Desde el inicio de la campaña, Clara Brugada —la candidata de Morena a la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México— ha sostenido que tiene una amplia ventaja en las preferencias electorales. El 28 de mayo, un día antes de los cierres de campaña, publicó en su cuenta de X: “En la última encuesta de @herasdemotecnia tenemos una ventaja de 15 puntos sobre nuestro más cercano competidor. Salgamos todas y todos a votar. ¡Este dos de junio, voto masivo por Morena!”
Sin embargo, el discurso triunfalista de la candidata contrasta con la tensión que se vive en las calles, en los cuartos de guerra y entre los operadores electorales. La elección se ha tornado violenta; las acusaciones de corrupción entre Brugada y Santiago Taboada, el candidato de la alianza opositora, han subido de tono; más de un candidato ha sido agredido mientras hacen sus recorridos. El ambiente, en fin, no es para nada festivo.
Surge entonces una pregunta: más allá de las encuestas que tanto presume Morena, ¿qué está ocurriendo realmente en las calles de Ciudad de México durante los últimos días de la campaña?

La tensión de la violencia
El 24 de abril, Morena convocó a un mitin de apoyo a Brugada en la colonia Niños Héroes, entre las calles Romero y Castilla, en la alcaldía Benito Juárez. El evento era parte de una nueva estrategia que la campaña morenista había decidido poner en práctica después del segundo debate. “La gente se estaba cansando porque los llevaban a tres mítines en alcaldías muy alejadas”, me explicó uno de los organizadores. “Por eso se cambió la agenda para que todos los eventos fueran en la misma alcaldía y no se fuera la gente tan rápido”.
Los eventos de Brugada no han destacado por su capacidad de convocatoria (ni siquiera cuando la acompaña la candidata morenista a la Presidencia, Claudia Sheinbaum). Las personas que asisten son por lo general militantes de Morena, o bien, estructura pagada. Son pocos los capitalinos que se acercan a estos eventos por su propio pie. Prueba de ello es el ambiente: los asistentes esperan sentados, mientras que un animador intenta, sin mucho éxito, que se diviertan con una adaptación a favor de Brugada del típico canto lopezobradorista: Es un honor estar con Clara hoy. Cuando presenta a los que integran el presidio hay pocos aplausos, salvo por aquellos que lograron llevar su propia porra. Sólo hay gritos de emoción cuando alguien menciona a Andrés Manuel López Obrador.
En el mitin de la Colonia Niños Héroes estuvieron presentes varios morenistas destacados: Pablo Hernández, candidato a diputado local; René Vivanco, candidato a diputado federal; Ernestina Godoy, exfiscal de la capital y candidata al Senado; Leticia Varela, candidata a la Alcaldía Benito Juárez; Hugo Torres, candidato a concejal; y, por supuesto, la propia Brugada.
Varela trataba de emocionar a los asistentes con el típico discurso lopezobradorista sobre la mafia del poder, pero en el camino la candidata cometió un error: “Ya no hablemos más del cartel inmobiliario, para mí todos ellos, Santiago y los demás, deben estar muertos”. Al darse cuenta de lo que acababa de decir, intentó corregir el rumbo: “Muertos políticamente quiero decir, por eso mejor hablemos de la transformación”. Las palabras de Varela fueron muy desafortunadas en el contexto de una elección en la que han sido asesinados 31 candidatos. Pero también resultarían aciagas en el contexto de ese día en particular.
Esa misma tarde, a unas cuadras del evento de Brugada, en el Parque Álamos, de la Alcaldía Benito Juárez, Sandra Cuevas llegó a su propio mitin político a las 18:30 horas. Según explican personas que esperaban en el evento, cuando la candidata se bajó de su camioneta se acercaron dos mujeres jóvenes fingiendo que querían tomarse una foto con ella, pero al acercarse la tomaron del cuello y empezaron a jalarla. Un par de mujeres del equipo de Cuevas intentaron separarlas, pero aparecieron varios hombres con casco de motociclista y las golpearon. La candidata al Senado logró zafarse y subir a su camioneta; en tanto, los agresores subieron a sus motocicletas y se dieron a la fuga.
Sorprendentemente no hubo ningún comunicado oficial sobre el ataque y apenas y se realizaron algunas menciones en redes sociales. Esto ocurrió apenas unos días después del debate entre candidatas a la alcaldía Cuauhtémoc, en donde tanto la candidata de Morena, Catalina Monreal, como la de la alianza PRI-PAN-PRD, Alessandra Rojo de la Vega, se distanciaron públicamente de la exalcaldesa.
Pese a todo esto, el mitin en la colonia Niños Héroes transcurrió con normalidad. Brugada habló de la amplia ventaja que dice tener sobre sus rivales, pero de igual modo instó a los presentes a redoblar esfuerzos y a difundir que Taboada forma parte del cartel inmobiliario. “Esto se trata de dos proyectos: votar por los que han construido para enriquecerse o votar por los que hemos construido para enriquecer a la gente. La diferencia es que ellos son criminales y nosotros no”, externó la candidata a la Jefatura de Gobierno.
A la mañana siguiente, el 25 de abril, surgió la noticia de que Hugo Torres, el candidato a concejal que acompañó a Brugada una noche antes, había sido detenido por el presunto homicidio de Éder Hernández, de 37 años, en una vivienda en la colonia Portales. Según reportó la prensa, Torres, Hernandez y otra persona acudieron a una reunión después del mitin en la Colonia Niños Héroes y fue ahí cuando ocurrió el altercado. Los candidatos de Morena, incluyendo Varela, se solidarizaron con la víctima.
Torres es un político que militó en el PRI y en el PAN antes de entrar a Morena. Es un operador de Víctor Hugo Romo, exalcalde de Miguel Hidalgo y perenne operador electoral que ahora compite por una diputación local bajo la bandera de Morena. Según la prensa, además, Torres coordinaba el trabajo de calle de la campaña de Varela. La Fiscalía de Ciudad de México, presidida por Ulises Lara, determinó en cuestión de horas que Torres no había tenido ninguna responsabilidad en los hechos. En consecuencia, el morenista fue liberado poco después.
Una vez ocurrida la liberación de su operador, Romo comentó en un grupo de WhatsApp en el que hay más de doscientos morenistas lo siguiente: “Se le cayó su campañita al PAN. Aunque la mentira dure 1000 años la verdad la alcanza en 5 minutos. Se les cayó el teatrito. Así es esto del noble oficio de la política”.
Días después, Torres explicó en un video que subió a redes sociales que el “cártel inmobiliario” quiso involucrarlo en un crimen que no cometió para destruir su “vida, familia, reputación y derechos sociales”. Agregó que renunciaba a su candidatura a concejal para no afectar el proyecto de Morena.
Cosa increíble: todo este drama fue sólo un preámbulo de lo que seguiría. El 7 de mayo, policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana entraron a la fuerza a la casa de Karen Quiroga —la candidata de la oposición para la alcaldía Iztapalapa— para realizar un cateo, supuestamente por el homicidio de dos personas que ocurrió en la esquina de la cuadra. Sólo unos días después, el 11 de mayo, Alessandra Rojo de la Vega —la candidata de la oposición para la alcaldía Cuauhtémoc— denunció un atentado en su contra, después de que su camioneta fuera baleada.
La pregunta surge otra vez: ¿por qué hay tanta violencia en una contienda que se supone no está tan cerrada?
La tensión política
El 27 de mayo, el senador morenista Ricardo Monreal sorprendió al público con una foto que publicó en su cuenta de X. En ella se le puede ver con René Bejarano, quien durante los últimos tres años fue su mayor detractor, llegando incluso a acusarlo más de una vez de haber traicionado tanto a López Obrador como a Sheinbaum. Junto a la foto envió el siguiente mensaje: “La unidad es el instrumento fundamental para la victoria. Me reuní con René Bejarano con el propósito de revisar estrategias electorales que consoliden a nuestro movimiento”.
“Clara está desesperada”, me explicó una fuente. “No funcionó la estrategia de posicionar a los candidatos y candidatas junto a la Jefa. En los últimos días, los pendones de los morenistas en las paredes y postes de luz de la Ciudad de México cambiaron: ahora, los rostros de los diferentes candidatos aparecieron junto al de la candidata a la presidencia. La intención era, según me explican, tratar de trasladar la intención de voto que tiene Sheinbaum en la ciudad (que es bastante mayor que la de Clara) a otros candidatos de Morena.
“Sheimbaum sabe que para ganar cómodamente la Presidencia es necesaria una buena elección en la capital”, me explicó una fuente cuando se le preguntó por la repentina participación de la exjefa de Gobierno en la elección. “Sin avisar a nadie hizo una estructura paralela a la que coordina Tomás Pliego [encargado de la movilización electoral en la Ciudad de México], que sólo le responde a ella”.
Otros son menos optimistas con la participación de “la Jefa”, como algunos morenistas capitalinos se refieren a Sheinbaum. “Es para ayudar a los suyos, como Gabriela Osorio en Tlalpan y para que no le digan que no hizo lo posible para ganar en la ciudad”, me comentó otra fuente. “Pero la realidad es que los grupos siguen enfrentados. Los tenemos detectados. En tuiter dicen que ‘Viva la transformación’ y en el territorio están pactando con panistas”.
Hace unos días, Taboada anunció la incorporación a su campaña de Ernesto Encinas, fundador de Morena y hermano del exjefe de Gobierno Alejandro Encinas, también fundador de Morena. Poco después del anuncio, Alejandro Encinas publicó en su cuenta de X: “La familia se hereda, no se escoge”.
Pero, ¿de dónde surge tanta tensión?
Hay tres temas que deben motivar la tensión de los obradoristas en Ciudad de México. El primero es que la movilización electoral a través de los padrones de bienestar puede no ser determinante, a diferencia del interior de la República. “Aquí no es tan sencillo movilizar, aquí te tienen muy vigilado y la gente no se presta tan fácil”, me explicó un operador electoral. “En la Ciudad de México sí hay que movilizar a mucho votante a través del convencimiento”.
El segundo tema es que los capitalinos sí ejercen el voto cruzado. Por ejemplo: en la elección de 2018, de acuerdo al análisis de Mario Carrillo Luévanos y Rigoberto Ramírez, López Obrador ganó más votos en la capital que los que consiguió Sheinbaum. Según sus datos, medio millón de votantes que apoyaron a López Obrador no votaron por Sheinbaum. Del mismo modo, la coalición de PAN-PRD-MC, entonces liderada por Alejandra Barrales, obtuvo 380 400 votos más para la Jefatura de Gobierno que los que obtuvo para la Presidencia de la República. No sería extraño que Sheinbaum saque más votos que Brugada en la ciudad.
Por último, pese al tuit de Monreal mostrando su acercamiento con Bejarano, lo cierto es que no existe una unidad sustantiva al interior del partido oficial. Según me dijeron varias fuentes al interior de Morena, algunos candidatos obradoristas en las alcaldías en las que gobierna el frente opositor han pactado para movilizar libremente por la Presidencia de la República (por Claudia Sheinbaum), y a la vez por la alianza para la Jefatura de Gobierno (Santiago Taboada) y sus candidatos a alcaldes. “Por eso la desesperación de juntar a Bejarano con Monreal”, me explicó un militante de Morena.
No obstante, la elección aún no está definida. Al interior de la alianza también hay tensiones. Una de ellas es la poca claridad en las encuestas. “En nuestras encuestas internas estamos cuatro puntos arriba, pero a veces varía con el tracking diario. Ahí la diferencia a veces puede ser de dos puntos”, me dijo una fuente del PAN. “Dependemos completamente de la gente y estamos convencidos que están con nosotros”.
Y es que el principal problema de la alianza es qué tan alto es el nivel de participación de las personas inscritas en el padrón de electores. El agregado de encuestas públicas muestra que hay una diferencia de nueve puntos a favor de Morena. Sin embargo, en la mayoría de las encuestas hay un porcentaje de alrededor del 17% que no sabe o no contesta, y que podría ser determinante. “En 2021, en nuestras encuestas teníamos que ganábamos por cinco puntos, pero el día de la elección perdimos por mucho. Los asesores nos dijeron que la clave estuvo en la tasa de rechazo y las personas que no contestaron”, me explicó un miembro de la campaña morenista.
Así pues, la clave para la alianza es que haya una alta participación electoral. Si es cercana al 70%, como en 2018, las posibilidades de ganar aumentan. Pero si la participación ronda un 60%, la elección será mucho más cerrada. Pese a las dificultades de movilización, la estructura electoral adquiriría entonces mucha más relevancia.
La elección en Ciudad de México cierra con muchas tensiones, acusaciones a diestra y siniestra e incluso violencia. Sería aventurado dar un pronóstico puntual sobre cuál será el resultado, pero lo que sí es seguro es que no existe la tranquilidad que debería dar una supuesta ventaja de quince puntos a favor del oficialismo.
Hugo Garciamarín
Doctor en ciencias políticas por la UNAM