El caso de Hilario Ramírez, el alcalde nayarita que admitió en plena campaña electoral haber robado del erario (“poquito”, “nomás una rasuradita”), es más que una simple muestra de desvergüenza. Deberíamos tomarlo en serio, pues puede ayudarnos a entender mejor por qué los políticos corruptos suelen ser “perdonados” en las urnas.
Hilario Ramírez
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