
Mar de dudas (Grano de Sal, 2025) me ha resultado el libro más intelectualmente estimulante que he leído este año. Además de descubrirme a autores que no había leído, disfruté la conversación reflexiva, lejana de las certezas totalitarias y del escepticismo posmoderno, que Carlos Bravo Regidor establece con las catorce personas que entrevistó.
En su introducción, Bravo Regidor transmite el proceso que lo llevó a transitar de la desolación al desconcierto, y de ahí a estar inmerso en un Mar de dudas. La cita de Ortega y Gasset que eligió para introducir su propuesta da en el clavo: “Cuando todo en torno nuestro falla, nos queda, sin embargo, esta posibilidad de meditar sobre lo que nos falla”. Él insiste en que no deberíamos olvidar la fuerza política e intelectual que tiene el hecho de dudar, y habla de “Nuestro momento Machado” en alusión a ese verso de Antonio Machado: Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; cambian la mar y el monte y el ojo que los mira. Así, nos recuerda que cambia tanto la política como nuestra forma de mirar e interpretarla, y que recuperar la capacidad de dudar, es recuperar la capacidad de pensar.
El libro consta de 14 entrevistas, ocho a hombres y seis a mujeres, con un registro generacional que va de una persona de 42 a una de 82, y en medio tres que están en sus setenta años, cuatro en los sesenta, y cinco en los cincuenta. Sus procedencias son diversas: España, Italia, Colombia Serbia, Cuba, Uruguay, Canadá, Turquía y Bulgaria, dos de Argentina y tres de Estados Unidos. Aunque Bravo Regidor avisa que en las entrevistas de este libro México no es el centro de atención, pues le fastidia que “nos estemos mirando el ombligo, y que pensemos dentro de la estrecha caja de lo nacional”, varies autores hacen referencia a lo que pasa en México (desde López Obrador a los zapatistas).
Yo dudé acerca de cómo armar esta reseña, dado que en varias presentaciones de este libro otros amigos han hecho resúmenes críticos de cada una de las entrevistas, mostrando lo especial de las perspectivas interpretativas de cada persona entrevistada. En vez, elegí centrarme en Carlos Bravo Regidor. Por un lado, porque es poco común (y muy agradecible) que un autor hable del proceso subjetivo que lo llevó a escribir su libro, y por otro, porque llevó a cabo un trabajo previo de lectura crítica de las publicaciones de las personas entrevistadas. Respecto a lo primero, su introducción nos transmite lo que le produjo el primer triunfo electoral de Trump, no sólo como un quiebre con efectos en las políticas de todo el mundo, sino que relata lo que le significó reponerse psíquicamente de la frustración que eso le desató.
De manera coincidente, después de esa primera victoria electoral, Alain Badiou escribió Badiou contra Trump, en el que reflexiona acerca del contexto que hizo posible que Trump sea uno de los síntomas del mundo contemporáneo. Ahí Badiou se pregunta: “¿qué está pasando en el mundo contemporáneo para que estas elecciones hayan podido desembocar en tal horror?”. (Estas entrevistas sirven para detectar y nombrar eso qué está pasando y así poder “navegar” con nuestras dudas sin hundirnos en la depresión por la segunda llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, un horror que vivimos también con desconcierto, como la cara de la pintura de Coubert que aparece en la portada del libro).
Lo segundo es el cuidado con el cual Bravo Regidor armó este libro, y que se nota en la selección, pues ha elegido a pensadores que se interesan más por pensar, valga la redundancia, y por ser congruentes, que por aferrarse a sus teorías intelectuales. Un ejemplo, la colombiana Laura Gamboa, que trabaja sobre procesos de erosión democrática, cuenta que cuando estaba escribiendo su libro: “tenía puros casos que confirmaban la teoría y de pronto Hungría me cayó de sorpresa. Como autora quizás habría podido ignorar el caso o dejar que otros escribieran sobre él, pero no me pareció ético”. ¿Cómo resuelve Gamboa ese dilema? “Abordando el caso y mostrando que era un caso en el que no aplica mi teoría”. Esta decisión de no pasar por alto, ni ocultar, es muy agradecible cuando se trata de temas políticos de gran complejidad.
En este libro el orden en que aparecen les autores entrevistades no es alfabético, y Carlos pone a la cabeza a Daniel Innerarity con “Gestionar la complejidad”, que es como un marco dentro del cual les demás autores desarrollan sus reflexiones. No es casualidad que elija iniciar con este politólogo y filósofo vasco, a quien Carlos califica de “intelectual radicalmente contemporáneo”, pues coincide con él en que ante un problema que rebasa cierto umbral de complejidad, se requiere un ejercicio de actualización teórica y renovación conceptual para hacer inteligible lo que aparece como contradicción o ambigüedad. Por eso Carlos, que comparte con el filósofo vasco la idea de que las nuevas experiencias deberían producir también nuevos conceptos, hace un esfuerzo de precisión conceptual, fundamentado en una lectura rigurosa.
El conjunto de miradas críticas que compone esta compilación, y que van más allá de los análisis tradicionales acerca del populismo, las nuevas formas de fascismo o los conflictos en las democracias, entran de lleno a reflexiones muy certeras sobre el desafío que implica tratar la complejidad de la vida real, y su consecuente complejidad política. La insistencia de les autores en que se requieren nuevas perspectivas interpretativas, y a veces nuevos conceptos, para comprender el sentido de lo que estamos viviendo, vuelve especialmente productivo a este libro como una caja de herramientas para acercarse a los dilemas políticos contemporáneos.
A Bravo Regidor le interesa el zeitgeist, el «espíritu del tiempo», desplegado en las entrevistas mostrando varias dimensiones y dinámicas que se superponen y mezclan, y resulta muy rico ir encontrando los puntos en los que autores de distintas partes del mundo coinciden o discrepan (aunque creo que hay más coincidencias) respecto a los dilemas políticos que hoy enfrentamos: polarización, despunte autoritario, descontento ciudadano, ingobernabilidad, des-democratización y desgarramiento del tejido social.
Me gustó descubrir autores que no conocía, en especial aprecio la manera en que Carlos los presenta, y les va preguntando y criticando sus argumentos, con cuidado y mucho conocimiento de sus posturas. Este trabajo de conocedor y crítico lleva a que las personas entrevistadas reflexionen sobre sus límites y problemas, y a que le agradezcan las atinadas preguntas que les hace, como cuando la italiana Nadia Urbinati exclama “qué bonita pregunta, esto significa que me has leído con mucho cuidado”. O como cuando Daniel Innerarity le dice: “Esta entrevista me está sirviendo para descubrir cosas de mí que no sabía”.
Les autores que Carlos ha seleccionado tratan problemas que nos inquietan en México, critican las modas intelectuales, y van al fondo de los problemas, no para formular soluciones, sino para plantear sus dudas con honestidad. Carlos les impulsa a que, desde su expertise, definan mejor sus interpretaciones, y aprovecha también para colar las suyas. Por ejemplo, en la entrevista a Sophia Rosenfeld, titulada ¿Crisis de la verdad?, Carlos plantea “la búsqueda de la verdad no como un dogma, sino como un combate permanente”. Y sí, participar en ese combate requiere tener armas intelectuales necesarias y adecuadas como el pensamiento crítico y la formación académica.
En Mar de Dudas se encuentran desde análisis macropolíticos hasta deliciosos ejemplos de micropolítica. Una de mis entrevistas preferidas es la del uruguayo David Altman, a quien yo no he leído, y amé. Al inicio de cada entrevista, Carlos encuadra a cada autor y aprovecha para hacer intervenciones pedagógicas. En la de Altman introduce a Abraham Kaplan, un filósofo estadunidense cercano a la escuela del pragmatismo, que escribió “Dale un martillo a un niño y verás que se comporta como si todo lo que encuentra a su paso necesita ser martillado”. Carlos retoma eso que Kaplan calificó de “la ley del instrumento” para reflexionar sobre la forma en que “las personas incurrimos en el peligro de asumir que una rutina, o herramienta específica, una determinada forma de pensar los problemas o de responder a ellos, que tiene el engañoso valor de ser nuestra preferida, para la que tenemos cierta facilidad o la que nos queda más a mano, es la mejor, independientemente de qué tan apropiada sea para resolver la dificultad que tenemos enfrente”. Así nos transmite lo grave que resulta la incapacidad de reconocer cuando se necesita emplear otro instrumento conceptual, pues los que usamos ya no son los adecuados.
Bravo Regidor despierta la confianza en sus entrevistados, y facilita una conversación que fluye, adornada en ocasiones por anécdotas personales, como la que relata David Altman para explicar su experiencia con la democracia directa. Esa anécdota me encantó, pues tiene el mérito de ponerle “carnita” a su teorización sobre los “Usos y abusos de la democracia directa”. En 1980, cuando Altman era un niño de 12 años, los militares de la dictadura querían hacer una reforma constitucional para “establecer una especie de democracia” tutelada por ellos. Así, convocaron a un plebiscito obligatorio: decir sí a la reforma que querían, mientras prohibían la propaganda para el no. En la escuela, los niños cantaban: “sí, por mi país, sí por Uruguay, sí por el progreso, sí por la paz”. David les preguntó a sus padres cómo iban a votar y le dijeron que lo que le iban a responder tenía que ser un secreto muy bien guardado: ellos iban a votar por el no. “Nosotros queremos que nos gobiernen los buenos y consideramos que están gobernando los malos. Si votamos por el sí, estamos apoyando a los malos, así que en casa vamos a votar por el no, pero no se lo podés decir a nadie”.
El domingo de la votación David acompañó a su madre y ella le hizo fijarse en los limpiaparabrisas prendidos de los autos. No llovía, había un sol radiante. “Están diciendo que no”. ¡Y ganó el NO ciudadano! A las 10 de la noche los militares salieron a reconocer que habían perdido. ¡Fue la primera vez que una dictadura reconoció que había perdido! Esa experiencia marcó a muchas personas. ¿Por qué, si eran tan poderosos los milicos, no mintieron con los resultados, por qué no alteraron algunas actas? Esa sigue siendo una pregunta que dejó perplejo a Altman y que lo mantiene confundido hasta hoy.
En este libro el vaivén entre la reflexión macropolítica y los ejemplos de micropolítica de la vida cotidiana se entreteje de diversas maneras, tanto en las preguntas como en las respuestas. El sentido las intervenciones que Carlos hace en este libro apuntan a algunos de los dilemas políticos que hoy obstaculizan el avance democrático en México. Por ejemplo, cuando habla de organizar más productivamente el conflicto político a partir de no negar o minimizar las diferencias, para así lograr hacer contrapropuestas que rompan “esa camisa de fuerza” de las dos opciones. ¡Vaya que necesitamos esa “medicina contra la polarización”! Al generar una conversación inteligente, conocedora y crítica, Carlos nos conmina a “aprender a reconocer nuestros sesgos, a cobrar conciencia de ellos e identificar cómo informan nuestra mirada y qué tanto nos abren o cierran los ojos”.
Con este librazo, Carlos muestra lo productivo de las dudas al analizar la política en nuestro mundo contemporáneo, y se convierte en un ejemplo de lo que Daniel Innerarity señala: “El conocimiento, más que un medio para saber es un instrumento para convivir”. Y sí, creo que un objetivo de Carlos Bravo Regidor es que convivamos mucho mejor de cómo lo estamos haciendo, y para lograrlo se propuso con este conjunto de entrevistas “recuperar el valor del diálogo como antídoto contra la pontificación y el sectarismo”. ¡Vaya que lo logró sobradamente!
- Carlos Bravo Regidor, Mar de dudas. Conversaciones para navegar el desconcierto, Grano de sal, México, 2025.
Marta Lamas
Antropóloga y feminista. Es investigadora titular en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM. Su último libro es ¿Ideología de género? Disputas políticas sobre la diferencia sexual