
La escalada de violencia entre Israel e Irán, que comenzó el pasado 12 de junio de 2025, es histórica. Se trató de la primera vez que Israel atacó sitios iraníes con un nivel alto de sorpresa, precisión y amplitud, mientras que la respuesta iraní, después de cinco días de conflicto, ha sido rápida, contundente e igual de sorpresiva para el mundo.
La realidad sobre el terreno indica que los ataques no sólo se limitaron a objetivos militares, sino que también cobraron la vida de civiles. Eso explica la rápida escalada de tensiones entre ambos bandos. Al escribir estas líneas, 224 civiles han perdido la vida en Irán y 13 han muerto en Israel.
Aunque Benjamin Netanyahu declaró que su ataque tiene el objetivo de “eliminar el programa nuclear de Irán”, el tipo de blancos alcanzados por Tel Aviv indica que esta operación se dirige hacia el corazón del establishment político iraní y, de ser posible, hacia un cambio de régimen en Irán. Los ataques israelíes en Teherán presentaron el mismo modus operandi utilizado en los asesinatos de los líderes más prominentes de Hamás y Hezbolá donde se buscó descabezar a la jerarquía militar y luego se procedió con el bombardeo de zonas estratégicas. En el caso de Irán, esto implicó el asesinato de 15 generales de la Guardia Revolucionaria, incluyendo el Jefe al mando, el General Mohammed Bageri, y después el bombardeo de zonas específicas en Teherán e Isfahán, a la par de explosiones en Arak y Kermanshah. Sobra decir que, de estos bombardeos, el ataque a Tabriz es muy sensible porque esta zona alberga centros de producción y almacenaje balístico de alta importancia.
En términos técnicos, parece que Irán subestimó las amenazas israelíes previas a esta crisis al tratarlas como “guerra psicológica”, creyendo que no se produciría ningún ataque, al menos antes de la siguiente ronda de negociaciones con Washington, en Omán. Si esto fuera así, hay que decir que la Guardia Revolucionaria cometió un grave error estratégico pues esta táctica resulta familiar en la dupla Washington-Tel Aviv si se recuerdan las acciones militares seguidas en la guerra de 1967 contra Egipto, 1981 contra Irak y el contexto de supuesta negociación que se celebraría en 2020 en Irak cuando Estados Unidos (durante el primer mandato de Donald Trump) asesinó a Qassem Suleimani.
De hecho, es necesario decir que los ataques en Teherán sólo se han podido realizar por medio de operaciones al interior del propio Irán. En un hecho sin precedentes, diarios israelíes mostraron imágenes sin censura de agentes de inteligencia infiltrados en Irán adulando la “Operación Am Kalavi”, como “un ataque audaz y meticulosamente coordinado con drones y bombas de gravedad” que se llevó a cabo en lo profundo de Irán desde el 13 de junio. Eso explica la precisión de los ataques contra edificios y personalidades militares y científicas iraníes. De la misma forma, dado que Irán ha lanzado ocho oleadas de misiles balísticos hacia Israel alcanzando puntos cruciales como el barrio de Kirya (considerado como el “Pentágono de Israel”), hay que reconocer la rapidez con la que Teherán recuperó la cadena de mando no sólo al responder, sino también sosteniendo sus lanzamientos en proporción a cada ataque israelí. Ejemplos de esto son los golpes contra el canal 13 de Israel como respuesta al golpe contra la cadena de televisión estatal en Irán o el golpe contra el puerto de Haifa como respuesta al golpe contra el Puerto de Bandar Abbas.
Aunque Marco Rubio declaró que “Estados Unidos no estaría involucrado en esta acción contra Irán”, es necesario recordar que desde 1981 Estados Unidos se comprometió a otorgar a Israel alrededor de 4 mil millones de dólares anuales los cuales se gastan en armamento estadounidense casi en su totalidad. Considerando que los eventos aún están desarrollo, y que la mayor parte de los combates se presentan en las ciudades, hay que recordar que Tel Aviv alberga unos 17,000 ciudadanos de Estados Unidos por lo que el riesgo de bajas estadounidenses es alto y, con ello, el involucramiento militar de Washington (aunque en teoría debería de contar con autorización del Congreso). Al tiempo de escribir este texto, Trump está abandonando la cumbre del G7 en Canadá exhortando en sus redes sociales a “evacuar Teherán de inmediato”.
Ante esta incertidumbre, lo que parece definitivo es que Estados Unidos jugará con el discurso que implica “resolver el dossier nuclear de Irán bajo en el dominio diplomático” usando el ataque israelí como una forma de presión contra Irán para que acepte las condiciones estadounidenses que implican el abandono de su programa nuclear. Al mismo tiempo, Teherán ha iniciado una discusión interna en su Consejo de Seguridad Nacional y el Parlamento sobre cómo responder a Israel, lo que incluye la posibilidad de abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear (el mismo que Israel nunca ha firmado) para precipitar su programa nuclear hacia un artefacto militar, algo totalmente contrario a lo que busca Washington.
Por su parte, los acontecimientos anteriores esperan las reacciones de aliados internacionales iraníes que están poco interesados en que la situación escale, en particular China y Rusia, con quienes Teherán tiene acuerdos de integridad territorial y con quienes comparte intereses en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái. No obstante, a juzgar por los acontecimientos, no hay indicios claros de involucramiento directo de Beijing y Moscú más allá de los llamamientos a la diplomacia. Con todo y la importancia que implica la posibilidad de que Teherán pierda un socio estratégico más en el Medio Oriente (tal como ocurrió con Bashar al Assad).
La operación iniciada por Israel se produjo en medio de un ambiente político muy especial. El contexto contemplaba la Conferencia Internacional franco-saudí para reconocer a Palestina en el marco de Naciones Unidas; la posibilidad de llegar a un acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán mediados por el Sultanato de Omán y la posibilidad de disolver al gobierno de Benjamin Netanyahu tras una votación al interior de la Knesset. Además, los actos de solidaridad con Palestina a escala global como la Flotilla de la Libertad encabezada por Greta Thunberg y, con enorme importancia, la Marcha Global a Gaza que implicó la llegada de más de 20,000 personas de todo el mundo a Palestina cruzando por la zona de Rafah, en Egipto. Todo esto ha sido saboteado por esta contingencia militar la cual tendrá fuertes implicaciones en la economía de ambos países, la global y, muy probablemente, en el aumento del gasto de defensa en todo el mundo.
Lo preocupante al momento sigue siendo Gaza, cuya población está siendo desplazada cada vez más al sur de Palestina, mientras los ojos del mundo están mirando hacia las acciones militares en Irán. Sin duda, todos estos factores provocan otro momento punzante en el Medio Oriente que está reconfigurando el balance de poder en la región por medio de una guerra realizada por dos gobiernos muy impopulares, pero que también se traduce en un sufrimiento tremendo a millones de personas en Palestina, Líbano, Siria, Yemen, Irak quienes necesitan nuestra empatía y solidaridad, pero también de algo más efectivo desde nuestras trincheras.
Moisés Garduño García
Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, experto en temas de Medio Oriente