“Quemar las naves” es una expresión habitualmente usada para referirse a una toma de decisión irreversible, eliminando cualquier posibilidad de retorno o retirada. Se dice que Hernán Cortes quemó sus barcos para impedir que su ejército abandonara la guerra de conquista. También se relata que Alejandro Magno, en una batalla en Fenicia, quemó sus naves para motivar a su tropa a derrotar al enemigo. De forma análoga, al inicio de su gestión, el actual régimen político emprendió una transformación del sistema de salud para supuestamente construir uno nuevo y mejor, para lo cual al parecer habría que partir de cero… y hasta ahora no vemos resultados casi cinco años después del incendio. En el contexto de un sistema de salud, quemar las naves implicaría un compromiso inquebrantable del gobierno con la mejora, sin mirar atrás, siempre buscando el máximo beneficio de los pacientes y procurando las mejores condiciones posibles de trabajo para los profesionales de la salud y sus instituciones.

Este texto deriva de un documento sobre el Desarrollo en México que coordina el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde proponemos algunas acciones concretas para realizar lo antes posible, en caso de que se quiera lograr una mejora sustancial en el sistema. Si bien el documento que se publicará pronto tiene un enfoque técnico y académico, consideramos conveniente poner aquí algunos de sus elementos a fin de contribuir a una reflexión general sobre el tema. En las actuales circunstancias es preocupante percibir la simpleza con la que la cúpula política continúa intentando reconstruir el sistema de salud, a pesar de la larga secuencia de fracasos.
Seguramente no hay alguien que esté en contra de que la salud es un derecho, que el Estado debe hacer todo lo posible para garantizarlo y hacer que el acceso universal a la salud sea una realidad, independiente de la condición social o situación laboral que tenga el individuo.
Los éxitos de muchas disciplinas científicas han permitido lograr intervenciones extraordinarias para la salud humana, que se traducen en mayor esperanza y mejor calidad de vida en las últimas generaciones, y es necesario, que los servicios públicos de salud dispongan de recursos económicos, humanos y materiales, así como infraestructuras suficientes para hacerlas realidad a toda la población.
La condición actual de los servicios públicos de salud en general es mala. El pretendido cambio de estrategia administrativa y la pandemia han provocado que cada día sean más los usuarios inconformes y que muchos de los indicadores de calidad de la atención revelen un deterioro evidente. La necesidad de acceso a la atención ha provocado desde hace varios años el continuo crecimiento de los servicios privados de salud al no contar con un sistema suficiente. En resumen, prácticamente todos los indicadores de atención y eficiencia del sistema de salud y del estado de salud de la población en México están en niveles subóptimos.
Un tema adicional de alto impacto es el efecto nocivo sobre la salud de muchos productos muy populares, de consumo cotidiano (tabaco, alcohol y alimentos y bebidas con exceso de grasas, azúcar y sodio) que requieren además de regulaciones más estrictas, programas de comunicación y educación innovadores, que permitan mitigar los daños resultantes, entre ellos la elevada prevalencia de diabetes, obesidad, enfermedad renal, enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón, violencia, adicciones y accidentes.
La lista de rubros y programas del sistema de salud pública afectados en este incendio incluye tanto servicios clínicos como programas de medicina preventiva, detección temprana y acceso oportuno a diagnóstico y tratamiento, lo que ha provocado un rezago creciente y la acumulación de carga de trabajo para las instituciones y el personal que en muchos casos ya se encuentra al límite de sus capacidades y con gran desgaste como consecuencia de la pandemia.
Una de las principales debilidades del sistema se ubica en el primer nivel de atención, es decir, los servicios de medicina general y familiar, los centros de salud, que son la base de cualquier sistema público. Desde hace algunos años, los usuarios con y sin cobertura de alguna institución pública han optado por acudir a consultorios médicos privados, ante la inaccesibilidad institucional (horarios y ubicación), incurriendo muchas veces en elevados gastos dentro de un mercado poco regulado.
Construir un sistema de salud universal no sólo debe enfocarse en lograr la cobertura de la población sino también en elevar la calidad de los servicios existentes. De poco sirve tener hospitales, programas y consultorios si no se puede garantizar la permanencia de su personal, el adecuado funcionamiento de todos los servicios, y la provisión de medicamentos e insumos requeridos. Lejos de servir para resolver problemas de salud de la población, una institución disfuncional termina siendo una fuente de problemas y complicaciones, y una amenaza para quienes ahí trabajan o quienes son atendidos (riesgos laborales y de contaminación ambiental, estancias hospitalarias prolongadas, infecciones y complicaciones asociadas a la atención de la salud, etc.).
La planeación de cualquier reforma o cambio en el sistema de salud debe hacerse de forma ordenada y con una planeación adecuada, de preferencia con un programa de trabajo e indicadores predefinidos que permitan dar seguimiento y evaluar el éxito o fracaso de las modificaciones e intervenciones.
Dada la situación actual en la que se encuentra el estado de salud de la población y el sistema de atención, la prevención de enfermedades debe ser el eje principal de cualquier cambio sustancial al modelo vigente, para lo cual se requerirá un esfuerzo extraordinario que contrarreste los rezagos en los programas de vacunación de niños, niñas y adolescentes, y fortalecer los planes de preparación para emergencias epidemiológicas.
Urge, también, desarrollar un programa de acciones en las instituciones médicas que atiendan los impactos y consecuencias clínicas del calentamiento; es urgente garantizar la disponibilidad de agua para uso y consumo humano de calidad en todo el país, monitorear las aguas residuales y la funcionalidad y necesidades de plantas de tratamiento; y también atender el importante rezago de atención a la salud mental; se requiere un mejor estudio y control de vectores, y programas de atención para nuevas enfermedades, como la condición poscovid-19 y fortalecer la capacidad de vigilancia y alerta epidemiológica.
Es necesario que México recupere (desarrolle) la capacidad de producción de biológicos, vacunas y otros insumos críticos de salud. Sólo con una agenda nacional integral y prioritaria de investigación, desarrollo y producción se podrá alcanzar esta meta.
Este próximo sexenio requiere acciones que corrijan la situación actual y se encaminen hacia un proyecto de largo plazo que tenga como objetivo lograr la cobertura universal en salud con servicios suficientes y de calidad en un solo sistema, lo cual sólo podrá lograrse con un incremento sostenido del presupuesto que destine el Gobierno Federal a salud y a una correcta planeación .
En resumen, se requiere un compromiso político de largo plazo y un liderazgo no visto hasta ahora que permita modernizar el sector salud de México para que sea eficiente y suficiente. Para no tener que inventar objetivos e indicadores difcíles de empatar con las métricas de desempeño internacional. Para empezar a remediar la situación actual de México un buen comienzo sería buscar alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha promovido desde hace varios años y mejorar la posición de México en los indicadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Hipócrates de Cos (460 a.C.) introdujo el pensamiento crítico gracias al cual el proceso de salud y enfermedad se comprendió como un fenómeno sujeto a la interacción con la naturaleza y no consecuencia de fuerzas divinas; hace mil seiscientos años, dijo Ad extremos morbos, extreme remedia exquisite optima: a grandes males, grandes remedios. Eso es precisamente lo que demanda la situación actual del sistema de salud en México y la salud de los mexicanos.
Samuel Ponce de León Rosales
Coordinador del Programa Universitario de Investigación Sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE), y Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM. Investigador Emérito.
Mauricio Rodríguez-Álvarez
Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM.
Lecturas recomendadas
- Organización de las Naciones Unidas (ONU), “Objetivos de Desarrollo Sostenible. 3. Salud y bienestar. Objetivo 3: Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”, 2017
- Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)., “Indicadores clave de la OCDE”, 2023
- Reich, M. R., Campos, P. A., Kalita, A., y coautres, A Guide to Health Reform: Eight Practical Steps, Harvard T. H. Chan, School of Public Health. Department of Global Health and Population, 2023
- Seguí-Gómez, M., Toledo Atucha, E. A., y Jiménez-Moleón, J. J., “Sistemas de salud. Modelos”, Conceptos de salud pública y estrategias preventivas. Un manual para ciencias de la salud, M. A. Martínez González (Ed.), Elsevier, 2023, pp. 419-424
- Unger-Saldana, K., Lajous, M., y Reich, M. R., “Improving health system performance in Mexico, The Lancet, 2023
Lo que el covid-19 mostró de nuestra población -negligencia e incapacidad criminal de Gatell aparte- es la debilidad fisiológica del mexicano promedio. Su estado mórbido no lo salva ni de una gripe fuerte. Poco o nulo ejercicio desde la infancia y una alimentación pobre y abundante de carbohidratos, todo de mala calidad y con pésimos hábitos, ha logrado disminuir el promedio de vida alcanzado por los gobiernos de la revolución. La incapacidad e indolencia del presidente Lopez en el rubro de la salud bajará aun mas el promedio de vida. Ese es su legado, los números no mienten ni son «otros datos».
Maggie: Personalmente creo que no hay elementos para hablar de una «debilidad fisiológica del mexicano promedio». Hay factores de riesgo y son de muy alta prevalencia, pero hasta ahí.
Saludo.