En diciembre del año pasado inició la Conferencia de las Partes (COP)1 número 28 con la noticia de que 2023 fue el año más caluroso que la Organización Meteorológica Mundial ha registrado. La organización confirmó que el promedio global de aumento de temperatura para ese año fue de 1.45 grados centígrados por encima de la línea de base preindustrial. Esta noticia fue crítica para las negociaciones en Dubái del año pasado porque reflejan la necesidad urgente de actuar contra el cambio climático si se quiere mantener vivo el Acuerdo de París.

El NCQG sobre financiamiento climático
Durante la COP29 que se llevará a cabo del 11 al 22 de noviembre en Bakú, Azerbaiyán, todos los esfuerzos se concentrarán en dinero y financiamiento climático. La tarea de la convención de este año es fijar un nuevo objetivo de financiación climática, conocido como “Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado” (o NCQG por sus siglas en inglés) y mejorar las condiciones bajo las que opera el financiamiento. La decisión a la que lleguen las partes en noviembre reemplazará el antiguo objetivo establecido en 2009; éste dictaba que, a partir d 2020, los países desarrollados (miembros del Anexo I de la UNFCCC) darían 100 000 millones de dólares al año a los países en vías de desarrollo (miembros del Anexo II de la UNFCCC) para financiar planes de adaptación y mitigación al cambio climático.
La emblemática promesa de los 100 000 millones de dólares al año se cumplió dos años después de la fecha límite establecida. El Comité de la UNFCCC en Financiamiento reportó que en 2021 los países desarrollados proveyeron 89 600 millones de dólares, un aumento de 8 % frente a 2020, por lo que se estima, sin haberlo confirmado aún, que la promesa se cumplió en 2022.
No obstante, muchos países en vías de desarrollo no celebran este logro porque gran parte del dinero no se entregó en forma de concesión, sino en préstamos. Oxfam encontró que el 80 % de toda la financiación pública para el clima no se proporcionó en forma de subvenciones, sino en forma de préstamos, y alrededor de la mitad de esa cantidad se ofreció con tasas de interés que aumentan la carga de la deuda de los países que más lo necesitan. Por esta razón se espera que durante la COP29 se logre negociar mejores condiciones para el funcionamiento de los fondos.
Las negociaciones previas a la COP29 llevadas a cabo en junio de este año en Bonn, Alemania, mostraron que no hay acuerdo entre las partes sobre ninguna de las cuestiones sustanciales alrededor del NCQG. Las discusiones previas mostraron que la cuestión sobre expandir la base de contribuyentes para el nuevo objetivo es un punto no negociable para los países que conforman el bloque de negociaciones “Umbrella Group”, del que forman parte Estados Unidos y la Unión Europea. Los bloques de países desarrollados piden que se aumente la lista de contribuyentes debido a que países como China, al haber sido catalogado en 1992 como parte de los países del Anexo II, no tiene obligaciones de contribución económica.
Por otro lado, países en vías de desarrollo como el G77+China argumentaron en Bonn que ese debate es irrelevante. Su razón es que el NCQG tiene como objetivo facilitar la transferencia de financiación climática de los países desarrollados a los países en desarrollo, pues hay una responsabilidad histórica por las emisiones de los países desarrollados. Así lo establecen los artículos 9.1 y 9.3 del Acuerdo de París.
La segunda cuestión que las partes deben resolver durante la COP29 es el “quantum”: definir una nueva cifra y cumplir con ella año con año. Es indiscutible, para todas las partes, que se requieren millones de millones (trillones en inglés) para hacer frente al cambio climático y acelerar la transición energética. De no contar con el dinero suficiente, todos los resultados posibles son una catástrofe.
El Grupo Árabe, el Grupo Africano y el grupo de “Like Minded Developing Countries” abogaron en Bonn por montos anuales de entre 1,1 y 1,3 millones de millones con cláusulas que mantengan el monto sujeto a revisión según las necesidades emergentes, para entregarse cada año. Si bien el número parece elevado, es conservador debido a que estudios de la Climate Policy Initiative estiman que se necesitan 4.3 miles de millones de dólares anuales para mitigar los efectos del cambio climático para 2030 y, posteriormente, 6000 millones de dólares de 2031 a 2050 para cumplir con las expectativas de la Convención. En lugar de discutir el monto específico, en Bonn los países desarrollados dirigieron las discusiones a definir las múltiples “capas” de financiación (diversas fuentes, mecanismos e instrumentos de transparencia).
Uno de los avances históricos de la COP28 fue la creación del primer Global Stocktake, o balance global, que cada cinco años evalúa los avances en materia de medidas de mitigación y adaptación, financiación climática, transferencia de tecnología e implementación de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC). El primer balance global evidenció que el mundo está lejos de cumplir con los objetivos establecidos en el Acuerdo de París; por eso es evidente la urgencia de acelerar las acciones y aumentar la ambición financiera.
Otros desafíos
Aunque los temas que se tratarán en la COP29 dependen en gran medida de las finanzas, muchas figuras prominentes del mundo financiero no asistirán. Se espera que no acudirán los jefes de Bank of America, BlackRock, Standard Chartered y Deutsche Bank. ¿La razón? Hay menos oportunidades de establecer contactos con clientes en comparación con la COP28 de Dubái el año pasado.
Otros actores importantes prefieren esperar a la COP30 que se llevará a cabo en Belém, Brasil, pues la COP29 tendrá lugar sólo cinco días después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Donald Trump amenazó con retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, como hizo en 2016, lo que deja a la mayor economía del mundo en un lugar incierto. Otro reto de la COP es traducir lo negociado en finanzas al ámbito nacional. Los países envían a sus ministros de medioambiente a las negociaciones, no a ministros de finanzas, por lo que se espera que las delegaciones hayan realizado trabajo interinstitucional previo a la Conferencia.
Fondo de Pérdidas y Daños
En la COP28 se estableció un Fondo histórico para las Pérdidas y Daños, altamente influenciado por presiones de la sociedad civil, en específico de jóvenes y de YOUNGO, la asociación oficial de juventudes de la UNFCCC. El reto de la COP29 es establecer los parámetros bajo los cuales puede operar el fondo, definir su estructura y procedimientos para contribuyentes y destinatarios.
Durante la COP29 tienen que decidirse las prácticas para obtener, asignar y distribuir recursos que aseguren que el fondo, por su naturaleza, responda pronto a las necesidades de los países en crisis, y evitar algunas fallas con las que actualmente opera el Fondo Verde para el Clima. Las partes también decidirán cómo es que el Fondo se vincula con las instituciones financieras internacionales, si se absorberá como parte del NCQG o no, así como su interacción con el Mecanismo Internacional de Varsovia o la Red de Santiago.
¿Por qué importa?
Durante las negociaciones en Bonn, el secretario ejecutivo de la UNFCCC afirmó que “sin la cooperación internacional convocada por las Naciones Unidas, nos encaminaríamos hacia un calentamiento global de hasta cinco grados, al que la mayoría de la humanidad probablemente no podría sobrevivir. Ahora nos encaminamos hacia unos 2,7 grados. Esta cifra sigue siendo terriblemente alta y queda un largo y empinado camino por delante para alcanzar nuestro objetivo compartido de 1,5 grados este siglo, pero deberíamos estar entusiasmados porque nos estamos acercando a la mitad del camino”.
La ciencia es clara: el cambio climático no sólo es la devastación de sistemas biológicos, es el colapso del mundo como lo conocemos. La crisis climática es una amenaza a la era geológica, y a todos los sistemas humanos que se cimientan sobre ella. Los costos de la inacción son mucho mayores que los de la acción que pueda mitigar los efectos del cambio climático y delinear una idea de mundo más justa. Las negociaciones internacionales han dejado de ser sobre el clima; es fundamental reconocer que hoy en día se negocia también la posibilidad de sobrevivir de millones de personas. A pesar de su complejidad, hasta ahora las Conferencias son la única herramienta que asegura que los países más vulnerables al cambio climático tengan una voz en la misma mesa de negociación que los países que se benefician económicamente del sistema de producción actual.
Emilia Amezcua
Egresada de la licenciatura en Relaciones Internacionales de El Colegio de México
1 La COP está integrada por el grupo de naciones que firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC por sus siglas en inglés), que se creó en 1992. La COP es el órgano supremo de toma de decisiones de la Convención y, cada año, 197 países se reúnen para revisar la implementación de los acuerdos legales a los que se han llegado (entre ellos, el Acuerdo de París) y arribar a un consenso sobre las líneas de acción frente al cambio climático.