¿Por qué no son suficientes las propuestas en materia de cuidados?

Esta es la quinta entrada de una serie sobre la construcción de un sistema integral de cuidados en México. Las entregas anteriores son:

¿Por qué seguimos hablando del problema de cuidados en México?

¿Qué no es un sistema de cuidados?

¿Cómo diseñar un sistema de cuidados?

Parte I: poblaciones, enfoques y componentes

Parte II: instrumentos para articular el sistema en torno a las necesidades de las personas


Las campañas electorales suelen ser un momento ideal para incluir nuevos temas en la agenda pública o dar visibilidad a demandas sociales o propuestas de política. No son el espacio para entrar a los detalles técnicos o especificar el diseño concreto de las políticas, pero sí para identificar prioridades, hacer explícitas las preferencias de cada opción política y empezar a conocer las reacciones de las comunidades interesadas y de especialistas. En 2024, las mexicanas y los mexicanos escogeremos a la próxima presidenta de la República, legisladores federales y estatales, gobernadores y alcaldes. Hay un conjunto de temas ineludibles, dados los problemas sociales, como la inseguridad, el sistema de salud o la pobreza, pero hay otro que refleja la visibilidad de nuevas agendas que han ganado espacio en México y en otros países de la región: la agenda de cuidados. Se trata de un asunto que en elecciones previas no tenía visibilidad pública, pero que tras la acumulación de evidencia, el activismo de organizaciones sociales, el involucramiento de legisladoras y funcionarias y las incipientes experiencias en el ámbito subnacional, se ha hecho presente en las agendas de las principales fuerzas políticas en los tres ámbitos de gobierno.

Se trata de un tema que ha ganado tracción en la discusión pública y que ha llevado a que candidatas y candidatos hagan propuestas más o menos concretas para empezar a ofrecer soluciones. Desde luego, eso no garantiza que de verdad se actúe tras la elección en el diseño de un sistema de cuidados o que se construya la oferta necesaria para satisfacer las necesidades de las personas. Es necesario someter a un examen crítico esas propuestas, para que no se crea que sólo por crear o revivir algunos programas o ampliar las transferencias monetarias se está haciendo frente a la crisis de cuidados que enfrenta el país.

¿Con qué estándar debemos valorar si las propuestas de las candidatas y los candidatos son adecuadas para atender la crisis de los cuidados? Desde luego, un hogar siempre estará mejor con una transferencia que sin ella. Pero eso no significa que las transferencias sean la mejor alternativa de solución para la crisis de cuidados que enfrentamos. Dicho de otra forma, la pregunta no debe ser si es mejor tener estancias infantiles que no tenerlas, o si un hogar está en mejores condiciones cuando recibe una transferencia monetaria. La pregunta relevante es si se transforman las condiciones en que los hogares cubren sus necesidades de cuidado y si se garantiza que quienes cuidan lo hagan sin comprometer su bienestar.

A nivel internacional, organismos internacionales como la ONU, la CEPAL y el BID están fijando un estándar distinto: uno en donde el cuidado sea el principio organizador de la sociedad. Esta perspectiva, conocida como economía del cuidado, trasciende la visión tradicional de la economía, la cual se limita a considerar (y valorar) sólo las transacciones comerciales. Como plantea la OIT, “se requieren nuevas soluciones a la prestación de cuidados en dos frentes: en lo que respecta a la naturaleza y la facilitación de políticas y servicios de cuidado, y en términos de las condiciones en que los cuidados se prestan”. La aspiración de tener un país en donde los cuidados estén al centro de la sociedad permite valorar en su justa dimensión las propuestas de las personas que están contendiendo por una candidatura. Al hacerlo, dos problemas se hacen evidentes. El primero es sobre la clara insuficiencia de las propuestas. El segundo, sobre la (falsa) premisa en la que descansan todas estas propuestas y que provoca que, incluso si tienen éxito, no transformen las condiciones en que se prestan los cuidados.

Para explicar estos dos problemas, en esta entrada hacemos un breve recuento de las propuestas que han hecho las candidatas y los candidatos a la Presidencia, gubernaturas y tres de las principales ciudades del país. No es un mapeo exhaustivo ni un análisis detallado de cada una de las propuestas (pues en la mayoría de los casos las mismas candidaturas no han entrado en detalles). Únicamente consideramos las propuestas que se han hecho públicas en medios de comunicación o, en algunas ocasiones, en los debates organizados por los institutos electorales.

La siguiente tabla identifica el número de propuestas que las y los candidatos han realizado en cada uno de los territorios en cuestión. En algunos casos, las propuestas se han enmarcado como parte de un sistema —municipal, estatal o nacional— , en tanto en otros únicamente se han propuesto como programas o servicios aislados. Este análisis nos permite observar ciertas tendencias e identificar temas que, pese a la gran atención que está recibiendo esta agenda, aún siguen pendientes.

Es una buena noticia que la agenda de cuidados esté ganando terreno en el debate público y, a su vez, en las propuestas de quienes aspiran a puestos en los distintos órdenes de gobierno del país. Identificamos sesenta propuestas de campaña en materia de cuidados en los doce casos que analizamos. A nivel estatal, hay al menos una propuesta en ocho de las nueve entidades federativas (incluyendo la Ciudad de México) que renovarán gubernaturas este año. El único estado en el que no identificamos ninguna propuesta relacionada con los cuidados es Chiapas. A nivel local, revisamos las propuestas que se han hecho en Monterrey y Guadalajara. En Monterrey, únicamente identificamos propuestas de una de las candidaturas y en Guadalajara de ninguna. En Jalisco, la Ciudad de México y a nivel federal hay propuestas en materia de cuidados por parte de todas las candidaturas.

El problema de propuestas poco pertinentes e insuficientes

Lo anterior indica que la agenda de cuidados no sólo no es prioritaria en todos los casos, sino que en algunos lugares está completamente ausente. Y en los casos en los que sí hay propuestas, hay un primer conjunto de problemas evidentes: no sólo no se ha explicado cómo van a funcionar o financiar esas propuestas sino, más grave aún, las propuestas anuncian desde ya la atención apenas parcial a la crisis de los cuidados. Incluso si las candidatas o los candidatos con más propuestas en materia de cuidados triunfaran en las elecciones, sería marginal lo que se modificaría sobre cómo hoy se prestan y reciben cuidados. Y esto no es una valoración desde el pesimismo. Por el contrario, incluso concediendo que quienes triunfen tuvieran un éxito rotundo en implementar lo que están proponiendo en materia de cuidados, lo que veríamos no transformaría el hecho de que los cuidados son poco valorados, están familiarizados y feminizados.

Como se muestra en la tabla anterior, las tres propuestas más comunes son las estancias infantiles, programas de transferencias monetarias y escuelas de tiempo completo, en ese orden. El problema es que con las transferencias que se entregarían a las personas cuidadoras (que ya sabemos que en su mayoría son mujeres) seguiríamos teniendo una sociedad en donde los cuidados continúan estando feminizados. Y si consideramos que los montos de este tipo de apoyos suelen ser muy bajos, continuaríamos también viviendo en una sociedad en donde los cuidados están infravalorados. Exigir algo distinto no es un llamado a que las mujeres dejen de cuidar, sino a que lo hagan sin que ello amenace su salud física, emocional y, en demasiados casos, su subsistencia.

Desfeminizar los cuidados necesariamente implica redistribuir este trabajo entre hombres y mujeres dentro del hogar. Sin embargo, es notable la ausencia de propuestas enfocadas en este sentido. Únicamente identificamos dos: las licencias parentales, una propuesta de Salomón Chertorivski con la que busca que los hombres tengan una paternidad activa, o la estrategia de cambio cultural presente en las Utopías en Iztapalapa, que Clara Brugada ofrece replicar en la Ciudad de México.

Por otra parte, el problema con la creación de estancias infantiles y escuelas de tiempo completo es que nos situaría, en el mejor de los casos, en donde estábamos hace seis años. Si bien entonces estábamos en una situación mejor que la actual en materia de servicios de cuidados, aquella también distaba mucho de ser ideal —para empezar por su insuficiente cobertura. Pero el problema más grave es que no hay una oferta equivalente para mejorar las condiciones de cuidado de las personas con discapacidad o de las personas mayores, particularmente de aquellas con alguna dependencia física o deterioro cognitivo. Estos grupos no eran atendidos entonces, ni lo serían con las acciones que se proponen ahora. De hecho, únicamente identificamos propuestas para crear espacios de cuidado de personas mayores en seis candidaturas, y tres son de la Ciudad de México. Desafortunadamente, observamos algo similar en el caso de las propuestas de apoyos y espacios para personas con discapacidad.     

Ilustración: Kathia Recio

El problema de las propuestas en lógica fragmentada

El segundo problema con las propuestas de las candidatas y los candidatos es que se sigue pensando en los cuidados como algo que puede ser atendido con la suma de distintas piezas desarticuladas. En la mayoría de los casos, las propuestas se plantean haciendo alusión a un sistema de cuidados, aunque en ningún caso se ha detallado su diseño. El planteamiento no sorprende en algunos estados, como Jalisco, pues la creación de un sistema de cuidados ya está establecido como un mandato en su legislación. Pese a que la propuesta de crear un sistema está presente en al menos una candidatura en nueve de los doce casos que revisamos, se han dado pocos detalles sobre cómo funcionaría, es decir, sobre los instrumentos para articular el sistema en torno a las necesidades de las personas.

Más allá de transferencias y estancias, hay algunas propuestas novedosas. Para reducir la carga de cuidados de las familias, Pablo Lemus, en Jalisco, ofrece crear guarderías nocturnas para compensar la falta de espacios de cuidado para quienes trabajan por la noche. El candidato por la gubernatura de Tabasco, Javier May, busca dar atención en casa a personas mayores y personas con discapacidad motriz. Laura Haro, también en Jalisco, propone crear una Ciudad Mujer en la que se concentren servicios y dependencias gubernamentales en un mismo lugar. No obstante, esas propuestas no buscan atender de forma integral a las personas, y eso significa que la carga administrativa de resolver todo lo que pasa antes y después de que una niña, persona mayor o alguien con discapacidad entra a la guardería, reciba atención especializada o acceda a un centro de día sigue siendo exclusivamente de la familia, no del gobierno. Y el problema no sólo es que esto ocurre a costa del bienestar de las personas cuidadoras, sino también en detrimento de la calidad de los cuidados que reciben las personas que lo requieren. El problema más grave es que no todas las familias están igual de equipadas para resolverlo. Cuando un niño o una niña nace con alguna discapacidad en una familia que no es pobre, uno de los familiares puede permitirse dejar de trabajar para dedicar su tiempo a buscar opciones para su diagnóstico y tratamiento. Cuando lo mismo ocurre en una familia en pobreza, en un hogar monomarental, o cuando las familias no tienen acceso a la seguridad social, las opciones son menos y de peor calidad.

Más allá de la efervescencia electoral

Tener los cuidados al centro de la agenda pública es una gran noticia. Parecería que hay un consenso en que el tema no puede ser postergado. Si esa visibilidad logra traducirse en decisiones legislativas y de política pública en los meses que sigan a la elección, el país podría comenzar la ruta hacia la construcción de una oferta articulada para atender las necesidades de cuidado de las personas. Pero es importante que el mismo esfuerzo que se ha desplegado para atraer la atención hacia la urgencia de contar con un sistema de cuidados acompañe su proceso de construcción para no aceptar propuestas genéricas o que reproducen desigualdades sociales y de género. Propuestas efectistas —una ley o un programa de transferencias— pueden simular ser soluciones, pero retrasar la articulación de un sistema que funcione en torno a las necesidades distintas y cambiantes de la población.

Así, tras la efervescencia electoral, será necesario volver a asumir la complejidad de la crisis de los cuidados y la necesidad de tener un estándar exigente para valorar las soluciones planteadas. La perspectiva de cuidados no deberá informar sólo las propuestas hechas explícitamente en esta materia, sino también deberá reconocerse que hay una larga lista adicional de propuestas en otras materias —desde salud y educación hasta movilidad y seguridad social— que pueden incidir en la forma en que se garantizan los cuidados. Y será necesario también hacerse cargo de que México sigue siendo un país federal, y que tendrá que pensarse en la mejor forma de distribuir las responsabilidades entre ámbitos de gobierno, para evitar traslapes y descoordinación. Si no lo hacemos, se desperdiciaría la ventana de oportunidad que se ha abierto durante las campañas para poner los cuidados en el centro de la agenda y, con ello, perderíamos la posibilidad de transformar la forma en que cuidan y reciben cuidados millones de personas en México.

 

Cynthia L. Michel
Candidata a doctora por la Hertie School

Guillermo M. Cejudo
Profesor de la División de Administración Pública del CIDE y editor de Pacto federal

Adriana Oseguera Gamba
Maestra en Política Social Comparada por la Universidad de Oxford y en Evaluación de Política Social por Rice University