoco para el cuidado de sus trabajadores. Su mortalidad es mayor que la informada por otros sectores, mientras que el número de pacientes atendidos es menor.

Entramos al final de 2020 con muchas tareas pendientes. Está iniciando la temporada de influenza y el tema es crítico no solo porqué influenza y covid-19 simultáneas, podrían rebasar la capacidad instalada con todo y la reconversión, sino porque debemos ya preparar el sistema que permita organizar la vacunación para covid-19, con una vacuna que probablemente requerirá dos dosis y cadena de transporte con congelación. Hoy no estamos listos y no se podrá organizar de un día para otro.

La epidemia está en evolución, sorteamos apenas el principio y los meses que vienen requieren recursos para el sistema de salud, ampliaciones para el sistema de vacunación (centros, almacenes, congeladores, transporte y personal dedicado y entrenado), y un análisis para reajustar el trabajo institucional. Los enfermos sin covid-19 esperan que el sistema pueda re-reconvertirse para poder continuar su cuidado. Éste, es hoy, un  grave problema que requiere inmediata atención y también muchos  recursos.

En la antigüedad las epidemias se atribuían a fenómenos astronómicos o a la ira de los dioses. Hace pocas décadas se culpaba a los mismos enfermos de la epidemia de SIDA. Hoy, deberíamos de tener la claridad de reconocer que no hay culpables y que señalar, acusar, insultar, solo evidencia una lamentable falta de conocimientos y/o un pervertido gusto por el protagonismo. La incertidumbre crece por opiniones de improvisados epidemiólogos y críticos de consultorio privado con buena intención pero poca visión. Desde luego la rigidez burocrática y la inmovilidad institucional colaboran para el desencuentro.

Ninguno de los temas pendientes es fácil y requerirá del mayor esfuerzo y capacidad de concertación de la actual administración. Desarrollar estas tareas requiere que toda la sociedad participe. Lo menos que necesitamos hoy son críticas superfluas, declaraciones protagónicas, política barata y declaraciones altisonantes pero huecas. La población requiere mensajes claros.

El virus acecha desde nosotros mismos y es un lobo que percibe una larga temporada de caza.

 

Samuel Ponce de León R.
Médico, infectólogo. UNAM.

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Publicado en: Política, Salud

5 comentarios en “Pandemia, año uno

  1. Callar como momias hasta que se acabe el sexenio, y ya después decir que el gobierno anterior es responsable de los males del presente. Y, mientras tanto unirnos en no hacer nada porque la situación es difícil.
    Ahora resulta que hay que ser espectadores de la tragedia, para no hacer sentir mal al gobierno actual.

  2. Esta pandemia está demostrado que hace falta comunicadores de ciencia capacitados para educar a la sociedad y científicos que puedan separar su entrenamiento técnico de su ideología política, la cual, en no pocas ocasiones los ciega y no logran proporcionar ninguna ayuda. El cambio de régimen vino a mostrar que un buen científico, no necesariamente, es un buen ciudadano.

  3. De acuerdo con Ud. Dr Ponce de Leon, hoy en la comparecencia del Dr López Gatell los representantes de los partidos políticos que gobernaron los últimos 40 años se mostraron groseras, huecas y sin respaldo a sus argumentos y solo se percibió la violencia y el protagonismo.
    Y no se apreció deseos de colaboración.

    1. Excelente articulo Doctor! Es muy duro lo que escribe, pero esencial… Creo que el cambio y los refuerzos tendran que venir de la Sociedad Civil organizada y no polarizada, pues francamente veo a nuestros dirígentes sobrepasados, perdidos y …
      Si la respuesta es una poblacion bien informada y organizada? No seria bueno abrir canales alternativos de comunicacion? Soy periodista especializada en Cine y documentalista. Me gustaria entrevistarlo, como puedo ponerme en contacto con usted?
      Saludos cordiales
      Isabel Cardenas Cortes

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