¿Qué significa el reconocimiento europeo de Palestina?

La conferencia sobre la solución de dos Estados, prevista para junio de 2025 (pero que se pospuso por la guerra de Israel contra Irán), se retomó bajo la convocatoria de Francia y Arabia Saudí.

En el contexto del 80º aniversario de la ONU se dio un paso muy importante para reconocer a Palestina como Estado por parte de la mayoría de los países occidentales, incluyendo Francia, Gran Bretaña, Portugal, Canadá y Australia. Desde el 15 de noviembre de 1988, cuando Yasser Arafat leyó en Argel la Declaración de Independencia Palestina, escrita por el poeta nacional Mahmud Darwish, no se había tenido un momento tan emotivo y simbólicamente importante como el que experimentamos en 2025. Después de la declaración de Arafat, ochenta naciones reconocieron a Palestina, número que ha ido aumentando hasta llegar a 160 Estados que incluyen 14 países de la Unión Europea y todos los integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU con excepción de Estados Unidos.

Sin embargo, hay claroscuros que debemos comprender en su justa dimensión. En lo inmediato, esta ola de reconocimientos no indica un cambio en el terreno gazatí. Las tropas israelíes siguen en Gaza Central con el objetivo de aletargar la guerra y mantener un estado de emergencia para justificar el combate contra Hamás no sólo en aquella zona, sino también en Cisjordania. La razón por la que el ejército israelí sigue en Gaza no es completar “la eliminación de Hamás”, como se declara todos los días, sino implementar la política de asedio contra Cisjordania alentando la construcción de más asentamientos como lo mencionó el primer ministro Benjamín Netanyahu. Esto implica nuevos brotes de violencia en Cisjordania y ningún llamamiento serio a imponer sanciones de peso a Israel para detener estas intenciones.

De hecho, después del reconocimiento británico de Palestina, el sitio web del gobierno en Londres actualizó las alertas de viaje advirtiendo a sus ciudadanos no desplazarse a “determinadas partes de Palestina” incluyendo Tubas, Jenin y Tulkarem. Lo interesante no fue el anuncio, sino el mapa que utilizó para ilustrar su mensaje: Jerusalén y Belén estaban ubicados del lado israelí y Palestina estaba reducido a dos territorios inconexos (muy parecido a un archipiélago terrestre) cuya representación no corresponde ni siquiera a las fronteras anteriores a 1967 que son, según Naciones Unidas, las fronteras que se deben establecer ante el derecho internacional. En el mismo mapa, Londres anexó los Altos del Golán sirios al Estado israelí pintándolos del mismo color que territorios donde Israel tiene cientos de miles de asentamientos construidos.

Un segundo elemento es que Europa decidió reconocer a este Estado palestino por una presión interna proveniente de las sociedades europeas y no por el respeto al derecho de autodeterminación de los propios palestinos. Las protestas de más de 100 000 personas en “La vuelta ciclista a España”, las manifestaciones populares en Paris (incluyendo sindicatos y partidos de izquierda en junio de 2025) y la huelga general en Italia que paralizó líneas de trenes, escuelas y sindicatos a lo largo de setenta ciudades del país son tan sólo algunas muestras de la presión que tenían encima los líderes europeos que, tal como operaron después del holocausto –impulsando la creación del Estado de Israel–, en 2025 han decidido apoyar el reconocimiento de Palestina ante el genocidio en Gaza.

Un tercer elemento es que el Estado palestino que se reconoce hoy se encuentra en pleno colapso institucional. No sólo porque la soberanía y geografía están comprometidas, sino porque la Autoridad Nacional Palestina (ANP), el órgano de gobierno que se encuentra despachando desde Ramallah, aún está en una encrucijada interna entre la ausencia de nuevos liderazgos y la falta de una reforma profunda que dote de mayor confianza a una sociedad palestina que le ha echado en cara su colaboración con Israel. Por tal motivo, no es de sorprenderse que los liderazgos palestinos más populares en la sociedad se encuentren en las prisiones israelíes y no en los cuadros de la ANP. Ante esto, tendremos que esperar las reacciones populares en Gaza y Cisjordania donde el dictamen social será determinante para comprender el verdadero nivel de la integración reformista de la ANP más allá de las directrices impuestas por Europa.

Además, el reconocimiento implica algunas posibilidades en el corto y mediano plazo en el ámbito internacional. De entrar a la ONU como miembro pleno, Palestina podría reforzar la demanda de su autodeterminación pugnando por el fin de la ocupación israelí y la aplicación de todas las resoluciones que han designado dicha ocupación como ilegal, en particular la resolución 242 del año 1967.

También, un punto importante es que los países europeos que reconocieron a Palestina podrían revisar su acuerdo de asociación con Israel porque Tel Aviv estaría violando el principio de que un Estado no debe invadir a otro. Además de sus sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Gaza, como lo han señalado innumerables organismos internacionales, incluyendo la propia ONU, que el pasado 16 de septiembre reconoció lo ocurrido en Gaza como genocidio.

Así, mientras las autoridades de la ANP se preparan para lograr la membresía plena en la ONU, el verdadero objetivo a corto plazo es allanar el camino para implementar la Iniciativa de Paz Árabe. Este es el mecanismo que cuenta con los recursos económicos y políticos mínimos para reconstruir la infraestructura y gobernabilidad de la Franja de Gaza, a reserva de lo presentado por Donald Trump a los países árabes y de mayoría musulmana más influyentes a quienes, según fuentes de axios, les pedirá el envío de fuerzas militares a Gaza para supervisar la retirada israelí de manera gradual, cuestión que podría discutirse en medio del éxito diplomático del reconocimiento.

Por último, el punto más importante de todo esto es pensar en el destino de la sociedad gazatí y en los intentos de la ultraderecha israelí de transferir a gran parte de la población a Egipto. En paralelo, Israel ha amenazado con seguir coordinando ataques en el mundo árabe donde presuntamente se encuentre con “terroristas”, incluyendo al Estado de Catar, el cual no descartó volver a atacar tras el ataque del 9 de septiembre de 2025.

Ante esto, mientras los países de Oriente Medio participan de manera activa en el ámbito diplomático para respaldar el reconocimiento del débil Estado palestino, se forjan nuevos diálogos para contener las intenciones israelíes en el mundo árabe. Así lo muestra el pacto de seguridad entre Arabia Saudí y Pakistán, el diálogo al interior del Consejo de Cooperación del Golfo y la estrategia iraní a propósito de la información sobre su programa nuclear donde se ha negado a aceptar un compromiso significativo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Moisés Garduño García

Profesor de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y experto en asuntos de Oriente Medio.

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Publicado en: Internacional