El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas militares chilenas ocuparon el Palacio de La Moneda e impusieron una dictadura militar. Salvador Allende, presidente electo por vías democráticas, fue destituido de su cargo. Por mucho tiempo, se entendía que el retroceso democrático era equivalente al escenario chileno: actores violentos que tomaban el poder, instauraban un régimen autoritario y suspendían las elecciones. En años más recientes, sin embargo, el proceso bajo el cual las democracias se deterioran es muy distinto. En países como Nicaragua, Venezuela y El Salvador, líderes electos por vías democráticas erosionan las normas de la democracia desde dentro en un proceso al que se le denomina “erosión democrática”.

¿Qué es la erosión democrática?
Para hablar sobre erosión democrática, es necesario definir qué es democracia. La democracia es un sistema de gobierno en el que éste responde a las preferencias de sus ciudadanos. Para ello, es necesario que estos formulen y expresen sus preferencias, lo cual en la práctica se observa como la posibilidad de competir por el poder y de ser incluido en el proceso bajo el cual se elige a los gobernantes. Por lo tanto, se entiende que hay democracia en términos de Robert Dahl (es decir, una “poliaquía”) cuando: la oposición puede competir, los ciudadanos expresan sus preferencias en elecciones libres, el gobierno en turno está limitado por otros poderes, y hay libertades tales como la de expresión y asociación.
Cuando se habla de erosión democrática, se entiende que un sistema político está perdiendo cualidades democráticas, sin que esto indique que un país se convirtió de forma automática en una dictadura (aunque a veces sí se llega a este punto). En los años sesenta y setenta en América Latina, esto sucedió en la mayoría de los casos como un proceso violento en el que actores externos al gobierno en turno imponían a un líder y suspendían elecciones. Actualmente, el método bajo el cual las democracias son afectadas es muy distinto. Ahora es más común que un líder que sí fue electo por vía democrática ataque a las instituciones para afianzarse en el poder. Por ejemplo, en El Salvador, Nayib Bukele logró reelegirse para un segundo término como presidente a pesar de que la constitución prohíbe la reelección presidencial.
Es importante notar que este proceso no es ideológico: líderes de izquierda (como Hugo Chávez en Venezuela) y de derecha (como Viktor Orbán en Hungría) en todo el mundo han atacado instituciones democráticas para tener más poder. Además, es un proceso difícil de detectar ya que por lo general se lleva a cabo de forma gradual e incremental (mientras que el líder a cargo se proclama como un demócrata). Sin embargo, al ir cambiando poco a poco las instituciones democráticas, puede ser muy difícil detener el deterioro de la democracia ya que los mecanismos que controlan al líder dejan de funcionar.
No es sorprendente, entonces, que en la mayoría de los regímenes autoritarios del mundo haya elecciones (según datos de V-Dem, en 2022 el 63 % de los regímenes autoritarios del mundo tenían algún tipo de elección).1 Éstas existen porque le permiten al partido en el poder fingir ante audiencias internacionales que son más democráticos de lo que realmente son. Asimismo, le otorgan información al gobierno sobre qué tan fuerte es la oposición. Por ejemplo, en Hungría, Orbán y su partido, Fidesz, fueron electos en 2010, y poco a poco han cambiado el esquema institucional húngaro para poder mantenerse en el poder. Así, en 2022, a pesar de que hubo elecciones, el Parlamento Europeo catalogó a Hungría como una autocracia electoral.
¿Cómo detectar que hay erosión democrática?
Dado que la erosión democrática es un proceso incremental y gradual, que supone a un líder que poco a poco disminuye la calidad democrática, es un proceso difícil de identificar. Por ejemplo, a veces ciertas acciones que podrían parecer antidemocráticas podrían ser sólo procesos políticos. Sin embargo, algunas señales de alarma que indican que la democracia está en peligro son aquellas con las que un presidente busca debilitar los organismos que limitan su poder, o lo que se conoce como “agrandamiento del Ejecutivo”.
Las acciones que le otorgan más poder al Ejecutivo suelen llevarse a cabo por vías legales en forma de reformas constitucionales que le conceden más poder al presidente. Otras veces, son reformas electorales que hacen que el partido en el poder tenga mayor ventaja para ganar elecciones —por ejemplo, disminuir el presupuesto que partidos de oposición reciben en época electoral, o afectar el funcionamiento de los organismos que se encargan de contar votos. Otro tipo de maniobras son las que afectan la independencia del Poder Judicial, o las que interfieren con el proceso legislativo. Muchas veces, estos actos suelen volver al partido en el gobierno más poderoso, mientras que debilitan a la oposición al hacer que su actuar esté más constreñido. En su manifestación más extrema, la erosión democrática lleva a que la oposición esté completamente inhabilitada y a que cualquier muestra de disenso con el gobierno se castigue , tal como sucede hoy en Nicaragua bajo el gobierno de Daniel Ortega.
Las reformas electorales, al Poder Judicial, o al proceso electoral, no son en sí mismas una amenaza a la democracia. Sería absurdo decir que no pueden reformarse si no funcionan de forma adecuada. Pese a ello, estas reformas causan alarma si en la práctica le dan más facultades al líder en turno para poder obrar como le plazca, o si disminuyen la capacidad política para que la oposición actúe. Uno de los aspectos clave de un sistema democrático es que la oposición pueda competir de forma justa y libre. Si un presidente comienza de a poco a llevar a cabo acciones que limiten esto y que logren que la balanza se incline a su favor, entonces se puede hablar de que un país está en riesgo de erosión democrática.
Si bien el hecho de que un país tenga instituciones democráticas funcionales no garantiza que haya crecimiento económico o que disminuya la desigualdad, ambas preocupaciones legítimas, de eso no se trata la discusión sobre la erosión democrática. La existencia de instituciones democráticas permite que el presidente en turno esté limitado, y garantiza que la oposición pueda competir en elecciones libres en el futuro. Es decir, si la población ya no está de acuerdo con el gobierno en turno en algún momento, la existencia de instituciones democráticas garantiza que haya un proceso legítimo y pacífico bajo el cual los ciudadanos expresen sus preferencias y se dé un cambio de gobierno. Esta garantía se pone en entredicho cuando un presidente comienza a cambiar las reglas institucionales a su favor.
¿Se puede hablar de erosión democrática en México?
Actualmente, no hay consenso sobre si México atraviesa un proceso de erosión democrática. Esto es una característica común sobre el fenómeno —es difícil de identificar. Asimismo, no hay acuerdo sobre cuándo empezó el proceso de erosión democrática. A esto se le añaden complejidades del contexto, tales como los problemas de seguridad que México ha enfrentado con el uso de las Fuerzas Armadas durante casi veinte años, contribuyendo a militarizar la seguridad pública en el país. Sin embargo, al identificar algunas de las señales de alarma que indican que un régimen está en riesgo de volverse menos democrático, muchas de las acciones del gobierno actual resultan preocupantes, sobre todo cuando se habla de agrandamiento del Ejecutivo.
En los últimos seis años, Andrés Manuel López Obrador ha atacado la democracia por dos vías principales. La primera es por medio de los ataques al Instituto Nacional Electoral y el planteamiento de una reforma electoral. Desde 2018, el INE ha sufrido fuertes recortes presupuestales, y sus consejeros han sido agredidos en múltiples ocasiones por el presidente. Luego, se han propuesto dos reformas electorales para alterar el funcionamiento del INE. La primera reforma no fue aprobada en el Congreso; la segunda reforma sí se aprobó, pero se declaró inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Si bien hasta ahora no se ha hecho una reforma electoral, preocupa que AMLO continúe tratando de reformar la marcha del INE. En específico, la propuesta de eliminar la estructura local del INE es inquietante, pues aumenta la posibilidad de que actores locales alteren los resultados electorales.
La segunda vía involucra al Poder Judicial. Además de ataques presidenciales a los ministros de la SCJN y de posibles interferencias con la autonomía de la Corte durante la presidencia de Arturo Zaldívar, se sigue buscando aprobar reformas que afectan el funcionamiento del Poder Judicial. En 2023, el Congreso aprobó una reforma a la Ley del Poder Judicial de la Federación que buscaba eliminar fideicomisos, la cual fue suspendida. Hace no mucho, AMLO propuso una reforma para cambiar el método de selección de jueces, magistrados y ministros de la SCJN para que estos sean electos por voto popular. De avanzar, esta propuesta permitiría que la SCJN estuviese ligada a intereses partidistas, lo cual le permitiría al presidente en turno inclinar la balanza aún más a su favor, pues una de las principales instituciones que limita al Ejecutivo perdería su autonomía.
Las propuestas de cambios al funcionamiento del INE y al Poder Judicial se enmarcan en un contexto de creciente violencia hacia periodistas y de embestidas a otros organismos autónomos que garantizan el acceso a la información y a la transparencia. Además, aunque algunas de las reformas no se han logrado aún, tanto el INE como el Poder Judicial han sufrido recortes presupuestales y sus miembros han sido agraviados por el presidente. En su conjunto, todas estas acciones apuntan a que en México ha habido erosión democrática en años recientes, aunque esta sea pequeña. El riesgo de que la democracia mexicana continúe su deterioro, sin embargo, es grande. Las elecciones del 2 de junio son clave, pues de ellas depende que las instituciones democráticas sigan funcionando. Una vez que se legitima a un líder para continuar con los ataques a instituciones democráticas, estas acciones son cada vez más difíciles de revertir y el riesgo de quiebre democrático es mucho mayor.
Alejandra López Villegas
Maestra en Desarrollo Internacional por el Instituto de Estudios Políticos de París y candidata a Doctora en Ciencia Política por la Universidad Estatal de Michigan.
1 Estimación propia con base en datos de V-Dem.
Excelente artículo, con un concepto no común, como la erosión democrática que nos da luz para conocer los caminos que toman muchos gobiernos para perpetuarse en el poder. Muy bien!.